Me persigue siempre. Hace exactamente lo mismo que yo aunque sé que desearÃa hacer justamente lo contrario.
Por la noche no la veo pero sigue ahÃ, acechándome. Cuando se descuida, protegida por la oscuridad, la luz de una farola inesperada la descubre de nuevo.
A veces se hace grande, parece tan poderosa que pienso que no me necesita, pero nunca se va. Entonces posa ante mà como un espejo juzgador replicando mis movimientos.
Corro para escapar de ella, pero es imposible, es más rápida que yo. No sé cuánto más, porque no se despega de mÃ, pero sé que es capaz de ganarme a la carrera en cuanto le apetece. Pues a veces va detrás pero cuando va delante me esfuerzo para pasarla y no lo consigo, entonces acelero el paso, corro todo lo rápido que puedo, pero ella siempre es más rápida, justo un poco más rápida que yo.