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San Silvestre Salmantina

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Inauguración de la exposición fotográfica: "XXXVIII SAN SILVESTRE SALMANTINA"

Inauguración de la exposición fotográfica:

Estimados allegados y colaboradores de la San Silvestre: Os comunicamos que el pr√≥ximo jueves 23 de marzo, a las 19.00 horas, en el C.M.I. JULI√ĀN S√ĀNCHEZ EL CHARRO (Plaza de la Concordia, s/n) i...

Microrrelatos presentados al X Concurso "San Silvestre Salmantina"

 

# 280 Aurora Roger Torl√°

 

Mi primera San Silvestre

Sal√≠ como una flecha. Iba tras √©l .Me sent√≠a flotar de felicidad. Aquello para m√≠ era una fiesta. √Čl me cogi√≥ de la mano y me mantuve de repente en el aire, me enamor√© de √©l. Y segu√≠ ,continu√© ,me elev√© y as√≠ sigo. El cielo es azul ,como sus ojos...

# 279 IKER PEDROSA UCERO

 

META.

Las vidas que pasan ante mis ojos son la m√≠a propia, pero tambi√©n la de los dem√°s corredores de hoy, y de los habidos y por haber, de la carrera ‚ÄúSan Silvestre Salmantina‚ÄĚ. Es la vida del soldado que inaugur√≥ Marat√≥n. Es la del que va a comunicar una buena noticia a su familia. Es la vida de quien corre... porque corre. Pienso en el ni√Īo que fui, corriendo con mis amigos a clase porque hab√≠amos estado jugando con las canicas hasta el √ļltimo minuto. Pienso en c√≥mo corr√≠a tambi√©n Forest, en c√≥mo corr√≠an los atletas en Carros de Fuego. Alguien pincha su banda sonora en mi cabeza. Hay algo especial que se activa s√≥lo cuando corro. Y seguir√© corriendo hasta que el horizonte se expanda, con mis amigos, en esta carrera que agita mis alas y limpia de sal mis ojos.

# 278 Ra√ļl Clavero Bl√°zquez

 

El síndrome de Peter Pan

El hombre, casi anciano, alza los brazos. Est√° a punto de ganar la San Silvestre salmantina, pero justo en ese instante su propia sombra le abandona, toma unos metros de ventaja y atraviesa la meta en primera posici√≥n. El hombre, desconcertado, frena en seco. Los jueces murmuran. Por el p√ļblico se extiende un silencio sepulcral, s√≥lo roto por los gritos de una mujer. -Te lo advert√≠. Esto te pasa por no asumir tu edad. A qui√©n se le ocurre ponerse a hacer carreritas, como si tuvieras veinte a√Īos. Venga, para casa ‚Äď le dice, arrastr√°ndolo por el dorsal. El hombre llora. El p√ļblico r√≠e. La sombra reclama su medalla ante las miradas recelosas del resto de corredores. Yo, desde mi ventana, observo la escena, pienso en que, por fin, mi venganza es inminente y afilo con mucho, mucho cuidado, mi garfio.

# 277 Alberto Rivas

 

El paseo de Navidad

Paseo de San Antonio doce de la ma√Īana. La carrera llama a empezar, ya vienen los nervios. 7000 hombres para una bella princesa. ¬† La gente espera en Canalejas. Alamedilla, ni√Īos cambiando cromos. ¬† Plaza de Espa√Īa ya mismo en Puerta Zamora. Aprovecha la inercia, Manuel, ¬°que es cuesta abajo hasta la Plaza! ¬† Aqu√≠ pierdo tiempo yo, ¬°mira que es bella! ¬† Bajo San Pablo, ni√Īos chocando manos. Hasta llegar aqu√≠, al Lazarillo. ¬† Sube al bot√°nico ya est√° no lo pienses. Mira Marta y Luis, van disfrazados. Calle libreros y la Universidad, bendita rana. ¬°Qu√© coraje tiene aquel, empujando un carrito! ¬† Casa de las conchas, ¬°cu√°nta historia! Ahora viene lo duro. Cuesta arriba y Avenida de Portugal, dadme una ag√ľita. ¬† Paseo de la estaci√≥n y comuneros, Mira mis padres all√≠, el rollo abarrotado. ¬† Paseo de San Antonio, ¬°ya est√° ya llegamos!! ¬† ¬°Ay! cuantas emociones, Y qu√© bonitos rincones, En esta ciudad de ensue√Īo.

# 276 Melchor Belzunces Quintanilla

 

Sobran los motivos

Nadie entend√≠a por qu√©‚Ķ Por qu√© desafiaba a su cuerpo tortur√°ndolo con sed, fatiga y sudor‚Ķ por qu√© invert√≠a tanto tiempo en apresurarse por calles, avenidas, traves√≠as, correderas, parques,‚Ķ el Puente Romano, Veracruz, R√ļa Antigua‚Ķ Nadie en su entorno comprend√≠a que vertiera tantas fuerzas, energ√≠a y vigor en una carrera, siempre en la misma fecha, en la misma ciudad. No sab√≠an cu√°l era la raz√≥n por la que amaba recorrer cada fin de a√Īo los mismos lugares y volver exhausto, agotado, extenuado de la carrera salmantina. Era dif√≠cil explicarles que no hab√≠a causa, motivo o justificaci√≥n, que cualquier sufrimiento, malestar y, sobre todo, aquel desconocimiento e incomprensi√≥n de los suyos se desvanec√≠an cuando, feliz, pleno, satisfecho y henchido de pasi√≥n, cruzaba la meta.

# 275 Sergio Albert Pellicer

 

La narrativa salmantina

Correr la San Silvestre es como leer una buena novela. Empiezas con un arranque explosivo, contin√ļas con un largo y exigente nudo, y siempre, siempre, siempre, terminas en un satisfactorio desenlace.

# 274 Emilio José Huertas López

 

Las viejas deportivas de pap√°

Me despert√© sobresaltado en mitad de lo que parec√≠a ser un extra√Īo sue√Īo, con pap√° como protagonista y un atardecer estival como escenario. Al fondo, el viejo R√≠o Tormes ‚Äďdonde sol√≠amos salir a entrenar‚Äď hac√≠a su aparici√≥n. Bonito. Muy bonito. Tan real y cercano que se tornaba en un recuerdo doloroso, ya que hac√≠a m√°s de 10 a√Īos que se lo llev√≥ una larga enfermedad. El sonido del despertador me devolvi√≥ a la cruda realidad. Salt√© de la cama, me calc√© las ya desgastadas deportivas de pap√°, y sin detenerme me dirig√≠ hacia la meta. A mi derecha recuerdo ver a cientos de corredores, pero estoy seguro ‚Äďlo prometo‚Äď que tambi√©n vi su sonrisa. Fue en el km 5 cuando sent√≠ su aliento. Y a 100 metros de la meta, su mano empujarme liviana hacia el final. Tambi√©n fue ah√≠ cuando entend√≠ que pap√° me acompa√Īar√≠a en cada carrera.

# 273 Diego Francisco Barón

 

LOS SUE√ĎOS DE DALMA

Dalma sue√Īa con recorrer el mundo en sus propios pies. Sus compa√Īeras dicen que es una so√Īadora y se burlan porque ni siquiera tiene tenis para ir a la escuela. Dalma las reto a competir y de lejos gan√≥, con una gran diferencia: compiti√≥ descalza. La profesora se percat√≥ y le regal√≥ unos tenis blancos. La alegr√≠a brotaba de su cuerpo, Dalma se sent√≠a la ni√Īa m√°s feliz del mundo. Ese a√Īo gan√≥ las competencias escolares de atletismo. Todas. Luego particip√≥ en diferentes competencias que tambi√©n gan√≥. Su sue√Īo ahora era participar en la famos√≠sima carrera de atletismo de San Silvestre Salmantina, en Espa√Īa, al otro lado del mundo. La carrera empez√≥ y parte del sue√Īo de Dalma se cumpli√≥. Cuando recibi√≥ el trofeo record√≥ que ahora sue√Īa recorrer el mundo con tenis en los pies, porque cuando empez√≥, ni siquiera en los tenis pens√≥.

# 272 Mariana Leticia Ovari

 

Carrera por Helm√°ntica

Piso los adoquines, decidido a llegar a la meta. Antes de m√≠ pasaron vetones, romanos, visigodos y musulmanes. Me siento parte de historia en mallas y deportivas, sudado y agitado, para completar el reto. Debajo del puente romano se deslizan las aguas del Tormes, √°giles como intentan serlo mis piernas. Vaivenes ha tenido la ciudad, con sus momentos de gloria y oscuridad, igual que mi vida: altibajos necesarios para moldear el car√°cter y decidir el porvenir de ambos. Hoy me encuentro plet√≥rico por cumplir mi objetivo, bajo las miradas antiguas de sus catedrales. Mis pantorrillas parecen estar ocupadas por el enemigo, donde el recuerdo de las tropas francesas se atropella con el rotuliano centro de mando franquista. Superado el traspi√© y extinto el dolor, contin√ļo hacia la llegada, donde satisfecho jurar√© volver las pr√≥ximas navidades. Voy con cabeza, no como el toro del puente: los dos, enamorados de Salamanca.

# 271 Jorge Armando Enríquez Moreno

 

El Motivo

El Motivo Comenzaba el oto√Īo. -Padre lev√°ntate para hacer la caminata -¬°Ay, hijo‚Ķ, ma√Īana! El hijo se fue a su entrenamiento. Pasaban los d√≠as. El tiempo para el concurso se acercaba y cuando no era una cosa era otra. Hasta que el joven se hart√≥, y dijo. -¬°O vas! ¬ŅO sigues muri√©ndote en vida? El padre ni tardo perezoso se incorporaba y pensaba y ya de pie, le pregunt√≥ a su hijo. -¬ŅQu√© quieres decir con eso: ‚ÄúMuri√©ndome en vida‚Ä̂Ķ -S√≠ padre, so pretexto de tus 53 a√Īos, tus achaques y flojera, est√°s perdiendo de lo m√°s maravilloso‚Ķ El maduro padre pregunt√≥. -¬ŅY qu√© es lo que me estoy perdiendo? -El hijo respondi√≥. -Est√°s perdi√©ndote del respirar, del sentir, de la energ√≠a de los beneficios de la caminata, de disfrutar los amaneceres, el canto de los p√°jaros, los paisajes, es decir; en cinco palabras, padre: Est√°s perdi√©ndote de la vida‚Ķ

# 270 Juan David Lopez Martin

 

Corazoncito

Hola, soy el arco de meta, el elemento m√°s importante de la San Silvestre, no como ese ef√≠mero y aburrido arco de salida. En todos estos a√Īos, he cambiado mucho, de una triste l√≠nea en el suelo al lado de un juez apuntando los n√ļmeros de dorsal, al maravilloso arco hinchable con reloj digital que soy ahora. He visto a miles de personas finalizar los 10 kil√≥metros, la mayor√≠a rebosantes de alegr√≠a, pero tambi√©n unos pocos decepcionados con la marca realizada, aunque de todas las carreras en las que trabajo, √©sta es especial, y desde mi visi√≥n privilegiada del Paseo del Rollo, puedo disfrutar de ese ambiente jovial, festivo, de celebraci√≥n √ļnico. Por eso el √ļltimo Domingo de Diciembre es para m√≠ el mejor. Eso s√≠, os pido, que por muy apetecible que sea, no me deis patadas, que aunque soy un arco de meta, tengo mi corazoncito.

# 269 David Rabanillo Prado

 

San Silvestre un sentimiento

La San Silvestre Salmantina no es una carrera m√°s, es un sentimiento. Y su d√≠a grande es el √ļltimo domingo del a√Īo. La primera vez que la corr√≠ fue hace casi 20 a√Īos y desde entonces solo he faltado una vez a la cita. Y eso que no me gustaba correr, pero te engancha ese ambiente c√°lido en contraste con el fr√≠o de la ma√Īana. Echo de menos compartir esos kil√≥metros con la persona que me ense√Ī√≥ a disfrutar est√° carrera que aunque no pudiera con mi alma siempre me animaba a seguir y a disfrutar de la ciudad. Gracias por esos momentos. Se me va hacer dif√≠cil verte animando y no conmigo en la salida. Ahora me toca a m√≠ trasmitir este sentimiento a mis hijos para que un d√≠a la pueda correr con ellos.

# 268 Juan José Sánchez Benito

 

MI PRIMER TRIUNFO Y EL ULTIMO SUYO

Mi abuelo sabore√≥ las mieles del triunfo. Las desaparecidas pistas del Bot√°nico fueron testigos. Vol√≥ su nombre por doquier con las coronas de laurel en su cabeza. Los innumerables trofeos adornaban su humilde casa en la Calle Libreros. Siendo "pollita" me anim√≥ que corriera en cuanto surgi√≥ la San Silvestre y √©l, a diario, me entrenaba por la Aldehuela. Quer√≠a que fuera como √©l. Iba ilusionada a√Īo tras a√Īo pero no ganaba. El me animaba no desfallezcas y lo importante es participar. Un a√Īo falleci√≥ la v√≠spera y yo no quer√≠a correr. Todos me animaron que por √©l ten√≠a que hacerlo. No ve√≠a los adoquines porque mis ojos eran manantial de lagrimones. De pronto not√© una fuerza que me empujaba. Adelant√© a todos y gan√©. Me preguntaba que habr√≠a pasado y enseguida ca√≠. Me empuj√≥ mi abuelo pues corri√≥ a mi lado y ganamos los dos.

# 267 Raquel Pardo Tendero

 

Una tradición bajo los pies

Saqu√© mis zapatillas deportivas, con las que cada √ļltimo d√≠a del a√Īo desped√≠amos esa temporada en familia. Mi abuelo siempre remontaba su historia al 1984, pues le hac√≠a muy feliz contarnos el inicio de esta tradici√≥n. Llevaba participando casi 30 a√Īos y le sal√≠a una gran sonrisa en la cara cuando alg√ļn miembro de la familia se incorporaba. Mi padre y yo llev√°bamos a√Īos disfrut√°ndola con √©l, pero este a√Īo era muy especial. Mi peque√Īo Arturo con tan solo 7 meses y desde su carrito iba a participar por primera vez con nosotros. Al fin y al cabo, √©ramos una familia humilde y trabajadora, no necesit√°bamos grandes lujos porque estos momentos son los que nos un√≠an y los que nos hac√≠an realmente felices.

# 266 Sofía Beatriz Amaya Quiroz

 

Un respiro

Cada paso era sagrado, cada paso era tranquilidad, cada paso era el camino a mi liberaci√≥n. Mis m√ļsculos siempre protestan, pero mi mente siempre me lo agradece; correr se ha vuelto mi salvaci√≥n y estoy tan agradecida por ello. Aun recuerdo esa √©poca, en la que mi mente se revolucion√≥ tanto, que ni la medicina m√°s fuerte me pod√≠a ayudar a parar todo el circo que se escuchaba dentro de mi cabeza; todos los d√≠as me sent√≠a al borde de la locura, y todos los d√≠as terminaba llorando, a la vez que rogaba por la misericordia de Dios. Y fue esa bendita ma√Īana, cuando, crey√©ndome sin soluci√≥n, decid√≠ correr en el parque. ¬°Bendito remedio! ¬ŅQui√©n iba a decir que algo tan com√ļn y tan conocido como el atletismo iba a ser mi tan anhelada soluci√≥n? Ahora disfruto todos los d√≠as del silencio, agradeciendo cada d√≠a porque ello exista.

# 265 Nacho Tapia

 

Preliminares

En un lugar de Salamanca, de cuyo nombre no logro acordarme, no ha mucho tiempo comenzaba una carrera de las de coraz√≥n henchido, adoqu√≠n a√Īejo, c√°lido fr√≠o y piedra de Villamayor‚Ķ Con una zapatilla por banda, aplausos en popa a toda vela, no pisa el asfalto sino vuela, un popular corredor‚Ķ Un tr√≠o de a√Īos despu√©s, frente al juez de salida, el ya achacoso atleta recordaba aquella primera carrera en que su padre lo llev√≥ a conocer el hielo (lo propio, dada la fecha). El pistoletazo de salida despert√≥ a L√°zaro de sus adormilados pensamientos, mezcla de sus pasiones literarias y deportivas. S√≠, era cierto; por fin una nueva San Silvestre se abr√≠a ante √©l, pens√≥, ahora consciente, mientras perge√Īaba sus torpes primeros pasos entre la multitud corredora.

# 264 Gurutze Irisarri Traba

 

Al trote

Desde que abandon√© Roma para vivir en Salamanca siempre hab√≠a querido correr la San Silvestre. Cada a√Īo disfrutaba desde la Plaza Espa√Īa viendo a los miles de corredores trotando alegres y me picaba el gusanillo pero no terminaba de dar el paso de inscribirme porque hac√≠a tiempo que estaba parado y tem√≠a lesionarme. Que a uno no le perdonan los a√Īos y menos la falta de ejercicio. Pero de este a√Īo no pasaba. Prepar√© un s√≥lido plan de entrenamiento para tener mejor fondo y mejorar mi VO2 max, que alternaba los ritmos de carrera: trote suave, galope y sprint. Qui√©n me iba a decir a m√≠ cuando era un mero espectador de la carrera que terminar√≠a entrando el primero en la meta. Ahora que soy runner tendr√© que buscar un suplente que acompa√Īe al vaquero charro en la Plaza Espa√Īa, que me he aburrido de ser una estatua.

# 263 Valentín García Valledor

 

MOUNTAN TRIKE

Totalmente recuperado de la molesta tendinitis en los codos, he podido prepararme lo suficiente para estar a tope en esta c√©lebre carrera popular salmantina. As√≠ que, tras el rodaje adecuado a la maquinaria y con mi capacidad pectoral al cien por cien, siento que todo est√° en perfecto estado. Adem√°s, estos frenos de disco nuevos son la seguridad adicional que necesitaba para prevenir una mala ca√≠da en las bajadas. Ahora tan s√≥lo espero que el tiempo acompa√Īe y que la gente me insufle √°nimos durante el recorrido para que todo vaya sobre ruedas.

# 262 Ignacio Serrano Garbayo

 

El fallo del atleta

A pesar de ser el mayor atleta de la historia, Jorge jam√°s fue capaz de dejar atr√°s a su sombra.

# 261 Pedro Peinado Galisteo

 

Amores de leyenda

Cuando suena el pistoletazo de salida arrancamos mir√°ndonos unos a otros. Al principio con timidez, luego que si el dorsal de fulanito es favorecedor, que si la malla de menganita combina con sus ojos... Pronto ocurren los primeros roces: se atribuyen a galantes velocistas que susurran palabras al o√≠do. De ah√≠ nacen cantidad de parejas que resisten cien o doscientos metros, hasta que una pendiente pronunciada las separa. Las otras, fraguadas a base de charlas maratonianas y paso tranquilo, a√ļn llegamos de la mano al √ļltimo kil√≥metro. L√°stima que los temas de conversaci√≥n se nos agoten en la recta final y prefiramos sentarnos a rememorar viejos recorridos por nuestra San Silvestre Salmantina. Aunque no existen fotograf√≠as u otros documentos que lo atestig√ľen, en los avituallamientos nunca faltan corredores veteranos refiriendo historias, haci√©ndonos creer que una vez hubo enamorados dispuestos a amarse toda la carrera, incluso m√°s all√° de la meta.

# 260 Francisco Javier Yuste Córdoba

 

ESCAPADA DEPORTIVA

‚ÄĒ¬ŅA que ha sido una buena idea venir a correr la San Silvestre? Despu√©s de tanto tiempo oyendo mentar esa carrera, era menester acercarse. ¬°Y bien que ha merecido la pena! ‚ÄĒcoment√≥ uno alegremente. ‚ÄĒ¬°Por supuesto! ‚ÄĒrespondi√≥ otra del grupo‚ÄĒ. Adem√°s, tanto tiempo ah√≠ arriba ya se hac√≠a aburrido y apetec√≠a una escapadita. ‚ÄĒVeis como con estas vestiduras encajamos perfectamente en el ambiente. Ya os dije que no os preocupaseis, que pasar√≠amos desapercibidos. ‚ÄĒ¬°√Ānimo!, la meta est√° muy cerca. Como sab√©is, nada m√°s cruzar tenemos que volver enseguida; si no llegamos a tiempo se va a liar una buena. Poco despu√©s, en las Escuelas Menores, alguien escudri√Īaba minuciosamente las esplendidas representaciones consteladas de estrellas que compon√≠an el mural denominado ‚ÄúCielo de Salamanca‚ÄĚ. Miraba una y otra vez porque jurar√≠a que al entrar, aunque pareciese absurdo, por un instante le pareci√≥ que algunas de las figuras‚Ķ ¬°no estaban!

# 259 Miriam Alejandro Ascorbe

 

Hoy es el día

Doy un paso y mis m√ļsculos vibran con el impacto. Otro. Otro m√°s. Ya no solo siento mis m√ļsculos; tambi√©n mi respiraci√≥n, el sudor recorriendo mi espalda, el desliz del aire por mi cara. Noto mi coraz√≥n palpitando en el pecho, que al principio me ped√≠a que parase. Me dec√≠a que no pod√≠a m√°s, y ahora en cambio late con m√°s fuerza, m√°s ritmo. √Čl, como yo, ha aceptado cu√°l es la meta y no descansar√° hasta alcanzarla. Solo tras ella podr√° apaciguarse, sentir el cansancio y la satisfacci√≥n que √©l conlleva. Tambi√©n siento mis pensamientos, incluso mi alma y mi yo m√°s profundo. Y a la gente. Mis compa√Īeros de carrera, sudando y disfrutando al igual que yo. El p√ļblico, animando hasta al ultim√≠simo corredor‚Ķ Entonces despierto, excitado, con una sonrisa y un solo objetivo. Me levanto y me pongo las zapatillas. Hoy es el d√≠a.

# 258 Samuel Gonz√°lez Rosado

 

Tras una vida

Tantos d√≠as prepar√°ndome, tantas horas de entrenamiento, tanto esfuerzo, tanta dedicaci√≥n, tanta sangre, sudor y l√°grimas...alg√ļn d√≠a, se ver√°n recompensados con un primer premio.

# 257 Jorge Elécer Valbuena Montoya

 

RUTINA DE ENTRENAMIENTO

Los d√≠as tambi√©n parecen pasar encerrados, se repiten uno tras otros, con los mismos s√≠ntomas. Al parecer han llegado m√°s vacunas para atender la situaci√≥n. Buenas noticias en medio de todo. Preparo mis tapabocas y mi indumentaria. El circuito empieza en el paseo de San Antonio, treinta inyecciones, avanzo hacia el Bulevar San Francisco, la fila es larga y recorro sesenta inyecciones, cruzo por Paraguay, M√©jico, Dr. G√≥mez Ulla, M√©rida, Paseo del Rollo, ciento veinte inyecciones, me acerco a la Plaza de San Antonio, est√°n por agotarse las jeringas. Justo llegando al paseo de San Antonio cruzo la meta, celebrando solitaria. Me abrazo y me ofrendo un respiro. Observo hacia atr√°s la ruta. Correr√© con todos ellos, alg√ļn pr√≥ximo diciembre, la Sansil. ¬°Hoy ganaste enfermera! Me digo. Sonr√≠o bajo el tapabocas. Cae la noche y empiezo de nuevo. Los atletas prenden la luz en sus hogares.

# 256 Omar Gamboa

 

La √ļltima

Ah√≠ iba otra vez, √ļltima. Sonri√≥ al recordar lo que un d√≠a antes le dijo una compa√Īera de trabajo: ¬ęSi sabes que no vas ganar, para qu√© participas. Digo, no lo tomes mal, siempre pierdes. Siempre √ļltima.¬Ľ Record√≥ c√≥mo entonces tuvo el impulso de explicarle algunas cosas. Mas, no ten√≠a sentido. As√≠ que respondi√≥: ‚ÄúS√≠, es verdad‚ÄĚ. Que caso decirle que en realidad nunca hab√≠a perdido. Que la meta no lo es todo. Y que cada cual tiene uno o m√°s objetivos que cumplir que representa su victoria. ¬°C√≥mo transmitirle en palabras qu√© se siente en el terreno! S√≠, nunca hab√≠a ganado un trofeo ni un puesto entre los primeros, quiz√° nunca llegar√≠a en otra posici√≥n que de √ļltima. Pero, nunca consider√≥ haber perdido; al contrario: siempre ganaba: amigos, alegr√≠a, conocimiento, bienestar, superaci√≥n, humildad, valor. Su trofeo, era poder correr. Hacerlo su gran triunfo. Ya que antes no pod√≠a correr.

# 255 RUB√ČN MART√ćN CAMENFORTE

 

LA PANDILLA

Esta ma√Īana ol√≠a a asfalto mojado: la magia del petricor de la ni√Īez ahora son mol√©culas en suspensi√≥n. En esas estamos en el tapeo‚Ķ Les cuento, con un vino en la mano, que salir a entrenar tras una tormenta resultar√≠a entre las experiencias relajantes que se promocionan en las cajas de regalos; si quit√°ramos, eso s√≠, los salpicones de los charcos‚Ķ Todos los amigotes se desga√Īitan y Josete, a lo suyo, insiste en asociar running a moda. La m√≠a hace casi treinta a√Īos que dura, como el quedar a tomar tintos y ca√Īas. Carcajea y pide otra ronda. La San Silvestre Salmantina no igualar√° a la croqueta de jam√≥n con la que se chupa los dedos, pero s√© que aceptar√° el reto de correrla. Lo del disfraz y echar unas risas... Ya he convencido a cuatro de los cinco de siempre, porque siempre hay una primera vez.

# 254 JESUS MIGUEL VALLS LOPEZ

 

El enemigo a batir

Clara sinti√≥ el alivio que supuso divorciarse de su t√≥xica pareja y pasar p√°gina sobre el episodio m√°s triste de su vida. La siguiente batalla la librar√≠a contra su exceso de peso, producto de una mezcla de dulces y maltrato acumulado. Ese mismo d√≠a, frente al espejo de su piso de soltera, jur√≥ que entrenar√≠a tenazmente hasta recuperar su esbelta figura de atleta. Un ma√Īana abri√≥ los ojos como una ni√Īa cuando la San Silvestre Salmantina se le present√≥ como el retorno perfecto para demostrar que segu√≠a siendo una gran corredora, que volver√≠a como la deportista que a√Īos atr√°s entusiasmaba al p√ļblico en todas las competiciones. El d√≠a de la carrera, Clara s√© calz√≥ sus zapatillas, vol√≥ sobre el asfalto con la elegante fuerza de una diosa alada y cruz√≥ la meta de la San Silvestre. Unas l√°grimas de alegr√≠a que no quiso reprimir, ca√≠an por sus mejillas.

# 253 CIRILO LUIS √ĀLVAREZ

 

NADA NI NADIE

- NADA NI NADIE - Marga de Andr√©s Oliva, est√° que se sale de contenta. Feliz como pocos y orgullosa como nadie. Cuando era ni√Īa pasaba las navidades en la ciudad de las letras ba√Īada por el Tormes. Desde la plaza Mayor, a la chiquilla, se le iban los ojos tras los corredores de la carrera San Silvestre. Ahora, transcurridos veinte a√Īos, por fin sit√ļa sus huesos al otro lado. El de los campeones y de los que sufren l√°grimas, sudor y sangre para llegar a la meta. Pero lo m√°s chocante, es que para estar ah√≠, la joven ha hecho trampas y un pacto con el diablo, pues debajo del ch√°ndal calza dos piernas bi√≥nicas. Las propias, las perdi√≥ hace diez a√Īos en un accidente de tr√°fico. A Marga, no la para ni el tato ¬°menudo par de ovarios, se gasta la hembra!

# 252 Sabrina Crespi

 

Pienso

Cuando estoy en San Antonio pienso en Canalejas. En plaza de Espa√Īa voy pensando en La Puerta de Zamora. Pisando San Pablo ya tengo la cabeza en la Glorieta de los Milagros. Si tan solo pudiera tener la cabeza en mis pasos actuales, me ayudar√≠a a llevar mejor mi cansancio. Piernas, espalda, sed. Sol, lluvia, calor. Ahora La Palma y pienso en Veracruz. Luego Libreros y pienso en Plaza de San Vicente. Los brazos tambi√©n se cansan hab√≠a dicho el entrenador. Talones, sudor y a lo lejos alguien saluda. Y ahora Paseo de Carmelitas y mi cabeza en Paseo del Rollo. Ya casi, mi cabeza est√° siempre en el ya casi. Llego a San Antonio y le sonr√≠o a Canalejas.

# 251 GAST√ďN CEBALLOS

 

Cinta de Correr

Cuando el virus empez√≥ a crecer ya se ve√≠a que la San Silvestre no iba a poder ser. El encierro, los miedos y todo aquello que ya sabemos, ¬Ņpara que repasarlo nuevamente?. As√≠ que compr√≥ una cinta de correr y entren√≥ mirando la televisi√≥n. Entren√≥ mirando v√≠deos que ahora le costaba olvidar. El segundo a√Īo de suspensi√≥n ya lo tom√≥ m√°s precavido de √°nimo. Y sigui√≥ con su cinta, fiel compa√Īera. Ahora llega la carrera de verdad. Con sus paisajes, con sus subidas y bajadas. Piensa en el r√≠o, en el puente que tantas veces hab√≠a cruzado, y llora. Llora por los que no est√°n pero tambi√©n de emoci√≥n. L√°grimas de alegr√≠a. L√°grimas acumuladas en una cinta de correr.

# 250 Sadiel Acosta Machado

 

La gran carrera

Bandadas de hombres como gamos silvestres, avanzaban a saltos por el bosque. Corr√≠an como intentando salvar su vida, como si detr√°s de ellos se encontrase la misma muerte. Uno de ellos se detuvo a mi lado; la fatiga lo oblig√≥ a sentarse a un lado del camino. - ¬ŅDe qu√© gran peligro huis? ‚Äď le pregunt√© -No huimos. ¬ŅQui√©n podr√≠a perseguirnos? ‚Äď pregunt√≥ turbado aquel hombre curioso -Entonces dentro de poco seguir√°s tu camino- le dije- ¬ŅNunca has pensado en detenerte? Su rostro se mostr√≥ entonces en extremo confundido. - ¬ŅPor qu√© habr√≠a de detenerme? No s√© hacer otra cosa m√°s que correr; solo un ser jam√°s precisa de la carrera, ni se agota, ni sufre, ni muere. ‚Äď y diciendo esto se levant√≥ y retom√≥ la marcha. Cientos de hombres y mujeres, corr√≠an detr√°s, conocedores, de que no hay otro destino y otro placer m√°s all√° de la larga y extenuante carrera.

# 249 ANA MARIA ABAD GARCIA

 

MENUDO PLAN

Si mis c√°lculos no fallan, hoy es treinta y uno de diciembre, San Silvestre. A estas horas, cayendo ya la tarde, deber√≠a encontrarme inmerso en un mar de preparativos: limpiar las zapatillas, rescatar del fondo del caj√≥n los calcetines de la suerte, dejar que Carmen me llene de imperdibles la camiseta para no perder el dorsal, atarme al cuello la capa de Darth Vader que Pablito, todo ilusionado, me ofrece ‚Äúpara que no pases fr√≠o, papi‚ÄĚ. Un suspiro pone fin a tan entra√Īables evocaciones. Quiz√°s me ha salido un pel√≠n dram√°tico, aunque lo considero perfectamente l√≠cito en la presente situaci√≥n. Resignado, dejo flotar la mirada sobre el inmisericorde oc√©ano que me rodea, y me preparo para la √ļnica carrera que correr√© esta noche: otra vuelta m√°s a esta maldita isla desierta donde se hundi√≥ mi velero.

# 248 ELENA OLIVELLA

 

CHASQUIDO

Comenc√© a correr d√°ndolo todo. Tras varios tropiezos y alg√ļn que otro empuj√≥n, mi lengua rozaba la calzada, mi coraz√≥n bailaba bachata y estaba ba√Īado en sudor. Y para m√°s inri, ve√≠a como los otros corredores me adelantaban tan frescos como una lechuga. Fue cuando pens√© que estar√≠a bien que la carrera diera un giro de 180¬ļ y los √ļltimos fu√©ramos los primeros. Y dej√°ndome llevar, imagin√© que con un chasquido de mis dedos todo el mundo, menos un servidor, se quedara quieto, como en una imagen congelada, y as√≠, yo seguir√≠a corriendo a mi ritmo. Chasque√© mis dedos y todos los corredores se quedaron petrificados. Me convert√≠ por arte de birlibirloque en el √ļnico participante. Poco antes de llegar a la meta o√≠ otro chasquido. Lo sent√≠ muy cerca de mi oreja derecha. Iba acompa√Īado de la voz de mi madre dici√©ndome ‚ÄúVega despierta, que ya son las doce‚ÄĚ.

# 247 Omar Arévalo

 

Libertad

LIBERTAD Emoci√≥n que se confunde con alegr√≠a, hoy es el d√≠a de la carrera San Silvestre SALMANTINA. Cerebro y m√ļsculos tensan y distensan, r√°pido parpadeo, piel que abre sus poros para entre el follaje piloso sentir la libertad. Acar√≠ciame, arr√ļllame, abr√°zame brisa Salmantina que Salamanca entera se concentra en t√≠. Abro mis brazos, respiro profundo y acelero mis pasos porque llegar a la meta ser√° otro momento m√°gico que nos regala el Club Deportivo "Padre Basabe". Coraz√≥n, mente y cuerpo. Energ√≠a, color y calor. Y una palabra: ¬°LIBERTAD!

# 246 Rebeca Jerez Hern√°ndez

 

Una carrera con √°ngel

Rond√≥ la duda en los d√≠as previos, mas el reto pudo m√°s que el pensamiento y el impulso del coraz√≥n hizo que aquella ma√Īana calzara mis zapatillas. Conoc√≠a bien el recorrido, atrayente por la belleza que encontrar√≠a en cada zancada. Al llegar a la salida, multitud. Apabullante. Pero all√≠ estaba mi √°ngel. Ella no tiene alas, pero siempre me arropa. Si yo puedo, t√ļ tambi√©n, me dijo. Y as√≠ fue. Form√© parte de la multitud que descend√≠a la cuesta. Despu√©s, la plaza m√°s bonita del mundo, la inclinada torre del terremoto, el puente del Lazarillo y el fluir de cientos de sonrisas a trav√©s del r√≠o. Al subir, pens√© que no llegar√≠a. Retornaron las dudas. Ella baj√≥ el ritmo y me dijo: ‚Äú¬°Puedes!‚ÄĚ Continu√© confiada. Sent√≠a el √°nimo del p√ļblico en cada p√°lpito. Respir√© con dificultad. Al fin, la meta. Llor√© de alegr√≠a. Un √°ngel me acompa√Ī√≥, en volandas.

# 245 Deisy Martínez Castillo

 

Una carta de invitación

Mi t√≠o Pedro est√° feliz, me ha mandado una carta desde su ciudad y me cuenta que ir√° a una carrera. Dice que es una experiencia fenomenal, el aire rosando los rostros, competencia y cansancio del bueno. Me dice que La San Silvestre entrega momentos inolvidables, llenos de emociones y recuerdos que quedar√°n por siempre. Esta vuelta a las calles trae consigo trofeos, atletas, hombres y mujeres. Hoy, luego de la desdichada pandemia, regresan los colores, sudaderas y aguas hidratantes. Reaparece la sana competencia, la liberaci√≥n de energ√≠as y la diversi√≥n por doquier. M√°s all√° del premio, lo importante es compartir, recrearse, socializar y reencontrarse. Todos unidos en una disciplina que durante a√Īos ya vino a quedarse, en la que el valor social es m√°s importante. ¬°Que siga la San Silvestre Salmantina! entregando entretenci√≥n e instando a llevar una vida saludable. Alg√ļn d√≠a ir√© a visitar a mi t√≠o Pedro.

# 244 Nora Elizabeth Cutinella Berois

 

La espera

n, tanta comunicaci√≥n, solo √©ramos un n√ļmero, restaba vidas, sumaba angustia. Cuanto miedo y soledad acumulados, pero yo ir√©, s√≠, ir√© a vestir mi ropa de correr y estar√© all√≠ porque lo necesito, ser√° lo √ļltimo que haga no importa despu√©s, solo el hoy. Tampoco el resultado, solo estar. Me animar√© a salir hoy a practicar...me animar√©?

# 243 Ana Tauroni C√°ceres

 

Renacimiento

Se mir√≥ al espejo y sonri√≥ con nostalgia al ver su cambiado aspecto. Hab√≠a logrado vencer a su enfermedad, aunque los estragos que la misma hab√≠a ocasionado en √©l se manifestaban a√ļn ante sus ojos. Su cabello estaba comenzando a creer y, gracias al atletismo, que hab√≠a retomado hac√≠a tan solo unas semanas, la musculatura y vigorosidad estaban regresando su cuerpo a como era antes de todo. Estuvo absorto en sus pensamientos hasta que la alarma de su reloj le avis√≥ de que era hora de marcharse. Mientras corr√≠a, pod√≠a sentir el aire fresco en su rostro y la dureza del suelo bajo sus pies. Record√≥ la √ļltima carrera que hab√≠a disputado, tan solo unos meses antes del comienzo de su tratamiento, y supo entonces que gracias a la fortaleza que aquel deporte le hab√≠a otorgado, hab√≠a conseguido ganar la carrera m√°s importante de su vida.

# 242 Alexandra Mavesoy salgado

 

Ganar: El dolor y la euforia

El Cuerpo Grita no m√°s, el dolor incesante, los M√ļsculos y las arterias te gritan no puedo y tu mente se pelea entre Rendirse o alcanzar la victoria, si ganas lo eres todo si pierdes caes en el abismo de tus pensamientos y el ‚Äúhubiera‚ÄĚ es tu infierno personal, tu mente divaga si tan solo hubiera ido m√°s r√°pido, si hubiera puesto mayor esfuerzo‚Ķ A√Īos de preparaci√≥n para que todo se resuma entre t√ļ y 20 kil√≥metros, tu mente y tu cuerpo, Un objetivo ganar, desde la √ļltima vez me promet√≠ sacrificar todo por esto, es mi obsesi√≥n, aunque lo alucinante es que la carrera dura m√°s que la gloria‚Ķ Dos Horas y treinta minutos de carrera por solo cinco minutos de euforia despu√©s de una victoria, ¬ŅQu√© si Vali√≥ la pena? ¬°Absolutamente! Fueron los mejores cinco minutos de mi vida y quiero m√°s.

# 241 Ana Fern√°ndez Buceta

 

El grito de la victoria

Llevaba corriendo mucho tiempo, me dol√≠an las piernas y mi cuerpo quer√≠a parar. La carrera se hac√≠a dura, todos quer√≠amos cruzar. O√≠a los gritos agitados desde los m√°rgenes de la carretera, no eran para m√≠, para nadie en concreto, pero todos gritaban profundamente ‚Äúcontinua‚ÄĚ. Me vi a mi mismo corriendo, a punto de darme por vencido, a pesar de que yo hac√≠a esto para demostrarme que pod√≠a, que era m√°s fuerte de lo que dec√≠an. ‚ÄúRespira‚ÄĚ consegu√≠ escuchar, un hombre gritaba, mi padre estaba all√≠. Nunca hab√≠a estado conmigo y menos anim√°ndome. Re√≠, porque por una vez deb√≠a hacerle caso y entonces, por un momento, no sent√≠ cansancio; no sent√≠ fatiga; deseaba llegar a la meta. Entonces baj√© a mi cuerpo y me vi corriendo con cientos de personas m√°s, cruc√© la meta y le sonre√≠ al cielo porque √©l estaba all√≠ conmigo y todo en mi grit√≥ ‚Äúlo consegu√≠‚ÄĚ.

# 240 María Victoria De Arriba Ruíz

 

Celebrar la vida

Cerr√© los ojos y respir√©. Pocas sensaciones como la de el aire entrando, llenando los pulmones, que contentos se hinchan como si fuese de alegr√≠a. Al fin pod√≠a estar ah√≠ de nuevo. Hab√≠a costado un a√Īo de entrenamientos ma√Īaneros, de sacrificar momentos, de conflictos entre la voluntad y el deseo. Y, sobre todo, de muchas exigencias a mi propio cuerpo. Pero, para mi deleite, pese al dolor y al desgaste del tiempo, la m√°quina segu√≠a funcionando como el primer d√≠a. Y lo mejor de todo es que ese esfuerzo hab√≠a logrado lo que pocas veces hab√≠a conseguido: conectarme conmigo. Con cada zancada no s√≥lo descubr√≠a otras rutas y lugares, que nunca me hab√≠a parado a explorar, sino a m√≠ misma. A m√≠, mis l√≠mites, mis capacidades, mi tenacidad... Lo que estoy dispuesta a hacer y esforzarme por conseguirlo. Hace tiempo que no corr√≠a para ganar, sino para celebrar la vida.

# 239 Jes√ļs Antonio M√°s Gramaje

 

Culmina tu a√Īo de trabajo

No lo demoraste el a√Īo pasado e iniciaste tu trabajo el 27 de diciembre. Esfuerzo, dedicaci√≥n y sacrificio ya quedan atr√°s, como todo el aire que apartaste al avanzar, por delante hay luz, camino y trabajo por culminar. No son s√≥lo 10 kil√≥metros, son los √ļltimos diez kil√≥metros tras m√°s de mil aplastando la suela contra el suelo, te esfuerzas cual comunero, pues la meta es tu sue√Īo. Mientras atraviesas el Paseo del Rollo las piernas pesan, duelen y queman, pero tu apoteosis est√° cercano, pues igual es primero que √ļltimo cuando tu lucha es contigo mismo. Lo que queda a tus espaldas no es asfalto, es la guinda, te entrenaste en muchos suelos del mismo modo que los sue√Īos entrenan entre vuelos elegantes de cig√ľe√Īas libres. Corre, vuela 100 pasos m√°s y atravesando el arco te sentir√°s vencedor contra ti mismo, culminando.

# 238 ENRIQUE BENITO PE√ĎALVA

 

PENSANDO EN PRAGA

Para Marcos, Diego, Noelia, David y Sara se hab√≠a convertido en tradici√≥n navide√Īa que quien hiciera mejor tiempo en la San Silvestre Salmantina decidir√≠a qu√© marat√≥n correr√≠an para el a√Īo siguiente. Diego sol√≠a ser el m√°s r√°pido, aunque Sara estaba un momento de forma muy dulce, y ten√≠a mucha motivaci√≥n por correr la Marat√≥n de Praga. Desde que se dio la salida, iba por delante de Diego, a unos ritmos que sobrepasaban su frecuencia card√≠aca m√°xima. Miraba hacia atr√°s, y comprobaba que le ganaba m√°s ventaja, aunque en alg√ļn momento boqueando, pero sin decaer. Llega al Paseo San Antonio, volvi√≥ a mirar hacia atr√°s, y comprueba que Diego est√° a unos pocos metros por detr√°s suyo. Esprinta, aunque parece que el hinchable de meta se aleja. Cruza la meta, y dos segundos despu√©s lo hace Diego. Sonr√≠e, ya sabe que viajar√°n a Praga el a√Īo pr√≥ximo.

# 237 Jose Antonio Puglisi Spadaro

 

Una √ļltima carrera de leyenda

Marcos sent√≠a que el tiempo se le escabull√≠a entre las manos. Por mucho que corr√≠a, la vida le alcanzaba. Quer√≠a tener la fuerza del Marqu√©s de Villena para escabullirse de sus demonios y dejarles atr√°s. As√≠ le costase tambi√©n perder a su sombra. Sin embargo, el peso de los a√Īos hac√≠a cada uno de sus pasos m√°s pesados que el anterior. Quer√≠a sentir la pasi√≥n inmortal de Calixto y Melibea, pero se sent√≠a diminuto, como la rana de la fachada de la Universidad de Salamanca, donde se enamor√≥ por primera vez. Todos estos anhelos le acompa√Īaban cada d√≠a que sal√≠a a correr, cada vez que renunciaba a rendirse. Sin darse cuenta, sus sue√Īos se hab√≠an convertido en conchas que decoraban su perseverancia. Esas que iluminaban su camino con 90 a√Īos y le hac√≠an avanzar kil√≥metro tras kil√≥metro con la mirada alta y una √ļltima misi√≥n: completar la San Silvestre Salmantina.

# 236 Patricia Collazo Gonz√°lez

 

Carrera de fondo

¬ŅA que no me pillas?, me desafiaste con tus mofletes de escondite ingl√©s. Y empezaste a correr por el patio del cole. Yo no dud√©, hubiera seguido esas trenzas rubias hasta el fin del mundo. Salimos del cole y segu√≠as corriendo delante de m√≠, atravesamos nuestro barrio, llegamos a las afueras de Salamanca, cruzamos r√≠os y vaguadas. En el camino t√ļ te casaste y tuviste dos ni√Īos. Yo, algo despechado, hice lo propio. Pero mis ni√Īos no nacieron. Antes ya me hab√≠a divorciado. Corr√≠ detr√°s de otras piernas sin perder de vista las tuyas. T√ļ segu√≠as haci√©ndolo entre trabajo, extracurriculares y cumplea√Īos infantiles. De vez en cuando me calzaba deportivas nuevas procurando alcanzarte. Me lesion√©. La indiferencia resiente las articulaciones. Pero aqu√≠ estoy. Precalentando antes de iniciar la San Silvestre de nuestra ciudad. Y t√ļ, all√≠, a apenas tres metros. Con tu pelo destrenzado y el anular hu√©rfano de alianzas.

# 235 M√ćGUEL A. SEVILLANO ARROYO

 

√öltimo reto

¬°Cinco minutos!, cierro los ojos, aprieto mis √≠ndices con los pulgares y me concentro. Abro los ojos, estoy rodeado de voladoras pintadas de colorines que revolotean inquietas. Huelo a sudor que intensifica a√ļn m√°s la ansiedad del momento un a√Īo esperado. Tensi√≥n muscular, siento mis piernas momentos antes de salir disparadas. ¬°Pum!. Intensidad, esfuerzo, concentraci√≥n, agotamiento, agon√≠a‚Ķmarcan el camino de mi objetivo tantas veces buscado, so√Īado, anhelado. ¬ŅSer√° esta vez cuando San Silvestre me lo conceda?.

# 234 Marina Henneford S√°nchez

 

Un breve instante

Comienzo con la mirada gris, borrosa; con el pecho entumecido como aprisionado por piedras. Poco a poco, con cada paso, con cada zancada, la vista empieza a clarear y el aire entra como un vendaval en mis pulmones. El progresivo aumento del pulso trae consigo la ca√≠da de cada roca que oprime mi estern√≥n. Y de repente, llega la meta, en el momento √°lgido en que noto un redoble de tambores por todo mi cuerpo. Siento euforia, noto en mis compa√Īeros la misma emoci√≥n y me abrazo con ellos. Ese cl√≠max apenas dura algunas horas, para otros quiz√° tan solo minutos, pero es ese instante el que me hace volver cada a√Īo a comenzar una nueva carrera. Porque son esos momentos, aquellos que frenan el tedioso ritmo de la rutina, los que merece la pena revivir. Aquellos en los que paras, y piensas: ‚ÄúQue bonita es la vida‚ÄĚ.

# 233 Jos√© Luis Ba√Īos Vegas

 

EL GU√ćA

Aquella ma√Īana de finales de decembris, en su largo camino hacia la civitas de Salmantica, el joven Silvester (a√Īos m√°s tarde nombrado papa y luego santificado) lleg√≥ al robusto puente romano sobre el r√≠o Tormes y se qued√≥ mirando esa construcci√≥n p√©trea de casi seiscientos pies de longitud y levantada un par de siglos atr√°s, durante la √©poca del emperador hispano Trajano. Poco despu√©s algo en su interior le incit√≥ a atravesarlo corriendo. Tras dos a√Īos de par√≥n por culpa del covid, he vuelto a participar con mis amigos en la San Silvestre salmantina. En el puente romano se nos ha unido un joven con extra√Īa indumentaria y que se ha dirigido a nosotros en perfecto lat√≠n. Cuando por fin hemos llegado al paseo de San Antonio, el mencionado joven ha vuelto al puente romano hasta el pr√≥ximo a√Īo.

# 232 Mamen de Zulueta

 

Cruzar la ciudad

Son√≥ el disparo de salida. Hab√≠a escogido el dorsal con el n√ļmero 8. Cerr√≥ los ojos y se concentr√≥. Lo √ļnico que ten√≠a que hacer era manejar bien la energ√≠a, atender el pulso de su coraz√≥n, no mirar a los lados, hidratarse. Deb√≠a encarar el tramo final sin bajar el ritmo y prepararse para la euforia de la llegada. Comenz√≥ a llover. Cruzar la ciudad era el √©xtasis. El en√©rgico chasquido de los pies sobre el agua, el fr√≠o puro en los pulmones, los aplausos que se o√≠an ya cerca. Sinti√≥ la cinta empapada adhiri√©ndose a su pecho. Los brazos en alto y los bravos y enhorabuenas saliendo de todas las bocas de la ciudad. Abri√≥ los ojos. Ten√≠a la cabeza paralizada sobre la almohada. Frot√≥ su √ļnica pierna viva y triunfante. ‚ÄúLo he conseguido de nuevo‚ÄĚ, dijo. Fuera, se escuchaba el murmullo nervioso de los corredores que regresaban.

# 231 Francisca Morillas Pastrana

 

De Nuevo Juntos

Despu√©s de dos a√Īos de par√≥n, otra vez de nuevo estamos en las calles en La San Silvestre. Atletas y aficionados, todos juntos llenamos de sudor, esfuerzo y solidaridad, el recorrido por los a√Īejos y bellos barrios de Salamanca. Todo transcurre con normalidad; las ganas de volar entre los compa√Īeros, las piernas, el suelo y ese hermoso cielo. Todos participamos con cierta inquietud, gozo por esta ah√≠ y alegr√≠a renovada. De nuevo en presencia, d√°ndolo todo, participando codo con codo con los dem√°s, haciendo de La San Silvestre salmantina algo para recordar hasta el pr√≥ximo a√Īo.

# 230 Carlos Fern√°ndez Pe√Īa

 

EL CAMINANTE

Yo que me estremec√≠, cuando el terremoto de Lisboa del siglo dieciocho, se sinti√≥ y da√Īo la torre de las campanas. Yo que con ilusi√≥n viv√≠, como los vetones tallaron el verraco en piedra en el siglo primero antes de Cristo y que hoy s√≠mbolo protector de la ciudad. Yo que tuve el honor de conocer al escritor del Lazarillo de Tormes en el siglo diecis√©is, del cual me pidi√≥ que nunca desvelara su identidad. Pero todo lo vivido no es comparable al tiempo actual, con haber corrido en la san silvestre salmantina, recorriendo sus bellas calles, inundadas con su gente, haciendo una fiesta √ļnica dif√≠cil de olvidar. Por eso he decidido romper mi m√°quina del tiempo y quedarme aqu√≠. Vivir esta √©poca del tiempo en esta hermosa ciudad.

# 229 CHRISTIAN FERN√ĀNDEZ ALONSO

 

Laura de los pies ligeros

Laura sinti√≥ una leve n√°usea, algo que jam√°s le hab√≠a sucedido por m√°s que trotase monta√Īa arriba y abajo en su remota aldea de las Barrancas del Cobre. Lo atribuy√≥ al cansancio del viaje. ¬°Virgencita! Diez mil kil√≥metros desde M√©xico hasta Espa√Īa. Aument√≥ el ritmo. Puso la mente en otra cosa y rebas√≥ a una pareja de sorprendidos kenianos. La molestia segu√≠a. ‚ÄúQuiz√°s sea el cambio de comidas‚ÄĚ, pens√≥. Los aplausos arreciaban; deb√≠a estar cerca de la meta, algo de lo que nunca se preocupaba en exceso. Ni de las burlas por su indumentaria o sus sandalias de neum√°tico. Estaba determinada a ganar. Disfrutaba cada paso de la carrera mientras volaba con la mente a los ariscos senderos que de ni√Īa recorr√≠a como el viento. La n√°usea regres√≥. No imaginaba Laura, la de los pies ligeros, que unos d√≠as antes otra peque√Īa corredora hab√≠a comenzado a crecer en su interior.

# 228 Tomás Piedra Pérez

 

Como un pincel

Reconozco que a la Biblioteca Gabriel y Gal√°n entr√© √ļnicamente para acicalarme; la √©pica no est√° re√Īida con la compostura, e ir bien arreglado a la San Silvestre salmantina es una obligaci√≥n que me impuse hace tiempo, cuando la conoc√≠. Ya en el Paseo de San Antonio, percib√≠ el nerviosismo de mis rivales y sus miradas de desconfianza. La mayor√≠a de ellos sab√≠an que algunas de las contiendas m√°s feroces solo se superan desde una adecuada situaci√≥n. Avanc√© hacia las primeras posiciones, evit√© codazos y pisotones, firme, sereno, con la esperanza a prueba de viento. Cuando dej√© a todos mis rivales atr√°s y comprob√© que frente a m√≠ no hab√≠a otra cosa que horizonte, supe que una vez m√°s volver√≠an a ser mis aplausos y los gritos de √°nimo con su nombre lo primero que ella escuchar√≠a. Quiz√° esta vez por fin se fijase en m√≠.

# 227 Sergio Capit√°n Herraiz

 

Te lo dije

¬°C√≥mo odio los ‚Äúte lo dije‚ÄĚ! Te dije que no vinieras en coche, que iba a ser imposible aparcar al estar todo cortado por la carrera. Te dije que te acercaras con tiempo para dejar la mochila en el guardarropa y poder abrigarte al acabar la prueba. Te dije que la temperatura ser√≠a baja y que no olvidaras los guantes y una braga para el cuello. Te dije que la humedad del Tormes azuza el fr√≠o. Te dije que te estar√≠a animando en el Paseo del Rollo, pero t√ļ ya no ten√≠as ojos para m√≠. No te dije que te quer√≠a cuando deb√≠ hacerlo. Y, desde hace varias ediciones, os veo felices cuando os bes√°is nada m√°s cruzar la meta cogidos de la mano.

# 226 RUB√ČN MORATALLA MAYO

 

La salida se llena de motivos

Cuando el sol se cuela t√≠mido por las rendijas mis pupilas renacen ante el gran d√≠a. Hoy ser√© algo m√°s que un par de suelas que se adhieren al asfalto durante unas mil√©simas. ‚ÄĒAntiguamente solo corr√≠an para llegar antes a los sitios ‚ÄĒme dicen algunos. ‚ÄĒAhora lo hacemos para sentirnos libres ‚ÄĒrespondo con orgullo. Y lo hago mientras recuerdo como hace 38 a√Īos mi padre corri√≥ por Prosperidad, Delicias, San Isidro y el Rollo, llegando hasta el paseo Canalejas, trazando un camino que hoy nos ha llevado hasta aqu√≠. Un espacio donde no hace falta competir, abierto a todos, en el que unos corren por superaci√≥n, otros por una promesa, algunos mirando a los ojos a una enfermedad y dici√©ndole ¬ębasta¬Ľ, y otros por sentir las caricias de la libertad sobre su rostro. Cuidemos cada motivo y demostremos que, para muchos, esta siempre ser√° la mejor manera de poder expresarse.

# 225 Carlos Silva Vel√°zquez

 

No me alcances

Mi pap√° siempre quiso que fuera atleta. Desde peque√Īo, me inscribi√≥ en diferentes deportes, pero ninguno me gustaba. Un d√≠a, de regreso de la escuela vimos una pista y me dijo que al d√≠a siguiente probar√≠amos carreras de larga distancia. Yo pens√© que si no me gustaba el f√ļtbol, c√≥mo me iba a gustar solo correr. Mi pap√°, esperanzado, me dijo: ‚ÄúPasas mucho tiempo con tus pensamientos, correr ser√° m√°s tu estilo‚ÄĚ. Eso me alent√≥ un poco, aunque segu√≠a nervioso. No quer√≠a seguir decepcionando a mi pap√°. Entre la intriga y la ansiedad, apenas pude dormir. A la ma√Īana siguiente, la decisi√≥n estaba tomada: correr√≠a por mi vida. Ya mi pap√° no estaba para alegrarse o enorgullecerse, y la pista probablemente ya no exist√≠a, pero no me quedaba otra opci√≥n que correr. Sigo corriendo, pero no me queda tiempo para estar solo con mis pensamientos.

# 224 JUAN MANUEL GALLEGO CA√ĎIZARES

 

Los √ļltimos ser√°n los primeros

Todo el mundo se fija en el ganador, pero yo tambi√©n tengo mi m√©rito: fui el √ļltimo. Y les aseguro que no es f√°cil. El m√©dico me dijo que me har√≠a bien el ejercicio. Reconozco que me inscrib√≠ tarde, que no entren√© lo suficiente, que deber√≠a haber bajado de peso. Sal√≠ optimista y en el kil√≥metro 3 ya iba sufriendo. Roces, tirones. Vi otras almas en pena, corredores lentos como yo que dejaban de correr para caminar, abandonando al final. Y gente que me anim√≥, y gente a la que anim√© con el poco resuello que me quedaba. Llegaba al l√≠mite de la hora y media. Vi la meta a punto de cerrarse. Abandona, pens√©. Me duele el pie, me roza. Pero segu√≠: un paso tras otro. No te detengas. Remont√© el sufrimiento y cruc√© la meta el √ļltimo. Me hab√≠a vencido a m√≠ mismo. El mejor trofeo.

# 223 BARBARA MARISA GOMEZ

 

La Magia

Cuando me preguntaron despectivamente mis compa√Īeras de trabajo, ¬Ņpor que corres? acusandome de trotadora rarita all√° por la decada del 90, contest√©: Porque me gusta. Pero ment√≠, al menos ese es el resultado, la punta del iceberg, pero respondo esa pregunta nuevamente en cada nueva marat√≥n, como un tejido donde la lana no se acaba nunca, el cual no logro terminar jamas. Para m√≠ no es una carrera, una competencia...es la magia, de volver a correr tras mis sue√Īos, la magia de escapar de mis miedos, es ese dolor que a√ļn llevo en mi alma, esa se apodera de mi mente y mi corazon y logro volver a verte hija m√≠a, logro que bajes del cielo y me sonr√≠as una vez m√°s. Es un encuentro. Un portal, donde somos muchos los que lo atravezamos. Al terminar la carrera nos saludarnos y festejamos, todos ganamos.

# 222 María Elena Bautista Pérez

 

CRUZAR LA META

Mi nerviosismo inicial desaparece al acercarme a la línea de salida. Con mis zapatillas de colores, mi cinta para el pelo y mi ropa de running me transformo y cuando escucho la cuenta atrás: tres, dos, uno, presiono el botón de mi reloj deportivo y empiezo a correr. Disfruto de cada rincón de la ciudad por el que paso. El tramo menos asequible para mí, por su suelo de adoquines, es el puente romano, si a esta sensación se une el frío gélido que choca contra mi cara, mi respiración se entrecorta hasta llegar a mi límite, pero no me rindo, levanto la vista y observo al resto de corredores que tengo a mi alrededor y esto me da fuerzas para seguir adelante. Mi sonrisa no desaparece, porque de nuevo he conseguido mi objetivo, cruzar la meta.

# 221 Alberto Rom√°n Carpio

 

ESTE A√ĎO SI

Desde la √ļltima prueba de la San Silvestre Salmantina, no hab√≠a escuchado otra cosa que ‚Äúdebes mejorar‚ÄĚ, ‚ÄĚte falta calidad‚ÄĚ, ‚Äúno llevas el ritmo‚ÄĚ, ‚Äúnecesitas algo m√°s‚ÄĚ y otras expresiones similares.Otro a√Īo m√°s que me quedaba a las puertas del triunfo.En ese preciso momento tom√© la determinaci√≥n de que har√≠a todo lo posible por ganar la pr√≥xima edici√≥n y me puse manos a la obra para tratar de sacar el m√°ximo provecho a mi enorme potencial y mi capacidad , e incorpor√© un preparador a mi d√≠a a d√≠a. Con disciplina militar adopte unas serie de h√°bitos y rutinas que me llevaran a obtener la ansiada victoria: alimentaci√≥n, descanso, por supuesto algo de deporte y mucha, mucha lectura; es m√°s, incluso,me apunt√© a un club‚Ķ A un club de escritura creativa. El concurso de Microrrelatos de este a√Īo no se me escapar√≠a. O eso, al menos, esperaba.

# 220 Laura Reyes Garcia

 

Una amiga desconocida

Nunca medi√© palabra con ella, sin embargo, la hab√≠a visto correr como a la que m√°s. Durante muchos meses la observ√© levantarse bien temprano para practicar, creo que nunca vi a nadie tomarse algo tan en serio, mi admiraci√≥n era enorme. Por fin lleg√≥ el gran d√≠a, much√≠sima gente esperaba ya en el paseo de San Antonio cuando consegu√≠ verla a lo lejos, algo no andaba bien. Me qued√© at√≥nita, una sensaci√≥n de tristeza y compasi√≥n se apoder√≥ de m√≠, y acto reflejo fui hacia ella para que cuando sonara el pistoletazo de salida pudiera salir corriendo empujando conmigo su silla, y que as√≠ aquella joven no se quedara sin participar en la carrera para la que tanto hab√≠a estado practicando. Ninguna de las dos gan√≥ el premio, pero ambas ganamos una buena amiga y el honor de participar en la San Silvestre Salamantina un a√Īo m√°s.

# 219 Alberto Petisco Vidal

 

Corre, corre, que te pillo

Para que no me cogieran en el corre, corre que te pillo y as√≠ pasar desapercibido, salt√© la valla y comenc√© a trotar, al mismo ritmo de la multitud que me rodeaba. Bajamos por la calle Zamora hacia la Plaza Mayor. A la altura del Puente Romano ya estaba seguro de que iba a ganar el juego, aunque tal vez me estaba excediendo con la distancia. Aquello estaba organizad√≠simo: fot√≥grafos -profesionales y aficionados-, organizadores que nos indicaban, y m√ļltiples y reconfortantes aplausos salmantinos de √°nimo. Al subir la Avenida de Portugal ya iba con la lengua fuera. Y justo al cruzar exhausto la l√≠nea de meta, una mano me dio por detr√°s: ‚ÄĒ ¬°Te pill√©! Desconoc√≠a, ignorante de m√≠, que este acontecimiento denominado San Silvestre empezaba y terminaba en el mismo lugar, el San Estanislao de Kostka de mi m√°s tierna infancia. Prometo solemnemente estudiarme el recorrido para el pr√≥ximo a√Īo.

# 218 Mireia Laplaza Arjona

 

Acompa√Īado

Observando minuciosamente, entre los corredores se distinguen a un jovial abuelo y a su menuda nieta. El anciano se deleita viendo a la ni√Īa avanzar sin esfuerzo, propinando extensos y ligeros saltos de gacela, mientras sus veteranas y pesadas piernas flaquean hundi√©ndose en el asfalto. Su viejo coraz√≥n exclama auxilio a trompicones y el aire en sus pulmones se extingue acompasadamente con cada exhalaci√≥n. Al cruzar la l√≠nea de meta, un mar de l√°grimas inunda la ya apagada sonrisa del abuelo al mismo tiempo que la imagen de la nieta se desvanece.

# 217 Yony Saavedra López

 

DEL AMOR A LA VICTORIA

Antes era un amor que marchaba viento en popa y un par de corazones que lat√≠an a mil, ahora unos pies alados que surcan las calles en pos de la gloria eterna. La atleta se mantiene firme a pesar del cansancio, pues en su mente solo visualiza el triunfo. Hab√≠a nacido para ser una campeona, pero para ello tuvo que disciplinarse as√≠ misma de sol a sol. √Čl la amaba a mil por hora, pero ella estaba dispuesta a sacrificarlo todo, para alcanzar los resultados que tanto a√Īoraba; y lo abandon√≥ de la manera m√°s inesperada. Ah√≠ la vemos, saboreando el fruto apetitoso de la victoria. Tuvo que alejarse de lo t√≥xico, para lograr coronarse con el triunfo. A lo lejos aplaudo en silencio‚Ķ El amor no siempre lo puede todo.

# 216 Anna Berrozpe

 

Latidos

Notaba los latidos de su coraz√≥n en las sienes. Lo sent√≠a desbocado y habr√≠a podido jurar que se saltaba palpitaciones. Intent√≥ coger aire, pero sus pulmones solo dejaban pasar una peque√Īa parte del aire g√©lido de la ma√Īana, que no le proporcionaba ning√ļn alivio. Se estaba ahogando, le faltaba ox√≠geno. Apoy√≥ las manos en las rodillas, rezando para que no le fallaran y se fuera al suelo. Sent√≠a las piernas d√©biles y not√≥ como se le emborronaba la vista. Se incorpor√≥ de nuevo, buscando aire y ayuda. Mir√≥ alrededor, y all√≠ la vio. La l√≠nea de meta; la acababa de cruzar. Era el ganador de la edici√≥n XXXVIII de la San Silvestre Salmantina. Lo hab√≠a conseguido, todo el esfuerzo hab√≠a valido la pena. Percibi√≥ como la respiraci√≥n se le acompasaba y los latidos se ralentizaban, dejando paso a un sentimiento de orgullo que le hinch√≥ el pecho.

# 215 Daniel Pardo S√°nchez

 

Todos no

En la cocina solo se escuchan las manecillas del viejo reloj, fuera, el alboroto de cientos de personas. Mi cuerpo parece estar mirando por la ventana, pero en verdad mi cabeza me hab√≠a transportado al √ļtimo domingo de 1984, cu√°ndo mi padre me llev√≥ a la primera edici√≥n de la San Silvestre, instaurando sin saberlo una nueva tradici√≥n familiar. Mi mujer apura sentada los √ļltimos sorbos del caf√© mientras esperamos a que nuestros hijos terminen de ayudar al abuelo a vestirse. En la salida todo es como siempre: la gente vestida de punta en blanco como aut√©nticos atletas, saludos, abrazos, risas y los nervios concentrados en el est√≥mago. Llegada la hora...boom! El pistoletazo me despierta de golpe en mi cama. Es 26 de Diciembre de 2022. Hoy, despu√©s de una pandemia mundial volveremos a correr. Estaremos todos de punta en blanco otra vez, como aut√©nticos atletas. Bueno, no, todos no.

# 214 Ana Rosa Abad Salas

 

La concentración del atleta

Te despiertas con la inquietud de que hoy puede ser un gran d√≠a. Te colocas la malla brillante, atas bien los cordones de tus zapatillas y no olvidas el chubasquero. Llegas a Salamanca con la emoci√≥n contenida y las p√ļas de un erizo en tu barriga. La ma√Īana te sorprende con una nieve muy fina. Empiezas a calentar y tus m√ļsculos se van desentumeciendo. Sabes que hay cientos de personas a tu alrededor pero, est√°s tan concentrada, que te sientes sola. T√ļ y tu dorsal. La alianza perfecta. Ya en la meta, sales disparada. Respiras hondo y miras al frente, siempre adelante, nunca atr√°s. Tu coraz√≥n se acelera y se acelera tu respiraci√≥n. Puedes hacerlo, siempre consigues lo que te propones. Es fundamental mantener la mente en blanco y obedecer a tus piernas. Llegas a la meta, calada y agotada, pero feliz de haberlo conseguido, aunque no seas la primera.

# 213 BRAYAN ESTIVEN OSPINA ALVAREZ

 

Athlon

Esta palabra se concibe desde los or√≠genes de los antiguos griegos, los cuales empezaron a llamar de esta manera a un cierto grupo de actividades que se realizaban en su √©poca, donde exhib√≠an sus habilidades, destrezas y t√©cnicas f√≠sicas para vencer a un rival o rivales y aunque hayan pasado cientos de a√Īos, no hemos abandonado nuestros or√≠genes, tal vez el nombre cambio un poco, pero la esencia de este se mantiene, ya que continuamos con esta pr√°ctica cada d√≠a, mientras entrenamos, cuando nos concentramos, siempre enfocados en el d√≠a en que ponemos nuestras habilidades a prueba y exigimos a nuestro cuerpo a dar el m√°ximo. Por eso y aunque pasen cientos de a√Īos, la historia ya nos ha demostrado que el ejercicio de nuestra competencia siempre perdurara, ya que siempre existir√° esa sana competencia con el otro que permitir√° mantener por siempre esta hermosa actividad.

# 212 Miguel √Āngel Cano Santizo

 

Salí un día a correr, y no volví a ser el mismo

Sal√≠ un d√≠a a correr, a entrenar para la San Silvestre Salmantina, y no volv√≠ a ser el mismo. Corr√≠ por calles, sendas y puentes, atravesando parques y r√≠os. Llevaba una racha terrible de estr√©s, infortunios y discusiones. Sent√≠ mi respiraci√≥n acompasada a mi esfuerzo, mi coraz√≥n latiendo para impulsar cada movimiento de mi cuerpo. A veces me sent√≠a solo, aun estando rodeado de personas que consideraba extraordinarias. Observ√© aves danzando entre arboladas y ni√Īos correteando tras fantas√≠as. A menudo dudaba de mis capacidades, del sentido de todo, aunque visto en perspectiva, disfrutaba de una vida afortunada. El sudor derriti√≥ los barrotes de mi mente y contempl√© fascinado la variada crom√°tica de la naturaleza. Volv√≠ a casa exhausto y salt√© a la ducha sonriendo. Sal√≠ un d√≠a a correr, a entrenar para la San Silvestre Salmantina, y no volv√≠ a ser el mismo. Ahora soy consciente de que estoy vivo.

# 211 ANGEL MONTEJO ARROYO

 

1984

1984 Contaba los d√≠as para que llegara la Navidad, no solo por el sentimiento navide√Īo que me apasiona desde peque√Īo, sino por ese evento ineludible marcado en mi calendario cada a√Īo y que me ilusionaba tanto como el esp√≠ritu de aquellos d√≠as. Y es que tras tantos a√Īos pateando el asfalto, no conceb√≠a una navidad sin correr la San Silvestre de mi Salamanca natal. Aquel certamen al que me llevo mi padre siendo un ni√Īo all√° por 1984, fue mi primera carrera y formar parte de aquellos casi cuatrocientos valientes qued√≥ grabado en mi memoria. Hoy mi padre ya no est√° entre nosotros, pero como cada a√Īo correr√° a mi lado anim√°ndome, y haci√©ndome amar las calles que mis piernas recorren a cada zancada, como ha hecho todos estos a√Īos, desde 1984.

# 210 Antonio Campillo Prada

 

Características a la vista

Cuando corro la San Silvestre Salmantina siempre hay un mar de gente por delante; aun as√≠, deseo terminar la carrera y flotar entre las primeras posiciones. En plena marat√≥n, cada pisada de cada participante crea un sonido de lluvia que genera confianza. Dicho aguacero estimula una felicidad colectiva que divierte. El sol unas veces se posa en la espalda de los corredores, otras, no puedes ver por d√≥nde pasas. Ten√≠a por costumbre no beber agua durante el trayecto, porque m√°s adelante deb√≠a acelerar la marcha en busca de un ba√Īo. Todav√≠a juego a ver las torres de las iglesias antes que desaparezcan en las esquinas. Me caus√≥ curiosidad, despu√©s de cruzar un sem√°foro (lugar donde la gente que no participa de la competencia aplaude y silba), que cada tanto me gritaban: ¬ę¬°Espectro!¬Ľ, ¬ę¬°dale, fantasma!¬Ľ ¬°Hostia!, que pierdo el aliento. Volteo a mirar y no veo nadie con esas caracter√≠sticas.

# 209 Miguel Nombela Bl√°zquez

 

Ritmo y frecuencia

Mi padre coleccionaba recuerdos bonitos. Literalmente. Los envolv√≠a cuidadosamente en pelos y se√Īales y los colgaba contra la pared de un clavo, ordenados cronol√≥gicamente. Algunos se remov√≠an intranquilos por la noche, y aquellos que consegu√≠an liberarse lo buscaban, desorientados, mezcl√°ndose los unos con los otros en un revoloteo loco, hasta encontrar acomodo en su sue√Īo. Los que se resist√≠an a abandonarle por la ma√Īana provocaban peque√Īos cataclismos incontrolables. Como cuando so√Ī√≥ la Sansil entrando a borbotones en la habitaci√≥n. La enfermera tuvo que mantener la estancia cerrada a cal y canto toda la ma√Īana: la resaca de la victoria estaba desestabilizando el Holter.

# 208 Javier Rodríguez Rodríguez

 

ENCUENTRO

Minutos antes de la salida, las caras a mi alrededor compon√≠an una especie de collage que mezclaba expresiones de concentraci√≥n, tensi√≥n e incertidumbre. La m√≠a tendr√≠a, seguramente, tambi√©n, un poco de las tres. Sent√≠ una hermosa sensaci√≥n de hermandad, casi de comuni√≥n, con el resto de atletas que me rodeaban. Multitud de espaldas con un recuadro numerado rebotaban arriba y abajo, en estado de tensa espera. √Čramos como un club, una especie de Club del Dorsal Azul. Pens√© cu√°ntos de nosotros correr√≠amos, como yo, por primera vez. Prefer√≠ imaginar que todos, o casi todos, aunque sab√≠a que posiblemente fuera al rev√©s, y que los novatos ser√≠amos minor√≠a. Fue entonces cuando la vi. Ya casi no la recordaba. Al sonar la se√Īal de salida me coloqu√© detr√°s de ella, hasta la meta.

# 207 Iv√°n Parro Fern√°ndez

 

Desde el otro lado

Lo he pensado mucho mam√°. Este a√Īo no voy a correr la Sansil. Te voy a echar mucho de menos en la meta, aplaudi√©ndome como si hubiese quedado la primera, con ese beso sabor a oro que siempre me dabas. Ya no estar√°s para decirme que est√°s muy orgullosa de m√≠ y que me quieres mucho. ¬ŅPor qu√© te has ido tan pronto mam√°? ¬ŅQui√©n va a orientarme y guiarme ahora? ¬ŅQui√©n me va a llevar de la mano por las calles de nuestra amada Salamanca para volver a cumplir juntas otro sue√Īo m√°s? Eras mis ojos en mi mundo de oscuridad. Eras mis piernas en mi calamidad eterna. Eras la mejor de las medicinas para mi incurable enfermedad, pero ya no est√°s conmigo mam√°, y sin ti nada ser√° igual, por eso este a√Īo en tu recuerdo disfrutar√© de la carrera desde el otro lado.

# 206 Carlos Dami√°n Fern√°ndez Alvez

 

Mi sue√Īo

Faltan quiz√°s cien metros, con mucha claridad veo la cinta que marca el final. Siento como mi coraz√≥n late m√°s r√°pido, y s√©, que no es solo por el cansancio. Mis piernas‚Ķ pesan. Deseo llegar y poder estirarlas. Unos pasos m√°s y llegar√©. No quiero bajar la cabeza, solo quiero observar como la meta se acerca a m√≠. El p√ļblico alienta m√°s fuerte, y una sonrisa suelto sin yo darme cuenta, pero no los observo. Sigo enfocado en que debo llegar. Solo escucho mi respiraci√≥n. Quiz√°s al estar concentrado logr√© tal tranquilidad, que todo a mi alrededor parec√≠a haber desaparecido. Unos pasos m√°s y llegar√©. Uno piensa tantas cosas en este peque√Īo tramo; un tropiezo, una ca√≠da, alguien que se interponga, ¬Ņsucede eso? Unos pasos m√°s y llegar√©. Ya estando a punto de romper la cinta, ese disparo, me hace alzar la cabeza. Dando inicio a la carrera.

# 205 Mireia Laplaza Arjona

 

Acompa√Īado

Observando minuciosamente, entre los corredores se distinguen a un jovial abuelo y a su menuda nieta. El anciano se deleita viendo a la ni√Īa avanzar sin esfuerzo, propinando extensos y ligeros saltos de gacela, mientras sus veteranas y pesadas piernas flaquean hundi√©ndose en el asfalto. Su viejo coraz√≥n exclama auxilio a trompicones y el aire en sus pulmones se extingue acompasadamente con cada exhalaci√≥n. Al cruzar la l√≠nea de meta, un mar de l√°grimas inunda la ya apagada sonrisa del abuelo al mismo tiempo que la imagen la nieta se desvanece.

# 204 Tolo Alzina

 

No es una carrera cualquiera

No es una carrera cualquiera. Cuantas veces escuch√© esa frase, pero, nunca le di importancia. Hasta bien entrada la edad madura, no tom√© conciencia del significado de esas palabras. Tal vez va siendo hora de tomar partido por la vida, de inspirar a otras personas, y de agitar la llama que todos llevamos dentro. Hace dos a√Īos me diagnosticaron un c√°ncer terminal. Me agarr√© a la vida, salt√© del autom√°tico y baj√© de nuevo a la arena, valor√°ndolo todo. Hoy estoy aqu√≠ participando en la San Silvestre Salmantina para honrar a todos los que ya no est√°n, a los que quedaron a mitad de camino, y a los que ni siquiera pensaron en empezar la carrera. Quiero brindar por esta nueva oportunidad, porque gracias a Dios he descubierto a tiempo que no es una carrera cualquiera, es la carrera de la vida.

# 203 Nicol√°s Paz Alcalde

 

Un paso m√°s

Algunos dir√°n que es poca cosa pero cuando te falla la pierna izquierda y el cerebro a partes iguales, y la incertidumbre solo se disipa en la cotidianidad de cada paso peleado, andar, correr, seguir lo es todo. Es el horizonte, la idea regulativa, la inspiraci√≥n tras cada ca√≠da, la esperanza de cada uno de los d√≠as del a√Īo en que levantarse no fue posible y correr era solo una quimera. Ese d√≠a de diciembre tiene m√°s de fe unamuniana que de revelaci√≥n m√©dica, m√°s de Quijote y molinos de viento que de certeza cient√≠fica. Es solo un d√≠a dir√°n algunos, pero para mi y otros como yo, lo es todo, vida condensada, ceremonia de una posibilidad pen√ļltima: la de seguir a pesar de esta enfermedad y de todas y cada una de sus mil caras. Aqu√≠ estoy, sigo, contin√ļo, imagino, me levanto y doy un paso, un paso m√°s.

# 202 Antonio Bargueiras Lago

 

El logro de la insistencia

"Todo est√° en la mente, todo es alcanzable si la voluntad permanece firme. Persevera, avanza y alcanza". Este era el lema que Ju√°n ten√≠a puesto en la nevera con un im√°n en cada esquina. A causa de un accidente le qued√≥ la espalda que le sujetaba el cuerpo de milagro. Pero nunca se rindi√≥, puso sus pensamientos en su pronta recuperaci√≥n y toda la fuerza de voluntad por insistir y persistir en mejorar. Quer√≠a correr la san Silvestre Salmantina. Le llev√≥ todo el proceso dos largos a√Īos. Al fin lleg√≥ el d√≠a en que pudo disputar la carrera, el puesto a alcanzar ser√≠a lo de menos y el poder terminar lo de m√°s. Ju√°n hab√≠a ganado la batalla contra si mismo y result√≥ Campe√≥n al empezar la carrera.

# 201 Angélica María Pardo-Sobrino Ruiz

 

El recuerdo

¬°¬°¬°Pum!!! Todos los dorsales empezaron a correr. Y ella, entre la multitud, se dejaba llevar como una hoja a merced del viento. Aplausos y palabras de aliento. Pero ella segu√≠a inmersa en sus pensamientos, con un atuendo tan grande que le hac√≠a parecer insignificante. A medida que recorr√≠a las calles, le acechaban los recuerdos. Cada uno de esos lugares los hab√≠a descubierto con √©l, a trav√©s de sus historias y leyendas. Y ahora ve√≠a su ciudad tan vac√≠a y, a la vez, tan llena. Como su coraz√≥n. Vac√≠o porque le hab√≠an arrebatado una parte muy importante, y lleno porque no pod√≠a sentir mayor afecto. Sus ojos se empa√Īaban. ‚ÄúNo me gusta correr‚ÄĚ, pensaba. ‚Äú¬°Es mucho m√°s que correr, nietina!‚ÄĚ, record√≥ sus palabras. Y, de pronto, apret√≥ los dientes y empez√≥ a acelerar. Cruz√≥ la meta y lo vio a √©l, apoyado en su bast√≥n. Salamanca nunca hab√≠a estado tan dorada.

# 200 Emilio del Prado Benito

 

CHISPA

Lo ten√≠a todo claro, me hab√≠a preparado para ello durante muchos meses‚Ķ d√≠a a d√≠a, organizando mi recorrido mental, en que momento conservar, en que momento poner la maquinar√≠a al m√°ximo... todo medido, todo claro. El resultado no se iba a demorar, mi mente iba a poder descansar. Quiz√°s podr√≠a disfrutar de alg√ļn premio. Quiz√°s podr√≠a proponerme nuevas metas. Hay mucha gente alrededor, los voy dejando atr√°s, directo hacia mi meta. Ya llego‚Ķmuevo y estiro los brazos, mi mente suda, mi cuerpo est√° ardiendo y por fin lleg√≥ el momento. Abro el buz√≥n y veo el resultado, 125,78‚ā¨. Me derrumbo. Este mes, tampoco voy a poder pagar la factura de la luz.

# 199 Angélica María Pardo-Sobrino Ruiz

 

El recuerdo

¬°¬°¬°Pum!!! Todos los dorsales empezaron a correr. Y ella, entre la multitud, se dejaba llevar como una hoja a merced del viento. Aplausos y palabras de aliento. Pero ella segu√≠a inmersa en sus pensamientos, con un atuendo tan grande que le hac√≠a parecer insignificante. A medida que recorr√≠a las calles, le acechaban los recuerdos. Cada uno de esos lugares los hab√≠a descubierto con √©l, a trav√©s de sus historias y leyendas. Y ahora ve√≠a su ciudad tan vac√≠a y, a la vez, tan llena. Como su coraz√≥n. Vac√≠o porque le hab√≠an arrebatado una parte muy importante, y lleno porque no pod√≠a sentir mayor afecto. Sus ojos se empa√Īaban. ‚ÄúNo me gusta correr‚ÄĚ, pensaba. ‚Äú¬°Es mucho m√°s que correr, nietina!‚ÄĚ, record√≥ sus palabras. Y, de pronto, apret√≥ los dientes y empez√≥ a acelerar. Cruz√≥ la meta y lo vio a √©l, apoyado en su bast√≥n. Salamanca nunca hab√≠a estado tan dorada.

# 198 PILAR ALEJOS MARTINEZ

 

H√ĀNDICAP

Realiz√≥ varias respiraciones profundas para apaciguar sus nervios. Aunque se hab√≠a preparado a conciencia para la carrera, su frente se perl√≥ de inseguridad en cuanto lleg√≥ a la l√≠nea de salida. Se sent√≠a abrumada entre tanta gente. Apart√≥ sus dudas de un manotazo y visualiz√≥ el recorrido para concentrarse. Ech√≥ a correr en cuanto son√≥ el pistoletazo de inicio, pero lo hizo a su propio ritmo. Deb√≠a ce√Īirse a su plan de entrenamiento, olvidarse de los dem√°s corredores y no perder de vista su objetivo. A escasos metros del final, dolorosos calambres atenazaron sus piernas y no le qued√≥ otro remedio que detenerse para recobrar el aliento. Pero al verla desfallecer, el p√ļblico la aplaudi√≥ enfervorecido y los atletas la arroparon con palabras de √°nimo y esfuerzo. Reanud√≥ la marcha sin parar hasta cruzar la meta. Mientras celebraba su sue√Īo cumplido, centelleaban de emoci√≥n sus preciosos ojos Down.

# 197 Mari Carmen Gonz√°lez Calvo

 

@elverracosalmantino

Como cada a√Īo, desde su posici√≥n elevada, el verraco de piedra espera a los participantes de la San Silvestre salmantina. Ojal√° pudiera √©l arrancar a correr con ellos, piensa, llenarse los pulmones de aire y trotar hasta caer rendido. Embravecido, se dice a s√≠ mismo que la roca desgastada por los siglos que es su cuerpo no ser√° a la vez su l√°pida y en cuanto aparecen los primeros corredores √©l, que poco sabe de leyes naturales pero mucho de terquedades, se libera de su quietud, salta del pedestal y como uno m√°s enfila hacia el puente romano. Desde entonces corre a sus anchas por toda la ciudad. Los residentes, acostumbrados ya a su presencia, le han puesto chip y GPS, para no extraviarlo. Puedes seguirle los pasos en su cuenta de Instagram.

# 196 Eduardo Enero

 

M√°s que palabras

No quiero comer, ni salir o levantarme. No lo sé, es como un nudo. Perdí palabras que coleccionaba, como viajar, puesta de sol, leer, sonreír. Encontré otras que no busqué, tedio, hastío, apatía, tristeza. Pero guardo tres, que no quiero perder ni soltar, a las que me agarro con fuerza, que espero poder pronunciar, gritar y vivir: San Silvestre Salmantina.

# 195 José Gálax Céspedes Elguera

 

Recuerdo final

En libertad, corro en el mundo a nuevos horizontes, con este, mi h√°bito de infancia vuelto profesional por glorioso palpitar impuls√°ndome desde los recreos escolares, hasta las calles solitarias de mi precario pueblo, usualmente descalza, con ritmo persistente, aumentado √ļnicamente para llegar al entierro de mam√° y al abrazo de pap√°. Hoy, en este horizonte de San Silvestre, con mi conmovido coraz√≥n escucho el clamor: -¬°Ganaste!- atravesando la cinta meta.

# 194 Ana Isabel Velasco Ortiz

 

OTRA CARRERA

Participo en la San Silvestre salmantina desde la primera edici√≥n. En aquel tiempo, la carrera se me antojaba una especie de juego, algo nuevo que, la curiosidad y los pocos a√Īos, me incitaban a probar. Luego, vino el af√°n de superaci√≥n, el gusto por afrontar este reto anual que termin√≥ siendo una afici√≥n cotidiana. Corro al comp√°s del coraz√≥n y siento que formo parte de la ciudad. Soy losa de calzada, piedra en los edificios, arco del puente romano, agua clara que lleva el r√≠o Tormes. Corro y soy feliz. Esta felicidad me acompa√Īa de regreso al hogar. Accedo a la vivienda. Est√° vac√≠a. La familia ha ido a disfrutar del evento. Nunca perciben mi ausencia. Una pizca de a√Īoranza me llega antes de retornar a la fotograf√≠a de la pared en la que, alzo los brazos y sonr√≠o al cruzar la l√≠nea de meta, una hermosa ma√Īana de 1984.

# 193 Elena Jiménez Arias

 

M√°quina del tiempo

Mi abuela padec√≠a Alzheimer. Pero nunca olvid√≥ su preocupaci√≥n por mi escasa actividad f√≠sica y sentimental. Su marido era un atleta de r√©cord. Y deseaba que yo encontrara uno igualito a √©l. Era conmovedor ver c√≥mo los hoyuelos de sus mejillas se acentuaban al contarme que hoy hab√≠a viajado a Madrid. Y que ma√Īana iremos juntas a por un souvenir de Salamanca. Hemos quedado a las 9:35, debajo del aire acondicionado de mi habitaci√≥n. Es su m√°quina del tiempo. - ¬ŅPreparada? - me dice con los ojos brillantes - Espero que hayas hecho los estiramientos que te recomend√©. Respiramos fuerte. Tanto que puedo oler el ambientador anti mosquitos de debajo de mi cama. Vaya¬†coloc√≥n. Al abrir los ojos, mis pies calzan zapatillas y mi abuela grita mi nombre desde el cartel del Paseo de San Antonio. Enmudezco.¬† - Bienvenida a la San Silvestre Salmantina ‚Äď me dice el atleta m√°s guapo del mundo.

# 192 Esther Tauroni Bernabeu

 

Inhalando vida

Paseo y no pienso. Espero el sue√Īo. No duermo. Miro el despertador constantemente y mientras mis p√°rpados pesan el cosquilleo que recuerda fluir desde los pies me despierta. Otra vuelta en la cama esperando la hora que no llega. Sobresaltada me alzo y calzo. Inhalo y exhalo. Llego. Me abstraigo del tumulto, evado los nervios e imploro a la calma. San Antonio me sosiega, San Francisco me acelera y el resto de las avenidas me invitan a avanzar, concentrada, la traves√≠a. Arribo hasta el final. Recibo v√≠tores y aplausos. Respiro, sonr√≠o y acaricio la pr√≥tesis que me ha permitido finalizar. Paseo y no pienso. Vuelvo a esperar el sue√Īo.

# 191 Ernesto Ortega Garrido

 

LA VIDA ES UNA CARRERA DE FONDO DEMASIADO R√ĀPIDA

Nada m√°s nacer nos pusieron un dorsal y nos lanzaron a una carrera de fondo. Trabajar, comer, comprar, amar, dormir. La vida iba demasiado deprisa. La Tierra giraba a 107.280 kil√≥metros por hora y todo suced√≠a muy r√°pido. Hab√≠a que frenar, si no quer√≠amos morir con las zapatillas puestas, de un ataque al coraz√≥n. Gracias a la tecnolog√≠a se logr√≥ disminuir la velocidad de la Tierra a 35.760 Kil√≥metros. Los d√≠as duraban el triple. Los meses se convirtieron en trimestres y los a√Īos en trienios. Por fin, ten√≠amos m√°s tiempo. Todo se ralentiz√≥. Pero no nos conformamos. Quer√≠amos m√°s y seguimos frenaaaaaaando. El muuundo giiiraaaba caaada veeez m√°aaaas y m√°aaaaaas deeeeeeeeeespaaaaacio y tooooodo suuuuuceeeed√≠iiiiaa a c√°aaaamaaaara leeeeeenta, traaaaabaaaajar, cooooomer, coooooomprar, aaaaamar y dooooormir. haaaasta que un d√≠iiiia, de reeeepeeeente, se par√≥. Y aqu√≠ seguimos. Quietos. Inm√≥viles. En la foto finish. Esperando que anuncien un ganador.

# 190 Juan Molina Guerra

 

LAS ZAPATILLAS DE LAURA

Laura limpia escaleras y cuida a personas mayores. Su pasi√≥n es el atletismo: entre un trabajo y otro, siempre saca tiempo para salir a correr. Corre todos los d√≠as. Yo, por mi parte, estoy en paro, aunque hago trabajos ocasionales. Sus √ļnicas zapatillas se le caen a pedazos. El d√≠a de su cumplea√Īos, le regal√© unas nuevas. Para la San Silvestre Salmantina, le dije. La cara se le ilumin√≥. Esa noche, tir√≥ las zapatillas viejas a la basura. Unos d√≠as despu√©s, los rusos invadieron Ucrania. Y ella, viendo las tr√°gicas im√°genes, no paraba de decir: pobre gente, lo han perdido todo. Y as√≠, un d√≠a y otro. Y fue viendo a una mujer mayor llorar en la pantalla, con su casa destruida al fondo, que Laura me dijo, igualmente encendido su rostro: ¬Ņt√ļ crees que en la San Silvestre me dejar√°n correr descalza?

# 189 Luis Gutiérrez González

 

M√°s vale prevenir...

La algarab√≠a aumenta en decibeles y delata que los l√≠deres pasar√°n pronto frente a nosotros para recorrer los √ļltimos metros de esta San Silvestre Salmantina. Mi excitaci√≥n no tiene l√≠mites; mi hijo participa en ella y su tiempo es el mejor de su categor√≠a. ‚ÄĒ¬°Ya vienen! ‚ÄĒoigo gritar cerca de m√≠. Utilizando codos y cadera intento acomodarme para observar mejor la calzada. Al hacerlo, una figura familiar corre en solitario hacia la meta... no hay duda, mi muchacho la cruzar√° en el puesto de vanguardia. No puedo evitarlo: obviando todo obst√°culo, inclusive un fuerte dolor en el pecho, me lanzo sobre √©l para abrazarlo, pero caigo largo a largo y pierdo el conocimiento. ‚ÄĒ¬°Pap√°, despierta! Tienes una pesadilla. Adem√°s, es hora de irnos a la carrera. Se hace tarde ‚ÄĒoigo, a√ļn aterrado, que me dicen al o√≠do. Al reaccionar, solo me atrevo a responderle: ‚ÄĒVete solo, hijo. Yo no voy.

# 188 María Calle Bajo

 

ETC√ČTERA

26 de diciembre... Mmmm. Le echo un vistazo al listado de prop√≥sitos que no he cumplido este a√Īo‚Ķ Por aquello del riesgo que supone preservar mi imagen de audaz atleta, eg√≥latra deportista, afamado corredor, perspicaz retransmisor de todo aquello cuando ejecuto‚Ķ Y, que, entre muchos de ellos, algunos son de todos conocidos; como cuidar mi ropa de sport √ļltimo grito en redes con todo lujo de accesorios y, por supuesto, habituarme al recorrido salmantino de San Silvestre que no pienso perderme un a√Īo m√°s‚Ķ (¬°Claro que no!). Ambas acciones, podr√≠an convertirse en aficiones que tal vez pudieran colmar de salud mis a√Īos previos a la senectud... ¬ŅAcaso hay algo m√°s saludable que un buen chocolate con churros viendo el tr√°nsito de los participantes con mi ropa de deporte reci√©n estrenada‚Ķ? ¬°Qu√© momentos! No, no lo hay‚Ķ Y si lo hubiere, para el a√Īo que viene‚Ķ

# 187 Inmaculada Fajardo Navarro

 

Juntas

Martina ya es mayor y este a√Īo ya puede correr la "Sansil". Sus padres le han dicho que tiene que correr cerca de su hermano, que corre mucho m√°s r√°pido que ella y pone cara de enfadado porque dice que as√≠ va m√°s de prisa. Desde que era muy peque√Īa le hab√≠a gustado verla. Siempre tan colorida! Tambi√©n le gustaba ver la ambulancia y a los corredores con esos pantalones tan cortos aunque hiciera tanto fr√≠o incluso en las ma√Īanas soleadas. Se emociona pensando que la ver√°n correr sus abuelos y seguro que la animar√°n cuando pase cerca. Alg√ļn d√≠a ser√° una campeona como mam√° y correr√°n juntas.

# 186 Sara Albaladejo Albaladejo

 

La salvación

La salvaci√≥n y la condena, la carrera continua de su vida. Mirando al frente, algunas veces viendo, pero la mayor√≠a a ciegas. Gui√°ndose por el ruido de los pasos en el barro, la entumecida sensaci√≥n de las pisadas constantes; as√≠ segu√≠a ella. Pero esta vez era diferente, o eso pensaba, y ahora corr√≠a no para dejar de escuchar la voz que la persegu√≠a, sino para alcanzar las promesas que hab√≠a hecho a su futuro. En los ojos de los dem√°s era un saco de huesos ‚ÄĒcon suerte‚ÄĒ, un cad√°ver ambulante ‚ÄĒsin ella‚ÄĒ. Si tropieza y cae, ¬Ņqui√©n la levantar√°? En su cara se refleja el esfuerzo, el dolor del m√ļsculo agotado, la energ√≠a que m√°s que rezumar se escurre. Levanta la cabeza y los ve, sonri√©ndole. Su familia, sus amigos, ellos la abrazar√°n si cae, ellos la animar√°n si desfallece. Suspirando, la sonrisa recuperada, contin√ļa corriendo. Su salvaci√≥n.

# 185 Héctor Martínez González

 

La energía del movimiento

Mis piernas soportan la tensi√≥n del presente. Me preparo para salir. Arranco y los pulmones vuelan en la atm√≥sfera, cargada hoy de esporas de entusiasmo. Los corredores me rodean, estoy en el coraz√≥n de la carrera. Mientras avanzo observo los rostros de los espectadores; est√°n felices, no pueden ocultarlo. Me entrego a su contemplaci√≥n y prosigo mi marcha. Salamanca luce espl√©ndida esta ma√Īana. El sol acaricia los emblem√°ticos edificios de la ciudad y refleja la libertad en cada calle que recorremos. Somos una mancha que avanza en la claridad del aire, pintando un lienzo de ilusiones que encuentran su horizonte al final del camino. Miro el reloj: he batido mi marca personal.

# 184 Inmaculada Rodríguez Romero

 

A la de 100 va la vencida

Aqu√≠ est√° Pepa, otra vez cansada, sin ganas de vivir, no encuentra su sitio. La √ļltima vez que lo intent√≥ volvi√≥ a caer. Est√° decepcionada con ella misma por ser tan so√Īadora, por haber querido volar tan alto y haberlo intentado tan poco, tan poco por ella misma porque por los dem√°s‚Ķ Hoy se despert√≥ con una nueva meta, ya iniciada otras muchas veces, sencilla a priori, hacer deporte. Empezar√≠a por andar, luego correr‚Ķ le encantar√≠a ser buena en algo, ganar una carrera por ejemplo o simplemente llegar a la meta. Siempre imagina como se sienten los que llegan a la meta. Le encantar√≠a hacer algo solo para ella misma. Solo tendr√≠a que empezar y lo que es m√°s dif√≠cil, continuar‚Ķ Solo tendr√≠a que dedicar un poco de tiempo y poner voluntad. Solo tendr√≠a que intentarlo una vez m√°s, pero ahora por ella, solo por ella.

# 183 Jane Herraiz Ordo√Īez

 

Carrera angelical

Con los faldones levantados para asegurar una amplia zancada, mis pies desnudos van desapareciendo entre las nubes a medida que corro hacia la meta. -El que use las alas queda descalificado. La regla había sido clara y aunque la tentación de extenderlas es fuerte llego a la recta final victorioso.

# 182 Mónica Bellón Menchén

 

¬°Vamos!

A√ļn recuerdo como mis rodillas se apoyaron en la calzada. Era de color gris, fr√≠a y rasposa. No podr√≠a conseguirlo. Las peque√Īas chinas, junto a piedras que hab√≠an saltado del asfalto se clavaron sobre mis piernas. Quedaron pegadas por el sudor emanado, por el esfuerzo del cuerpo hasta llegar a ese punto que parec√≠a un precipitado final. Las l√°grimas acariciaron mi cara, parec√≠a todo perdido. Solo anhelaba una botella de agua con la que rehidratarme, una ducha revitalizadora para enmascarar la torpeza al no cruzar la meta. La rabia interior por el fracaso no aceptado hizo de mi sangre plena euforia que alz√≥ el ca√≠do cuerpo de un salto, pues entre las palmas y griter√≠o de ojos que aprecian la fuerza, la emoci√≥n de un p√ļblico entregado, reba√Ī√≥ mis torrentes de pasiones, de adrenalina que envisti√≥ mis piernas, ya ajenas, para cruzar una banda con el nombre de meta.

# 181 ISABEL SANTOS GONZ√ĀLEZ

 

MOTIVACI√ďN

Esper√© a la segunda alarma del despertador como siempre. Una ducha r√°pida y tras el frugal desayuno, sal√≠ hacia la calle Honduras donde inici√© el ritual de calentamiento. Cerca de m√≠, una chica de pelo azulado recogido en un curioso mo√Īo llam√≥ mi atenci√≥n. Tambi√©n estiraba. Se le cay√≥ una botella de agua que rod√≥ hasta mis pies y al devolv√©rsela, unos ojos color miel me cautivaron. Empez√≥ la carrera y pronto not√© mi falta de forma. Cada kil√≥metro era un sufrimiento; imposible terminar. Cruzando el Puente Romano reconoc√≠ su mo√Īo azul y decid√≠ seguirla. Mis fuerzas se renovaron. Veracruz, Libreros‚Ķ; a√ļn √≠bamos cerca. Su ritmo era bueno, pero yo desfallec√≠a. Comuneros por fin, ya quedaba poco. Enfilando la √ļltima recta dej√© de verla. Cruc√© exhausto la meta. Cuando sal√≠a del recinto la reconoc√≠ a lo lejos besando a su acompa√Īante. El a√Īo que viene empezar√© a prepararme con tiempo.

# 180 Francisco Miguez Rios

 

Soledad

Hoy me siento solo entre la multitud, extra√Īo y ajeno a cuanto me rodea, a cuanto ocurre a mi alrededor. Soy uno m√°s, camuflado e integrado a las miradas de todos pero distinto en el fondo de mi alma. Corro sintiendo la calzada golpear mis desgastadas suelas, rodeado de otros que como yo respiran el aire fr√≠o de la ma√Īana. Y as√≠, avanzo sin detenerme. Cada a√Īo m√°s fr√°gil, cada a√Īo m√°s d√©bil. Sintiendo la edad cada zancada. Pero no duele el tiempo, lo s√©, las heridas del reloj son ya cicatrices amigas y compa√Īeras de viaje, el dolor est√° en la ausencia, en tu ausencia. Ya no te espero en la llegada, ya no tengo tu abrazo ni el orgullo en tu mirada, ya no te tengo a ti. Sigo corriendo, como t√ļ me ense√Īaste, cada a√Īo m√°s fr√°gil, cada a√Īo m√°s d√©bil.

# 179 Graciela Blanco

 

intentos y logros

el relato cuenta de los recuerdos de su padre que escalaron el cerro Pan de Azucar cuando ella era adolescente con su hermano y ahora su padre enfrenta la relidad con lso a√Īos vividos

# 178 Amando Gutiérrez Cazorla

 

El Muro

A√ļn no sent√≠a sed, pero empez√≥ a sentir ardor en los m√ļsculos de las piernas, era el principio del muro, vio c√≥mo comenzaba a alzarse frente a s√≠. Ladrillo a ladrillo, ignorando el sacrificio, el esfuerzo. Pero mir√≥ a su izquierda y vio el puesto de avituallamiento y cogi√≥ una botella, bebi√≥ y sinti√≥ el l√≠quido y las sales anegando su sistema. El muro empez√≥ a desmoronarse, finalmente lo cruz√≥, y vio el final de la carrera.

# 177 AITOR LE√ďN GONZ√ĀLEZ

 

AMOR SECRETO

Estaba a unos metros con el dorsal n√ļmero quinientos tres. A su derecha, una joven con la misma expresi√≥n de la que me enamor√© en otro tiempo, la miraba tambi√©n atenta al inicio de la carrera. Si le hubiese dicho algo, si hubiese sabido‚Ķ Quiz√°‚Ķ qui√©n sabe. Pero lo cierto es que no fue as√≠. La universidad pas√≥. Ahora la joven es mi vecina. Ella no me conoce, como tampoco me reconoci√≥ su madre en la l√≠nea de salida. Por ella supe de su adi√≥s repentino y del dolor de la p√©rdida. Lo cierto es que la quiero como a una hija. El pr√≥ximo veintis√©is de diciembre participar√© de nuevo en la San Silvestre Salmantina. Me acompa√Īar√° en la salida. Si le hubiese dicho algo‚Ķ qui√©n sabe. Aunque no es tarde para correr en su honor, yo con mi secreto.

# 176 Ninette Caren Fern√°ndez Mu√Īoz

 

No me falles

El espejo del vestidor me mostró antes de salir al terreno una pícara sonrisa, tenía todo para ganar,una fuerza de voluntad inquebrantable, unos pies dispuestos a correr por todo el mundo si era preciso y un corazón de Guerrero, posicionado sobre la pista y en postura de arrancada susurré no me falles.

# 175 Silvana de F√°tima sANTACRUZ BURBANO

 

cueva

Sus mansos movimientos me empujan sutilmente, hacia una coba perdida entre los matorrales, una h√ļmeda instancia, de paredes latentes y sinuosas, donde mis piernas parecen torpes y mis ojos perturbados por la ausencia casi total de luz. Pero aqu√≠, donde se extingue el esp√≠ritu, mi cuerpo encuentra el encanto de un nido, beso el manjar que desprenden estos muros, y me dispongo a cantar mientras el aire se pierde junto con mi raz√≥n ; parece la guarida de cad√°veres, de atletas perdidos en la oscuridad de su rara atracci√≥n. Tal vez oculta al mundo de afuera, esta cueva, acoge a todo moribundo corredor que decide acercarse a una bella dama que toma despreocupadamente un vino una ma√Īana sin percatarse de los insectos que mueren dentro de ella.

# 174 Jhon Felipe Benavides Narv√°ez

 

Esfinge

Una pierna no obedece al cuerpo de la atleta. Se presenta en una soledad insufrible para mis ojos. Miembro fantasma de su cuerpo como una efigie. Ralentiza el presente. Ni el rostro, ni sus brazos, ni sus jadeos pertenecen a una organizaci√≥n corporal, es su pierna izquierda el √ļnico √≥rgano posible d√≥nde acent√ļa todo su milagro y potestad. La mujer tiene esa rareza, parece que esa extremidad estuviese en otro tiempo, pose√≠da por un ritmo ajeno. El calor del d√≠a provoca la petrificaci√≥n de los v√≠tores de la calle. Lo interesante es que no hay hero√≠nas ni espectadores. Solamente estamos ella y yo, soportando el enigma, ante su casi desfallecimiento, ser demasiado humanos.

# 173 Iara Schusman

 

Recuerdo Dorado

El 1984 hab√≠a pasado hace a√Īares. Mientras otros recuerdos se disipaban de mi mente como nubes pasajeras a las que ya les hab√≠a llegado la hora, aquella carrera a la que me present√© de jovencito permanec√≠a all√≠, aferrada a mi cuerpo y mente con tenacidad, sin intenci√≥n alguna de ser una simple vivencia del pasado. Ah‚Ķs√≠ recordar√© yo aquella primera edici√≥n de la San Silvestre Salmantina. Apenas √©ramos 389 muchachos corriendo, dando lo mejor de nosotros mismos para llevarnos el honor de ganar lo que se convertir√≠a en una prestigiosa y famosa carrera. Diversi√≥n no falt√≥, por supuesto, de eso siempre hay en la San Silvestre Salmantina. De hecho, all√≠ fue d√≥nde conoc√≠ a Miriam, quien se convirti√≥ en mi esposa. Hoy en d√≠a, ella y yo vamos a alentar a nuestro hijo cada vez que se presenta en la carrera, mientras revivimos la electrizante y alucinante emoci√≥n del momento.

# 172 Víctor Manuel Riego Gato

 

Listos

Las zapatillas atadas firmemente pero sin llegar a apretar demasiado, calcetines compresivos, pantal√≥n corto y camiseta de tirantes, todo preparado para la salida. Un hormigueo invade mi est√≥mago, miro mi puls√≥metro, quedan diez minutos para la salida de la San Silvestre y los nervios me atenazan. He realizado un calentamiento est√°tico y ahora troto suavemente para activar el pulso. Las caras de los dem√°s participantes son serias, de concentraci√≥n mientras se preparan para la competici√≥n. Hay que buscar un buen sitio en la salida, la carrera no es muy larga, pero ser√° intensa. Una buena arrancada ayudar√°. Hombro contra hombro, los codos que intentan hacerse un hueco, las pulsaciones que se disparan, m√ļsculos en tensi√≥n. PUM, a darlo todo.

# 171 María Navajo Turégano

 

La Carrera

La carrera La alegr√≠a dio paso al coraje, que acompa√Īado se pudo mantener impert√©rrito. Entonces, el alma abandon√≥ al cuerpo, ¬ŅC√≥mo pueden 21 gramos hacer a un cuerpo liviano? Esqueleto y m√ļsculos en sincron√≠a en una coreograf√≠a singular. El p√ļblico ovaciona al artista, funambulista del terreno. Empat√≠a.

# 170 Dolores

 

Espect√°culo interactivo

Se observa un doble circuito cerrado. El fluido viaja a velocidad constante por los estrechos y sinuosos conductos y en cada vuelta se llena y vac√≠a de gases. En el centro y al mando, aunque se percibe el trabajo en equipo, parece estar un s√ļper m√ļsculo que se contrae y relaja r√≠tmicamente. Cuando los m√ļsculos de los extremos deciden ir r√°pido el s√ļper aumenta la velocidad de su latido y el fluido hace el mismo recorrido en menos tiempo. Simult√°neamente, en el laboratorio anexo, unas sustancias almacenadas se transforman en ox√≠geno, gas bueno que se incorpora al fluido viajero. A medida que los m√ļsculos extremos amainan tambi√©n lo hace el m√ļsculo central, hasta recuperar su ritmo habitual. Y entonces comienza una lluvia fina de sensaciones placenteras, a la que llaman endorfinas. Horario: a discreci√≥n, laborables y festivos. Precio: gratuito. Solo requiere calzarse las zapatillas.

# 169 M. Salvador Mu√Īoz

 

Persecución

No me gusta correr, corro por amor. La vi flexionando su cuerpo antes de la carrera y ya mi horizonte de vida es la San Silvestre. Nervioso salgo tras ella. Quiz√° sea mi exceso de peso, pero mis piernas flaquean y mis pulmones claman ox√≠geno. Mi coraz√≥n me exige continuar, pero exhausto y derrotado me detengo. Cada d√≠a entreno para seguirla cada a√Īo un metro m√°s. No me gusta correr, corro por amor.

# 168 Jamylex Andrea Avila Galarza

 

SIN PODER AVANZAR

Tres meses pasaron tan r√°pido, en un abrir y cerrar de ojos. El objetivo era superarme, y sab√≠a que el entrenamiento por el cual pas√©, me ayudar√≠a a lograrlo. Llego el momento tan esperado. Preparados, listo, ¬°ya!, ni bien termine de escuchar dichas palabras alce mi vuelo como liebre que corre delante de un lince por su vida. Ve√≠a mis piernas y ve√≠a lo r√°pido que se mov√≠an, pero al mi alrededor todo pasaba tan despacio, que el fin de la carrera se me hac√≠a eterno. Eterno como las pisadas que iba dando; como la pista, que se hac√≠a cada vez m√°s larga; como mis pensamientos, que se repet√≠an una y otra vez: ‚Äúcuanto falta para llegar a meta‚ÄĚ. Sent√≠a como mis pulsaciones estaban en aumento, latido tras latido. Y pase de liebre a tortuga en segundos. Corr√≠, r√°pidamente, lentamente, que no ve√≠a el fin en aquel horizonte plano.

# 167 Alberto Jes√ļs Vargas Y√°√Īez

 

Superación

Siempre me ha gustado ver los toros desde la barrera y la San Silvestre desde el balc√≥n. Sin embargo, como prop√≥sito de a√Īo nuevo, decid√≠ abandonar mi papel de mero espectador de la vida y empezar por inscribirme en la siguiente edici√≥n de la carrera salmantina. Tras equiparme convenientemente y entrenar durante meses, hoy por fin he tomado la salida. Me he sentido feliz al notar el viento de diciembre acariciando mi cara y orgulloso de formar parte del concierto de zapatillas golpeando el asfalto. Pero al llegar al Paseo del Rollo y mirar hacia arriba, he cre√≠do verme all√≠, donde todos los a√Īos, acodado en el balc√≥n con la sonrisa est√ļpida del que se burla de los que corren sin otro af√°n que el de participar. Ha sido entonces cuando me he preguntado quien acabar√° ganando esta competici√≥n que mantengo contra lo peor de m√≠ mismo.

# 166 Margarita del Brezo

 

GANAR

A trav√©s de las ventanas abiertas para ventilar, se cuela la detonaci√≥n del disparo de salida. Cae entonces en la cuenta de que se le ha hecho tarde. Una vez m√°s. Deja la colada a medio tender, apaga el fuego, las lentejas terminar√°n de hacerse con el calor residual, piensa, coge al ni√Īo con cuidado de no despertarlo y echa a correr. Cuando llega a la l√≠nea de salida ya no queda nadie. Aprieta el paso y a su hijo contra su pecho. Consigue alcanzar a los m√°s rezagados. Dej√°ndose arrastrar por el impulso de los latidos de su coraz√≥n, llega a la cabeza de carrera. El ni√Īo empieza a llorar. Sin detenerse, le da el pecho. Divisa la l√≠nea de meta. Acelera. Toma posiciones. Todos quieren ganar. Ella tambi√©n. Por eso gira en la primera calle, fuera del itinerario se√Īalado, y sigue corriendo sin mirar atr√°s.

# 165 Ytzel Alondra Gonz√°lez S√°nchez

 

Correr

El sonido del tiempo resonaba en su cabeza. Cinco, cuatro‚Ķ Los segundos eran vers√°tiles, infundados de peque√Īas divisiones entre uno y otro. Ten√≠an lapsos que en la vida cotidiana no importaban, pero aqu√≠, en la pista, lo eran todo. Tres, dos‚Ķ Cada segundo era una palpitaci√≥n lenta, ralentizada entre los gritos de la multitud y la sensaci√≥n de la grava rojiza en sus manos y sobre sus pies. Un segundo pod√≠a ser interminable, de un √ļnico segundo pod√≠a pender lo dem√°s. ¬°Uno! Escuch√≥ un silbido, pareci√≥ lejano entre las sensaciones de su cuerpo, el ox√≠geno que entraba y sal√≠a de sus pulmones conforme sus pies avanzaban en una carrera por llegar a la meta. ¬ŅPor qu√© corr√≠a? Aqu√≠ nada m√°s importaba, ni los pensamientos ni lo que hab√≠a en el exterior. ¬ŅPor qu√© corr√≠a? Nada lo persegu√≠a, sino que algo quer√≠a perseguir √©l mismo. ¬ŅPor qu√© corr√≠a? Simplemente adoraba correr.

# 164 María Caballero García

 

Llevadme hasta la meta

El paseo de San Antonio es un enjambre multicolor de corredores a la espera del pistoletazo de salida. Los nervios, la ilusi√≥n y las dudas componen un c√≥ctel dif√≠cil de digerir al principio de cualquier carrera. En cuanto nos movemos, dejo la mente en blanco unos minutos. Disfruto del ambiente festivo de la ma√Īana y de la animaci√≥n del numeroso p√ļblico. Ahora solo importan mis piernas: ¬ęLlevadme hasta la meta, mis valientes¬Ľ. Adelanto a otros corredores que miran sin pudor mi zancada desacompasada. Olvido a quienes dijeron que no volver√≠a a correr con esta cojera que arrastro desde el accidente de moto. Abuelita, t√ļ confiaste en que las l√°grimas de impotencia se transformar√≠an en el coraje para avanzar de nuevo, y regresar√≠a a lo que me da la vida, las carreras populares. Me queda un kil√≥metro para entrar en meta y esta San Silvestre es m√°s tuya que m√≠a.

# 163 √ďscar Fabi√°n Salamanca Jim√©nez

 

"IMAGINATE"

A√Īoraba participar en esa carrera; pero se lo imped√≠a la distancia que lo separaba, estar all√≠ requer√≠a comprar un tiquete de avi√≥n, dinero que no ten√≠a. Corr√≠a colocando especial atenci√≥n en el cron√≥metro que portaba en su mu√Īeca, lo que a su vez le recordaba que faltaba poco tiempo para el d√≠a de la a√Īorada carrera.Sintio gran desaz√≥n. De pronto en el parque de entrenamiento, una voz infantil desga√Īitandose dec√≠a:" Imaginate".He aqu√≠ la soluci√≥n.Preparar√≠a el trazado de la carrera en altitud y distancia tal cual la Salmantina; adelantar√≠a su reloj siete horas; colocar√≠a en ceros su cron√≥metro y a trav√©s de los medios digitales escuchar√≠a la se√Īal de partida, teniendo especial cuidado de iniciar a tiempo con los demas participantes, pues no quer√≠a aventajar en nada a ninguno.El mismo ser√≠a creador, participante, animador y juez de su propia San Silvestre Salmantina.

# 162 Mª ESTHER RUIZ ZUMEL

 

"SAN SILVESTRE DE IGUALDAD"

Las joyas salmantinas otean una carrera oto√Īal previa a la navidad. Los corredores homenajean su patrimonio corriendo cuyo objetivo es llegar a esa meta deseada. Dorsales coloreados como las aulas de la universidad. .Cuesta de Tentenecio escucha entre memoria hist√≥rica. Huellas acompa√Īadas al c√©lebre Unamuno cercano a la casas de las conchas sonando una infinita una m√ļsica infinita hac√≠a el suelo. .Despiertan las playeras historia leyendas. Emoci√≥nate Lazarillo lidiando con la picaresca. Santa Teresa s√≠mbolo de perfecci√≥n Salamanca sagrada fluyendo el r√≠o Tormes recitando poemas de Pepe Ledesma abrigada con una capa charra reviviendo una √©poca lejana viendo entre la niebla a esos arraigado corredores. Resucita un milagroso pozo con sonrisa de aquel ni√Īo fue rescatado. La meta alumbra la llegada de la navidad Con ecos de la tuna rasgando dorsales formando una hermosa actividad deportiva, saludable emociona a la igualdad en San Silvestre siendo bendecida desde las entra√Īas remotas.

# 161 EIDER MART√ćNEZ SALVATIERRA

 

Cabemos todos

Mi padre dice que puedo lo que sue√Īe, pero mis piernas son redondas, las empujo con mis manos. Lo haremos juntos, √©l me empuja, parece que volamos, oigo sus pisadas, sobre el pavimento del suelo pedregoso de salamanca, voy sudando, como √©l, pero yo de la emoci√≥n. Nos aplauden todo, todo es mucho m√°s que mucho, y yo sonr√≠o, s√© que mi padre imagina mi sonrisa y sonr√≠e tambi√©n. Detr√°s nuestra va la polic√≠a, y las luces azules se reflejan en los hierros de mi silla. En la meta nos ponen una cinta, levant√≥ mis manos y cae al suelo y aunque he sido el √ļltimo, la gente grita como si hubiese ganado. ‚ÄúNo has sido el √ļltimo cari√Īo‚ÄĚ, dice mi padre, por detr√°s de t√≠ he llegado yo. ‚Äúpero hemos perdido‚ÄĚ contesto yo ‚Äúno cielo, han perdido los que no han tenido valor de intentarlo‚ÄĚ y sonre√≠mos los dos.

# 160 Yolanda Fern√°ndez Benito

 

Lo importante es participar

Lo importante es participar, ¬°los cojones! Cuando tienes la desgracia de nacer en una familia de atletas, orgullo de sus paisanos, y no eres m√°s que un corredor mediocre, cualquier mirada o susurro a tus espaldas te hace sentir como una basura. Si no me hubiese obsesionado tanto con ganar la San Silvestre de mi querida Salamanca para demostrar a mi familia y vecinos que yo tambi√©n era merecedor de su aplauso, no me hubiese recluido durante las vacaciones navide√Īas en el colegio donde trabajaba de bedel para terminar de prepararme y me habr√≠a enterado del catastr√≥fico escape de Mirat. Cuando sal√≠ del San Estanislao dispuesto a darlo todo, estaba tan concentrado que ni siquiera me di cuenta de que algo no iba bien. L√°stima que ahora que por fin mis vecinos me reconocen y vitorean, tenga que huir de ellos porque lo que realmente quieren es devorarme.

# 159 Gustavo Iv√°n Charles

 

Todo está aquí

La noche antes de la carrera una fiebre me posey√≥, y ca√≠ en un profundo sue√Īo. En el caj√≥n de salida sent√≠a que a√ļn no hab√≠a despertado. Los calambres y mareos empezaron pronto, y cre√≠ ver un lince ib√©rico haci√©ndome de liebre. Mi frente ard√≠a. Una rana a lomos de una calavera me sali√≥ al paso, gritando burlona: ‚Äú¬ŅPor qu√© corres? ¬°Todo est√° aqu√≠!‚ÄĚ. Pero yo corr√≠a a√ļn m√°s, perseguido por una extra√Īa y cambiante criatura, ora toro de lidia, ora demonio, que me mostraba el culo ofreci√©ndome un cucurucho de helado. Exhausto y desorientado pregunt√© a un astronauta: ‚Äú¬ŅD√≥nde est√° la meta?‚ÄĚ √Čl hizo un gesto que abarcaba diez planetas y cien edades, y respondi√≥: ‚ÄúRecuerda √ćtaca‚ÄĚ. Al d√≠a siguiente termin√© pen√ļltimo la carrera. Un simp√°tico agustino lleg√≥ andando detr√°s de m√≠. Sonriendo, me susurr√≥: ‚ÄúComo dec√≠amos ayer, todo est√° aqu√≠‚ÄĚ. S√≠, est√°bamos en Salamanca

# 158 Angel Toribio Sevillano

 

Revancha

Al llegar a la Plaza Mayor me gir√© para comprobar si a√ļn me persegu√≠an y, aunque gozaba de cierta ventaja, era evidente que se estaban acercando. La cara del m√°s alto me resultaba familiar‚Ķ jurar√≠a que me acompa√Ī√≥ en el p√≥dium de la pasada edici√≥n de la San Silvestre, pero no era el momento id√≥neo para ponerse a buscar parecidos; si no aceleraba y los despistaba en la zona de las catedrales me atrapar√≠an seguro. Mi falta de entrenamientos no ayudaba, bueno, en realidad mi vida hab√≠a cambiado bastante durante el √ļltimo a√Īo: malas decisiones, malas compa√Ī√≠as, mala vida‚Ķ y mientras me compadec√≠a por mi mala suerte, not√© un fuerte empuj√≥n por la espalda y rod√© por el suelo empedrado. Efectivamente, el tipo que me persegu√≠a result√≥ ser el subcampe√≥n del a√Īo anterior, y tambi√©n un polic√≠a muy competente que sonre√≠a mientras me esposaba sobre el fr√≠o pavimento.

# 157 Anxo Pazos Vi√Īa

 

La primera San Silvestre Salmantina

Cuando yo era peque√Īo, me cont√≥ mi abuelo, releyendo viejas p√°ginas de El Adelanto, que la primera San Silvestre tuvo lugar en Salamanca all√° por 1950. - S√≠, lo pone aqu√≠ ‚Äď insist√≠a ante sus tres enanos nietos, que no sab√≠amos qu√© era esa cosa, se√Īalando vehementemente las hojas impresas. Se inici√≥ ‚Äď aseguraba √©l ‚Äď tras una persecuci√≥n de dos polic√≠as detr√°s de un ratero, que hab√≠a robado algo en un ultramarinos. El p√≠caro, a cierta distancia de los guardianes de la ley, se par√≥ ante un caballero que se dispon√≠a a montar en bicicleta: - Se√Īor, he escuchado rodar algo por el suelo, que se os ha debido de caer. El caballero se puso a buscar por el empedrado, momento que el chaval aprovech√≥ para birlarle la bicicleta. Caballero, polic√≠as y tendero tras el p√≠caro inauguraron la carrera un 31 de diciembre. Eso dec√≠a mi abuelo, que no ve√≠a un pimiento.

# 156 Antonio Fern√°ndez Salamanca

 

Destino

Habiendo nacido en San Silvestre de Guzm√°n (Huelva),y teniendo como apellido materno "Salamanca" era casi una conspiraci√≥n del destino leer la convocatoria de la carrera popular, y activarse diferentes resortes en mi cuerpo Siempre cre√≠ que no exist√≠an las casualidades, y el cielo me estaba enviando una se√Īal. Ni c√≥mo ni porqu√©, unos d√≠as despu√©s me encontraba a punto de tomar la salida en la carrera. Vuestra imaginaci√≥n completar√° el resto del trayecto. No tuve ning√ļn contratiempo, y consegu√≠ una marca personal digna. El d√≠a de Reyes ten√≠amos la costumbre familiar de reunirnos para abrir regalos, y fue extraordinario descubrir la respuesta a mi ins√≥lito destino, y or√°culo particular: el d√©cimo de loter√≠a comprado en Salamanca, y que hab√≠a hecho coincidir con mi n√ļmero de dorsal, hab√≠a sido agraciado con el primer premio. Salamanca y San Silvestre, siempre hab√©is sido parte de mi.

# 155 Àlex Holgado Fernàndez

 

Ganar

Mi mala pata no me lo pondr√° f√°cil. A menudo pienso como el torpe, que no hace ni corre. As√≠ que tendr√© que hacerlo a la carrera, sin un traspi√©, con paso firme, con la mirada clavada en el horizonte. S√°belo, ego apocado y triste: no correr√© tras el pasado, sino siempre hacia el futuro. Como alma que lleva el diablo. ¬°S√≠, se√Īor! Apretando los talones, sin miedo en los pies, libre y liebre. Porque si locura es correr en vano, cordura es, simplemente, correr; correr, mucho correr y llegar antes a ese sol donde se disipan el temor, la angustia, las fobias. No me lo pongo f√°cil, lo s√©. Pero salgo, por fin, zancada a zancada, a ganarme la vida.

# 154 Ana Isabel Guerrero Romo

 

Google maps

Sin ninguna clase de entrenamiento previo, recorrió todo el trayecto de la carrera sin fatiga alguna,llegó antes que todos,en escasos segundos.Ninguno de los competidores lo vio llegar ni irse,tampoco recibió premio alguno.Sentado desde su silla,en un remoto país,su recorrido quedó guardado en su historial de ciber navegación.

# 153 SALVADOR VAQUERO MONTESINO

 

LA OTRA CARRERA

Ese d√≠a fui √©l, aunque no fuera lo mismo, y corr√≠ las calles como si llevara sus piernas, y sud√© lo mismo que si tuviera su frente, hasta caer exhausto al atravesar la meta en el Paseo de San Antonio. Ese d√≠a fui √©l, aunque no llegu√© el primero, ni el segundo, ni el d√©cimo; aunque jam√°s estuve entre los de cabeza ni bat√≠ ning√ļn r√©cord personal. Ese d√≠a fui √©l aunque jam√°s hab√≠a corrido la San Silvestre Salmantina, ni me gustaban las carreras, ni pasaba los domingos pateando junto al Tormes para superarme a m√≠ mismo. Ese d√≠a, lo s√©, √©l tambi√©n estuvo all√≠ y me dio sus fuerzas para atravesar las avenidas, porque yo solo jam√°s lo hubiera conseguido. Y ahora sabe que no dej√≥ de vivir tras el accidente, porque aunque ya no est√© entre nosotros vivir√° siempre en mi memoria.

# 152 María de la Paz Valero Uceda

 

La √ļltima carrera

A√ļn puedo recordar tu √ļltima carrera, te despediste de m√≠ con un beso y un abrazo inmenso, eras mi gran amor. Cada a√Īo esperabas con ilusi√≥n la carrera de San Silvestre, para ti era mucho m√°s que una carrera, era un reto personal, un encuentro con todas esas amistades que te adoraban. Pero un despu√©s de esa √ļltima carrera todo cambi√≥, un peque√Īo bulto apareci√≥ en tu pecho, y todo paso muy r√°pido, fue tu peor reto y so√Īabas con llegar a la meta, so√Īabas con curarte En los largos d√≠as de hospital apoyabas a otras mujeres, dici√©ndole que est√° carrera la ganaban. Mas no pudo ser, mi ni√Īa no gan√≥ la San Silvestre, pero nos dej√≥ a todos el sabor de su amor, sus ganas de vivir, y su eterna sonrisa. Este a√Īo la correr√© por ti, mientras te oigo bajito: ‚Äút√ļ puedes mam√°‚Ä̂Ķ

# 151 Fernando Poeta

 

Contra el cancer.

Ten√≠a 8 a√Īos cuando vi mi primera carrera de atletismo en vivo. Mi hermana diez a√Īos mayor corr√≠a hace tiempo, pero nunca la hab√≠a visto. Desde ese d√≠a me enamor√© perdidamente de este deporte‚Ķpara m√≠ es m√°s que eso, es una forma de vida. Mi obsesi√≥n por el atletismo fue tan gran y tan espont√°nea que mis padres le dijeron a mi hermana que me entrene. Ya pasaron quince a√Īos de aquel d√≠a y hoy sigo amando el atletismo. Soy parte del equipo ol√≠mpico de mi pa√≠s, gan√© 4 medallas de plata y una dorada. Mi hermana sigue siendo mi entrenadora, a pesar de tener c√°ncer. Mi objetivo hoy en d√≠a es hacer m√°s visible el c√°ncer de mama y que se puedan hacer mamograf√≠as sin costo en mi pa√≠s y de ser posible en otros.

# 149 DAVID BENAVENT PIERA

 

GANADOR

Respira con dificultad. Cabeza ca√≠da. Mirada al suelo, a las puntas de las zapatillas que avanzan lentamente, que se arrastran. Boquea, las pulsaciones se le salen del pecho, del cuello, de la cabeza. Acelera porque ve la luz, la l√≠nea, oye a la gente, sus gritos. Sus √°nimos. Empieza a sentirse ganador. Nadie por delante, nadie por detr√°s y a penas treinta metros para llegar. Varias personas esperan en la l√≠nea y, por fin, se le vislumbra una peque√Īa sonrisa. Diez metros, levanta los brazos c√≥micamente, no le llegan ni a la altura de los hombros. Cinco metros. Tres. Uno. Siente el abrazo conjunto de su mujer e hijo. Trata de recuperar el aliento. Tose. Siente una felicidad inmensa. No se lo cree. Sonr√≠e. Es una gran victoria. Un ORGULLO. Nunca pens√≥ que la acabar√≠a. Se oye el chirriar de las vallas. Es hora de ir a comer.

# 148 NURIA PEREZ BACHILLER

 

LO QUE UNE EL DEPORTE

Presa del p√°nico, me coloqu√© disimuladamente junto a √©l esperando el pistoletazo de salida. Ni siquiera sab√≠a su nombre, pero me hab√≠a apuntado a la carrera presumiendo que √©l tambi√©n lo har√≠a. Entrenaba por donde √©l lo hac√≠a, pero nunca se percat√≥ de mi presencia. ¬ŅQu√© m√°s ten√≠a que hacer? Unos chavales nerviosos y un peque√Īo empuj√≥n hicieron que mi cabeza terminara chocando con su hombro izquierdo. Se gir√≥ s√ļbitamente y le ped√≠ perd√≥n muerta de verg√ľenza. Al minuto volvi√≥ a girarse para mirarme de arriba abajo. Me pareci√≥ que esbozaba una leve sonrisa. Me observ√≥ at√≥nito cuando al empezar la carrera le segu√≠ el ritmo y me silb√≥ cuando le adelant√© a la altura del Puente Romano. Cruc√© la meta a escasos metros de √©l. Se me acerc√≥ y estrech√°ndome la mano me felicit√≥ por la marca realizada. ¬ŅGan√© la carrera? Pues yo dir√≠a que s√≠.

# 147 Javier Rodríguez Calero

 

Una carrera de vida

Como el agua que avanza por los cauces de un r√≠o, o mejor, como la sangre oxigenada fluyendo por las arterias del cuerpo, as√≠ renacen en las calles de la ciudad los corredores de la competici√≥n. Estampida de anhelos, intereses, promesas‚Ķ avalancha de gente con particulares metas. Los acompasados contrastes de las piernas en movimiento y el vaiv√©n de camisetas de llamativos colores, parecen fundirse desde la proximidad en una argamasa com√ļn de ruido y sudor. Poco a poco aflora el cansancio como inseparable complemento del sano ejercicio, motivo que convierte en reto cada pr√≥ximo paso y ensancha la risa ante los l√≠mites trascendidos. Hay vida en el aire. El suelo despierta, retumba y avisa a la concurrencia de la inminente llegada de aquella avalancha, aquella estampida, aquella agua de r√≠o, aquella sangre oxigenada, aquella tradici√≥n que hoy anda.

# 146 Carlos Segura Ochoa

 

Guiando mis pasos

Siglos de historia pasan a mi alrededor el √ļltimo d√≠a del a√Īo. Mis zancadas me llevan hasta la Plaza Mayor, de la que quedo prendado enseguida; aunque a ella no le intereso pues me escupe por otro lado. Entristecido, contin√ļo corriendo hasta que otra m√°s hermosa fija sus ojos en m√≠. La catedral, a mi diestra, parece sonre√≠rme mientras corro‚Ķ Siento la necesidad de parar y deleitarme, pero s√© que no puedo detenerme. El Toro de Salamanca muge, urgi√©ndome a llegar a √©l. A su espalda, el puente milenario, que ha soportado millones de pisadas, hoy aguantar√° las nuestras. Algo insignificante para √©l pero grandioso para m√≠. No tardo en buscar otro camino por donde cruzar el Tormes de nuevo. S√© que all√° me esperan la Universidad, la Casa de las Conchas, la clerec√≠a y un sinf√≠n de monumentos m√°s que guiar√°n mis pasos el √ļltimo d√≠a del a√Īo.

# 145 Mariano Arranz Medina

 

Eterna Amistad

Lleg√≥ el d√≠a se√Īalado en el calendario como todos los a√Īos. En el restaurante habitual y a la hora de siempre se reunieron Pedro, Luis y Chema. Se ve√≠an todos los a√Īos para rencontrarse, rememorar su amistad y celebrarlo con su pasi√≥n: el atletismo. Primero por la ma√Īana la carrera de 10 kil√≥metros, luego la comida y una larga sobremesa llena de recuerdos, risas y vivencias de su √©poca de juventud, cuando estaban todos juntos. Cada a√Īo reservaba uno de ellos y se encargaba de elegir el men√ļ. Pero este a√Īo era especial. Le tocaba reservar a F√©lix el cuarto mosquetero como ellos mismos se llamaban. Pero no pod√≠a hacerlo. Un accidente de tr√°fico reciente hab√≠a terminado con su vida. En homenaje a √©l decidieron seguir con el mismo plan de siempre, para recordar al amigo ausente pero siempre presente, eterno en la prueba atl√©tica y en sus corazones.

# 144 J.A. del Olmo

 

CR√ďNICA DE UN CORREDOR OCASIONAL: SIN RESUELLO, CON RESOPLIDOS, PERO CON EL √ĀNIMO POR LAS NUBES

Era mi primera vez. Ten√≠a dudas de si ser√≠a capaz de llegar a meta. Pero como pens√© que correr no era de cobardes, me atrev√≠ a aceptar el reto. Y ya en la salida me impresion√≥ el ambiente. Alegr√≠a y √°nimos por doquier. Sal√≠ como alma que lleva el diablo. Craso error de novato. Cuando atravesaba el arco de la Plaza Mayor, resoplando, me anim√≥ entrar ah√≠, a√ļn sin resuello. Correr tambi√©n era vivir de forma diferente espacios cotidianos. Lleg√≥ el Puente Romano. Y pens√© que el Tormes nunca par√≥. As√≠ har√≠a yo. Y trab√© conversaci√≥n con otra corredora, en similares condiciones de dificultad. Y la meta se acercaba. Mi compa√Īera me esperaba. Descubr√≠ la solidaridad en carrera. Y cruc√© la meta con los brazos levantados. No me hab√≠a rendido. Me sent√≠ como un ganador. Solo pude pensar en una cosa en ese momento: en la pr√≥xima meta. Una ilusi√≥n.

# 143 ANTONIO BELIZ√ďN REINA

 

LA NOVATA

LA NOVATA Este a√Īo ha decidido que pueda participar. ¬°Ya era hora! Estoy preparada para la prueba, algo nerviosa, pero ilusionada, creo que participo en la sub18. Entre hoy y ma√Īana se abre la inscripci√≥n y espero con ansias el 26 de Diciembre. Mis compa√Īeras me han hablado mucho de esta carrera, apasionante, dura y sacrificada. ¬°C√≥mo debe ser! Voy a poner todo de mi parte para que mi primera ‚ÄúSansil‚ÄĚ sea un √©xito, que ya lo es el poder correr cerca de la Catedral, junto a chicos y chicas al mismo tiempo, que puedan verse seniors y veteranos por la calle M√©jico y esprintando por el paseo de San Antonio. Supongo que har√° frio pero no me importa, me abrigar√©, adem√°s estoy hecha de material resistente. S√© que √©l se ha preparado a conciencia para hacer un gran tiempo y conf√≠a en m√≠, sus zapatillas. Juntos hacemos una buena pareja.

# 142 Carlos Miguel Herrera Molpeceres

 

¬° La Plaza Mayor !.

¬° Miles de zapatillas de todos los colores corren por la Plaza Mayor de Salamanca, al son de la m√ļsica !. ¬° Aspiraci√≥n, expiraci√≥n ...... !. ¬° Sus due√Īos est√°n agotados y las camisetas en un mar de sudor; todos quieren llegar a meta !. ¬° S√≠ o si !. ¬° El p√ļblico entusiasmado anima fervientemente a los corredores !. ¬° Les aplaude !. ¬° En sus medallones, los reyes de otra √©poca tambi√©n ....... !. ¬° Es la San Silvestre, el mayor acontecimiento gal√°ctico de la ciudad charra !. ¬° Y la Plaza Mayor es testigo de ello !. ¬° Notaria Mayor del Reino !. ¬° Qu√© gozada !. ¬° Y larga vida a la San Silvestre de Salamanca por muchos a√Īos m√°s ..... !.

# 141 MAR√ćA SOLEDAD GARC√ćA GARRIDO

 

LA ESPANTADA

En el paseo de Canalejas, nos sonreímos. En la calle Zamora, dejó caer la cinta que sujetaba su pelo. Olía a hierbabuena. Al entrar en la plaza Mayor, la invité a un zumo de naranja. De los soportales, como de la nada, aparecieron sus padres animándonos. Acelerando en San Pablo, le pedí matrimonio. Sobre las aguas del Tormes, me dijo que sí. Esprintamos y pasamos el Palacio de Congresos. La quise invitar a un hornazo, pero era vegana. Me habló de tener hijos. Siete u ocho. A la altura de la Facultad de Físicas, sugirió que sus padres vivieran con nosotros para cuidar a nuestra prole. El resto del recorrido lo hice en silencio. Ella seguía con los planes. En la meta, entre aplausos, le pedí el divorcio y eché a correr. Con un poco de suerte, llegaba a tiempo a la San Silvestre de Madrid.

# 140 Sa√ļl Mart√≠n Paz

 

QUE NADIE NOS PARE

Juan es un joven que tiene par√°lisis cerebral. Todos los a√Īos acude en su silla de ruedas a la Plaza Mayor, se pone frente al reloj con sus padres. All√≠, anima a cada uno de los corredores y esperan expectantes pasar a su hermana Vega, mientras ven un sinf√≠n de participantes disfrazados. Al cabo de un tiempo dice a su padre: - ‚ÄúMe gustar√≠a correr la San Silvestre Salmantina‚ÄĚ. Al principio, su padre se estremeci√≥ y dijo: -Pero ¬°si no puedes! Vega ‚Äúque lo escuch√≥‚ÄĚ; dijo a su hermano: - Esta carrera la correremos juntos. Al a√Īo siguiente, Vega consigui√≥ una silla adaptada para Juan y junto a sus amigos recorrieron las calles de la ciudad, sonriendo a las c√°maras, saludando al p√ļblico y animando a cada participante. A Juan, se le pusieron los pelos de punta, para √©l, fue un d√≠a inolvidable. Ahora, espera ansioso la pr√≥xima carrera.

# 139 Candi Bujalance S√°nchez

 

Chacales

Yo te veo entonces entre algas de rio y peque√Īos peces joya con barbas que se remolinan y se dejan llevar. Te veo con la barba y la cara hinchada, de cortisona que no es cortisona sino noches de speed y cerveza. Mucha angustia y depresi√≥n. Entonces te dejo de ver y miro a mi alrededor. Todo est√° en paz, la valla seguramente se coloc√≥ tras tu fallecimiento por precauci√≥n. Tu padre est√° a unos pasos detr√°s de m√≠ y se ha quitado la gorra en el lugar d√≥nde te encontraron. Es la mitad de hombre que yo conoc√≠, el hombre le√≥n con tu cabeza y tu pelo rizado, su ancho pecho y los ojos brillantes. Ahora camina con bast√≥n y balbucea. Nadie sale indemne de la p√©rdida de un hijo.

# 138 Melisa Antonella Escobar Cano

 

Yo creo en mi

Una ni√Īa le llamo la atenci√≥n el atletismo, entusiasmada participo en su primera competencia a los 10 a√Īos, pero en esa competencia perdi√≥ y aun mas motivada al saber los resultados se propuso ganar en la siguiente y de esa forma volvi√≥ a participar pero volvi√≥ a perder una y otra vez hasta que cuando cumpli√≥ 30 a√Īos y gano, no solamente la competencia, resulto ser que supero varios records, ella se gan√≥ el respeto y la admiraci√≥n de todo el mundo, dio un discurso y explico que para ella ganar es cuando no te rindes contigo mismo, buscas superarte y ser mucho mejor que el d√≠a anterior, yo me enfoque en mi misma no buscaba superar a nadie que no fuera yo misma y sorprendentemente supere records, nada importa m√°s que lo que t√ļ quieres creer y crear si quieres algo ve por ello no te detengas.

# 137 Ignacio Capapé de Cendra

 

Renacer en carrera

√Čl siempre hab√≠a corrido, le apasionaban esas carreras de fin de a√Īo. Pero la vida hab√≠a sido "demasiado dura" y "repleta de dolor", y se hab√≠a decidido a llevarla a t√©rmino pronto. As√≠ que su √ļltima San Silvestre. Ya dan la salida y echa a correr. Junto a √©l, un hombre rellenito. Le cuesta correr. No tardan mucho en empatizar. Nuestro protagonista se explaya en sus dolores y tristezas. Al terminar, su compa√Īero le cuenta despreocupadamente algo de su vida: Orfandad, embargos, algunos hijos fallecidos, c√°ncer terminal... Su tranquilidad y alegr√≠a asombran al oyente. Pero el corredor m√°s grueso anda renqueante. El atleta le pasa y contin√ļa la carrera solo, meditando la conversaci√≥n. Ya en la meta, le vuelve a ver y oye que se despide de √©l y le grita en la distancia: "¬°Hasta la siguiente!", a lo que responde inmediatamente: "¬°Igualmente!". Comenzaba su nueva vida en ese momento.

# 136 Nuria Hernández García

 

Espérame en la meta.

Los nervios no le dejaban concentrarse en la carrera. Se tocaba constantemente la mano izquierda para comprobar que la cajita siguiese all√≠, bien atada a la mu√Īeca. Al pasar por la Glorieta de Los Milagros rez√≥ un Ave Mar√≠a y se encomend√≥, por supuesto, a San Silvestre. Sus piernas musculadas aguantaban bien el peso de sus sesenta a√Īos. No as√≠ los temblores. Nunca en sus a√Īos de corredor hab√≠a sentido en ellas tanta flojera. Al fin se decidi√≥ a acelerar el ritmo, no quer√≠a decepcionarla llegando el √ļltimo. Ten√≠a que demostrarle que a√ļn era un buen partido. Cuando lleg√≥ a la meta, vio su sonrisa. Pese a estar exhausto, se arrodill√≥ y desatando la cajita sac√≥ el bello anillo de esmeraldas. "¬ŅTe casar√≠as conmigo?", le pregunt√≥. Ella comenz√≥ a reir y a llorar: "¬°S√≠!". Se besaron. Los dos se sent√≠an ganadores.

# 135 Fernando Israel Morales Fabela

 

Historias

No deb√≠ tomarme esas copas ayer por la noche. Estos d√≠as siempre se las arreglan para que nunca falte un trago, pero al parecer no soy el √ļnico. En algunas caras puedo apreciar la misma resaca que en m√≠, en otros la cara de indigesti√≥n es notable. Algunas caras ocultan todo gesto y se plantan serenas, otras no pueden disimular ese nerviosismo que momentos antes irriga, nerviosismo que en otros se present√≥ antes, sembrando ciza√Īa con el insomnio. 1501, 2704,5311...y as√≠ cada uno, con su n√ļmero, con su cara e historia nos juntamos hoy en la San Silvestre, donde todas nuestras historias se hacen una en la pista al escuchar el bamm! Inicial.

# 134 Silvia Asensio García

 

EL INTRUSO

Se hab√≠a estado preparando con Juanma desde hac√≠a meses por el parque y las calles menos transitadas. Por fin lleg√≥ el d√≠a de ‚ÄúLa San Silvestre‚ÄĚ. Y corri√≥ como no lo hab√≠a hecho nunca antes. El pelo sudoroso, la camiseta chorreando y las extremidades echando humo; en la boca la mejor de sus sonrisas. Not√≥ que todo el mundo los miraba y los animaba a continuar. El coraz√≥n le lat√≠a muy deprisa. Entraron juntos en la meta y mientras su due√Īo buscaba el final de la correa, para darle un abrazo, √©l consigui√≥ emitir un sonoro ladrido.

# 133 CARLOS BUIS√ĀN GIL

 

HU√ČSPEDES

Los utiliza para hacer su carrera. De cada atleta toma lo mejor. De Rafael, un par de rutinas mentales; de Osman, sus cuarenta latidos por minuto; de Hafid, su umbral de sufrimiento; de Nuria, una pizca de masoquismo; de David, el estilo; de Tere, el m√©todo; de Estela, su sprint de felina el√©ctrica; de Irene, su respiraci√≥n; del Tormes, la fluidez y la calma; del verraco, su dureza con la vida; de la rana, su desparpajo con la muerte. Aprovecha el tir√≥n de los que persiguen y el rebufo del que va delante. A√Īo tras a√Īo llega el primero, el segundo, de los √ļltimos si se le meten bayas de acebo en las zapatillas. A veces ni siquiera termina la prueba; mientras el atleta vomita y recupera el aliento, se lleva lo mejor de su hu√©sped: la esperanza de una futura victoria.

# 132 Yolanda Nava Miguélez

 

LA CITA

Extra√Īo lugar para una cita a ciegas: la Sansil, pero ella ya advert√≠a en su perfil que le gustaba lo original y diferente. Deb√≠a descubrirla corriendo m√°s que nadie porque aseguraba que iba a ser la primera en llegar a la meta y √©l, para no incurrir en trampa esper√°ndola all√≠, tendr√≠a que llegar justo detr√°s. Aprovech√≥ los d√≠as que faltaban para la carrera entrenando sin descanso; contrat√≥ un entrenador personal, se entreg√≥ como nunca lo hab√≠a hecho para otra causa en su vida, no en vano su perfil rezaba: ‚Äúamante de los retos‚ÄĚ. Pero cuando lleg√≥ a la meta nadie hab√≠a delante de √©l. Le sac√≥ de su estupor el sonido del m√≥vil. Ten√≠a un mensaje de ella: olvid√≥ decirle que era et√©rea. Le promet√≠a amor incondicional, nadie hasta entonces hab√≠a cre√≠do en ella ni la hab√≠a seguido con tanta entrega, as√≠, a ciegas.

# 131 Roberto Crespo Ramos

 

¡No consigo dormir!...¡qué bien voy a dormir hoy! (Equipo nieto & abuelo)

-¬°Pap√°, no consigo dormir!, cu√©ntame otra vez cuando t√ļ y el abuelo corristeis la Sansil y ganasteis. -Vale, pero por √ļltima vez, que ma√Īana tienes que tener fuerzas. Ya sabes lo que ha dicho el abuelo: si los dos lleg√°is al final, entrenareis juntos el pr√≥ximo domingo en el Parque de los Jesuitas. Adem√°s, ma√Īana por la tarde ir√©is a tomar chocolate con churros. -¬°Mar√≠a!¬°no consigo dormir! ¬°El canijo de tu nieto me ha prometido que llegar√° hasta la meta ‚Äúcomo hace siempre su abuelo‚ÄĚ! Si conseguimos acabar los dos, le llevo a la churrer√≠a. -¬°D√©jate de ch√°chara, si no descansas alguien se va a quedar sin churros por tu culpa! -¬°Qu√© bien voy a dormir hoy! El abuelito dijo que estaba muy orgulloso de m√≠. Me ha pedido una taza gigante de chocolate ¬°con 6 churros!,tantos como mis a√Īos...¬°Menos mal que √©l no se tom√≥ 66!

# 130 José Manuel Dorrego Sáenz

 

Volver la vista atr√°s

Que la meta no es el final, le había dicho su padre. Se lo repetía siempre, como una taladradora. Y venga y venga con que si la meta no es el final. Vaya desconcierto de frase, pensaba. Y por eso, el día de la maratón no se conformó con cruzar la línea de llegada. Ni siquiera alzó los brazos ni dibujó en el aire con los dedos el signo de la victoria. Cruzó la meta el primero, salió del estadio, de la ciudad e incluso del país. Y ahí sigue, corriendo y corriendo: que la meta no es el final, eh. Y ha llegado a ese punto en el que resulta difícil, casi imposible, volver la vista atrás.

# 129 JAVIER BRAVO S√ĀNCHEZ

 

"San Silvestre Inocente"

28 de diciembre de 2014. Salida. Advertencia del presidente: ‚Äúcontrol antipodaje para los primeros en llegar y algunos m√°s, elegidos al azar‚ÄĚ. La concentraci√≥n y el nerviosismo dificulta la correcta traducci√≥n para la mayor√≠a. Una excepci√≥n significativa: el corredor Inocencio Armstrong advierte s√ļbitamente la excesiva aceleraci√≥n de su pulso, una sudoraci√≥n fr√≠a y una repentina lluvia de ideas (eso que llaman ‚Äúbrainstorming‚ÄĚ) ofuscan su cabeza. Hab√≠a desayunado muy bien, con alg√ļn complemento ‚Äúextra‚ÄĚ y se consideraba uno de los favoritos. A mitad de carrera, sin saber muy bien cu√°ndo, c√≥mo ni por qu√©, decide reducir el ritmo y alejarse considerablemente de los primeros. Una vez cruzada la meta, se percata de la inocentada y se queda mudo tras exhalar un ¬°menos mal! entre dientes. Semanas despu√©s, es pillado ‚Äúin fraganti‚ÄĚ recogiendo sustancias dopantes que recib√≠a por correo y, posteriormente, distribu√≠a. Condena, retirada de la licencia federativa durante varios a√Īos‚Ķ

# 128 Moisés Morán Vega

 

Correr, correr

Estoy tranquilo. Mi primera diez mil Salmantina. Quiero correr, correr y correr. Solo quiero llegar a la meta. ¬°Pum! Las pulsaciones se me disparan. Me tropiezo, pero me recompongo. ¬°Coge tu ritmo! Mi cuerpo responde. Estoy solo con mi cuerpo y mi cerebro. En las Carmelitas noto una molestia en el tobillo izquierdo. Entro en la Avenida de Portugal y la molestia ya es dolor. Intento no pensar, pero mi cabeza no hace otra cosa que concentrarse en el sufrimiento. En Comuneros quiero parar, pero pienso que correr es resistir. La vida es resistencia. Me quedan mil metros. Corro a trote cochinero y el dolor disminuye. Me siento mejor. Me pasan muchos corredores. No importa. S√© que terminar√©. Vuelvo a correr. Nada m√°s importa. Llego a meta y a lo lejos veo a mi hija que me sonr√≠e satisfecha. Su viejo termin√≥ la Salmantina a los setenta a√Īos.

# 127 Israel Cordero Moya

 

Un atleta de otro mundo

Los atletas de la competición de San Silvestre Salmantina, sólo sintieron una brisa de viento pasar junto a ellos. Había pasado ante ellos un misterioso atleta que ganó la competición con récord mundial. Incluso los atletas jamaiquinos que estaban participando, quedaron sorprendidos frente a tal atleta, que escribió su nombre en los registros de la competencia como Hermes, sintiéndose como tortugas frente a él. Hermes, no esperó a recibir la premiación, sólo siguió hasta su casa, pues tenía que preparar el almuerzo, algo que disfrutaba mucho de este mundo. Al parecer estaba poseído, porque después de comer, continuó corriendo, sin parar, hasta morir. En la vida después de la muerte, siguió corriendo, incluso triunfando sobre los ángeles más rápidos. Había nacido para triunfar en lo que más le apasionaba, correr. Al ganar sobre todos los seres más rápidos del universo, pensó en otros competir con otros seres de otros universos.

# 126 Luis San José López

 

Fidelidad

He sorprendido a mi propia sombra calzarse las viejas zapatillas de deporte, arrinconadas desde hace mucho tiempo. Todavía faltan casi dos meses para la San Silvestre y la he visto con un no sé qué de tristeza en sus ojos, sin terminar de digerir nuestro destino. Acariciaba en silencio aquella foto de 1984, cruzando la meta. Ha llovido mucho desde entonces. Me ha mirado luego con sus ojos empapados de recuerdos y yo he necesitado esconder los míos detrás de los párpados. Quisiera ofrecerle, una vez más, la libertad que necesita, pero no quiere separarse de mi silla de ruedas.

# 125 Javier López Vaquero

 

Historia de un corazón.

Despu√©s del trasplante de coraz√≥n y de unos meses duros, jam√°s imagin√≥ encontrarse alg√ļn d√≠a all√≠, en la salida de la San Silvestre. Era de naturaleza perezosa, al√©rgico al deporte y amante de la mala vida. Pero algo s√ļbitamente cambi√≥ y empez√≥ a tener ilusiones, motivaciones y alg√ļn sue√Īo por cumplir. Tras el pistoletazo arranc√≥ con un trote suave y enseguida encontr√≥ acomodo junto a un atleta veterano. Hablaron y √©ste entre respiraciones le cont√≥ que tambi√©n debutaba, por una promesa. Hicieron el recorrido por las calles salmantinas a la par compartiendo el esfuerzo. Al llegar a meta a pesar de su car√°cter adusto, poco dado a las muestras de afecto, un impulso le llev√≥ a abrazarse con su compa√Īero de fatigas. Un abrazo sincero, de coraz√≥n. Ellos no sab√≠an que algo muy especial los un√≠a. Este narrador se lo desvelaria a√Īos m√°s tarde.

# 124 Rosa Mateos García

 

¬°UFF!

¬°Bang! Comienza la carrera. Avanzo por el Paseo de San Antonio. Llego al Puente Romano. Salgo de la ciudad. Corro hacia La Alberca. Tras las huellas de Bu√Īuel, desciendo hasta Las Hurdes. Sigo el vuelo de una mariposa y recorro la Ruta de la Seda, cruzo Samarcanda, acelero hacia Damasco, atravieso Kandahar, corono el Annapurna, salto hasta la luna, mi coraz√≥n cabalga desbocado en el Mar de la Tranquilidad, regreso a Salamanca, veo la l√≠nea de meta y... No. No volver√© a ver "Forrest Gump" la noche antes de correr la San Silvestre. Son agotadoras sus posteriores pesadillas.

# 123 César Ariza

 

Competir

Llegar a lo m√°s alto, ser el primero, ser mejor que los dem√°s. Un metro m√°s, un segundo, otro paso, un √ļltimo sprint antes de levantar los pu√Īos. Ganar. La gloria. Ver que tu esfuerzo, quiz√° de a√Īos, tiene recompensa. Llueven las alabanzas, el confeti, las palmadas en la espalda, las palabras que te elogian. Perder. El fracaso. Quedarte pensando en lo que fall√≥: si acelerara m√°s en aquella curva; si me hubiese hidratado mejor; si hubiese dosificado mejor mis fuerzas... si... si... Ni la plata ni el bronce te consuelan. Solo una raz√≥n por la cual volver√°s a participar en la pr√≥xima carrera: porque no te cabe en la cabeza otra cosa m√°s que competir.

# 122 RA√öL GARC√ČS REDONDO

 

EL ELEGIDO

Tard√≥ varios kil√≥metros en darse cuenta de que le segu√≠a. Nada extra√Īo a priori teniendo en cuenta que se trataba de la San Silvestre. Pero hab√≠a constatado que, si aceleraba el paso, aquel tambi√©n y si lo reducida, el otro hac√≠a lo propio. No importaba el ritmo que imprimiese pues se manten√≠a pegado a sus talones. En un momento dado de la carrera, le pareci√≥ que su perseguidor se inclinaba hacia delante, como si estuviera a punto de trastabillar y darse de bruces contra el suelo. Pero para su sorpresa, no cay√≥, sino que, apoyado tambi√©n en sus manos, continu√≥ corriendo como si tal cosa. El miedo le sobrevino cuando poco antes de la llegada, pudo escuchar con total nitidez unos ladridos. Ya no quedaba duda alguna, hab√≠a sido elegido como liebre.

# 121 Jes√ļs Navarro Lahera

 

Mirar antes de cruzar

Era tarde y no hab√≠a entrenado, as√≠ que se calz√≥ las zapatillas de correr y sali√≥ de casa a toda prisa. Baj√≥ las escaleras de dos en dos en vez de esperar al ascensor, y luego, ya en la calle, aceler√≥ el ritmo mientras repasaba en el m√≥vil los mensajes de los amigos y los correos del trabajo. Frunci√≥ el ce√Īo al comprobar las series previstas, aunque despu√©s sonri√≥ al ver que le hab√≠a escrito su madre. Entonces record√≥ que al d√≠a siguiente era su cumplea√Īos, pero se olvid√≥ de lo m√°s importante.

# 120 Rebeca Reol Rodríguez

 

Zapatillas nuevas

Tan solo quedaban unas horas para acabar aquel maldito a√Īo. Nunca hab√≠a corrido. Tan solo la idea de sudar antes de la √ļltima noche del a√Īo le generaba escalofr√≠os. ¬ŅC√≥mo conseguir√≠a su look perfecto para esa noche si se iba antes a la San Silvestre? ¬ŅC√≥mo lo hac√≠a el resto de la gente? ¬ŅAcaso no ten√≠an agujetas al finalizar? Siempre renegaba de inscribirse porque prefer√≠a estar deslumbrante en la cena de Nochevieja. Siempre, salvo ese a√Īo. El problema con Hacienda, los millones de papeles que ten√≠a que entregar y la huelga de transportes hab√≠an truncado su vuelta a casa. Suspir√≥. Frente al espejo su reflejo le devolv√≠a su imagen con su ch√°ndal y sus zapatillas nuevas. Se ve√≠a rid√≠cula, pero este a√Īo nadie la esperar√≠a en casa. Se puso el dorsal y sali√≥ por la puerta. Volvi√≥ sudando, el pelo alborotado. Pero feliz, muy feliz.

# 119 Joimar Coromoto Rivero Meza

 

Dedicado a mam√°

Alzo mi mirada al cielo y empiezo a buscar una se√Īal de que me est√°s viendo, este a√Īo a mi lado no vas, pero s√© que conmigo estas. Los recuerdos llegan a mi cabeza sin parar, el correr me ayuda a procesar tu inesperada partida de este mundo terrenal. Con tus zapatos favoritos pienso esta carrera terminar. Soy consciente que entre un mar de personas estoy y que tu rostro no est√° por el lugar, as√≠ que me enfoco en el camino tratando de avanzar. Cada paso que doy me acerca a la meta, mis pulmones de aire se llenan para poder continuar y el siguiente paso dar. No creo que en esta ocasi√≥n tu partida pueda superar, pero te dedico cada pisada que doy mam√°.

# 118 MARIA PILAR PRADO ALONSO

 

EL COMIENZO

¬ŅMe esperas qui, en el Paseo, y cuando vuelva me das un beso? Reza a San Silvestre para que no llegue el √ļltimo, pero tampoco el primero, aunque correr√© veloz y las piernas me levar√°n ligero. Hoy no espero manjares, vino espumoso, doce uvas, ni buenos deseos de amigos que nunca veo. S√≥lo quiero la calle, el gent√≠o, los v√≠tores, los aplausos y un millar de rostros nuevos. Necesito sentir los latidos, el pulso acelerado, la falta de aliento y el sudor por mi frente mientras pienso ‚Äúla suerte est√° de mi lado y me sonr√≠e, otro a√Īo m√°s con los cordones bien puestos‚ÄĚ. Pronto termina el a√Īo y con cada bocanada de aire me emocionar√© porque me sentir√© vivo de nuevo. Este es mi gran d√≠a y el de todos aquellos con quienes participo en este reto, donde la meta no es el fin, es el principio del comienzo.

# 117 Esther Ligero Luis

 

La carrera

Cumpli√≥ los 18. Lo primero que hizo fue inscribirse en la San Silvestre Salmantina, al recorrido ‚ÄúD‚ÄĚ. Hab√≠a participado otros a√Īos, pero √©ste era especial, sus hermanos que viv√≠an fuera, la correr√≠an con √©l. Ya solo quedaban pocos d√≠as. Una noche tuvo un sue√Īo; comenzaba la carrera y cuando llevaba parte del recorrido, un pinchazo le paraliz√≥, doblado en el suelo, llorando, se daba masajes en su pierna, sus dos hermanos lo cogieron uno de cada brazo y como si fuera en volandas consigui√≥ llegar a meta. Por la ma√Īana, al despertar, cog√≠a su tel√©fono y le√≠a las noticias comarcales. La primera noticia que salt√≥ fue: ¬ęAccidente de tr√°fico en la A 50, viajaban tres vecinos de la ciudad, dos de ellos fallecieron al instante y un tercero grave lo trasladaron al hospital¬Ľ. Se le cay√≥ el tel√©fono, retir√≥ la s√°bana y es cuando vio que le faltaba una pierna.

# 116 CRIST√ďBAL MART√ćNEZ HARO

 

LA HERENCIA

Debes terminar lo que empieces, cueste lo que cueste y sin excusas ni moratorias, le dec√≠a su padre cada tres d√≠as. De manera intercalada le apremiaba a superar l√≠mites, reventar fatigas y perseguir el √©xito que se escapa siempre delante del exhausto aliento. Que nunca tengas que pedir perd√≥n a tu orgullo. M√≠rate con honra todas las ma√Īanas que te encuentres con el reflejo de tu alma. Le oblig√≥ a tatuar en el cabezal de su cama la leyenda ‚Äúprohibido rendirse‚ÄĚ. Tres meses le dur√≥ el entrenamiento y durante ese tiempo ve√≠a en cada segundo y zancada la cara de su padre grit√°ndole esp√≠ritu de lucha en el cogote sudado. Lleg√≥ el d√≠a y corri√≥, cay√≥, sufri√≥ y llor√≥ hasta terminar √ļltimo la carrera. Al llegar a casa su madre le estaba esperando. Tu padre nunca pudo con la San Silvestre hijo m√≠o. De hecho no pudo con ninguna.

# 115 Pablo Javier Prati

 

El sue√Īo de lograrlo

Al ver la meta repas√© mentalmente las extenuantes horas entrenando. M√ļsculos de piernas inflamados, largos y r√≠tmicos pasos que empoderan y agigantan tu figura, el recorrido es c√≥mplice silencioso de tus pensamientos. Con la √ļltima bocanada de aire en mis pulmones, estir√© la pierna derecha, el pie parec√≠a alargarse, con esfuerzo mi cuello se estiraba formando pliegues en la piel a la altura de la garganta como si esos pocos mil√≠metros de epidermis me dar√≠an la ventaja, al mismo tiempo que el pecho inflado sobresal√≠a de forma antinatural arrastrando la cinta de llegada. Segu√≠ unos metros por la inercia, al fin me detuve, dobl√© el cuerpo hacia adelante, abr√≠ la boca, aspir√© agitado todo el aire que pude, las manos apoyadas en los cu√°driceps, mirando el empedrado re√≠ ‚Ķ y tambi√©n llor√©. En ese preciso momento o√≠ la voz de Julia decir: ‚Äúdespierta, comienza la SanSil‚ÄĚ.

# 114 IRIA DOMINGUEZ POSADA

 

Una promesa cumplida

Se lo hab√≠a prometido, en el mismo instante en el que le toc√≥ debatirse entre el sufrimiento infinito y la calma eterna, le asegur√© que lo har√≠a por √©l y con √©l. Juntos lograr√≠amos cruzar la meta de su San Silvestre del alma, atravesar√≠amos el puente romano donde tantas veces vimos ponerse al sol sobre la catedral, recorrer√≠amos la plaza mayor en la que despedimos el que cre√≠amos el peor a√Īo de nuestra vida, y llegar√≠amos al paseo de San Antonio que hab√≠a sido testigo de su esfuerzo y af√°n de superaci√≥n a lo largo de los a√Īos. Se lo hab√≠a prometido... y aunque su cuerpo se hab√≠a ido, su alma siempre volar√° conmigo.

# 113 Marina Salas Mantaras

 

Edición especial

- Se√Īor director, ya tenemos preparada la edici√≥n especial de ma√Īana: "El diario de San Silvestre". Primero, primera plana con la noticia m√°s importante: "R√©cord hist√≥rico de participaci√≥n en la San Silvestre Salmantina". Luego, entrevista con uno de los ganadores del a√Īo pasado. Recopilatorio de fotos de los momentos m√°s emotivos de la carrera en la √ļltima d√©cada. Secci√≥n "Hor√≥scopo. ¬ŅGanar√© ma√Īana?" Ya sabe, para los m√°s supersticiosos. Unas vi√Īetas graciosas de runners ganando el trofeo pero perdiendo el aliento. Tenemos tambi√©n publicidad de equipamiento fosforito y una secci√≥n de moda con la vestimenta deportiva de este a√Īo. Y, finalmente, una secci√≥n del tiempo: ¬ŅLlover√° el d√≠a de la carrera? - ¬°Buen trabajo, equipo! Este a√Īo no ser√©is atletas, pero vaya sprint final hab√©is hecho todos para acabar esta edici√≥n. As√≠ que, si ganamos a la edici√≥n Behobia-San Sebasti√°n, ¬°os invito a unos churros ma√Īana despu√©s de la carrera!

# 112 MARIA NIEVES SORIA SOMOLINOS

 

EL ESPECTADOR

Al llegar al Puente de Piedra se ha quedado paralizado, hipnotizado, con la carencia del paso alegre de los corredores. ¬°Cu√°ntos! ¬°Qu√© marcha! En su refugio la gata parda espera pacientemente el regreso de su pareja: ¬ę ¬°Otro a√Īo m√°s que se ha quedado obnubilado con la San Silvestre! ¬Ľ.

# 111 Elena Hormigo Algarín

 

Los a√Īos por la carrera

Amanece y se despierta, se ducha y se pone la ropa deportiva. Le queda m√°s chica de lo que esperaba, √©l nunca entrena pero siempre intenta acabar la carrera. Este a√Īo le costar√° m√°s, acaba de cumplir 68 y aun as√≠ sigue corriendo. √ČL no lo ve una competici√≥n, sino un paseo r√°pido por la ciudad para ver los grandiosos monumentos y edificios de Salamanca. Le encanta el respaldo de la gente, como todos le animan con sus aplausos. Cuando por fin acaba, llora de alegr√≠a, siente sus lagrimas caer por sus mejillas rosadas del esfuerzo y arrugadas por el tiempo. Se siente imparable a pesar de los a√Īos que le arrastran.

# 110 Judit Oliva Bl√°zquez

 

El indulto

¬ŅC√≥mo podr√≠a explicar con palabras lo que sent√≠ cuando cruc√© la l√≠nea de meta? A√ļn empapada de sudor, con calambres en las piernas y fuego en los pulmones, me sent√≠ m√°s fuerte y m√°s viva que nunca. Cuando me sent√© para recuperar un poco el aliento y beber agua, no pude evitar recordar lo que me dijeron los m√©dicos dos a√Īos antes: "es muy probable que no vuelvas a caminar, lo sentimos". Pero yo no me resign√© a que una probabilidad me sentenciara definitivamente, y no s√≥lo volv√≠ a andar, tambi√©n volv√≠ a correr. Y ahora me pregunto, ¬Ņcu√°nto tardar√© en echar a volar?

# 109 Agustín

 

Resiliencia

Ambiente de gala en las calles, se palpa la fiesta. La nueva edici√≥n de la San Silvestre Salmantina atrae a una gran multitud. La serpiente multicolor se deja ver y oir. Comienza la carrera, mi salida es perfecta, pronto me despego de todos los rivales, miro hacia atr√°s y no veo a nadie, estoy volando, voy primero, ya nada me puede parar. Atisbo la meta a lo lejos y escucho al p√ļblico enfervorecido, llego destacado, levanto los brazos, gano con autoridad, la gente me aclama, no noto el cansancio, estoy henchido de gloria ‚Ķ . Me arrellano en el sof√°, a√ļn con la pierna en alto, la rotura del tend√≥n de Aquiles en la edici√≥n del a√Īo pasado a√ļn me tiene postrado. Prometo volver pronto, alg√ļn a√Īo conseguir√© la victoria.

# 108 PILAR S√ĀNCHEZ G√ďMEZ

 

MALA LETRA

‚ÄĒDate prisa, mam√°, la San Silvestre salmantina es ma√Īana. Lucho, apresurada, contra los ojales del disfraz; siento, reprobatoria, la mirada de mi suegra ante la chapuza que estoy cosiendo: despacito y buena letra, hija, que parece que la √ļnica doctrina que suscribes es la del espacio partido tiempo. ‚ÄĒ¬ŅEn qu√© quedamos? Replico. ‚ÄĒLa abuela tiene raz√≥n, las prisas no son buenas y encima ya no se llevan: slow fashion, slow food, cittaslow‚Ķ ‚ÄĒO sea, soy una madre irresponsable, ambientalmente insostenible y anacr√≥nica para m√°s inri. Pues mira, mientras terminaba tu disfraz iba a pedir una pizza, pero ya me da miedo que junto al repartidor vengan tambi√©n los servicios sociales, as√≠ que voy a dejarlo. Me marcho al mercado para comprar los ingredientes de la slow dinner. ‚ÄĒ¬ŅY el disfraz? ‚ÄĒAs√≠ queda y como vayas a un hipertextil para comprarte otro, llamo a los de Green Peace. T√ļ ver√°s.

# 107 Concepci√≥n Pe√Īa C√°rdenas

 

CORRER HACIA UN SUE√ĎO

CORRER HACIA UN SUE√ĎO ¬°Socorro!¬°Fuego! Alguien pide auxilio en la lejan√≠a...Juan intenta correr pero sus pies est√°n anclados al suelo, algo se lo impide...¬°Despierta agitado! Observa a sus hijas que duermen pl√°cidamente ; se enfunda unas zapatillas para correr sus quince kil√≥metros diarios por las proximidades de un parque de bomberos. Su √ļltima marat√≥n a√Īos antes , en Sevilla, no fue muy placentera, des del kil√≥metro veintid√≥s comenz√≥ a sufrir un intenso dolor en su rodilla derecha pero, no desisti√≥ y consigui√≥ entrar en la meta a pesar de su sufrimiento. Varios diagn√≥sticos le aconsejaban dejar de correr, por fin uno le dio esperanzas y este a√Īo se desplazar√° para correr la "San Silvestre Salmantina". Los valores del atletismo, le dan el √°nimo necesario para esforzarse cada d√≠a en hacer la mejor carrera, la mejor marca, esa, que le permita apagar a su mayor enemigo "EL FUEGO".

# 106 Miguel √Āngel Moreno Ca√Īizares

 

Como un sue√Īo

Sonaba ‚ÄėCarros de Fuego‚Äô desde un lugar desconocido y eso me indujo a avivar la marcha. Fatigada, sudorosa, casi sin aliento, me hall√© ante la tienda. Toqu√© el timbre, pero el dependiente, desde el mostrador, me indic√≥ implacable con gestos que estaba cerrado. Por momentos pens√© qu√© necesidad ten√≠a, en mi estado. Entonces sent√≠ una mano en el hombro. ‚ÄúPrecisas una equipaci√≥n para la San Silvestre, si no me equivoco‚ÄĚ. Un viejito de aspecto bondadoso me ofrec√≠a su ayuda. Cr√©dula, asent√≠ y juntos caminamos hasta un peque√Īo almac√©n. Entramos y all√≠ hab√≠a docenas de cajas. ‚ÄúElige una‚ÄĚ, me dijo. ‚Äú¬ŅPero cu√°l?, son iguales y no s√© si contienen lo mismo‚ÄĚ, aduje con voz temblorosa. ‚ÄúConf√≠a en tu intuici√≥n‚ÄĚ. Tras unos segundos, opt√© por la m√°s cercana. ‚ÄúBien‚ÄĚ, o√≠ a mis espaldas. Me gir√© enseguida y el viejito no estaba, pero yo ten√≠a la ropa para correr mi primera Salmantina embarazada.

# 105 Javier S√°nchez Bernal

 

El relevo

Mi padre am√≥ siempre la San Silvestre Salmantina. Desde que tengo memoria, la imagen de aquellas ma√Īanas junto a mi madre animando la salida y, tras el duro esfuerzo, abrazando su llegada me acompa√Īan como uno de los m√°s valiosos tesoros de mi infancia y adolescencia. √Čl ya no est√°‚Ķ aunque hasta el √ļltimo de sus d√≠as me anim√≥ a seguir sus pasos: ‚ÄĒLydia, querida hija, s√© que, si persigues tu sue√Īo con tes√≥n, llegar√°s lejos ‚ÄĒme arengaba cari√Īosamente, mientras pon√≠a a punto sus zapatillas. Hoy, tras el Campeonato de Espa√Īa y con la vista puesta en los Juegos Ol√≠mpicos, regreso a la ciudad universitaria del Tormes tomando el testigo de aquellas palabras que lo son todo en mi vida. ‚ÄúEsta San Silvestre 2022 va por ti‚ÄĚ, pienso mientras tomo posici√≥n en la salida. Reviso mi dorsal: 1920, el a√Īo de su nacimiento; no hay mejor presagio. Te quiero, pap√°.

# 104 JOS√Č LUIS BARROS JUSTO

 

Conocimiento de causa

El escritor ley√≥ algunos relatos, presentes y pasados, con el √ļnico prop√≥sito de inspirarse. El √ļltimo mes las musas hab√≠an estado ocupadas en otros paraderos y a √©l no se le ocurr√≠a nada, al menos nada merecedor de un premio. Aguant√≥ casi una hora, hasta que, desesperado, abandon√≥ la empresa. Todos los escritos le parecieron insulsos, o √Īo√Īos, o flojos. Algunos incluso estaban mal escritos, algo que √©l no pod√≠a perdonar en un concurso literario. Abundaban los enfermos, las sillas de ruedas, los iluminados a los que le cambiaba la vida despu√©s de participar en la carrera. Totalmente desmotivado decidi√≥ abandonar. Mir√≥ hacia la cama cercana, contemplo el dorsal que habr√≠a de usar al d√≠a siguiente en la famosa San Silvestre Salmantina y sonri√≥, al imaginarse que, una vez vivida la experiencia, quiz√° el pr√≥ximo a√Īo podr√≠a escribir el relato ganador.

# 103 Miguel Martin

 

Niebla sobre el puente Romano

L√°grimas de agua levitan sobre el puente romano. Me susurran salta! salta! Vuela con nosotras. Tapono fuertemente mis o√≠dos para ignorar sus palabras. Comienzo a correr. Desbocado el coraz√≥n, mis pulsaciones golpean mis sienes como un martillo. Tras un largo sprint, escapo del puente borrado por la niebla. Corro r√°pido, sin destino, sin rumbo. Huyendo del pasado, disfrutando el presente, sin imaginar el futuro. Acompasado por el martilleo en mi sien, con el sonido r√≠tmico de mis zapatillas golpeando el suelo, mi respiraci√≥n fluye, mi cuerpo se relaja. Logro fijarme en el camino. Liberados de la niebla oscura mis ojos vuelven a la vida. Levanto la mirada, diviso una luz tenue, una diminuta llama incandescente, libre tras disiparse la niebla espesa. Esa luz penetra en m√≠, me invade, me llena. Y corro, como un loco, hacia esa peque√Īa llama que baila y brilla en tus ojos de gata. Mi meta.

# 102 Maximiliano Gonz√°lez

 

El orador

Enarbolaba sus sólidos argumentos ante un auditorio hipnotizado frente a la sutil ilación de sus ideas. Se veía que ya no dudaba. Sus ojos brillaban en cada frase, sus silencios desbordaban de intenciones y gestos que todo el mundo entendía. Era tal el sortilegio que hubiera podido pedir cualquier cosa. Cuando concluyó, un joven que lo seguía con atención, le hizo una sola pregunta. El orador lo miró con el entrecejo fruncido, sudó, observó el entorno. La expectativa de su respuesta llenaba un silencio que lo apuntaba con su dedo firme. Se aflojó la corbata, tuvo una leve convulsión y cayó desmayado. El estupor del auditorio modeló un nuevo silencio dudoso y nuevas certezas que iban y venían por el aire. Al día siguiente, el orador murió sin haber dudado una sola vez de todo lo que había afirmado con tanta seguridad.

# 101 Fernando Robles Arz√ļ

 

Amor y Covid 19

Como rayo, llega ‚Äúalgo fulminante‚ÄĚ, unos chispeantes ojos de lince entrecruzando los m√≠os. Brillantes esmeraldas, tras una mascarilla que cubre parcialmente el rostro, insinuantes y so√Īadores. Deseo abrazarle, acariciar ese divino cuerpo, escuchar los latidos del coraz√≥n, m√°s contengo mis emociones, cataratas desbordantes, porque va acompa√Īado y √©l, diligente apoya su andar. ¬ŅEst√°s sonrojado o p√°lido?, vas frente a m√≠ una y otra vez, con pensamientos de amar y ser amado, juego de esgrima y estocada en el alma, con la mirada. Quiero decir: Te amo, o√≠r de tus labios yo tambi√©n, m√°s una l√°grima furtiva emerge detr√°s de la mascarilla, quisiera besar tus bellos ojos, alma de mi alma. Sudoroso, temblando, tienes fiebre, s√≠, Covid, vas al hospital y es nuestro triste adi√≥s, sin conocernos; es la ruleta hospitalaria, calle de la incertidumbre, del brazo amoroso de √©l, ¬ŅTe besar√° ella, la muerte? Seud√≥nimo: Triste

# 100 Mayte Blasco Bermejo

 

Ganador sin medalla

He ganado la San Silvestre salmantina, le pese a quien le pese, pero no han querido darme la medalla. Resulta muy frustrante ser el m√°s r√°pido y ver c√≥mo entregan los premios a otros corredores mucho m√°s lentos que yo. Es una injusticia. Por fin veo aparecer a Jorge. Entrenamos juntos todos los d√≠as, pero le he sacado casi treinta minutos de ventaja. Se acerca a m√≠ jadeando con el ce√Īo fruncido. En lugar de felicitarme, me dice: ‚ÄúPero qu√© mal te has portado, Toby‚ÄĚ. Y despu√©s encaja la correa en mi collar. Cabizbajos, regresamos a casa mientras fantaseo con la posibilidad de poner una queja para que organicen una San Silvestre canina.

# 99 Nuria Chicote Mendarozqueta

 

Gente que corre

Sali√≥ con lo puesto, bajando las escaleras de tres en tres. El legado rojo que le hab√≠a dejado el √ļltimo bofet√≥n en la mejilla le sirvi√≥ de impulso. Al llegar al portal, se fundi√≥ con una multitud que tambi√©n corr√≠a. Los gritos del hombre que la persegu√≠a embistieron in√ļtilmente la muralla movediza que avanzaba calle abajo. ¬ęQu√© extra√Īo atuendo para correr¬Ľ, pens√≥ el octogenario mientras contemplaba c√≥mo la mujer de mejillas encendidas le adelantaba. √Čl llevaba un a√Īo prepar√°ndose para aquello. Con cada zancada, el recuerdo del d√≠a que sali√≥ del hospital quedaba m√°s lejano. ‚ĒĬ°Un √ļltimo esfuerzo, que ya llegamos! ‚ĒÄse escuch√≥ una voz desde atr√°s. Aquel joven celebraba cada paso que le hab√≠a llevado a superar su adicci√≥n y a correr, por fin, la San Silvestre salmantina. Al terminar la carrera, todos llegaron al mismo lugar. Sin embargo, cada uno hab√≠a alcanzado una meta distinta.

# 98 Maria Andreea Pinzari

 

Solo un poco mas

La fatiga me mataba, pero deb√≠a seguir corriendo. Ya no quedaba nada para llegar al final de esto y poder decir finalmente que lo hab√≠a logrado por ella. Su sue√Īo siempre fue hacer esto juntas, pero ahora que ya no est√°. Yo har√© esto, yo correr√© la San Silvestre Salamantina, la que celebraba su pueblo. Ya no quedaba nada. Solo hab√≠a que correr un poco m√°s. Solo un poco m√°s.

# 97 GLORIA FERN√ĀNDEZ S√ĀNCHEZ

 

ME LLAMAN MINOTAURO

ME LLAMAN MINOTAURO Me llaman Minotauro y hoy vivo en un laberinto, no en Creta, sino entre las calles de Salamanca. Sus piedras ambarinas sustituyen la confusi√≥n de Cnosos. Hay dolor en mi pecho, por el desd√©n del mundo ante mi doble naturaleza. Por eso corr√≠ entre pasillos, rotondas y lucernarios. Hoy he salido a la calle, ya que Teseo me busca (o eso dicen en la Facultad de Cl√°sicas). Lo que nunca esper√© es esa masa enfervorecida, ni el af√°n de gloria que brota en m√≠. Jam√°s sacrifiqu√© a efebos y doncellas, como se cuenta, pues tengo compasi√≥n. Entre todos construimos una palestra y entrenamos con ah√≠nco. Quiz√° el d√≠a sea testigo de esta victoria, tras el esfuerzo de miles de a√Īos. Pues, aun viejo, los v√≠tores me elevan infinitamente, bajo el sol que tanto extra√Ī√©. **

# 96 María Monge Hermida

 

La locura de mi sue√Īo

‚Äú¬ŅEstoy loca? No, no creo; no puedo estarlo. Llevo so√Īando con el pistoletazo de salida suficiente tiempo como para saber que no estoy loca. Bueno, a lo mejor s√≠ lo estoy, pero ya no hay vuelta atr√°s‚Ķ¬Ņo s√≠?¬ŅQueda mucho? Dime que m√°s de cinco minutos; necesito ir al ba√Īo antes de empezar a correr, que ya ver√°s si no. ¬ŅTengo las zapatillas bien atadas? ¬°Ay, no lo s√©! ¬ŅQui√©n me mand√≥ apuntarme a esto? M√≠rales a todos, tan profesionales. Y yo... yo seguro que me caigo, o me tuerzo un tobillo, o mis piernas se paran a mit‚Ķ‚ÄĚ (Suena el pistoletazo y, a pesar de mi locura, corro entre los nervios y la multitud).

# 95 María Nieves Angulo Salazar

 

REINA DE LOS MARES

Lo supe durante mi estancia en la cl√≠nica. Envolviste mis piernas in√ļtiles en una manta y me anunciaste: ‚ÄēAhora eres una sirena. S√≠. Ahora soy una sirena, un pez fuera del agua, boqueando en un mundo hostil en el que mi vida anterior ya no tiene sentido. ¬ŅD√≥nde voy yo, infeliz reina de los siete mares, arrojada a una playa desconocida, entre los restos de mi naufragio: destartaladas ilusiones, sue√Īos rotos, las zapatillas de running que calzaba aquel fat√≠dico d√≠a, cuando las ruedas de un coche despistado me convirtieron en sirena‚Ķ? Te niegas a dejarte atraer por mis lastimeros cantos; no, no te estrellar√°s contra los arrecifes de mi pesimismo. En lugar de eso, el treinta y uno de diciembre me sit√ļas en la l√≠nea de salida, triste soberana en mi trono de ruedas: ‚ÄēAprende a respirar fuera de tu elemento ‚Äēordenas‚Äē. Conquista nuevos oc√©anos. Conquista una nueva meta‚Ķ

# 94 Fran Orom√≠ Vi√Īes

 

Latidos

Apenas unos pasos tras el disparo de salida y ya siento el poder incontrolable de los latidos. Un indescriptible motor en√©rgico que me pone totalmente en circulaci√≥n. Una fuerza inexplicable que no hab√≠a sentido nunca antes, y que me empuja un a√Īo m√°s a comenzar esta carrera. Y aunque el ritmo que llevo es m√°s lento y cadencioso que en anteriores ocasiones, tambi√©n es m√°s seguro; y mis pasos m√°s firmes. Noto mi pulso acelerado. La ropa ancha roz√°ndome la piel con cada zancada. Pero prosigo la marcha, m√°s aminorada que en pasadas ediciones. No tengo prisa. Y te toco. Te acaricio con la palma de mi mano. Sobre mi vientre, te siento: cerca, dentro. Y mientras sigo y sigo, mientras seguimos, recorremos, unidas, nuestra primera San Silvestre Salmantina juntas, hija. Y cuando me quiera dar cuenta divisar√©, a lo lejos, mi meta: al final del camino.

# 93 Miguel √Āngel Hermida Izquierdo

 

FARAUTE

Colegio San Estanislao de Kostka, Salamanca 31 de diciembre MMMCCCXXXV A.D. Es por ti, amigo; cada zancada, cada gota de sudor, cada l√°grima. Al paso del Puente Romano, la ribera y las catedrales, revive a este mortal en la historia pasada. La belleza del paisaje acelera las partes esenciales del esp√≠ritu ganador. Rollo, San Isidro, Delicias, Prosperidad, Canalejas y tantos otros rincones que nos atrapan y atomizan las barreras de este tiempo cada a√Īo. Tu alma impulsa mis zancadas, mi triunfo es el tuyo. En la piel tatuada perdura el c√≥digo de 1984 que tanto te gustaba contar. Fuiste el due√Īo de cada huella y casa de los sue√Īos. Viste; a la tropa de sandalias esquiv√°ndote, y piernas de este mundo cubiertas en piel y algod√≥n. Me dijiste que siempre te llevabas algo. O la huella o el sue√Īo. S. S. S.

# 92 Eider Larreategui Arana

 

Veni, vidi, vici

Recuerdo perfectamente, mientras corro, aquellas tardes oto√Īales color oro. Entre sorgo y cebada pasaban las horas al ritmo de nuestros tarareos. ‚ÄúSalamanca, la blanca, ¬Ņqui√©n te mantiene?‚ÄĚ dec√≠a √©l. ‚ÄúCuatro carboneritos que van y vienen‚ÄĚ dec√≠a yo. Los dos alegr√°bamos las callejuelas y balconadas del barrio al regresar con tesoros. Para cuando entr√°bamos en casa, abuela ya ten√≠a en la mesa un buen plato de chanfaina. El brindis, bendecido siempre, se hac√≠a recitando al un√≠sono ‚ÄúVeni, vidi, vici‚ÄĚ. Palabras m√°gicas que interconectar√≠an generaciones de por vida. Como bien me ense√Īaron, yo ense√Īar√©. Son las 23:50 del d√≠a de San Silvestre. Hago el recorrido yo sola. Sola no. √Čl viene conmigo. Miro a diestra y siniestra, al fin y al cabo, lo que voy a hacer es ilegal. Pero se lo promet√≠. Rezo en alto ‚Äúde Silvestre a Silvestre, bajo los ojos de Julio C√©sar. Veni, vidi, vici‚ÄĚ. Cenizas al aire.

# 91 Soraya Ratón Díaz

 

Quiero ver la San Silvestre

Pero hijo, si a ti no te gusta el deporte. Ya se por qué quieres ir: Para encontrarte con tus amigos Fran y Francisco, y copiar sus mejoras en tu silla de ruedas.

# 90 JOSE ANGEL MACHO BARRAGUES

 

LAS LLAVES

Salgo de Madrid con mis llaves como promet√≠ a mi abuela. Junto a gentes de La Armu√Īa, de la sierra de Francia y del campo charro acudimos a Salamanca para disfrutar de esta carrera. Esto empieza ya, la plaza mayor est√° engalanada hasta reventar. Al pasar por la fachada de la universidad salta la rana y nos saludo el astronauta. La casa de las conchas es un espectador m√°s entre el p√ļblico alentador. Los disfraces de los cientos de participantes adornan unas calles repletas a raudales. Llegamos al r√≠o Tormes por el puente romano, junto al toro y la higuera s√≠mbolos de nuestro escudo. Estoy llegando a la meta y estoy euf√≥rico, pensar en lo larga que ser√° la noche me da un soplo de aire puro. Por fin he cumplido, he completado 10 km para entregar mis llaves a la ciudad de mis sue√Īos en honor de mis abuelos.

# 89 David Vicente Hern√°ndez

 

Doce santos meses...

Empieza Santo Tom√°s de Aquino. Despu√©s San Valent√≠n. Sigue San Jos√©. M√°s tarde San Jorge. Llega San Fernando. Ya estamos en San Juan. Corre San Ferm√≠n. Luego San Roque. M√°s tarde San Mateo. Posteriormente Santa Teresa. El pen√ļltimo San Andr√©s. Y termina San Silvestre, Salmantina.

# 88 Ariadna Nogueras Clajer

 

Un salto a la igualdad

Siempre fui todo un campe√≥n en atletismo. Des de bien peque√Īo corr√≠a sin parar con el objetivo de quedar n√ļmero uno en el recorrido de San Silvestre Salmantina. Una noche, un coche choc√≥ con nuestro autom√≥vil y, desgraciadamente, perd√≠ la pierna derecha. Ca√≠ en una gran depresi√≥n hasta que, un d√≠a, supe que todo seguir√≠a igual si yo no hac√≠a algo para cambiarlo. Me prepar√© para completar el recorrido B: 1500m y lo logr√©. En ese momento entend√≠ que no hay nada imposible si lo intentas. La discapacidad no lograra cumplir mi gran sue√Īo: ser atleta.

# 87 Victor Hugo Acosta Miranda

 

Desafío personal

Desaf√≠o personal Los nervios y la ansiedad en la noche previa. El repaso del recorrido. El recuerdo de los kil√≥metros entrenados. Todo est√° listo. El calzado adecuado para amortiguar los impactos, ropa deportiva liviana y el hermoso dorsal. Hidrataci√≥n y comida adecuada para rendir lo mejor posible. Las ganas de competir, pero a su vez de compartir en un ambiente ameno. Conocer gente, divertirse y sonre√≠r. La necesidad de descansar, pero la cabeza no para. La necesidad de dormir es vital, pero todo vuelve una y otra vez. Repaso el recorrido, observo el calzado y la ropa por √ļltima vez. Chequeo la inscripci√≥n y la hora de largada. Sue√Īo con la carrera y me veo llegando a la meta. Me despierto, lleg√≥ el gran d√≠a. Un sue√Īo por cumplir, nueva experiencia por disfrutar. Est√° todo listo. ¬°Por un nuevo desaf√≠o personal!

# 86 María Ucher Tena

 

1984

Como cada a√Īo, se prepara para la carrera. Esta vez le pide ayuda a sus nietos para atarse los cordones. Es lo que tiene la edad. Se apoya en su hijo para llegar a la salida y recuerda la primera carrera en Prosperidad, Delicias, San Isidro y el Rollo. Hace casi cuarenta a√Īos. Nada que ver con la de gente que hay ahora. Se da la salida y el anciano se pone en marcha. Los dem√°s son m√°s √°giles, pero √©l al correr trota sobre sobre la historia. Por eso que cada zancada es un trueno. Cada gota de sudor, un rinc√≥n de Salamanca. Los suspiros contienen los gritos los que alguna vez animaron. Al cruzar la llegada, se agitan los edificios de la ciudad. Y desde el espacio, un punto luminoso ilumina por unos instantes todo el universo. Levanta los brazos.

# 85 Néstor Fabián Gautero

 

Corriendo se construye civilización

Cuando le dieron el n√ļmero 24 para su dorsal tuvo una epifan√≠a. Contempl√≥ millares de antorchas en el cielo. Supuso, que la m√°s brillante correspond√≠a al Papa Clemente qu√©, as√≠ como √©l mismo, hab√≠a tenido que lidiar con intrigas pol√≠ticas y conflictos b√©licos. Ser√≠a su primera carrera Salmantina. Sonre√≠a al saber que al cruzar la l√≠nea de meta qu√© era la del tiempo, honrar√≠a con el nuevo a√Īo los 23 de papado que supo tener el santo. S√≥lo se lamentaba por aquellos que hab√≠a dejado atr√°s, a m√°s de 7000 kmts, los que corr√≠an para esconderse, buscando salvar sus vidas en su patria natal. Correr√≠a en honor de todos ellos, pues el n√ļmero en su dorsal le recordaba demasiado aquel aciago d√≠a de febrero en que todo se perdi√≥. Correr√≠a como un ciudadano del mundo. Cada paso que diera, ser√≠a un paso m√°s en honor a la civilizaci√≥n.

# 84 Juan Carlos Salazar Novoa

 

En sus marcas...

Mi relaci√≥n con la San Silvestre Salmantina es, literalmente, de amor. En 1984, aunque me torc√≠ el tobillo y no llegu√© a la meta, seduje a Rosario mientras me inmovilizaba el pie con escayola. Trescientos sesenta y cinco d√≠as despu√©s, ya casado con ella, corr√≠ para celebrar el nacimiento de I√Īigo, mi primog√©nito. Sin embargo, al final de la tercera edici√≥n, fui sorprendido por mi esposa junto al verraco del puente romano, cuando besaba a Thais consol√°ndome por no haber ganado las veinte mil pesetas del premio. El ochenta y siete fue el a√Īo de mi primer divorcio, mi segundo matrimonio ‚Äďcon Thais‚Äď, y mi tercer lugar en el podio de la cuarta Salmantina. No he conseguido otros podios hasta ahora, pero voy por nueve casamientos, ocho separaciones y once hijos. Todo corriendo. Bel√©n, mi mujer actual, no me dejar√° mentir: esa carrera me inspira.

# 83 BEATRIZ

 

NUEVA SANSIL, NUEVO ATLETA

Soy Leng√ľeta, unas viejas zapatillas de atletismo. El Atletismo es el deporte rey, tiene historia, cultura y unos valores universales. ¬ŅConoces sus beneficios? ¬°Aumenta la capacidad pulmonar! La fecha de la San Silvestre salmantina est√° cerca. ¬ŅTenemos el dorsal? Seguro que la salida y meta es en el Paseo de San Antonio ¬°de eso no tengo ninguna duda! Espero que mis compa√Īeros pies aguanten sin lesiones y me lleven al parque, las zonas verdes me encantan. Pasaremos por calles asfaltadas, con adoquines, un puente romano y sobre el famoso r√≠o Duero con su vegetaci√≥n, canoas y patos. ¬ŅIr√° gente de la √©lite espa√Īola? Los entrenamientos que realizamos son duros y durante los √ļltimos meses m√°s constantes que nunca. Dicen que, aunque la mona se vista de seda, mona se queda, pero mi runner se ha comprado ropa deportiva nueva, era necesario y le apetec√≠a zapatillas tecnol√≥gicas... ¬°Nueva Sansil, nuevo atleta!

# 82 Maria Eugenia Jaramillo

 

Corre y vuela

Sentir el coraz√≥n delirante que empieza a palpitar al calzar la ligera zapatilla y poner en mi pecho el deseado dorsal. Con paso firme y confianza me dirijo al paseo de San Antonio, anhelando con cada zancada mi tiempo mejorar. Te encuentro entre la multitud, con tu acostumbrada actitud desafiante, me miras distra√≠da como si mi presencia no te importara. Con este desplante amada m√≠a, me entregas las alas que necesito hoy para correr sin temor a fracasar. Si acaso en el recorrido nos topamos te mirar√© de frente y desde lo m√°s profundo de mi ser te entregar√© mi dulce despedida. Vuela mi amada paloma que yo seguir√© adelante sin necesitar nunca m√°s tu compa√Ī√≠a.

# 81 Natividad Villar Martínez

 

CARRERAS QUE VULNERAN DESTINOS

¬°Corre, corre, no mires atr√°s! ¬°Que sus vastas manos no te alcancen!, es el soliloquio que Andrea emite sin descanso. Con su dorsal n√ļmero veinte, como los veinte a√Īos que ahora deja atr√°s, Andrea avanza por el recorrido, entre aplausos y v√≠tores del p√ļblico congregado, ella es sabedora de correr, aunque m√°s bien de huir, hoy correr√° pero sin miedo, por puro placer, por pura autoestima, por propia val√≠a, para demostrar al mundo, a√ļn m√°s a ella misma, que es capaz, que ha tomado la mejor decisi√≥n, que rompe con el pasado, con ese monstruo que aniquila todas sus ilusiones y ensombrece su talento. De pronto una excitaci√≥n recorre toda la espina dorsal de Andrea haci√©ndola salir de su ensimismamiento, alcanza r√°pido el m√≥vil, pincha en el enlace que le permite inscribirse en la treinta y ocho edici√≥n de la San Silvestre Salmantina, ¬°Ahora s√≠, ya no hay vuelta atr√°s!

# 80 Luis Francisco G√≥mez Ord√≥√Īez

 

La sima de los huesos

Agamen√≥n y Miguel√≥n se encontraron de frente con la bestia. El hambre que les un√≠a hicieron posible enfrentarle. Ten√≠an como arma mand√≠bulas de animales cazados que en su momento hab√≠an servido como abrigo y alimento; Esta vez sintieron miedo el rugido de la bestia sus afilados dientes y su actitud de lucha, sumado al hecho de que era la primera vez que la ve√≠an, hicieron que se replegaran. A paso lento fueron caminando hacia atr√°s sin quitar de encima la mirada al animal, en buen momento lo hicieron, pues la bestia envisti√≥ hacia ellos con total determinaci√≥n. Como nunca ¬ęCorrieron por sus vidas¬Ľ. Al d√≠a siguiente cuando la tormenta hab√≠a cesado, volvieron a la caza, las ganas de derrotar a la bestia fueron el motor de impulso, de nuevo corrieron, pero esta vez hacia adelante para imponerse y lograr el objetivo: todos podr√≠an comer y sobrevivir otro tiempo.

# 79 MAR√ćA DE LA VEGA RODR√ćGUEZ

 

LOLI

Loli se enfunda por fin sus mallas nuevas. Pronto dar√°n las diez y pasar√°n las dem√°s a buscarla. ¬ęLas chicas de oro¬Ľ, las llaman en el barrio. Por nada del mundo se perder√≠a un d√≠a como hoy, as√≠ que no puede encantarse: los veteranos salen a las 12.30. Han quedado tempranito para ponerse al d√≠a; hoy est√° prohibido hablar de penas. Cuando Juanjo la ve aparecer en el comedor de esa guisa, le suelta ¬ę¬°Pareces una rana, abuela!¬Ľ. Su marido, que todav√≠a va en pijama, le da la raz√≥n al chaval y sigue hojeando el ¬ęAs¬Ľ con aparente desgana. ¬ęEs que el verde es mi color favorito, el verde esperanza, ¬Ņverdad, Antonio?¬Ľ y le gui√Īa un ojo al nieto. Antonio la mira como si no llevaran m√°s de cincuenta a√Īos juntos, como si la acabara de conocer y, sonriendo con disimulo, se encoge de hombros. ¬ęSi t√ļ lo dices...¬Ľ.

# 78 Karolyn Valle Ocando

 

Vigor y anhelo

Tomo una gran bocanada de aire intentando calmar mi emoci√≥n y mis nervios, el d√≠a por fin ha llegado. El camino para llegar aqu√≠ fue arduo, sin descanso, practicando todos los d√≠as e intentar dar lo mejor de m√≠. Recuerdo las pr√°cticas, en las que intentaba superarme cada d√≠a. Recuerdo cuando el cansancio borboteaba en todo mi cuerpo, al mismo tiempo que mi fiereza resurg√≠a m√°s fuerte en mi esp√≠ritu. ¬ęEl deporte es lo que nos hace seres humanos¬Ľ, pensaba con ah√≠nco, talvez porque correr me hace sentir libre como el viento y como una fuerza imparable. Miro a los dem√°s y veo en sus ojos los mismos sentimientos de emoci√≥n y ansia. Simpatizo con ellos, porque, despu√©s de todo, no es solo la lucha lo que nos mueve, es la hermandad, el gusto y el amor por el deporte lo que nos ha unido a todos.

# 77 Jordi Rico Jordan

 

SENTIR

-Ya nac√≠ con ese don o maldici√≥n. V√≠ctima de acoso por parte de mis compa√Īeros de clase. Acostumbrada a correr, sin saber a d√≥nde ir. Era r√°pida, se me daba bien huir. Mi ilusi√≥n diaria era salir a correr con mi padre despu√©s de mis jornadas escolares. Era todo un sentir, paz, bienestar, dar un paso tras otro con firmeza, sin temor, olor a velocidad, aire en la cara, escuchar mi respiraci√≥n junto a la suya, protecci√≥n y libertad. El mejor d√≠a del a√Īo es la participaci√≥n en la San Silvestre de mi ciudad Salamanca. Siento un gran ambiente, muchas voces, pasos aglutinados, ritmos alternos al respirar, olores dispersos que var√≠an al pasar. Ese d√≠a es muy especial para m√≠ ya que mi madre viene con nosotros. Yo, como es normal, en el medio junto a ellos No puedo ver la meta, pero la siento al pasar.

# 76 Salvador Pulido Poyal

 

TERAPIA

Hac√≠a ya tres semanas que se march√≥ de casa. Tras seis a√Īos de relaci√≥n, el recuerdo que le quedaba de √©l se aferraba a su pecho en una respiraci√≥n descompasada y en el abrazo insomne de la noche. Hab√≠a tragado cantidades ingentes de pastillas recetadas, sin √©xito. En tres semanas hab√≠a hecho m√°s amigos en la farmacia que en la Universidad. Pero no se rend√≠a, volver√≠a a resurgir c√≥mo el Ave F√©nix. Sab√≠a de un antiguo remedio, lo hab√≠a escuchado desde siempre y estaba dispuesta a probarlo. As√≠ que tom√≥ su dorsal, lo peg√≥ en su camiseta, aunque se sent√≠a cansada estaba dispuesta a llegar a la meta. Sab√≠a que no hallar√≠a mejor terapia, al menos de momento, que correr en la San Silvestre salmantina. Comenz√≥ la carrera con la promesa velada de que aquella noche, finalmente conciliar√≠a el sue√Īo.

# 74 José Rodríguez Pérez

 

AMIGOS

¬°Que grande eres gordo! Samuel volvi√≥ hacia atr√°s la cabeza; su coraz√≥n -ya relajado- volv√≠a a latir con fuerza. Dani -con una amplia sonrisa- se alegraba por la buena carrera que hizo en la San Silvestre. Cinco a√Īos atr√°s, no eran tan amigos. Sin poder evitarlo, llegaron a su memoria unos recuerdos de esa √©poca; que se quedaron grabados de forma indeleble. Tampoco pudo evitar que se escaparan dos l√°grimas, que resbalaron lentamente por sus mejillas. Su amigo -un ni√Īo enjuto y agresivo- no paraba de acosarle, e incluso lo insultaba, llam√°ndole: ¬°Gordo imb√©cil! Aunque eso formaba parte del pasado; atr√°s quedaron sus complejos. El deporte lo hab√≠a convertido en un joven fuerte y atl√©tico. Se miraron durante unos segundos; en sus ojos no hab√≠a el menor atisbo de rencor; sellando su amistad con un sincero y afectuoso abrazo.

# 73 Omar Fernando Arg√ľello

 

Perseverancia

Se hab√≠a preparado como nunca y estaba listo: un a√Īo hab√≠a luchado contra las lesiones que lo hab√≠an perseguido desde la carrera anterior, en la que, por culpa de una ca√≠da, hab√≠a llegado a la meta rengueando y llorando desconsoladamente. Sab√≠a que volver√≠a, porque lo llevaba en la sangre: nunca hab√≠a faltado desde los diez a√Īos y esta ser√≠a su trig√©simo quinta carrera mezcl√°ndose entre los entusiastas corredores. Estaba seguro de que nada iba a poder imped√≠rselo, por m√°s que hubiera escuchado hasta el cansancio que ya no le daban ni el cuerpo ni las piernas para semejante distancia y que era una locura lo que quer√≠a hacer, despu√©s de lo que le hab√≠a pasado. Finalmente, el gran d√≠a lleg√≥‚Ķ Y sus hijos, que lo hab√≠an acompa√Īado, se sintieron muy orgullosos cuando dej√≥ las muletas junto a ellos y se perdi√≥ entre los corredores que esperaban la se√Īal de partida.

# 72 Salvador Pulido Poyal

 

TERAPIA

Hac√≠a ya tres semanas que se march√≥ de casa. Tras seis a√Īos de relaci√≥n, el recuerdo que le quedaba de √©l se aferraba a su pecho en una respiraci√≥n descompasada y en el abrazo insomne de la noche. Hab√≠a tragado cantidades ingentes de pastillas recetadas, sin √©xito. En tres semanas hab√≠a hecho m√°s amigos en la farmacia que en la Universidad. Pero no se rend√≠a, volver√≠a a resurgir c√≥mo el Ave F√©nix. Sab√≠a de un antiguo remedio, lo hab√≠a escuchado desde siempre y estaba dispuesta a probarlo. As√≠ que tom√≥ su dorsal y lo peg√≥ en su camiseta. Aunque se sent√≠a cansada estaba dispuesta a llegar a la meta. Sab√≠a que no hallar√≠a mejor terapia, al menos de momento, que correr en la San Silvestre Salmantina. Comenz√≥ la carrera con la promesa velada de que aquella noche, finalmente conciliar√≠a el sue√Īo.

# 71 Ignacio Barber√°n Garcia

 

Presión

‚Äú¬°Vamos Tom√°s, a ganar! Pap√° estar√≠a orgulloso, Mam√° lo est√° y Carmen. ¬°Voy a ganar! Soy el primer espa√Īol en la final ol√≠mpica de los 100 metros, todo el pa√≠s pendiente de m√≠ ahora mismo, y millones de espectadores, ¬°tengo que ganar! Llegu√© con la peor marca personal y la he pulverizado dos veces, ¬°puedo ganar!, lo siento en mis tripas. Portada en toda la prensa, pero ‚ÄúFavorito para quedar √ļltimo‚ÄĚ no es justo, ese periodista se va a comer sus palabras cuando est√© dando la vuelta al estadio con la bandera sobre los...‚ÄĚ - En sus marcas. ‚ÄúVamos Tom√°s, toca concentrarse. ¬ŅC√≥mo era? El terapeuta, dijo tantas cosas que no recuerdo casi nada. Respirar con toda la atenci√≥n puesta en el aire que entra y sale. Ten√≠a que haber empezado antes. Sentir la tensi√≥n en cada parte de mi cuerpo empezando por los pies, gemelos‚Ķ‚ÄĚ ¬°PUM! - ¬°MIERDA!

# 70 Rafa Olivares

 

TRAS LOS PASOS DE BENAVIDES

Hac√≠a mucho tiempo que no practicaba deporte, pero ahora estaba decidido a participar en la San Silvestre Salmantina. No pretend√≠a ponerse en forma, ni adelgazar, ni llevarse ning√ļn trofeo; nada de eso, lo iba a hacer por orgullo profesional y sentido del deber, y se conformaba con llegar cerca del se√Īor Benavides. Se prepar√≥ a conciencia. En sus horas libres, casi siempre de noche, se le pod√≠a ver haciendo series en la pista de atletismo o cogiendo fondo por la vereda del r√≠o, siempre con la mente puesta en poder soportar el ritmo del se√Īor Benavides. El d√≠a de la prueba, muchos corredores iban disfrazados, la mayor√≠a de Pap√° No√ęl. √Čl no, tampoco llevaba vestimenta de corredor, simplemente vest√≠a su uniforme de trabajo de todos los d√≠as. Consigui√≥ su objetivo, en la recta de meta todos pudieron ver a un se√Īor de frac justo detr√°s del famoso moroso Benavides.

# 69 Rubén Blanco García

 

Constantina Constante

‚ÄĒ¬°Oh, rayos, al fin! ‚ÄĒprofiri√≥ aquella ma√Īana, irrumpiendo en casa y arrojando al aire, uno tras otro, sus detestables zapatos de tac√≥n. ‚ÄĒ¬ŅYa est√°s de vuelta? ‚ÄĒchill√≥ Silvestre desde la habitaci√≥n. ‚ÄĒTina, est√°n a punto de llegar ‚ÄĒle avis√≥ prontamente mientras recog√≠a su blazer en el ropero del vest√≠bulo. ‚ÄĒ¬ŅQui√©nes? ‚ÄĒpatale√≥‚ÄĒ ¬ŅPor qu√©? Para la carrera de este a√Īo, los compa√Īeros del Club de Atletismo y dem√°s miembros de la comitiva habitual ‚ÄĒfamiliares y amigos‚ÄĒ hab√≠an decidido llevarla en volandas no s√≥lo durante los 10.000 m. del recorrido ‚ÄúD‚ÄĚ, sino tambi√©n desde la misma puerta de su domicilio hasta el Paseo de San Antonio. ‚ÄĒVenga, recoge todo ‚ÄĒle dijo apilando su pulsera, su m√≥vil y reuniendo sus mejores zapatillas‚ÄĒ. M√°s de 7.000 corredores de todas las edades y llegados de todos los puntos, tomaron las calles de Salamanca para disfrutar de una espl√©ndida jornada de deporte. Su marca‚Ķ 33:59.

# 68 Juan Antonio Melero Jimenez

 

ORGULLO

ORGULLO Mi rodilla clavada en el empedrado que se sent√≠a h√ļmedo no por el relente del d√≠a invernal sino por los cientos de a√Īos de historia. Pens√©, estuve apunto de caer, que poco falto, hubiera sido el culmen glorioso a ese final de a√Īo. Escuch√© su voz y levante la mirada, era muy joven, me estaba tendiendo la mano para que me incorporara, la acepte con gratitud y algo de orgullo de ver como las nuevas generaciones siguen siendo un ejemplo de deportividad. En su empuj√≥n sent√≠ el hermanamiento una vez m√°s de aquella carrera Salmantina. En ese momento lo tuve claro, los a√Īos que me queden seguir√© participando y podr√© continuar sinti√©ndome parte del futuro.

# 67 Carlos Gitrama Segovia

 

Mirada al frente

Cada historia tiene un por qué, y esta no es menos. Todos tenemos una motivación, la mía era huir. Huir de la soledad. Huir de mis pensamientos. Huir de mis miedos. La verdad es que la primera vez que decidí correr, tan solo podía pensar en mantener el corazón dentro de mi pecho, algo ridículo, si, pero funcionó. Innumerables son los motivos e incontables las historias que estos crean; aquí va una, y si tuviera una moraleja sería esta: con el tiempo todo se cura, y mientras corres, no miras atrás.

# 66 Maximiliano Sacrist√°n Bullo

 

La serpentina

Claro que antes hubo una noche de ansiedad en el hotel, de obligarse a dormir para mejor descansar. Claro que antes estuvo el ataviarse para la ocasi√≥n, la entrada en calor. Claro que antes fueron los colegas, los vecinos, muchos rostros en la ma√Īana salmantina. Claro que antes vivenciamos el entusiasmo por lo inminente: ser parte de la ceremonia. Despu√©s el cuerpo se transforma, el coraz√≥n se acelera y la adrenalina fluye: como una procesi√≥n de feligreses ansiosos, estamos corriendo. As√≠ se pasa la ciudad, la gente, las horas. Los m√ļsculos se metamorfosean en kil√≥metros. Ahora somos una sola mente, una serpentina multicolor que se derrama por el damero laber√≠ntico de las calles. Y ya cruzamos el Puente Romano, ya escalamos la Cuesta de Oviedo. Ya regresa el Paseo de San Antonio. Llega el resuello, la alegr√≠a por el esfuerzo recompensado. La serpentina comienza a disgregarse hasta el pr√≥ximo a√Īo.

# 65 Ana Isabel Rodríguez Vázquez

 

ABUELA A LA CARRERA

Si mi ni√Īo quiere correr, pu√©s yo tambi√©n corro. Corro a la cocina y dejo la masa fermentando, el lomo adobado, el jam√≥n, el chorizo‚Ķ Luego corro a esperarlo en la meta. El pobre llega entre los √ļltimos, pero all√≠ estoy yo para animarlo. Despu√©s corremos juntos a casa y le sirvo una buena raci√≥n de hornazo, para reponer fuerzas. Y, por fin, me echo una √ļltima carrera hasta el sof√°, y caigo rendida como si yo tambi√©n hubiera corrido la San Silvestre salmantina

# 64 Luis Angel Alburquerque S√°nchez

 

Futuro pasado

Futuro pasado es un concepto que te lleva a iniciar la carrera desde la meta hacia la salida. Suelta el bot√≥n de tu cron√≥metro, salta la l√≠nea de meta hacia atr√°s. Vuelve por tus zancadas, aplausos despegados, gritos de fuera para adentro, cierra el tap√≥n de la botella del agua, te ¬®des¬® tropiezas, de nuevo en la l√≠nea de salida, suelta los cordones de tus zapatillas. Y ahora, respira hondo, exhala e inhala. Mira a tu alrededor ¬Ņlo ves? ¬Ņtienes esa sensaci√≥n, ese escalofr√≠o, de formar parte de ello? ¬Ņestas sonriendo? ¬Ņsigues erguido emocionado? Piensan que eres un afortunado, pero no ven tu esfuerzo, ni tu sudor o tu sed. Ahora solo piensas en ello, en que lo lograste. En la meta, a ese momento, algunos lo llaman d√©j√° vu.

# 63 MAR√ćA DEL CORO CANTERA MANCH√ďN

 

COMO ESTRELLAS FUGACES

Una y otra vez pasabas junto a mi como una exhalaci√≥n. La mirada al frente, el ritmo de la pisada constante, nada parec√≠a hacer mella en tu firme determinaci√≥n, ni los gritos de los espectadores ni el tiempo fr√≠o que congelaba el aliento de los participantes. T√ļ, que siempre hab√≠a escogido la tranquilidad como emblema de tu vida diaria, te lanzabas ahora en pos de un destino que corr√≠a m√°s que t√ļ. La moneda hab√≠a sido lanzada al aire, y la suerte estaba echada desde el principio. En el √ļltimo giro antes de llegar a la meta volviste apenas un instante la mirada, y en tus ojos alcanc√© a ver c√≥mo tu vida entera pasaba fugazmente. El destino te jugaba una mala pasada, la victoria nunca estar√≠a a tu alcance, la meta se alejaba. T√ļ, mi h√©roe, siempre tendr√°s un lugar en el altar de quienes persiguen sue√Īos inalcanzables.

# 62 JOS√Č ANTONIO LOZANO RODR√ćGUEZ

 

SALIDA

SALIDA Salta, se agacha, trota a peque√Īos saltos, abre los brazos, los cierra, los vuelve a abrir, mueve el cuello, aspira hinchando sus pulmones, suelta el aire despacio, lo saborea, estira las piernas, dobla las rodillas contra sus muslos, rota sus tobillos, primero uno, r√°pido el otro, se despoja del ch√°ndal lentamente, poco a poco, se ajusta bien el pantal√≥n, tiene fr√≠o, levanta su cabeza, la baja, hace c√≠rculos con el cuello, abre la boca, mastica aire, es su propio vaho, se desplaza con peque√Īos pasos, tropieza con otro atleta, sonr√≠e, recibe otra sonrisa, mira hacia atr√°s, hacia cada lado, cierra los ojos, los aprieta, los vuelve a abrir, cruza la mirada con otros, mira hacia adelante, el fr√≠o parece sitiarlo, como a los dem√°s, se abraza a s√≠ mismo, se concentra mirando al suelo‚Ķ Por fin se oye el disparo. Por delante, el horizonte solo.

# 61 Laura Pilato Rodríguez

 

CAER EN GRACIA

La iglesia de San Benito necesitaba un tejado nuevo. El p√°rroco pidi√≥ la colaboraci√≥n de los feligreses, y, a cambio, se comprometi√≥ a ganar la San Silvestre salmantina. El d√≠a de la carrera se plant√≥ en la salida con su habitual sotana. Y con ella enzarzada entre las piernas, cruz√≥ la l√≠nea de meta, dando un monumental traspi√©. Ganar, no gan√≥, pero sali√≥ en todos los noticieros. Ma√Īana empiezan las obras.

# 60 CAROLINA RAMOS CANTERA

 

Anochece en la ciudad.

Corro porque me gusta el silencio, y la soledad que persigue mis pasos, uno a uno, sin descanso. Especialmente en invierno, cuando la nieve reci√©n ca√≠da amortigua el golpe de la suela de las zapatillas sobre la carretera. Esos d√≠as invernales, fr√≠os, y desangelados me levanto tan temprano como mis huesos ya envejecidos lo permiten. En esas cuestas de la Sierra de B√©jar soy inalcanzable. Hoy, 26 de diciembre, estoy aqu√≠, inm√≥vil, debajo de la pancarta con el r√≥tulo ‚Äúsalida‚ÄĚ en grande. ¬ŅEn qu√© momento pens√© que mi lugar era este, entre la multitud que inundaba hace unos instantes la avenida? ¬ŅC√≥mo me dej√© convencer sin ninguna oposici√≥n? Todav√≠a oigo el retumbar de miles de pies que golpean r√≠tmicamente el asfalto de la ciudad. Son titanes que tienen una misi√≥n que cumplir en la ciudad, la uni√≥n hace la fuerza. Yo regreso a mi monta√Īa querida.

# 59 Coradina Garcia

 

Correr contra el miedo

Marina sinti√≥ los latidos de su coraz√≥n en las sienes. Eso solo le ocurr√≠a cuando estaba al l√≠mite o cuando ten√≠a miedo. Lo primero, buscar su l√≠mite, era una sensaci√≥n que hab√≠a descubierto hac√≠a poco, desde que entrenaba carrera. Correr hasta que el aire le quemaba los pulmones era otro indicador de que estaba llegando al l√≠mite. Sin embargo, con cada zancada ganaba m√°s seguridad. Cada kil√≥metro le daba mayor libertad. Cada meta representaba un objetivo cumplido. Aquella ma√Īana en Salamanca, Marina contempl√≥ con una sonrisa el colorido de la ciudad. El aire helado mov√≠a los banderines del trazado. Mientras corr√≠a la San Silvestre, disfrut√≥ del calor del p√ļblico. Al ver a su marido entre la muchedumbre supo que los latidos en las sienes ya no eran por el miedo.

# 58 Yolanda Salguero Gonz√°lez

 

Triunfo asegurado

Triunfo asegurado A lo lejos los atletas visualizan la meta, cada vez m√°s cansados, son menos los que se adelantan, ya no compiten para ver quien es el m√°s veloz, ‚Äúsi no para ver quien es el m√°s aguerrido, el m√°s concentrado y el m√°s apasionado‚ÄĚ. La meta les juega una mala pasada, cada minuto que pasa los aleja m√°s de la pista, las piernas les pesan, los m√ļsculos se contraen y el cansancio se apodera del esfuerzo realizado. Corre el sudor ba√Īando los cuerpos deshidratados, pero el coraje, la garra y la pasi√≥n que llevan los competidores de la carrera de San Silvestre Salmantina se aferran al n√ļmero que los identifica como campeones. Eso es lo que caracteriza esta carrera, ‚ÄúQue todos llevan colgado el n√ļmero de triunfadores‚ÄĚ.

# 57 Gabriel Camero Martín

 

Corro

A pesar de ser consciente que el cord√≥n de la zapatilla est√° desatado solo puedo seguir en busca de una avenida que tarda en aparecer. Los √°rboles de un parque regalan cobijo a gorriones. Corro. El sudor vence la helada y tropiezo con cartones y sirenas. Adelanto al jolgorio de una abrigada charanga, esquivo una enorme bandera y a un tipo disfrazado de Papa Noel. Salto de una a otra esquina. Corro veloz. Sorteo una motocicleta al cruzar una calle, trastabill√°ndome. Me extra√Īa que nadie grite asustado al sentir mi correr desbocado, sobretodo cuando ya estoy tan cerca... me cuelo entre una ristra de gente y justo tras la valla aparece la silueta de Pap√° haciendo un grandioso esfuerzo continuado en su participaci√≥n en la gran prueba salmantina. He tenido la fortuna de llegar a tiempo para soltarle unas palabras de: !√Ānimo!

# 56 Marcos Di√©guez M√ļgica

 

El bajón

Tras la euforia, desazón. Superada la emoción tras triunfar en mi pasión,me vi idiota en casa, mirándome al espejo colgadas las medallas de maratón. Blanco pelo ya de canas y gris de ganas me tumbé en la cama y me dio el bajón. La presea ponía "Quijote Maratón y mi abdomen Sancho Panza. Habrá que buscar a Filipides en lontananza.

# 55 ESTEBAN TORRES SAGRA

 

LA OTRA SAN SILVESTRE

Soy de Salamanca, nacido y criado en el mismo centro de la ciudad. Hijo de Pedro y de Mar√≠a. Tercero de cuatro hermanos atletas con los que siempre rivalizo en todo. Empec√© a competir con y contra ellos en las sansilvestres, con este hace diez a√Īos ya. Como tengo una enfermedad que no me permite correr, ellos se solidarizan conmigo y nos apostamos a ver qui√©n es el m√°s r√°pido escribiendo. Cierto que nunca logr√© ser el primero, pero, aun as√≠, me consideran -y me considero- ganador moral desde que en dos mil diecinueve obtuve una menci√≥n especial en el certamen de microrrelatos.

# 54 Carmen Elena Rojas Mu√Īoz

 

CORAJE Y SUDOR

Suena el disparo y corro a todo pulm√≥n, en mi mente llevo ganarme la San Silvestre Salmantina 2022, mam√° siempre ha dicho que un Zeus soy, sin miedo yo vine a dejar mi sudor, aunque veo que el cielo se abri√≥, cayeron los dioses que buenos son, en mi mente me animo como un campe√≥n, llegando la informaci√≥n a mi coraz√≥n esto me activa como un rayo veloz; la meta siempre ha sido una ilusi√≥n y llevo dos a√Īos preparando mi participaci√≥n para dejar una huella, ganar experiencia y de paso satisfacci√≥n. La gente me anima que agradecido estoy, porque no me conocen y esperan en m√≠ un triunfador.

# 53 Patricia Romero López

 

La meta

Hay veces en las que me ato las zapatillas y sigo a mis compa√Īeros casi por inercia, sin darme cuenta de cada movimiento que hago antes de colocarme en la posici√≥n de salida. Pero hay otras ocasiones en las que me quedo solo en el vestuario, ante mi reflejo y me viene ese golpe de realidad que me hace darme cuenta de todo lo que hay antes de salir a la pista. La constancia de cada entreno, la motivaci√≥n de mi entrenador, el apoyo de mi familia, la ilusi√≥n de la victoria, la confianza de mis compa√Īeros, todo lo que implica que yo hoy este aqu√≠ me hace sentir ganador sin haber cruzado la linea de meta.

# 52 Mikel Hervas Trancho

 

Victoria épica

Oido en la radio: - Entrevistamos en exclusiva al ganador de la San Silvestre Salmantina de este a√Īo 2022: Emiliano Mart√≠n. Emiliano, ha sido una victoria √©pica, sobre todo teniendo en cuenta que hace una semana a√ļn no sab√≠as si quiera si ibas a poder participar por tener la pierna rota despu√©s de salvar a aquellos ni√Īos del terrible incendio de su orfanato. Desde luego con tu historia se podr√≠a hacer una pel√≠cula... -Bueno, gracias, pero tanto como una pel√≠cula no lo creo, como mucho un microrrelato.

# 51 María Isabel Vicente Díez

 

Homenaje

El tiempo era fr√≠o y una ligera niebla sub√≠a desde El Tormes cuando los corredores escucharon el disparo de salida. Todos salieron al galope para ir a encontrarse con la ciudad de la piedra franca que hoy se llenaba de fiesta. Corredores disfrazados, m√°s joviales y relajados, sabiendo que √©sta es la √ļltima del a√Īo. Aunque tambi√©n hay para quien es la primera de toda su vida. B√°rbara nunca se hab√≠a planteado correr una carrera tan larga, todo eran excusas: ‚ÄúHace fr√≠o‚ÄĚ, ‚ÄúHace demasiado calor‚ÄĚ, ‚ÄúMe asfixio subiendo las cuestas‚Ä̂Ķ Hasta que ley√≥ un reportaje sobre √©l, montado en su silla de ruedas, inspirando a los dem√°s para no rendirse, llevando su amor por el atletismo a todas partes. ‚ÄúGracias, Vicente‚ÄĚ, pens√≥ B√°rbara al cruzar la meta. ‚Äú¬°Eres grande!‚ÄĚ

# 50 Silvia Oller Jurado

 

Tras la noticia

Cuando se dio la se√Īal de salida empez√≥ a correr Voz. A su lado, Cotilleo sali√≥ como alma que le lleva el diablo. A Rumor le dol√≠a el tobillo pero sus amigos le hicieron correr. La carrera discurr√≠a. Chiste corr√≠a para alcanzarlos, pero fue Refr√°n quien los sobrepas√≥ a todos. Todos se quedaron at√≥nitos. Y √©ste corri√≥ en solitario gran parte de la carrera hasta la meta. Y como dice Refr√°n: los √ļltimos ser√°n los primeros.

# 49 KENZO

 

MAL PIE

Cuando son√≥ el disparo de salida, mis zapatillas salieron volando. Yo no. Correr descalzo no entraba dentro de mis planes. Fui tras ellas, hasta que las vi poniendo zancadillas y destrozando tobillos. ¬°Qu√© verg√ľenza jugar tan sucio! -pens√©. Imposible que un calzado que llevaba conmigo tres San Silvestres y cientos de entrenamientos, pisoteara a los adversarios en una carrera en la que tampoco importaba ser el m√°s r√°pido. Tard√© en darme cuenta de que persegu√≠an a la √ļnica palabra que estaba en todos los pies. Ganar. A m√≠ me ven√≠a grande. A√ļn as√≠ llegu√© el primero a la meta y tuve tiempo de observar quien llevaba mis pies dentro de sus zapatillas, con el n√ļmero equivocado.

# 48 CARMEN RUIZ RUIZ

 

LOCOS, CUERDOS

‚Äú¬°Herej√≠a! ¬°Herej√≠a! ¬°Dejad de perseguirlos, son cristianos!‚ÄĚ. Un se√Īor extravagante empuj√≥ al t√©cnico de megafon√≠a desposey√©ndole de aquel artilugio del demonio. Ahora emit√≠a gritos que inundaban el recorrido de la carrera. La seguridad del evento se dirigi√≥ hacia el templete con cara de pocos amigos. Vest√≠a una sotana blanca, ra√≠da y deslavada y en su cabeza llevaba una mitra papal confeccionada con retales. La mano libre sujetaba con fuerza un bast√≥n. ¬°Devolvedme mi b√°culo, botarates!, grit√≥, mientras lo reduc√≠an. El director del siqui√°trico lleg√≥ sol√≠cito. ‚ÄúHaga el favor de controlar a su interno. Todos los a√Īos, interrumpe la competici√≥n‚ÄĚ, le espet√≥ uno de los guardas. Constantino, el director, no contest√≥, se limit√≥ a subirlo al coche, mientras resonaba el griter√≠o de corredores llegando a la meta: ‚Äē ¬ŅSeguro que no son cristianos perseguidos? ¬ŅSeguro que me aclaman para convertirme en Santo? ‚ÄēSeguro, Silvestre. Palabra de Emperador‚Ķ

# 47 Fernando Robles Arz√ļ

 

San Silvestre milagroso

Como rel√°mpago, llega ‚Äúalgo fulminante‚ÄĚ, de entre atletas, voluntarios y p√ļblico, unos chispeantes ojos de lince entrecr√ļcense con los m√≠os. Brillantes esmeraldas, tras una mascarilla, insinuantes y so√Īadores. Corremos y deseo abrazar ese divino cuerpo, escuchar tu coraz√≥n, darte mis emociones, cataratas desbordantes, mas no puedo, te acompa√Īa √©l que, diligente te apoya. ¬ŅEst√°s sonrojado o p√°lido?, corres a m√≠ lado, como un rio de pensamientos de amar y ser amado, un juego de esgrima y la espera de la estocada en el alma, con la mirada. Quiero decir: Te amo, o√≠r de tus labios yo tambi√©n, m√°s una l√°grima emerge de la mascarilla, quisiera besar tus bellos ojos, alma de mi alma. Sudoroso, temblando, tienes fiebre, s√≠, Covid, te llevan al hospital, es nuestro triste adi√≥s, sin conocernos; a la ruleta hospitalaria, calle de la incertidumbre, del brazo amoroso de √©l, ¬ŅCorrer√°s con ella, la muerte? Seud√≥nimo: corredor triste

# 46 Pablo Moirón Velasco

 

Fidelidad anual

Severiano se enfund√≥ la bufanda al cuello, cogi√≥ su sombrero y enfil√≥ calle abajo a ver la salida de la San Silvestre. En ese momento, como cada a√Īo desde hac√≠a muchos; auxiliaba su memoria con recuerdos de aquel a√Īo ochenta y cuatro, cuando √©l y otros trescientos ochenta y ocho participantes recorrieron las calles de Salamanca con apenas p√ļblico y suscitando escaso inter√©s. Ahora la mayor√≠a iban pertrechados con esas moderneces en los pies, y se ve√≠an espoleados por la ruidosa algazara del gent√≠o. Su atenci√≥n se detuvo s√ļbitamente en unos brazos que se mov√≠an entre un crisol de cabezas y colores; los de su hijo y nietos. Infundi√©ndole gran ternura este gesto, correspondi√≥ el saludo; y haciendo gala de sus costumbres, sac√≥ del bolsillo una estampita de la Virgen de la Vega la cual bes√≥ repetidas veces, rogando mentalmente por una buena carrera quedando gozoso como unas pascuas.

# 45 Modes Lobato Marcos

 

LA FOTOS√ćNTESIS DEL AMOR

Esa ma√Īana, cientos de truenos resquebrajaban el manto del cielo. Pero ella, ajena al mar de electrones, corr√≠a en el parque de los Jesuitas, entrenando para la Sansil. Y, como todos los d√≠as, mis ra√≠ces temblaban de amor por esa mujer. Y el viento del norte, bailando un vals con mis hojas, susurraba su nombre desde la espesura. Y as√≠, sintiendo latidos de clorofila, lleg√≥ el 26 de diciembre. Y al bullicio de la carrera, le sigui√≥ un silencio ensordecedor. Y no volv√≠ a verla. Semanas m√°s tarde, un gorri√≥n me trin√≥ que, tras llegar primera a la meta, consigui√≥ una beca deportiva y se fue a vivir a otra ciudad. Entonces, arrasado por una galerna de pena, quise morir. Y me sequ√©. Hoy, meses despu√©s de ser talado, ya no queda savia bruta en mi interior. Pero mis c√≠rculos conc√©ntricos siguen derramando l√°grimas de savia enamorada.

# 44 Richard Marin

 

Y te veo correr, a la lejanía

Y te veo correr. Est√°s ah√≠, pasando cerca de M√©rida, justo donde nos conocimos. Y aguantas el cansancio. Y sigues a tu nieta, que ralentiza su paso para que puedas verla. Y Carmen y Juli√°n, del quinto, te saludan con la sonrisa que tanto les favorece. Y ah√≠ estar√≠a yo. Yo contigo. Solos, aunque con todos: amistades, familia y gente a√ļn por conocer. Y nos abrazar√≠amos al llegar. T√ļ te quejar√≠as de las rodillas y yo har√≠a la broma con la que te conquist√©: ¬ęEn Salamanca todo se aguanta¬Ľ. Y nos acercar√≠amos al restaurante Rabiot y comer√≠amos tu plato favorito, aunque revolviese mi est√≥mago. Caer√≠a la noche y nos reir√≠amos otra vez del bueno de Tom√°s, incapaz de acabar la San Silvestre Salmantina otro a√Īo m√°s, y el a√Īo pasar√≠a y el tiempo no nos alejar√≠a. Y, ahora, continuas con tu carrera y te veo correr, a la lejan√≠a.

# 43 Juanma Velasco Centelles

 

Debut contra pronóstico

La excitaci√≥n me desarbola. Y el recargamiento humano del paraje. Me sobrecoge asimismo la timidez del principiante. He preferido correr en solitario pese a la oferta de lazarillos. Caj√≥n 3. Dorsal muchos mil. Medio estiro. Apenas cinco minutos para el comienzo de mi primera Sansil como participante, m√°s de una decena como espectadora. Evoco las palabras del neur√≥logo y sonr√≠o. El hormigueo, como una radiaci√≥n de fondo, sigue acantonado en la pierna derecha. A mis 34 a√Īos debuto con la pretensi√≥n de reiterarme en sucesivas ediciones, pero el destino dicta sentencias con los ojos vendados. - Desaconsejo tu participaci√≥n. No podr√°s terminarla ‚Äď restallan ahora esas palabras en mi consciente temeroso ante la inminencia de la prueba. Pero se equivocaba. El diagn√≥stico, apenas tres meses atr√°s, de Parkinson prematuro ha vuelto implacable mi determinaci√≥n salmantina de concluir esta Sansil tan m√≠a ya. Arrecia un disparo. Me estremezco. No interviene el fr√≠o.

# 42 JOS√Č REINALDO POL GARC√ćA

 

LAS ZAPATILLAS SALMANTINAS

Mi abuelo era un hombre muy pulcro por eso me extra√Īo que un d√≠a entrara en su habitaci√≥n y lo encontrara calzando unas viejas zapatillas llenas de polvo . Gran contraste con su atuendo tan limpio, Le pregunto: ‚ÄĚ ¬ŅSufres s√≠ndrome de Di√≥genes?‚ÄĚ √Čl, sollozante , me explica: -‚ÄúEstas zapatillas son las salmantinas y, como en estos d√≠as se celebra esa carrera en esa ciudad, las tengo puestas en memoria de cuando participaba con ellas en esa grandiosa competici√≥n.‚ÄĚ Le comento: -‚Äú Muy bien, pero aguarda que te las cepille.‚ÄĚ Algo molesto contesta: -¬°‚ÄĚNooo! En esta suciedad radica el m√©rito. En sus suelas y telas est√° el polvo de aquellas calles y mi sudor . ‚Äú Bajando el tono dice: -‚Äú Pido en mi √ļltima carrera llevarlas puestas.‚ÄĚ Cuando muri√≥ se las calzamos .Hoy participo en esa carrera sabiendo que √©l tambi√©n corre a mi lado. .

# 41 L√°zaro Marco Salvador

 

LA DOMA

Hace a√Īos que corro La San Silvestre Salmantina, correr es mi pasi√≥n. No soy bueno, soy del mont√≥n, eso no importa. Soy feliz cuando corro. Conseguir terminar, mejorar, me produce una satisfacci√≥n que pocos entienden. Entreno duro. Hoy es un d√≠a especial, trascendente; pruebo algo nuevo y me est√° destrozando. Me digo y repito: soy fuerte y lo conseguir√©. Pero me vuelve a desmontar, a despedir, salgo por los aires. Me levanto de nuevo y vuelvo a subirme. Por muchas veces que me tire, por mucho que se encabrite, la acabar√© domando. Tengo las palmas de las manos llagadas, me duelen los brazos, pero no dejar√© que me venza. Pasar√© por los adoquines del Puente Romano cueste lo que cueste. Este a√Īo correr√© la San Silvestre, s√≠ o s√≠, montado en esta maldita silla de ruedas.

# 40 Luciano Rozo Casta√Īeda

 

MASTER

√Čl era todo un "Master" en el recorrido D, porque hab√≠a conquistado el tercer lugar en esa modalidad, el torneo anterior. Pero un tercer lugar en la prestigiosa San Silvestre Salmantina no era su mayor expectativa. ¬°√Čl ganar√≠a la justa, contra viento y marea! Hac√≠a diez a√Īos compet√≠a sin interrupci√≥n. Este sano deporte le ten√≠a en √≥ptimas condicione f√≠sicas. Cuando dieron la partida, todo el mundo qued√≥ asombrado. √Čl m√°s que nadie. Hab√≠a arrancado como un b√≥lido. Pero nadie vio lo que √©l sinti√≥. En lo profundo del tr√≠ceps sural derecho, algo como un pinchazo de alfiler se dej√≥ sentir. No era momento de pinchazos. En los primeros mil metros era una tromba en dos piernas. Sin embargo, finalizando los siete mil metros, el despiadado alfiler hundi√≥ los colmillos con sa√Īa entre su m√ļsculo. Faltaban quinientos metros. El alfiler mord√≠a furioso, inmisericorde. Cruz√≥ la meta gritando de dolor. ¬°Era campe√≥n!

# 39 Jesus Arroyo Cortez

 

Al ritmo de mis zapatos

Al ritmo de mis zapatos Lejos de toda posibilidad, Ismael no lograba detener las voces en su cerebro, una m√ļsica remota hacia cortina a su inusitado esfuerzo por no detenerse; parar, no siendo una deshonra, ni para el ni para nadie, supon√≠a una ca√≠da estrepitosa en su performance y continuidad de entrenamientos vespertinos, que junto a sus compa√Īeros, a manera de club informal, emprend√≠an todos los d√≠as en los campos aleda√Īos de la universidad polit√©cnica, eran v√≠nculos establecidos paso a paso, a√Īos, de franca fraternidad m√°s all√° del deporte; los adelantos le continuaban sin consideraci√≥n alguna, ca√≠an como mazazos en su moral sostenida por piernas que naufragaban en la obstinada trama de concluir, recobr√≥ las menguadas fuerzas en el anuncio de un Km para la meta, delirios de b√ļsqueda en los rec√≥nditos lugares de acopio, le condujeron a la l√≠nea final con residuos nimios para levantar los brazos.

# 38 ALBERTO MURIEL PINA

 

LIBERTAD SOBRE RUEDAS

<< Tres, dos, uno... >> Vamos a volar amiga. Hoy es un d√≠a especial; no hay muchos as√≠. Haz que todos los salmantinos vean la sonrisa que se dibuja en mi cara de oreja a oreja. Vamos a disfrutar como nadie de esta hora de libertad, sin escalones, sin farolas en medio de la acera, sin barreras arquitect√≥nicas de ning√ļn tipo. Nos lo merecemos. No podemos pinchar. Ay√ļdame una vez m√°s a demostrarle a mi hija que no se equivoca cuando me llama superh√©roe. No tengo capa, ni escudo, ni super poderes‚Ķ ni piernas. Los obst√°culos no son m√°s que una barrera que quiere frustrar mis prop√≥sitos, pero cuento con el poder de la determinaci√≥n y el coraje para saltarla. En mi vida, como en el deporte, hay subidas y bajadas; triunfos y derrotas f√≠sicas y mentales. Pero hoy tengo premio; el m√°s preciado me espera en la meta.

# 37 Maria Dolores Belmonte Flores

 

El fin de la carrera

Hace fr√≠o pero no lo noto, lo sent√≠a hace un rato cuando salimos todos juntos en un reba√Īo deseoso de expandirse, de buscar libertad como los hijos cuando crecen. Salimos corriendo hacia la meta para ganar y as√≠ saborear el triunfo y la recompensa del esfuerzo. La temperatura de mis m√ļsculos ,que intentan huir de la neblina que acompa√Īa la San Silvestre salmantina, me ayuda a acercarme a la llegada deseoso de abrazarme a la muchedumbre que nos aguarda, pero el dorsal 00567 aparece extraordinariamente de la nada y se acomoda delante m√≠o en el √ļltimo segundo. Atravieso la meta con la mirada perdida en la inercia y entonces, me invade de nuevo el fr√≠o que solo aquieta el abrigo de los que me quieren y esperan pacientemente para darme el calor que me falta y convertir mi decepci√≥n en victoria. Lo he conseguido.

# 36 Paula Ramos Cantera

 

El principio del fin

Lo ten√≠a todo para ser una gran campeona, ‚Äúla campeona m√°s joven de la historia‚ÄĚ, dec√≠a la prensa deportiva. Desde peque√Īa hab√≠a competido en grandes eventos; siempre en cabeza de todas las pruebas. ‚ÄúLe viene de familia‚ÄĚ dec√≠an todos con orgullo. Pero todav√≠a ten√≠a su gran reto, la San Silvestre. Ese d√≠a amaneci√≥ nublado, lo que ya era un mal presagio. Alba siempre hab√≠a estado muy atenta a esas se√Īales de la Naturaleza. Lleg√≥ temprano a la salida, de las primeras, muy concentrada. Los que estuvieron con ella atestiguan que su presencia impon√≠a respeto, ‚Äúseguro que no tiene rivales‚ÄĚ pensaron todos. Poco a poco la calle se fue llenando de participantes. Y son√≥ el disparo. Fue un momento m√°gico que escucharon todos los presentes. La marea humana sali√≥ como una exhalaci√≥n. Despu√©s de unos minutos se hizo el silencio, y sobre el asfalto s√≥lo permanec√≠a Alba, inm√≥vil, parec√≠a una estatua.

# 35 Alfonso Cabello Herencia

 

El médico de la San Silvestre

La noche anterior fue estresante, quiz√°s no la mejor manera de prepararse antes de una carrera exigente, la ambulancia trajo varios heridos por un accidente m√ļltiple en carretera. Era el m√©dico de guardia y lo dio todo por los maltrechos pacientes. Ahora tambi√©n lo daba todo, era mitad de recorrido e intentaba sacar fuerzas de flaqueza, esa parte en que recuperas fuerzas o terminas tirando la toalla. Se fij√≥ en un atleta que llevaba por delante, su ritmo era bueno e intentaba seguir su estela, como si de una liebre se tratase. Durante un tiempo la cosa iba bien, pero en alg√ļn momento, ese corredor comenz√≥ a tener problemas, corr√≠a en zigzag y acab√≥ cayendo a la calzada. En ese momento, la carrera fue otra, el atleta era un actor secundario a lomos del m√©dico. Le atendi√≥ r√°pidamente, primeros auxilios, llam√≥ la ambulancia y ya no importaba otra cosa.

# 34 JOS√Č MAR√ćA RAMOS SANTOS

 

Con el pie cambiado

Ese d√≠a era la primera vez que Ulises se calzaba unas deportivas; nunca hab√≠a practicado deporte, aunque todos pensaban que con ese nombre su destino deb√≠a de ser recorrer mundos, y para eso resultaban imprescindibles unas buenas piernas. S√≥lo su madre, que adem√°s de madre era sabia, dec√≠a que era mejor no tentar a la suerte, y que Ulises s√≥lo hubo uno y su hijo no pod√≠a llegarle a aut√©ntico Ulises ni a la altura del zancajo, todo lo m√°s ser√≠a una burda imitaci√≥n del aut√©ntico h√©roe griego. Pero Ulises se empe√Ī√≥ en su proyecto: Volar√≠a y demostrar√≠a a todos que su nombre reverdecer√≠a viejos laureles, los del Ulises m√≠tico. Son√≥ el silbato y nuestro Ulises sali√≥ raudo, pero apenas dio unos pasos, trastabill√≥ y cay√≥ al suelo, con tan mala fortuna que se fractur√≥ el menisco. Ah√≠ termin√≥ la breve carrera en el atletismo de nuestro bravo Ulises.

# 33 PASCUAL MART√ćN RUIZ

 

EL ABUELO BERNA

El abuelo Berna A√Īo tras a√Īo corro mi Sansil, m√°s pendiente del paso por el Puente Romano que del puesto que logre alcanzar en la clasificaci√≥n. A mitad del puente el abuelo Berna, con sus ochenta a√Īos a cuestas y de la mano la bolsita del s√ļper, estar√° esperando la llegada de su nieta preferida, servidora. Echar√° a correr apenas verme; lo alcanzar√© pronto y ah√≠ habr√© de bajar el ritmo. Saliendo del puente me ofrecer√° la rodajita de chorizo como siempre ¬ę‚Ķpara el camino, anda, no seas tonta¬Ľ. Se la rechazar√©. Un beso y adi√≥s. Contin√ļo mi carrera mientras √©l se queda all√≠, recordando feliz los tiempos idos. Cualquiera sabe las veces que habr√° cruzado por el puente a la carrera, cuando joven. Y no con una ligera bolsa de pl√°stico, sino con un saco al hombro. Le sigue haciendo ilusi√≥n aunque ya no haya fielato. Ni consumeros a los que sortear.

# 32 Ramón Ferreres Castell

 

Una carrera en paralelo

En cuanto se da la salida, pongo pies en polvorosa. No va a llegar a mi altura, llevo semanas prepar√°ndome. Giro la cabeza a la derecha y observo con tranquilidad que hay una distancia considerable. Consigo mantenerla hasta el ecuador de la carrera, cuando mis piernas comienzan a flaquear. Le pido fuerzas a San Silvestre, parece escuchar mis s√ļplicas; pero, a falta de trescientos metros, mi respiraci√≥n pierde fuelle. Ser√° la ansiedad de que se acerque, no quiero hacer el rid√≠culo ante Salamanca entera. Por suerte, consigo llegar antes, ¬°y primero! Al poco llega mam√°, exhausta, cargada con un botiqu√≠n, tres botellines, mi toalla... No s√© si estoy m√°s contento por ganar o por haber evitado su exagerada asistencia en carrera. Como me ha prometido que el a√Īo pr√≥ximo dejar√° de correr junto a las vallas del recorrido, le permito que me d√© un beso, delante de todos.

# 31 Carlos S√°nchez Reyes

 

Uno m√°s

Pistoletazo y los nervios se calman. Empiezo a correr y no miro ni el reloj. Antes me importaba la marca, el tiempo y el récord, pero desde que falleció Julián solo pienso en disfrutarlo, en volver a hacer todo aquello que nos gustaba hacer juntos. A David lo tengo detrás dándome ánimos, sabe que después del accidente todo esto lo hacemos porque estamos vivos. Siempre he llevado un ritmo mejor que él, pero está vez me deja ir a mi delante. Así que aquí vamos, dando zancadas, una, otra y otra más. Por delante cuarenta kilómetros para pensar y que mi pierna izquierda aguante todo el peso. La derecha ya no me dolerá más.

# 30 Alejandro Dario Restuccia

 

Preparados...listos..

PREPARADOS‚ĶLISTOS‚Ķ. En el kil√≥metro dos, su figura se perdi√≥ en la multitud an√≥nima y comenc√© a correr de manera inusitada, con vitalidad sin l√≠mites. Uno a uno, diez a diez, fui rebasando atletas y un simp√°tico alimoche al costado del camino, me miraba azorado. No hab√≠a sudor ni fatiga; apenas la incipiente taquicardia amenazante cuando el gent√≠o encubr√≠a su anatom√≠a del alcance de mis ojos. Bien sab√≠a yo que aquella sudadera grabada en mis retinas, el d√≠a de la inscripci√≥n y que no pude olvidar, estar√≠a camuflada en un arco iris multicolor disfrazado de borroso crep√ļsculo. Un raudo keniata, ante mi voracidad ganadora, debi√≥ apartarse en la instancia final. Abruptamente, alguien abri√≥ las ventanas de la habitaci√≥n y la luz prepotente me ceg√≥, cuando mi madre me espabil√≥ dejando el desayuno a mi lado, solo un rato antes de la largada.

# 29 Isabel Martínez Ruiz

 

Vuelta a casa

Llega diciembre. Llega el fr√≠o. Llega la Navidad. Llega la vuelta a casa. Hace ya 20 a√Īos que sal√≠ de mi ciudad, pero siempre regreso en estas fechas. Vuelta a Salamanca. Vuelta a mi casa de la infancia. Vuelta a correr por las calles donde me inici√© en este deporte, por las calles que me vieron crecer como deportista y como persona. Comienzan las fiestas, comienzan los reencuentros, comienza la carrera. Todo preparado desde la noche anterior: dorsal, zapatillas, ropa...auriculares no, los salmantinos somos √ļnicos animando, quiero escuchar a la ciudad. Disparo de salida, salida a los nervios, salida a la diversi√≥n, salida a la superaci√≥n. Y por fin, llegada a meta. Fin de la carrera, pero principio de la celebraci√≥n. Reencuentros con amigos, famoso ‚Äúrecovery‚ÄĚ en la Plaza Mayor, y vuelta a casa de la infancia a disfrutar de la familia. Hasta el pr√≥ximo a√Īo, San Silvestre Salmantina.

# 28 Hernando Striedinger Cepeda

 

A campo traviesa en el Cross

Jorge llegaba superar lesiones. Nadie ofrecer√≠a un c√©ntimo por su triunfo. Adem√°s su salida no ser√≠a ideal. La meta aun distaba. A media marcha apurando el paso despunt√≥ del lote. ¬°Remont√≥ posiciones!. Adelante corr√≠an peligrosos adversarios. El Et√≠ope famoso agarraba ventajas. ¬°Ello jam√°s baj√≥ sus √°nimos!. Sus postreros entrenamientos los efectu√≥ junto su pareja. De hecho pegada a la √ļltima bandera: ¬°esperaba ansiosa!. Quien iba al frente suyo se fundir√≠a. ¬°Quedaban cinco!. Pronto alg√ļn africano volte√≥. Mientras devoraba envidias lo super√≥. Otro sufriendo esguinces rod√≥. Ahora estaba entre los tres primeros. Alcanz√≥ a sollozar feliz tras igualar otro m√°s. Obstante el c√©lebre moreno ganaba terreno. Frunciendo burl√≥n sus abultados labios ... os√≥ observarle encima del hombro. Jorge con la respiraci√≥n volada mentalmente imaginar√≠a se hallaban al par. As√≠ desplegando gigantescos esfuerzos lo har√≠a realidad. ¬°Marta ruidosamente... aplaud√≠a aquello apote√≥sico suced√≠a!.

# 27 Jorge Aranz√°bal Fern√°ndez

 

√öltimos metros

Ya veo el final. Estoy exhausto, sin embargo, los aplausos del p√ļblico me impulsan a continuar. Los gritos de la muchedumbre estallan. Mi cuerpo libera endorfinas a la vez que mi agotado rostro se torna sonriente y euf√≥rico. Tengo los pelos de punta. Me siento como Fil√≠pides llegando a Esparta para anunciar la victoria helena.

# 26 Jes√ļs Franc√©s Due√Īas

 

Liturgia

La noche de antes siempre ceno ligero, me acuesto temprano pero duermo mal y poco. Confisco el chupete del ni√Īo, mi mejor amuleto, se pasa la noche llorando pero es un mal necesario, lavo las zapatillas, no as√≠ los calcetines, me corto las u√Īas, meto el dorsal debajo de la almohada, dejo preparada la playlist de las canciones √©picas, imagino el recorrido memorizado, planifico la estrategia con minuciosidad, cuento ovejitas maratonianas, rezo a San Silvestre un padrenuestro contrarreloj y sue√Īo que arc√°ngeles corredores me llevan en volandas. A la ma√Īana siguiente me levanto temprano, me doy una ducha templada, desayuno despacio y luego medito, saludo al sol y a mi mujer y a mis hijos, me visto, me ato las zapatillas con primorosa lazada, hago estiramientos y caliento antes de entrar en mi habitaci√≥n. Me siento delante del ordenador y siempre con la mano izquierda empiezo a escribir el microrrelato.

# 25 IVAN HUMANES BESP√ćN

 

NUNCA SE ACABA

Nuestra familia reparte las palabras de √°nimo en la Sansil. Nos levantamos temprano para dejar en cada rinc√≥n de las calles alientos de apoyo, aplausos de reconocimiento, la motivaci√≥n de los m√°s peque√Īos. Y cuando el Paseo de San Antonio tiembla al salir los corredores, esa semillas brotan de las aceras. Las palabras suben por el cuerpo de los asistentes, las palmas se instalan en las manos y las bocas gritan. En la Glorieta de la Charrer√≠a, pulgares al aire. En el Paseo del Rollo, las sonrisas. Y los corredores a lo suyo: la fantas√≠a de Salamanca en sus piernas imparables. Todos ganan. Nosotros los vemos desde nuestro balc√≥n del Paseo y lloramos de felicidad. Cuando la carrera acaba, volvemos a las calles. A recoger las semillas que plantamos. Pero siempre prefieren quedarse bien agarraditas en el alma de los corredores. Por eso nuestra labor nunca se acaba.

# 24 Daniel Altschuler

 

Mis zapatillas

Nos encontrábamos junto con otros cuerpos sudorosos, empujándonos unos a otros. Ya habíamos calentado y no podíamos dejar de movernos, parecíamos como uno de esos toros de lidia justo antes de entrar a la plaza. La carrera empezó y a medida que la multitud disminuía, empezamos a correr más rápido. Ella corría a mi lado, como debe ser, fue ella quien me había metido en este lío. Unos segundos yo la dejaba atrás, luego ella mí. Era la primera vez que corríamos sin nuestros siempre presentes seguidores, por lo que nos vimos obligadas a correr por las calles sin ninguna mirada de adoración que nos empujara hacia adelante. Hoy corríamos por el placer de terminar, por tenernos la una a la otra. Nunca estaba claro quién cruzaría primero la línea de meta. Si lo piensas, nadie piensa que correr se puede hacer en equipo. Mis zapatillas me dieron la lección.

# 23 Estefanía Jiménez Hernández

 

La carrera de la vida

Tras toda una vida en una carrera, ha llegado el momento de acabarla. Recuerdo cuando empec√© a dar los primeros pasos en la escuela. Unos a√Īos despu√©s comenc√© a salir a correr. Seguidamente particip√© en la San Silvestre Salmantina. No me gustaba competir, pero ver a tantas personas haciendo deporte era algo que me fascinaba. Llevo corriendo la carrera desde los diez hasta los cincuenta y cinco a√Īos. Con el paso de los a√Īos me fui deteriorando hasta llegar a este preciso momento en el que mi vida depend√≠a de una m√°quina. Ahora observo desde la ventana de mi casa, en el Paseo de San Antonio, como la gente va llegando a la meta. Yo tambi√©n estoy apunto de llegar a la meta de mi propia carrera. No s√© si ganar√©, pero no me importa. Porque lo importante no es ganar, sino llegar al final estando satisfecho con uno mismo.

# 22 Angel Saiz Mora

 

LA MODELO QUE NO ENSE√ĎABA LAS PIERNAS

Durante todo el recorrido urbano fue acompa√Īada por aplausos y voces que repet√≠an su nombre. Ella se emocionaba, pese a estar habituada a ser el centro de atenci√≥n en las pasarelas de moda. Eligi√≥ la San Silvestre Salmantina para formalizar un giro existencial. Hasta ese momento hab√≠a ocultado, por verg√ľenza, la piel de sus esbeltas extremidades inferiores, herramienta fundamental en su oficio, con vestidos largos o medias oscuras. Las mallas cortas revelaron un lunar enorme bajo su rodilla izquierda. Varias hormigas, rotuladas con gracia y habilidad, parec√≠an acercarse a esa mancha, que semejaba la entrada a su nido. Entrevistada en el Paseo de San Antonio, dijo que aprendi√≥ a dibujar en la Universidad de Salamanca, donde se hab√≠a graduado en Bellas Artes. Por aceptar sus imperfecciones, amor a la ciudad y al deporte, nadie discuti√≥ su elecci√≥n como musa de la carrera.

# 21 María varea Varea

 

Dicen que no podemos

DICEN QUE NO PODEMOS Quiero ense√Īarte desde antes de que puedas ver c√≥mo se puede disfrutar de la vida con los tuyos. La sansil ha sido siempre nuestra tradici√≥n, y ser√° tambi√©n la tuya si la descubres. M√°s de uno me ha llamado loca por apuntarme este a√Īo. Nuestro m√©dico me anim√≥ a hacerlo con una sonrisa emocionada en la cara. Vamos a correr esta carrera con la familia, c√≥mo cada a√Īo, ganemos o no, disfrutar es lo que cuenta. Sentir√°s emociones y sensaciones extra√Īas pero todas son buenas y te llegar√°, a trav√©s de mi, felicidad. Eso siento cada vez que participo en ella. Hoy compartiremos esto. Hoy corremos juntos, c√≥mo espero hacerlo el resto de la vida. Lo dedicaremos a esos que dicen que no podemos.

# 20 Mar√≠a Jes√ļs Sota Ortiz de Guinea

 

Ghosting

Ghosting Me vine arriba y le dije que s√≠: que ir√≠a con ella a la San Silvestre. Hubiera hecho lo que fuera por una cita con Lola. Fue as√≠ como cambi√© mis tardes de sof√° por duros entrenamientos, de m√°s de dos horas diarias, por plazas. parques y avenidas. Las mallas de colores, las camisetas de propaganda y un par de zapatillas de √ļltima generaci√≥n, se convirtieron en mi fondo de armario. Y lleg√≥ el gran d√≠a: Salamanca se mostraba espl√©ndida, preparada para cobijar bajo su manto lluvioso a cientos de alientos y dorsales, dispuestos a llegar a la meta. La aguard√© impaciente pero Lola no apareci√≥, y empec√© la carrera sin ella. Atraves√© con nostalgia las calles de mi infancia, los parques de mis juegos y, con el coraz√≥n a mil, llegu√© hasta la meta entre aplausos de gente desconocida que me reconfortaron el alma. Pero Lola no apareci√≥.

# 19 ISABEL GARC√ćA VI√ĎAO

 

POR TI

Despu√©s de haber entrenado durante todo el a√Īo, un golpe fuerte de los que da la vida cuando menos lo esperas deja a mi amigo rendido, sin √°nimo, sin esp√≠ritu de competir en la salmantina. La fortaleza de su cabeza es la que siempre ha dado fuerza a sus piernas en las pruebas deportivas. ¬ŅY, ahora, con el dorsal puesto, con el rev√©s de desamor que ha recibido, qu√©? Comienza la carrera. Repite: Por ti. Sus zancadas son r√°pidas y largas. Le embarga el des√°nimo. Pronuncia: Por ti. Aligera su carrera y en cada paso parece que vuela. Los pensamientos lo agobian. Manifiesta: Por ti. Suelta sudor y l√°grimas. La aflicci√≥n se instala con sus reflexiones. Grita: Por ti. Ve la meta y nadie a su lado. Se siente perdido en los laberintos que crean sus zozobras. Levanta los brazos. Su victoria son los abrazos de su amada.

# 18 Isaac Courel Valcarce

 

Cura de humildad

Yo, la verdad, quer√≠a ganar. Me sent√≠a preparado. Hab√≠a entrenado duro varios meses: cuando acababa mi trabajo en el taller, pasaba por casa, me pon√≠a el ch√°ndal e iba por la vereda del r√≠o hasta Huerta Otea o hasta la Aldehuela. Pim pam, pim pam. Buenos tiempos, buenas sensaciones. Lleg√≥ el d√≠a de la carrera y sal√≠ con fuerza. Al cruzar la Plaza Mayor iba en el grupeto de cabeza y unos guiris que tomaban caf√© en la terraza del Novelty nos aplaudieron. Pero al paso por Libreros elev√© la mirada y la visi√≥n de la rana sobre la calavera me dio mal fario. El Puente Romano se me hizo interminable; me descolgu√© de los m√°s r√°pidos y enseguida me empezaron a adelantar los seniors, los ni√Īos, las se√Īoras que iban de charleta y se hab√≠an inscrito s√≥lo por aportar a la causa. Intent√© al menos acabar: no fue posible.

# 17 Sofía Sánchez Moreno

 

√öLTIMO ESFUERZO

Mil pulmones quemaban, notaba la boca seca y r√≠gida. Ten√≠a la cara fr√≠a como el hielo, √°spera y dura. Mis piernas empezaban a quejarse, ardiendo por el esfuerzo. Con ese caracter√≠stico cosquilleo que recorre tus extremidades, como una ventisca de dolor que inunda cada m√ļsculo de tu cuerpo. Pero que soportas, porque es lo que tienes que hacer. Porque es lo que quieres hacer. Reconozco que estos √ļltimos meses no he preparado mi f√≠sico para la carrera, pero igualmente quer√≠a participar. Ya son 10 a√Īos los que no he fallado a la cita, acompa√Īado por mi padre y mi hermana. Miraba a mi alrededor y ve√≠a la ilusi√≥n en el rostro de los participantes, dando lo mejor de s√≠ para llegar a la meta victoriosos. Mir√© a mi hermana, con el disfraz de Blancanieves que siempre atesoraba para este d√≠a. Re√≠, tom√© aire y corr√≠.

# 16 MARCOS P√ČREZ BARREIRO

 

El encuentro de la virtud

El d√≠a de San Esteban me cruc√© con un fraile dominico, lo cual, revivi√≥ mi pasi√≥n por alcanzar la meta de una ciudad. Aquella que, estaba situada lejos de m√≠, pero que pronto ser√≠a el logro de mi vida. Porque hab√≠a llegado a Salamanca desde las postrimer√≠as de una ciudad que no me dec√≠a nada. Ni tan siquiera las virtudes de sus m√ļltiples defectos. Es decir, hab√≠a llegado a Salamanca con la sana intenci√≥n de limpiar un nombre gracias a la labor de su carrera anual. As√≠, sin detenerme a realizar vagas reflexiones de encuentros casuales, empap√© el sudor interno de la pasi√≥n y, comenc√© a entrenar. Nada ni nadie me importunaba, todo lo contrario, la afinidad compartida era tal que todo parec√≠a indicar que, por una vez, al final, iba a conseguir participar en una carrera en la que, mi peque√Īa intervenci√≥n, ser√≠a mi remisi√≥n absoluta.

# 15 Javier Del Val Gómez

 

Correr

Correr Desconozco la San Silvestre salmantina. Anta√Īo participaba en carreras. Hoy por mi condici√≥n de Cuidador no profesional y mi hartazo de pagar dorsales, me dedico a correr mi distancia (marat√≥n) en maratones que yo solo los corro (nadie me quiere acompa√Īar) y que yo Organizo. Siempre los gano. Pero puedo escribir sobre los buenos valores que me ha dado el correr y sobre todo la buena disposici√≥n de como me tomo la vida y la vivo. A esto a√Īadir√≠a el buen sentido del humor y el buen rollo que tengo entre mis amigos corredores. La gran mayor√≠a son de marat√≥n y ultrafondo. No conozco esto √ļltimo y pienso que hay coches. Corr√≠ un marat√≥n a 15 km de Zurich. Empieza justamente en la √ļltima campanada del a√Īo. Estuvieron dos horas tirando cohetes y petardos por ah√≠ en Suiza. Me com√≠ las uvas a las 5 de la ma√Īana.

# 14 Alejandro Emilio Ramírez Ravelo

 

El corredor y los aplausos.

Hace m√°s de cuatro kil√≥metros que me falta saliva. No importa cu√°ntos pomos de agua arrebate desesperadamente de los puntos de hidrataci√≥n. Dos segundos despu√©s de deshacerme del pl√°stico regresa la sequedad a mi boca y la necesidad apremiante de l√≠quidos. Mi vista est√° nublada y me pesan las piernas de una manera in√©dita... No recuerdo cu√°ndo dej√© de disfrutar las vistas de Salamanca... Ahora s√≥lo recuerdo los cientos de horas de entrenamiento y la ilusi√≥n tremenda de poder ganar la carrera y convertirme en un h√©roe para mi familia, para mi pueblo... ¬ŅY ese corredor?... ¬°No puedo permitirlo! ¬°Aprieta hombre! ¬°No dejar√© que me superes!... Es vano mi esfuerzo... No puedo con √©l... ¬ŅQu√© pasa? ¬ŅY ese estruendo? ¬ŅSon aplausos?... S√≠, ¬°son aplausos!... ¬ŅLa meta?...¬ŅPor qu√© me detienen? ¬°D√©jenme, por favor!... Ah, ¬Ņllegu√©?... ¬ŅLlegu√© en segundo lugar?... No estar√≠a mal......¬ŅEntre los √ļltimos?... ¬ŅPor qui√©n aplauden tantas personas?.

# 13 Alejandro Emilio Ramírez Ravelo

 

El corredor y los aplausos.

Hace m√°s de cuatro kil√≥metros que me falta saliva. No importa cu√°ntos pomos de agua arrebate desesperadamente de los puntos de hidrataci√≥n. Dos segundos despu√©s de deshacerme del pl√°stico regresa la resequez a mi boca y la necesidad apremiante de agua. Mi vista est√° nublada y me pesan las piernas de una manera in√©dita... No recuerdo cu√°ndo dej√© de disfrutar las vistas de Salamanca... Ahora s√≥lo recuerdo los cientos de horas de entrenamiento y la ilusi√≥n tremenda de poder ganar la carrera y convertirme en un h√©roe para mi familia, para mi pueblo... ¬ŅY ese corredor?... ¬°No puedo permitirlo! ¬°Aprieta hombre! ¬°No dejar√© que me superes!... Es vano mi esfuerzo... No puedo con √©l... ¬ŅQu√© pasa? ¬ŅY ese estruendo? ¬ŅSon aplausos?... S√≠, ¬°son aplausos!... ¬ŅLa meta?...¬ŅPor qu√© me detienen? ¬°D√©jenme, por favor!... Ah, ¬Ņllegu√©?... ¬ŅLlegu√© en segundo lugar?... No estar√≠a mal......¬ŅEntre los √ļltimos?... ¬ŅPor qui√©n aplauden tantas personas?.

# 12 Daniel jurado conejo

 

Acto de libertad

Cada vez somos m√°s presos de esta ef√≠mera vida que nos consume vorazmente por los problemas que ella nos trae desde anta√Īo, pero por muy duro que la vida arremeta siempre hay momentos en los que un rayo de luz nos ilumina atravesando la inmensa oscuridad que nos envuelve. Esa luz se llama Libertad, y no hay mayor sensaci√≥n de Libertad que correr sin rumbo fijo, el atleta que corre por la pista en c√≠rculos sabiendo que volver√° a punto de partida lo hace sin importar el resultado de su destino porque lo que le importa es el disfrute del camino, de la experiencia y de que cada paso que da, es un paso que decide, cada paso es su acto de Libertad

# 11 David Barrueco Robles

 

Mil maneras de so√Īar

Y cuando el despertador son√≥, ya sab√≠a todo lo que ten√≠a que hacer. Lo hab√≠a so√Īado una y mil veces. Se puso las zapatillas, cogi√≥ el dorsal y empez√≥ a correr por las calles de Salamanca, pero, lo que no pudo imaginar nunca, es cruzar la meta de aquella manera.

# 10 DAVID VILLAR CEMBELL√ćN

 

Miniaturas

Los corredores pasaron el Paseo de San Antonio y se adentraron en el Bulevar de San Francisco. Las calles estaban tachonadas de piezas de Lego, pero a nadie pareci√≥ sorprenderles. Dejando atr√°s Paraguay, pronto llegaron al Paseo del Rollo y de ah√≠ a la Plaza de San Antonio. ¬ŅEsa rotonda siempre hab√≠a sido un hula-hop? Sin tiempo para reflexionar sobre ello, los corredores prosiguieron ascendiendo las calles. ¬°Qu√© bonita luc√≠a Salamanca en esa √©poca del a√Īo con sus gominolas y sus nubes de az√ļcar! ¬°Y con qu√© algarab√≠a animaban los peluches! Sin aliento, los corredores de Playmobil casi pod√≠an divisar la meta cuando lleg√≥ Pikachu y les adelant√≥ como un rel√°mpago fugaz. ¬°Zum! Sobre la alfombra ganaba quien quer√≠a √©l, termin√≥ el ni√Īo su sansilvestre particular. Faltar√≠a m√°s.

# 9 MAR√ćA DOLORES MART√ćNEZ GEA

 

HILOS INVISIBLES

Cada final es el comienzo de una nueva historia, porque el destino entrelaza los caminos con hilos invisibles. En plena San Silvestre, un encuentro cambiaría la vida de esta chica al tropezar con un hombre ofreciéndole su mirada por unos segundos. Ha pasado mucho tiempo. Ahora aquella mujer le prepara la maleta a su hija para dirigirse a realizar la carrera popular que tanto le apasiona. Colocando la ropa, recuerda la pluma que encontró dentro de su propio equipaje y que siempre conservó. Se la entrega, es exactamente igual a la que un día le regaló su padre. Al marcharse de Salamanca, alguien la sujeta, ahora es ella la que acaba de tropezar con una persona.

# 8 Sara Lena Jiménez Tenorio

 

Triunfo Salmantino

¬°Empez√≥ la carrera! ¬ęConcentraci√≥n y estrategia¬Ľ, repet√≠a en mi mente. Mis m√ļsculos se pusieron en acci√≥n r√°pidamente. Fui la primera en salir y sent√≠ la victoria prematura en mis manos. ¬ęTodos anhelamos el primer lugar, pero solo uno lo conseguir√°¬Ľ. ¬ę¬°Guarda lo mejor para el final!¬Ľ Continu√© aconsej√°ndome. He entrenado por a√Īos y finalmente he llegado a la carrera de San Silvestre Salmantina. Cada ma√Īana me he levantado m√°s temprano que el sol para apoderarme de la pista. Nadie ha hecho una rutina m√°s exhaustiva que yo. Me aproxim√© a la meta ante la mirada de mi familia. Di mi m√°ximo esfuerzo, sorpresivamente, mis piernas se agarrotaron a pocos metros del final. Todo cambi√≥ despu√©s de enfermar de Covid, tuve que volver a empezar desde cero. Hoy la victoria ser√° m√°s humilde, pero no habr√° perdedores. Llegar a la meta me sabr√° a triunfo.

# 7 ANA BELEN BELTRAN CAMACHO

 

INFINITA

Infinita. Eso me parece esta fr√≠a noche de invierno. Cojo aire y respiro. El frescor del ambiente se penetra en mis pulmones y con una bocanada de aliento se adentra en m√≠. Percibo un calor poco com√ļn, una voz pr√≥xima que retumba como un estallido de potente ca√Ī√≥n; me dice que abra los ojos, que debo despertar. De repente, una silueta me observa de cerca, me roza y hasta puedo sentir su olor. Todo est√° borroso, me pregunto c√≥mo he llegado hasta aqu√≠, qui√©n es, qu√© hago con esta ropa puesta, qu√© hay detr√°s de todo esto... Pero, hay alguien m√°s. Una voz masculina, infinita, intermitente, dise√Īada para estar presente a la par que invisible; acompa√Īada de unos brazos que me envuelven, me levantan y me conducen al final del pasillo. Consigo abrir los ojos y, entre sollozos, me exalto y resurjo. Infinita, esa manera en la que todo comienza.

# 6 Esperanza Tirado Jiménez

 

Tentaciones

Me miran de reojo, me sonr√≠en, cada vez que paso me hacen una se√Īal nueva. Ayer con los cordones formaron corazoncitos para hacerme caer entre sus coloridas redes. Confieso que me gustan. Mucho. Y ellas, p√≠caras, que lo saben, siguen poni√©ndome ojitos. Pero las que tengo son tan buenas. Aunque no hayamos ganado nada, me cuesta decirles adi√≥s. Son viejas, pero c√≥modas. Hemos corrido mil y una veces estas calles, el paseo del r√≠o, la Plaza Mayor... Un a√Īo casi descubrieron la rana en la fachada de la Universidad; pero les met√≠ prisa, porque nos adelantaban y perd√≠amos posiciones. Ya sea de d√≠a, de noche, con fr√≠o, calor o diluviando, ellas forman parte de m√≠ caminar. Alg√ļn d√≠a cambiar√© mis viejas zapatillas. Pero en la carrera de este a√Īo no ceder√© a la tentaci√≥n por unos colores llamativos y un dise√Īo sostenible y ergon√≥mico. Ellas dos a√ļn me equilibran.

# 5 JAVIER V√ĀZQUEZ

 

HISTORIA DE LOS JUEGOS

Hay atletismo desde la antig√ľedad. Una vez, los atletas no rompieron ninguna marca de la competencia anterior. Los comentaristas lo atribuyeron a la mala preparaci√≥n, al clima, o a la falta de concentraci√≥n. Los deportistas se frustraron. Acordaron que, para la siguiente competencia, no se esforzar√≠an tanto. Si no hab√≠an logrado nada entrenando tan duro, no ten√≠an sentido volver a intentarlo. Peor todav√≠a, las marcas bajaron. La posterior competencia fue un desastre. Los corredores pesaban veinte, y hasta treinta kilos m√°s. Muchos no asistieron. Los comentaristas guardaron silencio. Los sponsors desaparecieron. Sin dinero, ni comentaristas, ni premios; los juegos fueron reemplazados. Ahora, los jugadores comandan una computadora, y compiten con rivales a distancia. Siempre hay nuevos records, m√°s sponsors, y mejor preparaci√≥n. Hay campeones millonarios reconocidos en el mundo. Los juegos de atletismo con el cuerpo son historia.

# 4 Gonzalo Prieto Barrera

 

EL DESCUIDO

Sorprendido por un fuerte sismo, sereno y sin inmutarse pereci√≥ m√°s llegando al cielo, feliz le enter√≥ a su progenitora del resto de sus logros terrenales que con su repentina muerte ella no particip√≥. -...madre tambi√©n fui doctor, presidente, fundador, fil√°ntropo, misionero, quirom√°ntico, sabio, sanador, mago, pacifista, conde, rey, poeta, astronauta, marinero, nobiliario, religioso... -¬ŅSabes qu√© hijo? - Replic√≥ su madre. - Te falt√≥ hacer lo m√°s importante... -¬ŅQu√© madre? -Correr.

# 3 Omar Rosa Gonz√°lez

 

Maratonista

MARATONISTA Se acercaban los juegos estudiantiles, para prepararnos, cada d√≠a, recorr√≠amos seis kil√≥metros o m√°s por aquellos naranjales y despu√©s a jugar baloncesto. Est√°bamos en forma. Lleg√≥ el momento de la competencia, ya en la pista donde correr√≠amos los 800 metros, observ√© los competidores: hab√≠a un negrito flaco y descomido, otro de la edad de mi t√≠o abuelo, una pareja que parec√≠an dos tortolitos, tambi√©n estaba un gordo bastante pasado de peso para esta especialidad. Al menos a este le gano, pens√©. Comenz√≥ la carrera y fue como cuando vas en un avi√≥n, parece que no te mueves. No me mov√≠a, los dem√°s s√≠. Los vi pasar por mi lado uno a uno. Entraron a la meta casi un minuto antes que yo. La premiaci√≥n fue as√≠: ‚ÄĘ Cuarto lugar: el abuelo de las pistas, ‚ÄĘ Tercer lugar compartido: tortolitos, ‚ÄĘ Segundo lugar: negrito descomido, ‚ÄĘ Primer lugar: Gordo.

# 2 Sergio de Dios Gonz√°lez

 

Recuerdos

La memoria es fr√°gil, lo que no impide que sea capaz de mantener perennes recuerdos que el asfalto rechaza. La memoria es coqueta, porque recupera mejor aquello que nos hace guapos. La memoria falla, como lo hacen los m√ļsculos de aquellos que ese d√≠a se tienen que quedar en tierra. Dentro de la memoria hay muchas memorias, igual que dentro de una carrera hay muchas carreras. La que se prepara, la que se sue√Īa, la que vemos cuando cerramos los ojos, y tambi√©n la que grabamos en nuestra memoria.

# 1 luis uriarte montero

 

urgencias

Cuando corr√≠a la San Silvestre me encontr√© mal, el clima era c√°lido para la √©poca del a√Īo, sudaba antes de correr y al comienzo me desmay√©, me llevaron ante un m√©dico de la carrera, me tom√≥ la tensi√≥n y cuando me iba a dar el resultado, me cont√≥ que estando en un hospital en urgencias, lleg√≥ un ni√Īo muy grave, hab√≠a sido atropellado por un coche el 31 de diciembre, de sus ojos cerrados cayeron unas l√°grimas y muri√≥; por fortuna, me recuper√© y no dej√© de pensar en la historia contada toda la noche.

 

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