27 DE DICIEMBRE DE 2026

El frío arreciaba, las piernas le pesaban y casi no podía ver a causa del aliento que despedían sus pulmones ardientes y que se congelaba ante su cara. ¿Qué gano yo con este sufrimiento? pensaba. Pero seguía corriendo. ¿Para qué sigo si nadie me ve siquiera entre tantos participantes? Pero continuaba, aferrándose al recuerdo de anteriores luchas y calvarios.
No puedo decaer, se dijo, nunca lo hice en mi vida y no lo haré ahora. Y siguió corriendo. Una sonrisa se pintó en sus labios al rememorar las palabras de su hijo de apenas cuatro años, al despedirla en la salida: tú puedes con todo, mami; eres invencible.
Cuando cruzó la meta de la San Silvestre Salmantina y una ovación la aclamó, sintió que el esfuerzo, los meses de entrenamiento, el dolor increíble de cada músculo, habían valido la pena. Toda meta era alcanzable, tras vencer al cáncer.