27 DE DICIEMBRE DE 2026

Llegó a recoger el dorsal con zapatos de tacón. “De mi madre muerta” –dijo. Y aunque los organizadores dudaban si permitirle correr la maratón, él se mantuvo firme. Aseguró que el esguince no sería causa de retirada pues le sentaban como un guante y ya había calentado antes. Que sólo ganaba uno y a él le importaba menos el podium y más completar el recorrido. Consistía en un ejercicio de paciencia y superación. De abandonar las prisas. De comulgar consigo mismo. Tras el disparo hubo muchas risas. “Corre Juanito, que te ganan” –replicaba desde la añoranza esa madre ausente, dándole ánimos. Y Juanito dudando todavía si hacía bien en calzar lo de su difunta, salió como una flecha, atraído por esa luz que le llamaba desde el final del túnel. Besó a su madre y regresó a tiempo para recoger la medalla. “Por ella” –dijo. Muchos lloraron conmovidos.