Cien últimos metros para la meta. Veo el arco de entrada, los fotógrafos y mucha gente. ¿Ya está? ¿He llegado? Tan sólo un suspiro más, un grito de aliento de los espectadores. Y un último pensamiento: el año que viene volveré, disfrutaré de mi ciudad, veré el arco de meta y me tendré que creer de nuevo que he llegado.