Pocas veces me pongo zapatillas de deporte y mallas para salir de fiesta, pero es a donde voy, por que para mi, acostumbrado a correr de noche y solo, la San Silvestre es una fiesta.
Miles de personas de todas las edades y con unas ganas increibles de disfrutar de la marcha nos reunimos y cruzamos Salamanca animados por todos nuestros vecinos, es una experiencia como pocas.
El aliento del publico sustituye al mio cuando me falta, gracias a ellos que nos transportan los ultimos metros y hacen aún mas grande la fiesta.