27 DE DICIEMBRE DE 2026

Pensaba que no, que no iba a ser posible, pero estaba en la línea de salida. Acostumbrada a ganar, su único reto era terminar la carrera. Pronto se vio descolgada del inmenso pelotón multicolor. Respiraba con dificultad, el corazón le latía con necesidad urgente, las piernas se le agarrotaban sobre el asfalto, pero no podía abandonar. Por ella misma, por cuanto había sufrido. No rendirse tampoco en esta prueba. En cada paso, dejaba atrás un vómito, un dolor, un proceso febril. Miraba casi sin ver, pero seguía, seguía. Alcanzó la meta en un agónico, último esfuerzo y se dejó caer de espaldas, mirando a un cielo azul y sonriente. Se quitó la gorrita: el sudor de su cabeza calva por la quimioterapia era un baño de luz y de esperanza: su más hermosa victoria.