Si Correr es una religión, la San Silvestre es su día grande, en la que corredores de todos los ámbitos, profesionales y amateurs, niños y mayores se lanzan a las calles, con sus mejores galas y la mejor de sus sonrisas para disfrutar la ciudad de una manera diferente. Para mí, cada San Silvestre es única, ya llevo nueve San Silvestres únicas y las que me queden. Me encanta el ambiente en las calles, cruzar el casco histórico, la gente animando y dando calor en la fría mañana del último domingo del año. Parece mentira que algo tan simple como correr, pueda hacer feliz a tanta gente. Aquí no importa tanto el crono (bueno un poco), sino acabarla, disfrutando de cada tramo y prometer que al año siguiente la volveré a correr con la misma ilusión que la primera vez.