27 DE DICIEMBRE DE 2026

El sudor cae por mi frente, provocando un escalofrío que recorre todo mi cuerpo. Unas mallas cortas, camiseta transpirable, sujetador deportivo y mis viejas zapatillas como humilde atuendo. Las piernas comienzan a temblar, no sé si por frío o cansancio, pero los “¡vamos!”, “¡tú puedes!”, “¡ya está aquí la meta!” tienen su efecto. Llego al Paseo de San Antonio y consigo terminar la San Silvestre Salmantina. No es mi mejor tiempo, pero acabo, y sonrío. Ya van cuatro. Mis piernas han dejado de temblar; de hecho, han dejado de moverse; sin embargo, mi mente continúa recorriendo la Plaza de España, la hipnótica Plaza Mayor, el majestuoso Puente Romano. Me quedo quieta, muy quieta. El sudor permanece y el escalofrío no se va. Una alarma suena de fondo. Pi, pi, pi. Abro los ojos. Otra vez el mismo sueño. Mis piernas siguen sin poder moverse. Nunca habrá una cuarta.