27 DE DICIEMBRE DE 2026

Todo se reducía a ese instante, el mundo había dejado de existir para él. Y su cuerpo le hablaba: las piernas le dolían, le suplicaban que se detuviera, pero no podía. La derrota no estaba en su credo; Sus pies, otrora ágiles, se habían convertido en pesados bloques de cemento, y le gritaban que abandonara, pero no podía. La rendición no estaba en su vocabulario; Su cabeza le decía que no se lo merecía, pero no la escuchaba. Su destino era el triunfo. Solo una voz le guiaba, una voz que resonaba en su interior como el rugido de un león, una voz tan indómita que reducía al resto a un simple eco, a un mero susurro ahogado. Era la voz de su corazón, que decía: “Tú puedes”. Un último esfuerzo, sus ojos brillaron y en sus labios se dibujó una sonrisa, y Salamanca habló con una sola voz.