27 DE DICIEMBRE DE 2026

Cuando era más joven cada atardecer corría por los paseíllos universitarios. La excusa era perder esas redondeces que me sobraban, aunque cuando desaparecieron seguí gastando suela porque me sentía bien.
Con el título bajo el brazo corría de una entrevista de trabajo a otra. Me especialicé en carrera de fondo y, tras años de tenacidad, ascendí a un puesto bien remunerado.
Y justo entonces, como si el entorno se hubiese confabulado para amargarme la conquista, por doquier me llovía la misma pregunta seguida de la insolente frasecita.
—¿Tienes hijos? Mira que se te va a pasar el arroz.
Volví a la pista, pero a la de velocidad. Análisis, pruebas, recuento de folículos antrales, calendario de ovulación… ¡Una y otra vez! Agotamiento y frustración.
Este año correremos la San Silvestre. Ella en el carrito y yo detrás, empujándolo. Y aunque lleguemos las últimas sabemos que ya hemos ganado.