Tan solo quedaban unas horas para acabar aquel maldito año. Nunca habÃa corrido. Tan solo la idea de sudar antes de la última noche del año le generaba escalofrÃos. ¿Cómo conseguirÃa su look perfecto para esa noche si se iba antes a la San Silvestre? ¿Cómo lo hacÃa el resto de la gente? ¿Acaso no tenÃan agujetas al finalizar? Siempre renegaba de inscribirse porque preferÃa estar deslumbrante en la cena de Nochevieja. Siempre, salvo ese año. El problema con Hacienda, los millones de papeles que tenÃa que entregar y la huelga de transportes habÃan truncado su vuelta a casa. Suspiró. Frente al espejo su reflejo le devolvÃa su imagen con su chándal y sus zapatillas nuevas. Se veÃa ridÃcula, pero este año nadie la esperarÃa en casa. Se puso el dorsal y salió por la puerta. Volvió sudando, el pelo alborotado. Pero feliz, muy feliz.