27 DE DICIEMBRE DE 2026

Él decidió participar en la San Silvestre Salmantina. Ella aceptó acompañarle de mala gana. Para mayor sorpresa, el día de la competición no tardó en contagiarse de la euforia general. Luego, esperó en la línea de meta pero Juan no llegaba.
Al fin, surgió caminando al lado de otro corredor al que sujetaba por la cintura y ayudaba a finalizar el recorrido. Nunca le quiso tanto como en aquel momento.
Hace un año, él perdió la batalla contra el cáncer. Ella ha regresado a Salamanca.
Recorre la ciudad. Accede al palacio de Anaya y se detiene en los nombres de estudiantes que lograron el doctorado y que permanecen grabados entre vítores sobre las paredes del recinto. Murmura: “No puede ser”. Vuelve a mirar. Quiere estar segura. Deletrea lo escrito: “Juan ¡Vítor!”. Y siente que no puede existir mejor reconocimiento que esta inscripción para aquella última y heroica carrera.