La cinta ya estaba allí. Ya quedaba menos, pero de reojo veía a los africanos como se acercaban, como estaban cerca y más cerca y más… Atrás quedaban los madrugones, las zapatillas empapadas de lluvia y barro, el mal comer y beber, las horas robadas a los hijos, el no salir por la noche… ¿cómo pudo aguantar todo esto Ana?. Y cada vez más cerca, pero la cinta también , ya casi la toco. Sólo escuchaba mi respiración, todo era silencio. El corazón me estallaba en el pecho. La gente levantaba los brazos y cerraba los puños agitándolos convulsivamente, pero todo era silencio. Con este eran ya diez las San Silvestre corridas, tantas privaciones, todo era silencio, silencio… y llegó la explosión cuando los dos keniatas me adelantaron. Lo siguiente que recuerdo era una sirena y dolor en el pecho… pero no importa, el año que viene ganaré.