27 DE DICIEMBRE DE 2026

Por fin mañana era la carrera y no tenía lo más importante para participar: las zapatillas. Me había preparado concienzudamente desde que supe cuándo se iba a celebrar la San Silvestre Salmantina. Siempre que corría, fuera donde fuese, lo olvidaba todo en la meta, respirando hondo sin dejar de mirar al cielo. Quería luchar para ganar, pero sin unas zapatillas decentes mi sueño era imposible. No tenía tiempo para reunir el dinero necesario. Me daba vergüenza pedirle dinero a mis padres para algo así y no tenía amigos que me pudiesen prestar las suyas. Pero “contra viento y marea” siempre fue la frase que tomé como guía. Sin pensarlo dos veces, me recorrí todos los basureros que encontré en los barrios ricos de mi ciudad hasta que, escondidas, colgadas en la esquina de una papelera, presencié el milagro. Esas blancas y brillantes zapatillas empujaron mis pies hacia mi sueño.