27 DE DICIEMBRE DE 2026

Mi abuela ya casi nunca habla, pero cada fin de año recupera la sonrisa y desea suerte a papá para la San Silvestre. Desde la cama donde vive desde hace diez años espera rezando por su victoria. Cada año buscamos un trofeo barato y le hacemos creer que su hijo ha ganado. Pero papá, cansado de las mentiras que está enviando a casa año tras año, esta vez no ha comprado nada. Hay carámbanos en las esquinas y calor en el asfalto mientras intento preparar a la abuela para que encaje el frío sabor de la derrota. Ella no entiende que los héroes tienen fecha de caducidad y espera que mis palabras sean mentira. Cuando ya está casi convencida, oímos la puerta. Papá entra en la habitación con un enorme trofeo y, mientras la abuela me mira ofendida, sonríe y me dice: Esta vez sí. Esta vez es realmente mía.