Soñé con esto. Fue hace justo tres meses: El vocerÃo enfervorizado me hace casi volar; corro como nunca los últimos cien metros, veo a mamá, a mi mujer y a mi hija: Sara. Ellas son mi gasolina o mi motor, o ambas cosas. Cruzaba entonces la lÃnea de meta de la San Silvestre Salmantina en el aquel sueño como un logro personal impensable. Fue solo un sueño, sÃ, pues perdà las piernas en un accidente de tráfico. Pero hoy es una realidad. El deporte me ayuda a superarme. La silla de ruedas vuela ahora los últimos cien metros mientras ELLAS observan mi gesta…