Con el pie colocado en la lÃnea de salida y con los ojos cerrados, si me reduzco al absurdo consigo incluso olvidarme de mà misma. De mi cuerpo, de por qué me encuentro aquÃ. Si trato de evadirme, de contemplarme de forma extracorporal…consigo incluso cuestionarme por qué la persona a la que observo no es capaz de desplegar unas alas y volar.
Ese pie hábilmente colocado contrasta con esos párpados posados y esa respiración tranquila. Qué potencia y qué paz.
De pronto, un estÃmulo, una señal.
Vuelvo en mÃ.
Salgo. Salimos.
Y vuelo.
SÃ que vuelo.
Estoy reuniendo dentro de mi cuerpo toda esa energÃa que se habÃa extraviado y que cuestionaba mis capacidades. Ese espÃritu (mÃo, propio) que se preguntaba si desarrollarÃa la capacidad de volar…
Y corro. Corro libre. Vuela mi energÃa y mi ser dentro de mÃ. Lo canalizo. Corro, corro, corro.
Vuelo.