27 DE DICIEMBRE DE 2026

No me importa que el frío, como navaja afilada, se me clave en el pecho, ni que las lágrimas me quemen la comisura de los párpados.
Cuando alcanzo a ver la pancarta final me olvido de que el dolor en la rodilla es casi insoportable y que la cadera amenaza con descoyuntarse en cada zancada.
Ahora los gritos de ánimo de la gente parecen llevarme en volandas.
Ya veo la sonrisa orgullosa de papá. Mamá está abrazando a Paula, manos de oro, y a Raúl, mi tenaz apoyo en el gimnasio.
Alzo los brazos para celebrar nuestra tremenda victoria. ¡Qué más da que centenares de corredores hayan llegado antes a la meta! Festejo el triunfo sobre aquel médico y su funesto augurio. Solo ocho meses atrás sentenció: «En adelante todas las carreras las harás en silla de ruedas».