27 DE DICIEMBRE DE 2026

Las zapatillas, relucientes y de vivos colores, velaban armas. La derecha armaba color verde, la izquierda lo hacía en color naranja ¡¡Promesas de gratitud!! Era su primera San Silvestre después de cinco largos años en los que una Insuficiencia Renal Crónica truncó su presente, y le apartó de las carreras, de ese mundillo tan especial que conforma el atletismo popular. Mañana era el gran día, el de volver a sentirse vivo otra vez. El de volver a percibir los aplausos y el aliento del público abarrotando las calles salmantinas, su ciudad. El de volver a cruzar la línea de meta, esta vez sin importar ni el tiempo ni el puesto, sólo terminar, mirando al cielo y dando gracias a aquel anónimo donante que un dia le regaló un órgano y le devolvió la VIDA.