Concurso microrrelatos

Edición - Año

XIII CONCURSO DE MICRORRELATOS "SAN SILVESTRE SALMANTINA"

El jurado del XIII concurso de microrrelatos San Silvestre Salmantina estuvo integrado por:

  • Daniel Escandell Montiel. Profesor de la Facultad de Filología de la Universidad de Salamanca. Presidente del Jurado.
  • Sigifredro Crego Martín, Profesor de Secundaria de Lengua y Literatura.
  • Alberto Marcos Guillén. Responsable de redes sociales institucionales de la Universidad de Salamanca.
  • Sofía Vicente Fiz. Bibliotecaria de la Universidad de Salamanca.
  • Jerónimo Hernández de Castro. Corredor veterano y funcionario de la Universidad de Salamanca, que actuó como secretario.

El jurado reconoció la excelente participación en esta XIII edición, en que no solo se mantiene la tendencia al alza de los relatos presentados cada año, sino que su número se ha incrementado de manera extraordinaria pasando de los 369 relatos de 2024, a los 611 de esta edición.
Otro aspecto significativo fue lo ajustado de las votaciones pues, en los puestos con derecho a premio en metálico, se produjo un triple empate entre los votos obtenidos y el número de jueces que los votaron, que tuvo que resolverse por el voto de calidad del profesor Escandell, presidente del jurado. Una muestra más de la igualdad en los relatos más valorados es el texto que merece la mención especial, que no consiguió entrar en el podio final por un solo voto de diferencia.
Se indican a continuación, los relatos destacados y la relación de otros que también obtuvieron votos del jurado. Su publicación en la revista, como se establece en las bases, queda condicionada al espacio disponible y que en esta edición se realizará exclusivamente en formato digital.

Primer premio

Segundo premio

Tercer premio

MENCIÓN ESPECIAL DEL JURADO

Relatos participantes

La Salmantina, La San Silvestre está de vuelta

Isabel Granero Iglesias

Esperamos con ansias la llegada de diciembre, el 28 es la fiesta elegida… Todos hemos trabajado duro: horas, días y meses de entrenamiento.
Lo hermoso de correr se conjuga con la belleza de la ciudad y si no se consigue ser el primero, no importa, disfrutar de la grandeza de Salamanca es en realidad el gran premio.

2418

José Luis Serrano Alcázar

Entre los siete mil dorsales apiñados en el Paseo de Canalejas, el azar me puso delante el 2418. Era el número con el que Daniel corrió su última carrera antes de que una curva en la carretera de Béjar dejara vacía la mitad de nuestro dormitorio. El hombre que lo llevaba era un desconocido, pero al pisar los sillares del Puente Romano, el aire del Tormes lo quebró con la misma saña de otros inviernos.

Lo vi doblarse contra el pretil, boqueando con el ahogo que años atrás nos obligaba a turnarnos el viento para no claudicar. Me adelanté dos zancadas y planté el cuerpo contra la ventisca para hacerle pantalla. No cruzamos una sola palabra. No me importaba quién era: necesitaba que aquel 2418 volviera a cruzar la meta.

El último dorsal

Luis Lexandel Pita Garcia

Me apunté a la San Silvestre por compromiso, no por vocación. Odio correr. Pero mi hermano insistió tanto que acepté. A los dos kilómetros ya quería parar. La gente animaba. Yo solo miraba el suelo. En la cuesta final, alguien me agarró del brazo. Era mi hermano, con su dorsal torcido y una sonrisa enorme. «No me dejes», dijo. Apreté los dientes. Cruzamos juntos. Al quitarle la capucha, vi su cara. Llevaba muerto desde octubre. Pero cada Nochevieja corre conmigo. No sé cómo hace para llevar el dorsal. Yo ya no pregunto. Mis amigos dicen que lo supere. Les contesto que correr es eso: no soltar la mano de quien ya no puede. Y hasta que suene la próxima salida.

La muerte al acecho

Sonia Di Marino de Núñez

La piedra dorada de Salamanca parecía encenderse bajo las luces de diciembre.
El aire frío bajaba hacia el Tormes y se colaba entre el casco antiguo.
El Puente Romano tendía su lomo de piedra sobre el río.
Los corredores con zapatillas fluorescentes y el vaho de la respiración suspendido en el aire.

Uno de ellos era diferente.
Llevaba túnica blanca, sandalias impropias para diciembre y un cansancio lejano.
Los vivos pensaron que era un disfraz. Los otros, una apuesta perdida.

Empezó a correr.

Avanzaba con una obstinación extraña, como quien no persigue una meta sino una hora.

—¿Primera vez?

El anciano sonrió.

—No exactamente.

Atravesó Salamanca entre aplausos y respiraciones agitadas. Miró el cielo. Pocos minutos para medianoche.

Aceleró.

Nadie entendió por qué.

Solo él sabía que llevaba siglos intentando ganar aquella carrera.

Porque cada 31 de diciembre, San Silvestre volvía a morir.

Y esta vez quería llegar antes.

Un T-rex en San Silvestre

María Isabel Parra Sánchez

El cavernícola se abrió camino dejando a todos estupefactos al verlo adelantar a la velocidad de un Looney Tunes mientras alababan su disfraz, verdaderamente realista.
Atrás, rugidos salidos del mismísimo Parque Jurásico y la visión de un T-rex pasando a su lado, helaron la sangre de los corredores. Parecían minúsculos ¿O, es que él era horriblemente grande?
El cavernícola miró atrás. Un nuevo rugido, le hizo acelerar. Y así, con una velocidad imposible, cruzó la línea de meta.
El nuevo ganador de la carrera atravesó el portal luminoso sin dudarlo un instante. Otro estallido de luz cegó a los presentes.
El cavernícola se derrumbó sobre la tierra agradeciendo estar de vuelta en su hogar pero:
¿Qué habría sido de la bestia?
—Noticia de última hora. Un T-Rex ha quedado segundo en la carrera de San Silvestre. El problema es que ahora no logramos que deje de celebrarlo destrozando la ciudad.

La Celebración

Verónica Graciela Bertazza

Sebastián corría con colegas médicos cuando vio a Antonio. Su andar y la pulsera hospitalaria
llamaron su atención.
—¿Cómo vas?
—Bien.
—Te veo algo flojito. Con esa pulserita no me hagas quedar mal, ¿eh?
—Esperé la SanSil todo el año. El año pasado me esguincé. ¿Te puedo acompañar?
—Sí.
—Entonces, ¿por qué corremos?
Una mujer:
—No sé para qué corro si después me duelen todos los huesos.
Otra se rió:
—Porque me encanta correr con frío.
Un corredor:
—Quizá encuentre novia.
—Pero si estás casado —le recordó su amigo.
—Bueno… que mi esposa no se entere.
Rieron.
Sebastián apuró el paso.
—¡Arriba, que por algo corremos, gente!
Antonio levantó la mirada.
—Porque hoy no estoy haciendo quimio.
Silencio. Después, aplausos, “¡olé!” y risas. Diez kilómetros de fiesta ambulante.
Al llegar, Antonio abrazó a Sebastián.
—Gracias.
Sebastián lo miró.
—Tú, con esa pulserita VIP involuntaria, ¿cómo no ibas a llegar?

Nacer lejos, volver siempre.

Alba Cortés Serrano

Yo no corro, pero cada Navidad me gusta ver correr a Salamanca.

Mi hijo y yo buscamos un hueco cerca del parque Picasso para ver la San Silvestre. Él mira los dorsales fascinado y yo sigo sin entender por qué.

—Algún día correré esta carrera —me dice entusiasmado.

Yo sonrío y miro alrededor.

Todo me resulta familiar, aunque haya personas que ya solo pueda encontrar en mis recuerdos. Entre comidas, paseos por el centro y reencuentros, Salamanca vuelve a recordarme por qué nunca he dejado de quererla.

Él nació en Valencia, pero aquí no parece un turista más. Conoce sus calles, disfruta de los pinchos y de cada regreso como si Salamanca le perteneciera.
Hay cosas que no se heredan con los apellidos ni los lugares de nacimiento, sino con las historias que contamos y las veces que decidimos volver.

Salamanca también se puede heredar sin haber nacido en ella.

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27 DE DICIEMBRE DE 2026