Pues sepa Vuestra Merced que entrando en Salamanca, tras largos años lejos del rÃo donde me vinieron a este mundo, fui a tropezar con una multitud que corrÃa cual si alcanzárales una manada de lobos. Sus ropajes eran coloridos y escasos pese a los hielos, ni capas ni jubones portaban, y hasta mujeres vieron estos ojos que no vestÃan faldas. Yo viéndoles venir sumeme a ellos, pues es sabido que en la carrera del vivir no hay peor cosa que no escapar a tiempo. Corrà y corrÃ, y tras varias leguas fui recibido por un gentÃo con gran alborozo. “Primer clasificado, Lázaro de Tormesâ€, atronó entonces una voz del cielo.