El sudor cae por mi frente, provocando un escalofrío que recorre todo mi cuerpo. Unas mallas cortas, camiseta transpirable, sujetador deportivo y mis viejas zapatillas como humilde atuendo. Las piernas comienzan a temblar, no sé si por frío o cansancio, pero los “¡vamos!”, “¡tú puedes!”, “¡ya está aquí la meta!” tienen su efecto. Llego al Paseo de San Antonio y consigo terminar la San Silvestre Salmantina. No es mi mejor tiempo, pero acabo, y sonrío. Ya van cuatro. Mis piernas han dejado de temblar; de hecho, han dejado de moverse; sin embargo, mi mente continúa recorriendo la Plaza de España, la hipnótica Plaza Mayor, el majestuoso Puente Romano. Me quedo quieta, muy quieta. El sudor permanece y el escalofrío no se va. Una alarma suena de fondo. Pi, pi, pi. Abro los ojos. Otra vez el mismo sueño. Mis piernas siguen sin poder moverse. Nunca habrá una cuarta.

27 DE DICIEMBRE DE 2026