Pensaba que no, que no iba a ser posible, pero estaba en la lÃnea de salida. Acostumbrada a ganar, su único reto era terminar la carrera. Pronto se vio descolgada del inmenso pelotón multicolor. Respiraba con dificultad, el corazón le latÃa con necesidad urgente, las piernas se le agarrotaban sobre el asfalto, pero no podÃa abandonar. Por ella misma, por cuanto habÃa sufrido. No rendirse tampoco en esta prueba. En cada paso, dejaba atrás un vómito, un dolor, un proceso febril. Miraba casi sin ver, pero seguÃa, seguÃa. Alcanzó la meta en un agónico, último esfuerzo y se dejó caer de espaldas, mirando a un cielo azul y sonriente. Se quitó la gorrita: el sudor de su cabeza calva por la quimioterapia era un baño de luz y de esperanza: su más hermosa victoria.