Por fin mañana era la carrera y no tenÃa lo más importante para participar: las zapatillas. Me habÃa preparado concienzudamente desde que supe cuándo se iba a celebrar la San Silvestre Salmantina. Siempre que corrÃa, fuera donde fuese, lo olvidaba todo en la meta, respirando hondo sin dejar de mirar al cielo. QuerÃa luchar para ganar, pero sin unas zapatillas decentes mi sueño era imposible. No tenÃa tiempo para reunir el dinero necesario. Me daba vergüenza pedirle dinero a mis padres para algo asà y no tenÃa amigos que me pudiesen prestar las suyas. Pero “contra viento y marea†siempre fue la frase que tomé como guÃa. Sin pensarlo dos veces, me recorrà todos los basureros que encontré en los barrios ricos de mi ciudad hasta que, escondidas, colgadas en la esquina de una papelera, presencié el milagro. Esas blancas y brillantes zapatillas empujaron mis pies hacia mi sueño.