Unos zapatos de tacón son los culpables de que esté aquÃ. Concretamente unos de charol negro y altura considerable. Tras una tediosa jornada de trabajo encaramada a esos instrumentos de tortura, fui consciente de que en algún momento de mi vida me habÃa perdido. O como mÃnimo desviado del camino. La vivaracha crÃa que pasaba el tiempo echando carreras no casaba con la imagen de señora estirada que me devolvÃa el espejo. Dispuesta a solucionarlo al llegar a casa rescaté mis viejas deportivas. Ellas se pusieron pronto al dÃa. A mà me costó un poco más. Pero cada paso que daba me acercaba a la niña que habÃa sido y, sobre todo, a la mujer que querÃa ser. Hoy, en mi Salamanca natal, siento que vuelvo más que nunca a mis orÃgenes y a la vez avanzo hacia la meta que siempre desee y que en algún momento habÃa olvidado