No recordaba quién lo habÃa escrito, pero en el archivo de su memoria salÃa a flote con frecuencia un pensamiento que constituÃa para él un auténtico emblema: toda la vida el hombre lucha contra la muerte y al fin pierde la pelea, habiendo sabido que la perderÃa…
Se dijo y se deseó a sà mismo que si tenÃa que perder inexorablemente fuera con dignidad; y el destino le alargó la vida hasta los noventa años. Tuvo un adiós muy digno: le amaba todavÃa una buena compañera de vida y unos hijos que le adoraban. HabÃa tenido mucha suerte.