XI - 2023

Edición - Año

XIII CONCURSO DE MICRORRELATOS "SAN SILVESTRE SALMANTINA"

El jurado del XIII concurso de microrrelatos San Silvestre Salmantina estuvo integrado por:

  • Daniel Escandell Montiel. Profesor de la Facultad de Filología de la Universidad de Salamanca. Presidente del Jurado.
  • Sigifredro Crego Martín, Profesor de Secundaria de Lengua y Literatura.
  • Alberto Marcos Guillén. Responsable de redes sociales institucionales de la Universidad de Salamanca.
  • Sofía Vicente Fiz. Bibliotecaria de la Universidad de Salamanca.
  • Jerónimo Hernández de Castro. Corredor veterano y funcionario de la Universidad de Salamanca, que actuó como secretario.

El jurado reconoció la excelente participación en esta XIII edición, en que no solo se mantiene la tendencia al alza de los relatos presentados cada año, sino que su número se ha incrementado de manera extraordinaria pasando de los 369 relatos de 2024, a los 611 de esta edición.
Otro aspecto significativo fue lo ajustado de las votaciones pues, en los puestos con derecho a premio en metálico, se produjo un triple empate entre los votos obtenidos y el número de jueces que los votaron, que tuvo que resolverse por el voto de calidad del profesor Escandell, presidente del jurado. Una muestra más de la igualdad en los relatos más valorados es el texto que merece la mención especial, que no consiguió entrar en el podio final por un solo voto de diferencia.
Se indican a continuación, los relatos destacados y la relación de otros que también obtuvieron votos del jurado. Su publicación en la revista, como se establece en las bases, queda condicionada al espacio disponible y que en esta edición se realizará exclusivamente en formato digital.

Primer premio

Las mañanitas
Gustavo Forcada Chabrera

Mi cuñado soltó la frase a bocajarro con esa mirada abigarrada que igual despierta compasión como condescendencia: “las carreras se ganan la noche antes”. Y aunque tu mente esprinte para olvidar ese dechado de perfección, lo tremendamente puñetero es que esa noche, ahora, dos y media de la madrugada, sus sentencias comienzan a dar zancadas por la almohada. A “por Rúa Antigua ya te sacaré tres minutos” le sigue, muy de cerca, un “no acabo de ver que estés progresando con ese amigo tuyo mexicano que va de entrenador”. Y así, se van picando todas sus ocurrencias hasta el punto kilométrico de las cuatro de la mañana cuando hace acto de presencia el demoledor comentario que un día me susurró a la oreja palmeándome la espalda: “te haces mayor para la San Silvestre”. Llamo por teléfono. Las cinco. Espero que los mariachis no se equivoquen de chalet. Este año, gano.

Segundo premio

Foto finish
Tomás Piedra Pérez

Los datos tienden a ser fríos. Diez mil metros son diez kilómetros, seis millas y pico, más de treinta mil pies. Más allá de equivalencias, diez mil metros es la longitud exacta de la San Silvestre salmantina y la distancia correspondiente a una prueba de fondo; no a una de esas competiciones de velocidad en las que los corredores dan zancadas en el aire y llegan tan igualados que parece que por fin se encontraron con su hermano siamés separado al nacer. Tras casi diez mil metros en cabeza, yo descubrí un segundo cuello pegado al mío y que me salía otra pierna derecha de la cintura a escasos centímetros de cruzar la meta en el paseo de San Antonio. Dicen que no había sucedido jamás. Quedé segundo por media uña o un suspiro fuera de lugar. Los datos son fríos, pero la foto finish te congela el alma.

Tercer premio

X
Jesús Francés Dueñas

El cronista salmantino, famoso por su proverbial pasión por los detalles más nimios, su amor enfermizo por las sutilezas, su tendencia al matiz minúsculo y a la baladí menudencia, cual obsesivo miniaturista medieval, ubicó al protagonista en la recta final del éxito, gozando de los adjetivos (esdrújulos generalmente) propios de la gloria: épico, mítico, histórico. Etcétera. El ganador corría a paso firme, sabiéndose triunfante de una Sansil dura pero brillantemente contada por el narrador omnisciente, que ya notaba en sus sienes el peso leve de los laureles y el otro peso, no tan leve, del oro colgándole del cuello. Y fue poco antes de la meta, donde acaba el párrafo y empieza la tragedia, que el periodista cuidadoso tropieza con su borrón sin cuenta nueva y escribe que el corredor inspira y expira y esa equis maldita mata por descuido al ganador justo antes del punto final de la crónica.

MENCIÓN ESPECIAL DEL JURADO

Guepardo
Mayte Blasco Bermejo

“Si pudieras pedir un deseo, ¿cuál elegirías?”, te preguntó tu hijo mientras jugabais a Aladino con la vieja lámpara de aceite que la abuela guardaba en el desván. “Correr como un guepardo”, respondiste. “¿No preferirías ser un galgo o un caballo?”, te preguntó él. Ahora, con un insólito acelerón inicial, te colocas el primero de la carrera. “Los guepardos ganan siempre porque pueden acelerar de cero a noventa en cuestión de segundos”, le explicaste al niño aquella tarde. Una brisa seca, demasiado cálida para estas fechas y estas latitudes, te roza la cara. Pronto dejas atrás al resto de corredores. El suelo adoquinado se llena de un polvo amarillento y los edificios renacentistas adquieren la forma arbórea de viejos baobabs. Una pelambrera punteada asoma bajo tu dorsal con el número veintiocho y, a escasos metros, un avestruz inquieto amenaza con robarte el primer puesto de la meta.

Relatos participantes

La Triplista

Nacho Tapia Vicente

Ella era atleta profesional. En su país, los bebés que reunían condiciones genéticas para alguna especialidad atlética, eran entrenados duramente desde la infancia. En su caso, triple salto. El problema de tal especialización era el casi nulo desarrollo de otras disciplinas.
Se había trasladado a Salamanca este año. Y la convencieron para correr la San Silvestre. Comenzó la carrera y, tras quince pasos de aceleración, se impulsó para efectuar los tres saltos de marras. Aterrizó en el duro y frío asfalto; unos rasguños, pero tenía afán de superación. Se levantó y, de nuevo, procedió con la rutina. Más de doscientas repeticiones después, consiguió atravesar la línea de meta. El atronador aplauso del público compensó con creces el dolor de su cuerpo, desollado tras tantos intentos.
Estaba tan eufórica, que recomendaría la experiencia para el año siguiente a sus mejores amigos compatriotas: Mirun, discóbolo y Sargiil, saltador de pértiga.

Veo La Pértiga

Brenda Hormiga Batista

Quise darme por vencido tantas veces.
Lo hice porque he marchado y lo he hecho sin parar. Me he atrevido a saltar más que las vayas, los obstáculos, las situaciones, o problemas con las que me enfrento a diario. Salté, corrí… Y aun así, quise dejarlo todo a la mitad. Pero me levanté, me superé, resistí, y solo no mire atrás ni me rendí, porque constantemente veo la pértiga. Veo a mi familia, a todos aquellos que están para sujetarme, cuando prácticamente siento que se me viene el mundo en cima. Y eso me motiva a insistir. Porque de todo público que un atleta como yo pueda tener para avanzar, ellos son mis pilares fundamentales a la hora de apoyarme, impulsarme y hacerme descansar. Por ello, aunque a veces puedan menguar las fuerzas, me lo creo, creo que puedo hacerlo y mejor que como ya lo he hecho.

El Legado.

Nicolás Cabrera García

Mientras avanzaba con buen ritmo, con paso firme e inquebrantable, me perdí entre mis elucubraciones: Tanto esfuerzo, las corridas en las madrugadas, al sol y al agua para hacer los mejores tiempos y medir los progresos, ahora, al fin, estaba a punto de triunfar, respiraba al son de mis pasos, jadeaba, seguía aún con fuerza, la Salmantina será mía.
Volví de mis pensamientos, los asistentes coreaban mi apellido, quedaban poco menos de 100 metros, tome mi último aire, apresuré el paso, la línea de meta estaba a dos brazadas, crucé el listón, gané, ganamos, solté la radio con la que le estaba haciendo el seguimiento a mi hijo, entre la multitud lo alcance a ver, a lo lejos le grité:
_ Lo hicimos, nuestro apellido quedará en la historia.
Aunque el atleta era mi hijo, era como si hubiese corrido yo, él había hecho realidad mi sueño, ganar la carrera.

Venceré

JOAQUIN JOSE SANTOS LOPEZ

El pitido indicaba el inicio de la San Silvestre Salmantina, siempre la había corrido y pese a las dificultades de este año estaba decidida a llegar a meta.

Corría lentamente, relajada, disfrutando de los monumentos de mi bella ciudad. A mitad del circuito mi cuerpo empezó a flaquear, todavía estaba recuperándome de la última quimio y sentía una especial dificultad ante aquel esfuerzo. Los gritos de aliento de mis familiares alejaban la flaqueza y me imprimían fuerzas renovadas, podía continuar.

En el último kilómetro apenas podía caminar, a tan sólo unas decenas de metros de la meta avanzaba tambaleándome en zig zag. Caí de rodillas, escuchaba los gritos de ánimo, me arrastré, al menos esto no iba a cambiar, este año volvería a pisar la línea de meta. Exhausta y atendida por los servicios sanitarios una enorme sonrisa iluminaba mi rostro. Hoy sí había ganado.

ZAMORANOS AUUU

vanessa sahagun frontela

ZAMORANOS AUUUU

Levantandose por la mañana, cinco amigos de zamora se disponían a participar otro año mas en la prueba “ SAN SILVESTRE SALMANTINA”, estos amigos pasaban ya de los cincuenta y muchos años, tenían achaques, dolores lesiones duras del pasado laboral de cada uno, pero llegados el momento se presentaron bien equipados deportivamente, con sus relojes cronometros, y llegando a la meta inicial y mirandose unos a otros se dijeron en voz alto:

‑‑‑‑‑‑‑QUE SOMOS
‑‑‑‑‑‑‑‑ZAMORANOS
‑‑‑‑‑‑‑‑‑‑‑AUUUUUU

Terminaron la carrera con un gran tiempo 47 minutos 30 segundos, a una medía de 4,6 el kilometro, contentos de poder hacerla cada año con salud y energías renovadas dieron un abrazo a todos los participantes como grandes compañeros que se consideraban y pidieron perdón por esa muestra de “ Exaltación zamorana”.

FIN

PEGASO

ANTONIO BELIZON REINA

PEGASO
Se acercaba el día.
Lo tenía casi todo preparado. Había memorizado el circuito, las calles, las avenidas, las plazas, paseos, bulevares, cuestas y la meta.
Lugares donde coger una botella de agua, sitios donde aumentar el ritmo, momentos donde dejarme ir y disfrutar.
Zapatillas Puma, con garras para pisar fuerte sobre el asfalto. Camiseta con publicidad, esta vez era la ONCE quién patrocinaba.
Tan solo faltaba el factor más importante, aquel por el que estuve luchando durante años y por fin, al cumplir los quince, me lo permitieron y lo adiestré a base de entrenamientos antes de la carrera.
Mi media naranja, mi perro Pegaso, iba a tirar de mí, me conduciría a través del laberinto de mi mente, de mis ojos ciegos y me llevaría hasta el final, esperando los vítores de aliento de los aficionados.
Ese será mi premio, terminar y besar a Pegaso.
Se lo merece.

Atleta africano de élite.

Pola Gutiérrez Alegre

Javi me tiene preocupada. Ahora dice que ser mecánico está bien pero que lo que él realmente quiere es ser un atleta africano de élite. ¿Atleta africano? ¡¡Pero si nació aquí, en Salamanca!! Dice que todos los días entrena para correr la San Silvestre de este año. Da tres o cuatro vueltas a la manzana antes de ir al taller, y ya se ha comprado unas superzapatillas, supercaras, que pesan menos de cien gramos y una camiseta biométrica de compresión. Le queda algo ajustada para sus noventa y tantos kilos, que no son precisamente de músculos, pero dice que en cuanto se quite de las tapas y de las cañas de cerveza conseguirá el peso adecuado. En la última media maratón que participó consiguió llegar a la meta. En que puesto no me lo dijo. Él está ilusionado y feliz. Y yo estoy muy preocupada.

El indispensable apoyo familiar

Paloma Hidalgo Díez

Tras meses de exhaustivo entrenamiento, ya solo faltaban dos noches y un día para la San Silvestre. Y ahí estaban los míos para ayudarme a estar relajada. Los ronquidos de Juan, estridentes como pocas veces, las pesadillas de la pequeña, Los ladridos de Connor (tener gatos en celo en el vecindario le desbarata), la emisora de radio que escucha mi padre para conciliar el sueño, al volumen necesario para hacerlo sin audífonos, y la llamada del mayor, a las cuatro de la madrugada, para decir que su coche no arrancaba, consiguieron que ayer cayese redonda a las ocho de la tarde, que haya dormido esta última noche del tirón, y que ahora, espere la salida en este cajón más fresca que un pimpollo, ilusionada con brindarles, si ya no una victoria, soy optimista pero no tanto, sí una llegada a la línea de meta aunque sea con la lengua fuera.

Es el camino lo que importa

Gustavo Martínez Fernández

Un tropezón inoportuno, y sus huesos en el suelo. Había parado el golpe con las manos y, ahora, el dolor le parecía insoportable. Miró sus rodillas y vio algo de sangre. A pesar del panorama, se resistía a abandonar; permaneció en una inevitable postura de genuflexión para tratar de recuperar sus fuerzas mientras escuchaba el sonido de su respiración inundando el aire. Se dijo que no podía más.
—¡Vamos, abuelo, que ya se ve el Paseo de San Antonio! —exclamó impetuosamente una voz junto a él.
Levantó la cabeza y vio a su nieto. Ocupado como estaba en sus negocios, no acostumbraba a participar en esos eventos, pero… allí estaba. Aceptó su mano, se incorporó y reemprendieron la marcha. La cortina de humedad en sus ojos apenas si le permitía vislumbrar la pancarta de meta, pero no importaba…

LÍNEA DE META

Leire Verdugo Periáñez

Salió de la consulta en estado de shock. Fue una noticia inesperada.
Sin dudarlo un segundo y, a pesar de sentirse exhausta, cogió las zapatillas que había guardado meses atrás y se presentó en la San Silvestre. Siempre participaba, pero precisamente ese año no era una opción que había podido valorar.

Esa sería una carrera única, aquella que le había otorgado la vida sin preguntar.
Su objetivo no era llegar la primera, sino cruzar la línea de meta.

Inició el trayecto con un semblante radiante. El pelotón se reflejaba sobre la marea de sus ojos.
Con dificultad, pero manteniéndose firme, llegó al final, deslizó las manos con decisión hacia la nuca y deshizo el nudo. Aprovechó la suave brisa para hondear su pañuelo en señal de victoria. Llevaba la paciencia, la valentía y la perseverancia por bandera.
No le importó llegar la última; fue la primera en nacer ese día.

La carrera

Ramón Adriano Rivera Salvador

La carrera
-Avanza muchacho, avanza.
-Ponle corazón a esas piernas.
-Aprovecha la bajada, déjate rodar, no tengas miedo.
-Hazlo como lo entrenamos al subir, todo el cuerpo, que tus dientes, tus orejas contribuyan.
-Falta poco, estas muy atrás, debes pasar sólo cien o ciento cincuenta atletas.
-No me avergüences, eres hijo de un campeón.
-¡Son doscientos mil dólares coño!
-Me juraste que serían nuestros.
-Tú Madre estaría orgullosa.
-! Esfuérzate, marica!
Esas palabras le hirieron profundo. Tenía dos opciones: dejar la carrera, decepcionar a su padre, a su madre muerta, e irse de su casa quien sabe a dónde, o esforzarse hasta desfallecer; quizá morir.

Mi orgullo

María Daniela Larrea Bustos

El paseo de San Antonio está repleto. No cabe un alfiler. Le doy la espalda a la iglesia, me apretujo entre la gente para ver más de cerca a los corredores. Los familiares y amigos los alientan con gritos y pancartas. Los niños pequeños se suben a los hombros de los padres para participar de la fiesta callejera y ondear al viento sus banderines. Busco en la multitud a mi padre, un hombre septuagenario al que la vida no lo logra botar. Un hombre que despierta cada mañana y entrena su cuerpo cansado buscando estrujarle hasta la última gota de vitalidad y que busca desafíos cuando tiene la vida resuelta; un hombre que no se rinde y que se esforzará por cruzar el listón de la meta con los brazos en alto y una sonrisa. Buscará en el público la aprobación en los ojos de su hija. Me encontrará orgullosa.

¿Qué hay de ellos? Mande Bushemich

Daniel Esteban Cardoso

A lo largo de los años la gente siempre ha recordado de los ganadores de la San Silvestre, pero ¿y quién se acuerda de los no ganadores? ¿Qué hay de ellos? Aquellos que vuelven con las manos vacías después de no haber conseguido su objetivo tras años de dedicación. La gente suele decir que, por lo menos, lo han intentado, que ya lo conseguirán, que solo hay que esperar. Pero no sabemos lo que es levantarse al día siguiente, de ver que no has pasado la meta el primero sabiendo que te has esforzado al máximo, pero no ha servido para nada, pensando que no sirves para esto. Porque hay quién participa para pasar el rato con amigos, pero también están los que se jugaban mucho y no lo han logrado, que han perdido su oportunidad, que nunca podrán superarlo mentalmente. ¿Qué hay de ellos? 3 segundos, Mande Bushendich.

Non plus ultra

Diego Cruz Guerrero

Al percatarse el escritor de que apenas disponía de 150 palabras para llevar a su protagonista a la gloria de la San Silvestre Salmantina, sin pensarlo dos veces lo colocó varios metros más adelante de la línea de salida para asegurar, sin dificultades ni demoras, la victoria.

El protagonista advirtió aquella considerable ventaja y su ser competitivo le hizo retroceder más allá de la línea, quedando muy por detrás de todos al arrancar. Esta decisión desajustó el resto de la trama que tenía prevista el escritor, quien, para evitar controversias sobre su trampa fallida, se desentendió del microrrelato.

Contra todo pronóstico, el protagonista, mientras tanto, remontó la carrera, pero por más que corrió nunca vislumbró la línea de meta. Previsiblemente, al renunciar el escritor a su creación, no había ya un punto final que alcanzar. Cuentan que los espectadores quedaron, en la meta, esperando al ganador de este año.

Non plus ultra

Diego Cruz Guerrero

Al percatarse el escritor de que apenas disponía de 150 palabras para llevar a su protagonista a la gloria de la San Silvestre Salmantina, sin pensarlo dos veces lo colocó varios metros más adelante de la línea de salida para asegurar, sin dificultades ni demoras, la victoria.
El protagonista advirtió aquella considerable ventaja y su ser competitivo le hizo retroceder más allá de la línea, quedando muy por detrás de todos al arrancar. Esta decisión desajustó el resto de la trama que tenía prevista el escritor, quien, para evitar controversias sobre su trampa fallida, se desentendió del microrrelato.
Contra todo pronóstico, el protagonista, mientras tanto, remontó la carrera, pero por más que corrió nunca vislumbró la línea de meta. Previsiblemente, al renunciar el escritor a su creación, no había ya un punto final que alcanzar. Cuentan que los espectadores quedaron, en la meta, esperando al ganador de este año.

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27 DE DICIEMBRE DE 2026