Casi no veo la meta. Las lágrimas me nublan la vista y sólo puedo guiarme por los manchones borrosos y las voces de los presentes. ¿Cómo terminé acá? Ni una sola vez me imaginé participando, ni una sola; y, sin embargo, acá estoy, a mis 60 años rompiendo todos mis esquemas.
El tramo final se me hace eterno; me falta el aire y siento que no llego. Cierro los ojos y pienso en tu sonrisa, en las ganas que le ponÃas a entrenar un poquito cada dÃa, en la emoción que te desbordaba cuando corrÃas.
Porque eras la imagen más bonita con el pelo revuelto y la postura firme. Porque aún no caigo en que ya no estás. Porque hoy no podemos celebrar juntas, pero corro en tu lugar, y gano aunque llegue última. Porque te siento aunque no te veo. Por todo esto la victoria es nuestra.