Terminada la época estival, como cada año, daba comienzo su entrenamiento. En los últimos tiempos su intensidad había ido bajando, comenzaba con largas caminatas, las piernas ya no respondían como antes, aún así, no quería privarse del placer de participar en la San Silvestre de la ciudad que le había visto nacer, de recorrer sus calles, de respirar ese aire frío que va directo a los pulmones cuando uno corre, y de revivir esa experiencia que tantas veces compartió con su padre, un emigrante de Sao Paulo, afincado en Salamanca , y que asta donde la memoria le alcanza siempre la hicieron juntos. Su progenitor no abandonó mientras sus fuerzas le acompañaron, y él haría lo mismo. En su memoria, en su recuerdo, en agradecimiento a esas vivencias compartidas que mantienen vivos los recuerdos.