27 DE DICIEMBRE DE 2026

Con el pie colocado en la línea de salida y con los ojos cerrados, si me reduzco al absurdo consigo incluso olvidarme de mí misma. De mi cuerpo, de por qué me encuentro aquí. Si trato de evadirme, de contemplarme de forma extracorporal…consigo incluso cuestionarme por qué la persona a la que observo no es capaz de desplegar unas alas y volar.
Ese pie hábilmente colocado contrasta con esos párpados posados y esa respiración tranquila. Qué potencia y qué paz.
De pronto, un estímulo, una señal.
Vuelvo en mí.
Salgo. Salimos.
Y vuelo.
Sí que vuelo.
Estoy reuniendo dentro de mi cuerpo toda esa energía que se había extraviado y que cuestionaba mis capacidades. Ese espíritu (mío, propio) que se preguntaba si desarrollaría la capacidad de volar…
Y corro. Corro libre. Vuela mi energía y mi ser dentro de mí. Lo canalizo. Corro, corro, corro.
Vuelo.