No iba a terminar la carrera. Tanto campo recorrido, tanta ruta ensayada, tanto peñascal partido en dos a golpe de pulmón. Pero no iba a terminar. Tantas tardes de lluvia, barrizal y entreno, tantos frÃos en el cuerpo, tanto ahÃnco en los pies. Tanta soledad dibujada sobre los perfiles de Salamanca, y tanta velocidad en la sangre, en los ojos, en los pliegues de la cara.
Era viejo ya. No sabÃa si podrÃa volver. Pero no iba a terminar. Y eso que aún tenÃa fuerzas en las piernas, que la ruta estaba clara, que ya veÃa la meta.
Pero no, no iba a terminar la carrera. HabÃa aprendido, a su edad, que un propósito cumplido era un sueño abandonado.
Y él querÃa, al año siguiente, seguir soñando.