Hay un día, a finales de diciembre, en el que Isa amanece con el alma en sus zapatillas. A sus setenta y muchos la SanSil es su dosis de vitaminas contra el tiempo.
No corre por batir ningún récord. Corre para seguir dándose ánimos; saboreando la alegría que las calles le regalan en cada tramo.
Este año una corredora se le ha unido allá por el kilómetro dos.
— ¿Eres Isabel? —le pregunta, mientras ambas siguen corriendo al ritmo que marca Isa.
—Soy Tere —sigue al paso de Isa, quien siente su corazón aletear de nostalgia— Mi madre, Loli, me hablaba de ti. Corristeis juntas durante muchos años. En la residencia me enseñaba fotos vuestras.
Al cruzar la meta, Isa vuelve a ser joven. Y se abraza a Tere, celebrando que sus vitaminas funcionan, multiplicándose de año en año.