Y te veo correr. Estás ahÃ, pasando cerca de Mérida, justo donde nos conocimos. Y aguantas el cansancio. Y sigues a tu nieta, que ralentiza su paso para que puedas verla. Y Carmen y Julián, del quinto, te saludan con la sonrisa que tanto les favorece. Y ahà estarÃa yo. Yo contigo. Solos, aunque con todos: amistades, familia y gente aún por conocer. Y nos abrazarÃamos al llegar. Tú te quejarÃas de las rodillas y yo harÃa la broma con la que te conquisté: «En Salamanca todo se aguanta». Y nos acercarÃamos al restaurante Rabiot y comerÃamos tu plato favorito, aunque revolviese mi estómago. CaerÃa la noche y nos reirÃamos otra vez del bueno de Tomás, incapaz de acabar la San Silvestre Salmantina otro año más, y el año pasarÃa y el tiempo no nos alejarÃa. Y, ahora, continuas con tu carrera y te veo correr, a la lejanÃa.