27 DE DICIEMBRE DE 2026

La mañana titubea bajo la caricia helada del Tormes. Salamanca, susurro de piedra y luz, se despereza mientras las zancadas dibujan versos sobre el asfalto naciente. El aliento de los corredores es niebla de esperanza, hilos de vida cruzando la memoria de los puentes antiguos.
Carmen siente en los latidos la herencia de su abuelo, rumor fósil en el adoquín, promesa de no ceder al invierno. Corre para fundirse con la ciudad, con los gritos plateados que germinan en la Plaza, con el temblor de una meta convertida en horizonte.
En el instante último, cuando el corazón es campana y la piel es viento, comprende: correr es abrazar el tiempo, hacerse eterna entre los sueños de Salamanca.