El pitido indicaba el inicio de la San Silvestre Salmantina, siempre la habÃa corrido y pese a las dificultades de este año estaba decidida a llegar a meta.
CorrÃa lentamente, relajada, disfrutando de los monumentos de mi bella ciudad. A mitad del circuito mi cuerpo empezó a flaquear, todavÃa estaba recuperándome de la última quimio y sentÃa una especial dificultad ante aquel esfuerzo. Los gritos de aliento de mis familiares alejaban la flaqueza y me imprimÃan fuerzas renovadas, podÃa continuar.
En el último kilómetro apenas podÃa caminar, a tan sólo unas decenas de metros de la meta avanzaba tambaleándome en zig zag. Caà de rodillas, escuchaba los gritos de ánimo, me arrastré, al menos esto no iba a cambiar, este año volverÃa a pisar la lÃnea de meta. Exhausta y atendida por los servicios sanitarios una enorme sonrisa iluminaba mi rostro. Hoy sà habÃa ganado.