Buscador de tiempos

 

Introduce el dorsal a buscar, visualiza tu resultado y !DESCARGA TU DIPLOMA!

Buscar

Buscador de tiempos

 

Introduce el dorsal a buscar, visualiza tu resultado y ¡DESCARGA TU DIPLOMA!

Buscar

Patrocinadores

 

Ayuntamiento de Salamanca

Setel Grupo

Aljomar

La gaceta

Colegio San Estanislao de Kostka (Jesuitas)

Última noticia

 

X Concurso de Carteles "San Silvestre Salmantina"

X Concurso de Carteles

El jurado del X Concurso de Carteles "San Silvestre Salmantina 2017" ha decidido otorgar el premio a JOS√Č DAVID MORALES GARC√ćA (MURCIA), por el cartel titulado: ¬ďTodos a una¬Ē.Pueden consultar la i...

 

Inauguración de la Exposición: XXIII Concurso Fotográfico San Silvestre Salmantina

Inauguración de la Exposición: XXIII Concurso Fotográfico San Silvestre Salmantina

Estimados allegados de la San Silvestre: Os comunicamos que el jueves 6 de abril de 2017, a las 20.30 horas, en el C.M.I. JULI√ĀN S√ĀNCHEZ EL CHARRO (Plaza de la Concordia, s/n) inauguraremos ...

Microrrelatos presentados al IV Concurso "San Silvestre Salmantina"

 

# 170 Efren Mateo Santos

 

Las Plazas siempre estarán llenas.

Soy Ingra Parlade, descendiente de artistas dedicados en cuerpo a entretener al público más exigente y a veces un público crítico y sin conocimientos del arte. Pero algo está cambiando y mis sueños pueden hacerse realidad. Tal vez vivamos tranquilos. Gracias a “ellos” nuestras pesadillas desaparecen y son “ellos” los que ahora hacen aplaudir al público. Son “ellos” también los que sudan, sufren y corren como antes lo hacíamos nosotros y en las fiestas patronales de pueblos y ciudades nos han sustituido. “Ellos” son los runners y sus carreras populares. Hemos cambiado de plaza y la sangre ya no se derrama. Pero lo que debería ser una alegría se mezcla con una sensación de melancolía. Con tristeza me pregunto que será ahora de nuestra raza, de nuestro futuro y de nuestro apellido si, como parece, se acaba la fiesta nacional. El tiempo lo dirá. Firmado: Ingra Parlade, toro de lidia.

# 169 M.Carme Marí Vila

 

Por ti

Correr siempre fue tu gran pasi√≥n. Empezaste queriendo hacer algo de ejercicio tras la densa jornada en la oficina y acabaste haciendo de tus zapatillas un aliado indispensable. Quisiste transmitirme ese sentir en m√°s de una ocasi√≥n, sin mucho √©xito, es cierto. Hasta que lleg√≥ la lesi√≥n. Y not√© que ten√≠as m√°s roto el √°nimo que la pierna. As√≠ que me puse un ch√°ndal y cada d√≠a sal√≠a a correr empujando tu silla de ruedas. Cuando notabas el aire en la cara tu expresi√≥n cambiaba, perd√≠as esos pliegues a√Īadidos por la inmovilidad a tu frente. Me entren√© contigo cuando te recuperabas, con la idea de correr juntos la San Silvestre. Pero entonces lleg√≥ la maldita enfermedad que te dej√≥ postrado en la cama y ya no pod√≠a llevarte conmigo al ir a entrenar. Hoy correr√© por ti, y en el √ļltimo kil√≥metro empujar√© tu silla de ruedas vac√≠a.

# 168 Raquel Aldana Arnedo

 

√Črase una zapatilla que se enamor√≥ de otra

√Črase una zapatilla que se enamor√≥ de otra. Cuando sab√≠a que se iban a encontrar, com√≠a pasta, no beb√≠a alcohol y, si consegu√≠a dormir, lo hac√≠a con la sensaci√≥n de que cientos de mariposas revoloteaban en su interior. Suspiraba sin cesar mientras fantaseaba con un zapateo al son de sus latidos. Fuertes. R√°pidos. En√©rgicos. Impregnados de pasi√≥n disfrutada. Imaginaba como unos re√≠an, otros lloraban y los m√°s peque√Īos aplaud√≠an al ritmo de sus zancadas. Juntas. Al comp√°s. So√Īaba con ese momento en el que a nadie podr√≠a atrapar la indiferencia. O√≠a, en sus fantas√≠as, los √°nimos de grandes y peque√Īos. So√Īaba y so√Īaba... Y todos los d√≠as ensayaba su baile para que el ritmo de su coraz√≥n acompa√Īase a la melod√≠a de sus cordones enamorados, mientras disfrutaban de su cita sobre el asfalto de aquella enigm√°tica ciudad.

# 167 Elias D. Dana

 

Jos√©, ‚Äėel √ļltimo‚Äô.

As√≠ lo llaman los habituales de las carreras populares. A sus 78 a√Īos sigue recorriendo distintas localidades para participar en pruebas. Pero nunca ha ganado ninguna. Hace unos d√≠as que complet√≥ la de su ciudad natal, donde volvi√≥ a ser el zaguero de la competici√≥n. Cuando los periodistas locales le preguntaron c√≥mo se sent√≠a, Jos√©, mir√°ndolos con sus profundos ojos azules que parecen comprender todo, solamente contest√≥: -‚ÄúEstoy contento: llegu√© a mi meta. No es f√°cil conseguir ir despacio cuando todos quieren correr‚ÄĚ-. Y acto seguido, abraz√≥ otra vez a su nieto, el inseparable compa√Īero de carrera a cuyo par ‚Äėcorr√≠a‚Äô.

# 166 JOSEFINA SOLANO MALDONADO

 

EL RETO

Juli√°n Boscosa hab√≠a sido siempre un corredor nato. Recordaba aquellos d√≠as de infancia, cuando al salir de la escuela, corr√≠a hasta la carboner√≠a de la calle Bodegones para llevarle a su padre el almuerzo. Luego marchaba a las orillas del Tormes donde hac√≠a competiciones con otros ni√Īos. Siendo muchacho reservaba siempre unas horas para correr por la ciudad, h√°bito que mantuvo hasta la vejez. Al cumplir setenta a√Īos sufri√≥ un ictus cerebral que paraliz√≥ la mitad de su cuerpo. Sin embargo, no se dej√≥ abatir, y luch√≥ con ah√≠nco para recuperar la movilidad. Al principio caminaba como un ni√Īo peque√Īo, despu√©s de cinco a√Īos consigui√≥ correr de nuevo. Su reto personal era participar en la San Silvestre Salmantina. Cuanto atraves√≥ vencedor la meta, aquella ma√Īana de diciembre, pudo demostrarse a s√≠ mismo una vez m√°s que el √©xito estaba ligado al tes√≥n y al deseo personal de superaci√≥n.

# 165 M. Salvador Mu√Īoz

 

QUIEBRO AL INFIERNO

Mi ambici√≥n por ganar me aboca irremisiblemente a vender mi alma. El diablo acepta gustoso y sentencia: nada ni nadie lo impedir√°. Un escalofr√≠o me despierta bruscamente. Ha sido una pesadilla. La carrera est√° en su √ļltimo tercio, corro como nunca, mis piernas flotan y el cansancio no hace mella en m√≠. Por delante, cuatro. De repente, la pierna del corredor que me aventaja se dobla, el crujido me hiela la sangre. Veo, sorprendido, c√≥mo el tercero abandona la carrera gritando sin motivo aparente, y al segundo desplom√°ndose entre convulsiones. Solo un keniata se interpone en mi victoria. Pero, inesperadamente, su pie tropieza con la nada y cae al suelo. Entonces, recuerdo el sue√Īo y comprendo, un halo de cordura eriza mi piel, le ayudo a levantarse y cruza la meta. El keniata recibe su trofeo, yo recupero mi alma. El cielo oscurece de s√ļbito, un trueno retumba enfurecido. Sonr√≠o.

# 164 Alejandro de Dios Gonz√°lez

 

Aquellos en realidad eran entrenamientos

Mi padre quer√≠a que corriese, porque si ven√≠a al mundo tarde no podr√≠a llegar a ver el partido. Tard√© un par de goles y un penalti mal tirado en cumplir sus deseos. Despu√©s, mi padre sigui√≥ con el √≠mpetu por la velocidad para compensar los minutos de mi hermana frente al espejo. La primera vez que corr√≠ de verdad fue un verano en el pueblo, cuando adquir√≠ la edad suficiente como para llamar a las puertas y no quedarme mirando desde una distancia prudente. Tambi√©n recuerdo la primera vez que me lesione de gravedad en la rodilla y c√≥mo aquella postilla picaba por debajo del caparaz√≥n. Tambi√©n recuerdo mis a√Īos de carrera y todos los puestos de avituallamiento por los que pas√°bamos en una noche: uno cada 30 metros y en alguno repet√≠amos. Ahora, mientras espero en la planta de maternidad, veo un cartel con una huella pintada.

# 163 Francisco Lidón Plaza

 

El secreto

No entend√≠a por qu√© no dejaban correr al abuelo. Llevaba veinte a√Īos participando, nadie pod√≠a estar m√°s preparado. Ella, en cambio, era la primera vez que corr√≠a. Su padre le dijo que los m√©dicos le hab√≠an recomendado reposo y que no era prudente. Su abuelo la acompa√Ī√≥ hasta la l√≠nea de salida y la sigui√≥ con la mirada mientras se alejaba entre los corredores. Al d√≠a siguiente, llev√≥ a su abuelo al mismo lugar de la salida. ‚ÄúAhora estamos solos -le dijo- vamos a correr juntos‚ÄĚ. Y corrieron. Sus padres nunca se enteraron. Fue el secreto que guardaron entre los dos. El verano siguiente el c√°ncer le gan√≥ por fin la carrera a su abuelo. Ahora, cada vez que participa en una San Silvestre, y ya van diez, sabe que no importa la marca que haga, sabe, que lo que de verdad importa, es que nunca corre sola.

# 162 Norberto Molina Guerrero

 

LOS ATLETAS Y YO

El viento sacud√≠a mi rostro, ¬°all√≠ van! Dec√≠an unos ni√Īos, ¬°son los atletas! Volv√≠an a repetir, emocionados por los colores, los gestos, el gemido de los dolores producidos por el cansancio‚Ķ y se√Īalaban al de camiseta verde, al de camiseta naranja, y se quedaban absortos como si estuvieran viendo estrellas espaciales. El viento segu√≠a rozando fuerte mi rostro, eran los atletas a su paso. Y yo, yo estaba all√≠, al lado de los ni√Īos, pero record√© que deb√≠a cumplir una misi√≥n, era repartir bolsas de agua, ¬°ayudad con la causa! Les dije a los ni√Īos, que emocionados y valientes empezaron a colaborar conmigo, al final, no gan√© ninguna carrera, ni siquiera concurs√©, pero cumpl√≠ con una misi√≥n, debo decir, cumplimos con la misi√≥n, gracias al equipo de ni√Īos que me ayud√≥, y eso fue satisfacci√≥n a mi coraz√≥n.

# 161 Silvia Asensio García

 

Alea jacta est

Despu√©s de todo el oto√Īo entrenando duro seguro que mejoro mi puesto en la categor√≠a ‚ÄúVeteranos H‚ÄĚ del pasado a√Īo. Mis hijos me animan a pesar de mi avanzada edad aunque tienen miedo que me caiga y me rompa la cadera. Lleg√≥ por fin el d√≠a: Me he levantado temprano, he tomado un buen desayuno y me he puesto mis zapatillas de la suerte. Antonio me acaba de mandar un wasap para quedar antes y calentar un rato. Me monto en el ascensor y para mi sorpresa se queda parado entre el cuarto y el quinto, yo, que siempre bajo andando. Afino el o√≠do pero no se oye nada. ¬°Socorro, socorro! digo primero en un tono bajo, que voy poco a poco subiendo. Me siento rid√≠culo gritando, as√≠ que me callo. Intento llamar pero nadie me coge el m√≥vil, deben de estar todos prepar√°ndose para la carrera.

# 160 David Rabanillo Prado

 

Nuestra lucha interna

Cuando corremos, libramos una lucha interna entre dos fuerzas. Por un lado, la energ√≠a positiva que nos hace sacar lo mejor de nosotros, superaci√≥n, sacrificio, a darlo todo en cada kil√≥metro. La que nos empuja del sof√° y nos pone en la carretera. Por otro, el lado oscuro lleno de negatividad, cansancio, fatiga, lesiones. Es una lucha que tiene el corredor en cada competici√≥n. Y, ¬Ņcu√°l vencer√°? Aquella que alimentemos. Porque la carrera pone a cada uno en su sitio. Si has entrenado duro disfrutar√°s de ella, sino, sufrir√°s a cada paso. Porque correr es eso, una mezcla de dolor por la exigencia que le pides a tu cuerpo llev√°ndolo al l√≠mite mientras tus piernas te piden clemencia, las pulsaciones se disparan pero a√ļn as√≠ obedecen tu inquebrantable disciplina de sacrificio. Y de satisfacci√≥n cuando cruzas esa l√≠nea que hay al final del recorrido y que te lleva al √©xtasis.

# 159 Margarita del Brezo

 

META

Diez horas llevaba corriendo sin parar. Estaba exhausta y a punto de desfallecer y no consegu√≠a darle esquinazo. De nada hab√≠a servido deshacerse de su querida guada√Īa, cambiar su indumentaria negra por un ch√°ndal y un dorsal e introducirse entre los asistentes de la San Silvestre Salmantina para despistarlo. El suicida la persegu√≠a desesperado y estaba a punto de ganar.

# 158 Maria Jesus

 

el aliento

Corre, corre otro poquito m√°s, solo otro poco m√°s, sigue aunque sea cada vez m√°s lento, el aliento quema, te pesan las rodillas, pero sigue, solo queda la √ļltima cuesta, la de Comuneros, aqu√≠ hay cada vez m√°s gente viendo el final de la carrera, la gente te aplaude, te anima, -‚Äúvenga sigue! Ya no te queda nada!- -Vamos campeona, puedes hacerlo, puedes acabar- Aunque t√ļ solo ves de reojo que otro grupito de 3 te est√° adelantando, entre los √ļltimos y tu cada vez hay menos gente, otro de los grupos de disfrazados, los del barco vikingo gigante te est√°n adelantando, esos que encima van cargando con el dichoso barco que encima debe pesar lo suyo pues esos, tambi√©n te van a adelantar, luego dir√°n que lo importante es acabar, que te lo digan a ti, que ya sientes en la nuca el aliento de la ambulancia‚Ķ

# 157 √Āngel Pontones Moreno

 

Primer aniversario

Te he perdido en la curva de la Charrer√≠a, apenas hemos dejado atr√°s Puente Romano. Somos demasiada gente movi√©ndonos hacia un mismo punto y nuestras ganas se atropellan bajo el mismo sol del mediod√≠a, que nos protege las ideas del aire fresco que trae consigo el Tormes. Mientras evito a este y al otro, vuelvo la cabeza intentando distinguir tu dorsal que recuerdo llevaba unos y treses, y se me ocurre volver al a√Īo pasado, a la altura de San Isidro, donde te descubr√≠ y me encontraste, y ese momento me lleva a otros que me estremecen pues en ellos estuve a punto de no inscribirme. Es ahora, esper√°ndote y acusando la falta de costumbre que duele en los gemelos y se atasca en los pulmones, cuando por fin te veo, con un pie pisando la recta de meta de San Antonio, tu maravillosa sonrisa esper√°ndome.

# 156 Jose Ignacio Guerrero Vara

 

El dibujo del movimiento

Correr y dibujar. Es lo que hago desde que era un ni√Īo. Empec√© tropezando y emborronando cuartillas, luego entren√©, imit√© los gestos y las formas, y poco a poco, encontr√© mi estilo y mi deporte. Ninguno de ellos es mi profesi√≥n, pero dibujo y corro, y ambas actividades me llenan por completo. No hay miedos cuando dibujo o cuando corro, atr√°s quedan los problemas y las preocupaciones. Esta San Silvestre una lesi√≥n me impide correr, pero con el cuaderno y la plumilla siento que avanzo con todos los corredores. Dibujo la fiesta del compa√Īerismo y la amistad, la tensi√≥n del competidor, aboceto los disfraces y los gestos de esfuerzo. La zancada, el paso, el ritmo. Todo se mezcla sobre el papel, en el que intento captar el movimiento en un instante detenido. Alegr√≠a, valor y de triunfo. La tinta corre sobre carreteras blancas. Dibujar y correr. Razones para vivir.

# 155 Maite Ortega V√°zquez

 

Accidente

Nuestra historia empez√≥ unos seis meses antes de la carrera, cuando nos vimos en el parque y esa misma tarde volvimos a encontrarnos, cuando todos los d√≠as a la misma hora, hiciera el tiempo que hiciera, dej√≥ de ser una coincidencia. El d√≠a antes de que todo cambiara estuvimos cenando juntos. Entre las mariposas que se juntaron all√≠ estaba Murakami, Relatos salvajes y el marat√≥n de Valencia del a√Īo pasado. Por eso hoy, a pesar del dolor y la rabia que siento, me he puesto las zapatillas que me regalaste y correr√© para estar contigo.

# 154 Luis Alberto Martín

 

Un paso m√°s

Se agacha apoy√°ndose sobre las rodillas, la √ļltima cuesta le ha destrozado y todav√≠a quedan tres m√°s. Con el sudor manch√°ndole la camiseta, cayendo sobre los ojos y dejando un sabor salado en la boca, busca reanudar el paso. Tiene que seguir. Si no se esfuerza y pelea, si no es capaz de ir un paso m√°s all√°, no podr√° conseguirlo. Muchos de los que van a estar all√≠ son gacelas, gente con una velocidad que √©l no puede ni so√Īar. Pero llegar a ese nivel no es el objetivo; ya ha situado su propia meta, y para alcanzarla debe seguir entrenando. Las cuestas no son para tanto... Vamos, adelante, aunque a los cinco minutos te den ganas de dejarlo, aunque te duela todo el cuerpo, ya has conseguido terminar una carrera. El siguiente paso es... no llegar el √ļltimo.

# 153 Hermes Prous Collado

 

El deporte en familia ( o mejor no)

El desaf√≠o hab√≠a sido lanzado. Como previa a la Salmantina, las cu√Īadas, o lo que es lo mismo, el club de las corredores puretas, se retaron a una carrera al esprint. Ganaba la que primero daba una vuelta al claustro de estudios. Ah√≠ estaban en la l√≠nea de salida, con su particular vestimenta anacr√≥nica de los 80, de cuando correr se llamaba footing, calentadores y mu√Īequeras de los Boston Celtics incluidas. La se√Īal de inicio fue dada, Carros de fuego empez√≥ a sonar, los pies callosos y las piernas con varices trabajaron a todo ritmo. Las cu√Īadas dejaron de serlo para convertirse en sanas rivales. O no tan sanas. El resultado fue √©pico. Las dos, tir√°ndose del pelo en la tercera curva, no paraban de lanzarse reproches que llevaban a√Īos guardados. Para que despu√©s digan que ser Runner, no es solo un deporte sino un estilo de vida.

# 152 Tamara Jiménez García

 

El recorrido

‚ÄúPreparados‚Ķ, listos‚Ķ¬°YA!‚ÄĚ , as√≠ empezaba la carrera. Los hay quienes se han preparado durante meses y quienes vienen para romper con la monoton√≠a de otro d√≠a sedentario. ¬ŅQue d√≥nde me encuentro yo? Digamos que m√°s cerca de los primeros que de los segundos, aunque no es el deseo de superaci√≥n personal lo que me ha llevado hasta aqu√≠, sino una promesa. Te lo dije, hermano. Hoy es el d√≠a, y estoy aqu√≠, y correr√© hasta romper las barreras. Volar√©, ya lo ver√°s, y podremos encontrarnos de nuevo. ‚ÄúPreparados‚Ķ, listos‚Ķ¬°YA!‚ÄĚ. Cojo aire, y siento c√≥mo se inflan mis pulmones, c√≥mo me hierve la sangre a medida que voy dejando a m√°s personas atr√°s. ‚ÄúLa vida es como una carrera‚ÄĒpienso‚ÄĒ. Todos participamos y tenemos distintas metas, retos y recorridos. Todos corremos, tomamos diferentes caminos y nos tropezamos. √Čste es mi recorrido, y t√ļ sigues en √©l.‚ÄĚ

# 151 Karen Estefany Hern√°ndez Flores

 

GANAR O APRENDER

Mientras Alejandro cruzaba la meta se dijo: Tengo asegurada la victoria, esta vez s√≠ estar√© en el podio. Estaba entusiasmado porque hab√≠a llegado a finales. Era una persona con bastante confianza que incluso podr√≠a llam√°rsele presumido. Se alistaba para la siguiente carrera. Cre√≠a que estaba all√≠ para demostrarles a los dem√°s que √©l era un vencedor. Alejandro ya est√° en su carril. Ahora corre. Son dos personas que est√°n delante de √©l, as√≠ que acelera y logra alcanzarlos. Siente dolor en sus tobillos pero no importa esta vez corre m√°s fuerte y se ubica primero. Justo delante de √©l est√° la meta as√≠ que baja la velocidad por creerse vencedor, pero un compa√Īero lo sobrepasa en segundos. Alejandro queda en segundo lugar. S√≠ estaba en el podio, pero pudo obtener el oro de no haber sido por confiarse antes de tiempo. Tuvo la sensaci√≥n de derrota m√°s que de victoria.

# 150 Lara Su√°rez-Mira Reija

 

Tinta permanente

Corriendo y saltando me siento yo mismo. Libre. Huyendo de todos los problemas que amenazan en cualquier momento con asaltarme. Despego mis brazos del cuerpo e intento volar. En mi mente estoy en las nubes. Cual p√°jaro sin alas. Los m√ļsculos se agarrotan de todos los kil√≥metros que llevo recorridos. Perd√≠ la cuenta de cu√°ntos eran. Exhausto, me detengo a beber agua. A veces me siento como un ave enjaulada. Sin derecho a respirar. ¬ŅY qu√© es exactamente la libertad? ¬ŅUn t√©rmino? ¬ŅUna bella palabra de origen latino? No, la libertad es lo que sientes cuando corres. Cuando dejas que todo fluya y que nada influya. Eso es la libertad, el hermoso tatuaje que llevo dibujado con tinta permanente en mi costado izquierdo, el que cada vez que miro descubro un nuevo camino por recorrer, aquel que realmente me lleve a la liberaci√≥n.

# 149 José Enrique Medina Lopez

 

El arte de superar metas

La vista fija en la meta, la zancada larga, el pecho abombado, captando hasta la √ļltima brizna de ox√≠geno posible, en aquel esfuerzo supremo. Los clamores de un p√ļblico entusiasta se elevan hacia el azul cielo salmantino, en el que s√≥lo desentona un fino velo negro, que sobrevuela la escena, presagiando un mal augurio. Los trazos son firmes y precisos, pues ha tenido mucho tiempo √ļltimamente para dedicarse en cuerpo y alma a la pintura. Desde el ventanal domina toda la plaza, donde est√° situada la l√≠nea de meta. Tan solo se le resiste la sonrisa del vencedor, √©l ya apenas sonr√≠e. Desv√≠a un momento su atenci√≥n al abollado casco motero que reposa a su lado, y se recuesta triste en su fiel compa√Īera, la silla de ruedas. Pero por fin sonr√≠e y acaba el cuadro, pues tiene la certeza de que a partir de ahora todo ir√° sobre ruedas.

# 148 Roberto Porras de Arriba

 

El día siguiente

Quedan 57 días. Estoy decidida. Hoy mismo empiezo. La distancia es larga pero creo que puedo. Quedan treinta días, salgo sola. Mi marido y mi hijo hace días que ya no tienen fuerzas. El viento es frío, cada kilómetro se hace eterno. Quedan quince días. Cambié mi rutina y mi horario. Por el recorrido que he elegido, mujeres y hombres se encuentran, se hablan, siguen juntas. Vuelvo a creer que puedo. Llega el día. En la salida, gente que se saluda, sonríe y se abraza. Algunos, caminan serios, concentrados en lo que va a ocurrir. Hacemos el recorrido a buen ritmo. Llego al final, me apoyo en una amiga, sonrío. Es el día siguiente. Desde las ocho, ha empezado a aparecer gente en casa. Nos saludamos, abrazamos. Algunos caminan serios, concentrados en lo que va a ocurrir. Suena el timbre, me apoyo en una amiga. ¡¡SI SE PUEDE!!

# 147 Juan Sevillano Gacho

 

Atrapado

Ten√≠a tanta prisa por llegar, que el atajo que tom√© se convirti√≥ en laberinto y a√ļn hoy sigo buscando la salida.

# 146 Luis Saiz Vadillo

 

El hijo del viento

Entr√© volando en el Paseo de San Antonio, parec√≠a el hijo del viento, nada m√°s cruzar la meta ca√≠ de rodillas mientras el p√ļblico me aplaud√≠a y vitoreaba, r√°pidamente lleg√≥ gente de la organizaci√≥n,me ofrecieron una bebida isot√≥nica y me taparon con una manta como a los Africanos que ganan las maratones, todos me felicitaban y la muchedumbre segu√≠a aplaudi√©ndome, no pude por menos que hacer un gesto a modo de saludo cual actor de Hollywood para agradecer el apoyo. Las calles salmantinas me hab√≠an agotado, pensar que eran las mismas que recorr√≠a los jueves de juerga en mis a√Īos mozos, pero el esfuerzo hab√≠a merecido la pena, jam√°s olvidare el cari√Īo y la deportividad del p√ļblico y los dem√°s participantes. Seg√ļn me dijeron me hab√≠an aclamado m√°s a m√≠ que hab√≠a llegado el √ļltimo que al primero, pero mi objetivo estaba cumplido, hab√≠a logrado terminar la carrera.

# 145 CARLOS GONZALEZ MAZA

 

Incógnito

Ten√≠a que acabar la carrera. Era su buen prop√≥sito para este a√Īo al que s√≥lo le quedaban unos d√≠as. El traje de Pap√° Noel no era lo mejor para correr aunque se agradec√≠a ir abrigado en esa fr√≠a ma√Īana de Diciembre. Las horas extra que hab√≠a tenido que hacer un par de noches atr√°s pesaban m√°s con cada kil√≥metro pero no pensaba abandonar. Se acercaba a la meta, apenas le quedaban fuerzas, y entonces lo vio pegado a las vallas, chocando los cinco con los corredores. Parec√≠a mentira con qu√© poquita cosa disfrutaban los m√°s peque√Īos. Se acerc√≥ a √©l y le choc√≥ la mano, enfilando los √ļltimos metros con fuerzas renovadas por la sonrisa que le dedic√≥ el ni√Īo, a cuyos pies, sin darse cuenta, apareci√≥ el regalo que tanto hab√≠a deseado, mientras cruzaba la meta. Eligi√≥ esa carrera para poder pasar desapercibido, pero no pudo evitarlo.

# 144 Juan Carlos Quispe Perez

 

EL CAMPANARIO

Yo la o√≠ ta√Īer, yo la escuchar√© pla√Īir, y cuando toquen, cuando toquen como ahora est√°n tocando desde alg√ļn lugar lejano las campanas de un viejo pero sonoro campanario, muchos, muchos oir√°n que suenan, que retumban como jam√°s retumbaron otros a√Īos cuando el cielo era azul y el viento arrastraba algunos p√°jaros. Pero yo seguir√© corriendo; y en su busca aunque me digan loco ir√© como todos por el San silvestre; ellos tratando de llegar a la meta para sentirse bien y estar aliviados; mas yo para alcanzar la gloria de ver ante m√≠ a aquellos p√°jaros que en un poema olvidado un poeta descuidado dej√≥ sin terminar para que yo, alcanz√°ndolo, le d√© el punto final, y dejar as√≠ de escuchar despu√©s de a la meta llegado, a aquel sonoro y retumbante campanario.

# 143 Miguel Alfredo Quispe Perez

 

ESPERANZA

La paloma que de pronto entonces vi en el cielo azul no era como yo pens√©, lo s√© ahora, una paloma solamente; es la esperanza misma que detr√°s de unas nubes, me esperaba; yo la ve√≠a y ella me persegu√≠a. No pude m√°s; y cerrando los ojos porque ser veloz mas no pod√≠a, me aventur√© a correr con los ojos cerrados en este San Silvestre Salmantina, y he aqu√≠ que pas√≥ que no alcanz√≥ el cansancio a mi corrida. Sent√≠ que llegaba hasta el cielo y que volaba junto a esa paloma. Cuando menos lo pens√©, cerrado los ojos aun, me vi en la meta y me di con que hab√≠a esa tarde vencido a todos yo. Y vol√©, vol√© despu√©s como en un sue√Īo al firmamento; hacia otros senderos; y como vencedor en la Salmantina correr√© ahora entre los cielos, compitiendo contra los Elfos y los Dioses Griegos.

# 142 Carlos Santos Montero

 

El corredor

El corredor Las gradas repletas y el sudor como manantial humedeci√©ndome el cuerpo. Casi era un veterano del atletismo. Los cien metros, los mil, las carreras con relevo‚Ķ no deb√≠an preocuparme. Sin embargo, el cosquilleo en el est√≥mago permanec√≠a, mis ojos buscaban el punto en el cielo desde donde Zeus observaba con ce√Īo fruncido. Andrea tambi√©n me miraba alegre e inquieta desde el gent√≠o aunque no la viese. Ella prefer√≠a permanecer en el anonimato a ser v√≠ctima de los ataques period√≠sticos, acostumbrados a hurgar en la intimidad de las parejas. El nerviosismo crec√≠a a cada segundo, aunque conoc√≠a mi objetivo: correr, correr, correr por la pista con las piernas ligeras y los movimientos precisos, el torso hacia delante. Los consejos del entrenador resonaron al inicio de la carrera, en ese instante divis√© a mi Andrea: estaba al final de la pista, esper√°ndome con los brazos abiertos.

# 141 Sergio Alonso Criado

 

En el signo de Capricornio

Estoy inquieto. Lo reconozco. Adem√°s, no me relaja ver a tantos corredores y corredoras a m√≠ alrededor. A ellos, seguro, tampoco. Solo tengo un deseo‚Ķ, salir, correr relajado y llegar a la meta. ¬≠ Corro despacio al principio pero sin relajarme demasiado. No me preocupan los de delante, pero no dejo que me pasen. Avanzo m√°s deprisa y cada vez me encuentro mejor. Mi ritmo mejora y mi respiraci√≥n est√° acompasada. Quiero m√°s. Estoy disfrutando. S√© el recorrido de memoria: Salamanca es mi ciudad, pero se disfruta de manera distinta. La gente aplaude‚Ķ ¬°me aplauden! ¬°Te dan alas! ¬°L√°stima que el recorrido no sea m√°s largo! Veo la meta y aprieto. No miro nada, s√≥lo la pancarta a lo lejos y‚Ķ corro, corro, y corro, y‚Ķ ¬°por f√≠n, la cruzo! orgulloso. He vencido a mi angustia y ya me relajo. ‚Äď ¬°Pum! suena el disparo‚Ķ, abro los ojos‚Ķ ¬°y a correr!

# 140 Andrea Vila Almui√Īa

 

Rana veloz

Es verdad que la adrenalina se paga cara y que no es sencillo hallarla en pies ajenos. Será por eso que sólo pienso en tus besos cada vez que el sudor me penetra hasta las vértebras. O quizá se me asemeja esa sensación de ir volando al movimiento de nuestros cuerpos entrelazados. O quizá me he enamorado y mis huellas, asustadas, sólo intentan huir.

# 139 Alejo Rodríguez Valenzuela

 

Victorias personales

Unas zancadas m√°s hasta la Avenida de Portugal, otro kil√≥metro de avezado s√≠stole y de tenaz di√°stole en armon√≠a con el intermitente soporte tel√ļrico, en complicidad con los fugaces rostros locales y peregrinos y con las autoridades de granito, ladrillo e historia de un Patrimonio de la Humanidad por cuyas entra√Īas se abre paso el ritmo ecum√©nico de casi cinco mil prop√≥sitos del a√Īo agonizante; de la cura atl√©tica para la zozobra navide√Īa; de la pericia de aqu√©l que, muy adelantado para divisarlo, ya roza la gloria; de quien, detr√°s de m√≠, rezuma la pl√©tora de una salubre promesa cumplida; de la fidelidad del Veterano desde 1984, y de mi pecho aferrado a mi n√ļmero de Senior. La Plaza de Cuatro Caminos ya anuncia el Paseo de San Antonio, el ciclo completo de otra San Silvestre, de otro a√Īo de victoria ritual√≠stica, del trofeo del paisaje salmantino en mi rostro.

# 138 SONIA SAAVEDRA BOSQUE

 

Monólogo a dos bandas

-¬Ņ‚Ķy si no llego? -No, claro que llegas. ¬ŅDejar√°s de llegar? -Es que no puedo‚Ķ no puedo m√°s. -¬°T√ļ corre! S√≥lo corre. Calla y corre. -Es que a√ļn queda mucho. -Pues piensas en otra cosa y no te enteras. Adem√°s, tampoco queda tanto. -Es que me falta el aire‚Ķ -C√©ntrate en la respiraci√≥n. -Si me fijo en la respiraci√≥n, la fuerzo, ventilo demasiado y luego me entra flato. -¬°No, flato no! Ni lo menciones‚Ķ T√ļ respira como puedas. -Vale. -Venga, ya queda menos‚Ķ No pienses en nada. S√≥lo corre. No subas el ritmo si no puedes, pero tampoco lo bajes. -¬°Qu√© f√°cil es decirlo! -Haz lo que puedas. -Quiero llegar ya. -Cuanto m√°s r√°pido corras, antes llegar√°s. -¬°C√°llate ya! Lo que necesito es animarme‚Ķ -Bueno, pues t√ļ sabr√°s. Yo s√≥lo puedo decirte que no pares, que sigas corriendo. Y el corredor no dej√≥ de hablar consigo mismo. Y sigui√≥ corriendo‚Ķ

# 137 Miguel Penades

 

√öltimo a√Īo

Tensi√≥n. Sudor. Dolor. Solo estoy a la mitad, y ya estoy al l√≠mite. No deb√≠ repetir de turr√≥n ayer. Me duelen las piernas, a cada a√Īo m√°s viejo. A cada a√Īo m√°s duro. Un joven que me pasa como si nada. Podr√≠a abandonar. Argumentar que ya estoy mayor para esto. Podr√≠a irme en cualquier momento. M√°s sigo. Todos los a√Īos pienso lo mismo, y al final acabo. No, no me rendir√© hoy. No me rend√≠ las otras treinta y dos veces y no lo hare ahora. Mas mayor seguro, m√°s lento quiz√°s, pero rendirse jam√°s. Perseverante siempre. La meta est√° en el mismo lugar de siempre, la distancia es la misma. Al final llego. Y pienso que este es el √ļltimo a√Īo que me presento, que ya estoy mayor para estas cosas. Pero al llegar el a√Īo siguiente se me olvida y vuelvo a correr.

# 136 Marcos Rodríguez Plasencia

 

Una carrera de desahogo

Mart√≠n necesitaba huir de la realidad. El mundo se hab√≠a vuelto una locura durante el √ļltimo d√≠a. Su trabajo era muy estresante, hab√≠a discutido varias veces con su novia en la √ļltima semana y su familia se alejaba de √©l cada d√≠a m√°s. Mart√≠n decidi√≥ apuntarse a la San Silvestre Salmantina. Sab√≠a que era la manera de escapar de su vida por un tiempo. As√≠ que, se puso su malla y se lanz√≥ a la carrera. Una vez en la l√≠nea de salida, s√≥lo quer√≠a correr sin pensar en nada. Cada zancada era un momento de tranquilidad. A medida que avanzaba, la tranquilidad se apoderaba de √©l. As√≠ hasta que lleg√≥ a la meta. Ya no le importaba volver a casa y enfrentarse a su vida porque, en realidad, sus problemas no se iban con la distancia, sino con la carrera.

# 135 Eulin Elias Palma

 

Salamanca inolvidable

Participar en la San Silvestre Salmantina, m√°s que un reto, es un deseo de perpetuar la memoria de mi padre. √Čl me dec√≠a con orgullo ser de Salamanca y haber recorrido, en su infancia y adolescencia, todas esas calles por donde se realiza el recorrido de las distintas salidas. Un d√≠a, faltando varios meses para diciembre, mes en el que se realiza el evento, nos dijo emocionado: ‚ÄúVayan preparando sus maletas, porque vamos a Espa√Īa a participar en la carrera m√°s importante de mi vida‚ÄĚ Llegado el mes de las fiestas decembrinas de 1986, nos encontr√°bamos en el frente de la catedral de Salamanca cumpliendo una promesa que √©l hab√≠a hecho antes de partir a Venezuela, treinta a√Īos atr√°s. Y hoy, veinte a√Īos despu√©s, me encuentro de nuevo, pero sin mi querido padre, en Salamanca, dispuesto a hacerlo sentir orgulloso de su v√°stago.

# 134 Teresa √Ālvarez Gonz√°lez

 

Que te pillo

Nació corriendo. En un taxi que volaba a la maternidad. Corrió para que no le pegaran en el colegio. Corrió para que su madre no tuviese que huir. Corrió delante de los grises. Corrió, sin mirar atrás, hacia la emigración. Corrió para atrapar a su hija. Para coger trenes. Para llegar a ser jefe de su departamento. Corrió en los sanfermines. Corrió mucho para que no le alcanzase un cáncer. Y ahora que parecía que iba a parar, le han colocado un dorsal de la san silvestre salmantina y unas zapatillas fluorescentes. A correr, de nuevo. Cuando llegue a la meta , que levante los brazos, le grita el nieto.

# 133 Antonio Javier √Ālvarez Linares

 

Metamaratón

Con la sensaci√≥n de dolor en el dedo de la pierna derecha, emprenden la marcha esos peque√Īos seres asilvestrados que se atreven a extenderse como miles de peque√Īas agujas y se separan competitivos hacia alguna zona del pie hasta atenazarlo. Se estiran hacia el gemelo, dejando un numeroso pelot√≥n atr√°s, que continuar√° a ritmo lento pero constante, pierna arriba, y alcanzar√° m√°s tarde los muslos y caderas. Otro grupo de cabeza toma la delantera y recorre el tronco, los brazos, se avituallan con sus √ļltimas fuerzas en los pulmones; exhaustos, pasan volando por las arterias del coraz√≥n, y ya, con fuerzas m√≠nimas, alg√ļn aventajado de los escapados fluye a la boca, nariz, ojos, con la intenci√≥n de terminar en el cerebro del corredor de marat√≥n, que lucha solo contra todos ellos para no quedar atr√°s y conseguir llegar a la meta.

# 132 I√Īaki Garc√≠a √Ālvarez

 

TONTO EL √öLTIMO

No, se√Īor, ya le dije que s√≥lo estaba viendo las luces navide√Īas, que soy pastor y vivo en el monte, que era la primera vez que me escapaba a Salamanca. ¬ŅC√≥mo iba yo a saber por qu√© corr√≠a toda esa gente? De peque√Īo ya me ense√Īaron eso de, t√ļ si ves correr, corre y no te quedes el √ļltimo. Y luego, esos guardias, que empiezan a perseguirme, si yo nunca hice nada malo, de verdad. Y la gente me jaleaba; nunca en la vida me hab√≠an aplaudido, siempre lo que recib√≠ fueron palos. Y me acord√© de cuando peque√Īo, eso de tonto el √ļltimo, y corr√≠ y corr√≠. Y de repente que se me echan todos encima y comienzan a auparme; que si era el mejor, que si hab√≠a ganado la carrera, yo que nunca gan√© nada. Y se lo juro, se√Īor; no s√© qu√© fue lo que pas√≥ despu√©s.

# 131 Gusmar Carleix Sosa Crespo

 

Una historia de amor que nació en la San Silvestre Salamantina

Nos reuni√≥ la carrera San Silvestre. Una tradici√≥n nos convoc√≥ para que, bajo un mismo cielo, t√ļ y yo nos encontr√°semos. T√ļ, gacela ind√≥mita, ligera de pies, no sab√≠a yo qu√© tantos kil√≥metros hab√≠as recorrido en tu vida. Aficionada eterna del atletismo. Yo solo fui para pasar el mal sabor de los d√≠as ag√≥nicos que se acumularon. Fue Rom√°n quien me dijo ‚Äúve a correr, distr√°ete un rato‚ÄĚ. Y as√≠ me dej√© llevar por las calles salamantinas. T√ļ, en el Recorrido D, veterana femenina A; yo en el mismo Recorrido, veterano masculino B. Nos uni√≥ una meta, el Paseo San Antonio. All√≠ te vi por primera vez y en un instante curaste mi alma cansada de tanto correr por las veredas de la vida. ¬ŅQui√©n iba a pensar que la San Silvestre Salamantina ser√≠a el escenario para reencontrar el amor? Han pasado tres a√Īos, aqu√≠ vamos de nuevo a correr.

# 130 Noelia Tirado

 

Nos faltó el aire

Nos falt√≥ el aire, desde luego. Disfrutamos del viento que golpeaba nuestra cara, el sol que iluminaba las calles. Vimos a los dem√°s corredores poner todo su empe√Īo. Recuerdo que sent√≠a mis piernas pesadas, el dolor en el costado se hac√≠a insoportable y a penas el ox√≠geno entraba en mis pulmones, √©stos, exig√≠an mucho m√°s aire. Mi cuerpo me ped√≠a m√°s fuerza. A mitad de recorrido, no pensaba que pudiera llegar a la meta, mantener la segunda posici√≥n por la que hab√≠a luchado desde el minuto uno. No sab√≠a su nombre. Sin embargo, cada fibra de mi cuerpo se sinti√≥ aliviada cuando me agarr√≥ la mano y tir√≥ de m√≠ hasta la meta. Faltaban pocos metros. ¬ŅQui√©n pasar√≠a primero? Nos falt√≥ el aire cuando ambos, a dos metros de la meta, nos quedamos quietos, congelados. Apret√© los labios. Nos miramos. Hab√≠a sido nuestra primera carrera, pero no la √ļltima.

# 129 Lorena Barrionuevo

 

Joaquín

La ilusi√≥n de ganar el marat√≥n lo contentaba en cada entrenamiento y as√≠ deb√≠a de ser,para llevarle tambi√©n felicidad a su peque√Īo hijo como lo hab√≠an acordado.El d√≠a de la carrera Joaqu√≠n coloc√≥ en la mu√Īeca izquierda de su padre una cinta con un globo blanco y una carita feliz dibujada en √©ste-As√≠ podremos ganarla juntos-le expres√≥ con una sonrisa.Su padre con ojos h√ļmedos lo abraz√≥ fuerte y le bes√≥ en la frente dej√°ndolo luego en el regazo de su madre.Sab√≠a que deb√≠a ganar por ellos,por el premio y tambi√©n para quitar la miseria y el sabor amargo que hab√≠a en sus vidas.Al trote llor√≥ cuando se ubic√≥ primero y tambi√©n cuando observaba al globo acompa√Ī√°ndolo;ensanchado de felicidad por ganar premio y desaf√≠o,sabedor al fin que las pr√≥tesis para las piernas de Joaqu√≠n llegar√≠an como ellos tambi√©n a la meta.

# 128 DOMINGO RODR√ćGUEZ BARROSO

 

LA ETERNA ESPECTADORA

Lleva treinta y tres a√Īos queriendo participar en la carrera de esta capital que desde hace tanto tiempo es su hogar. Adem√°s, le entusiasma la actividad f√≠sica y su todav√≠a privilegiada complexi√≥n har√≠a de ella una de las veteranas favoritas para ganar la prueba. Pero tambi√©n lleva treinta y tres a√Īos dudando de la conveniencia o no de inscribirse y, de este modo, desvelar su secreto. Finalmente, tras sopesarlo, reconsidera que es mejor permanecer quieta encima de su calavera. Y es en esta posici√≥n cuando d√≠as despu√©s ve acercarse a una multitud de corredores. Pasan de largo, fugaces, centrados en su reto, y all√≠ se queda ella y su alegre tristeza siendo una edici√≥n m√°s la espectadora eterna de la ciudad.

# 127 Jorge Martin Tomé

 

Aprendiendo a correr

"Cuando veas a uno de estos, los del pelo blanco, p√©gate a √©l, te va a llevar sin que te des cuenta."."Pero, me est√° pasando un t√≠o de la edad de mi abuelo". Estos y parecidos comentarios se escuchan a nuestro paso lento, pero a ritmo creciente. Con respiraciones acompasadas y zancadas cortas y frecuentes, vamos adelantando atletas desde el final de carrera, donde a √©l le gusta comenzar. No hablamos, no hace falta. Aplausos y jaleos nos envuelven y avivan la cadencia de pisada. Diviso la meta al fondo del estrecho pasillo de p√ļblico, del que surgen arengas con su nombre. Un ligero frenazo antes de cruzar permite que yo entre antes que √©l, para despu√©s fundirnos en un abrazo. Tengo la suerte de aprender de su veteran√≠a en cada salida, y el honor de compartir esos atl√©ticos genes que me ha dejado en herencia. Gracias pap√°.

# 126 Sa√ļl Mart√≠n Fern√°ndez

 

SAN SILVESTRE. EL REENCUENTRO.

Ha sido el momento m√°s esperado del a√Īo, y el reencuentro no ha defraudado a nadie. Porque nadie se lo quiso perder. Tere, √Āngel, Francisco, Noelia, Marta, David, Clara, Rafa‚Ķ Todos acudieron a la reuni√≥n. Ni uno s√≥lo de los triunfitos y de las triunfitas de las primeras ediciones quiso faltar esta m√°gica cita. Risas, abrazos, recuerdos, an√©cdotas‚Ķ para todo hubo tiempo, pero sobre todo, como no, para hacer aquello que como un transparente cordel de seda les ha unido para siempre: Correr. Y esta vez, simplemente correr. Sin rivalidades. Sin egos. Correr por correr. Disfrutando del movimiento. Del momento. De la compa√Ī√≠a. Una San Silvestre m√°s.

# 125 Patricia Collazo Gonz√°lez

 

Otra carrera

Apag√≥ el despertador mucho antes de que sonara. Se desliz√≥ despacio fuera de la cama para no perturbar a la oscura figura extendida a su lado. Lo hizo por costumbre, porque en realidad sab√≠a que no despertar√≠a. Hurg√≥ en el fondo del caj√≥n y extrajo el dorsal. All√≠ hab√≠a permanecido oculto para que √©l no pudiera prohibirle participar. La sonrisa culpable se convirti√≥ en risa de satisfacci√≥n cuando se mir√≥ al espejo, preparada ya. Las mallas de color brillante que no ten√≠a permitido usar, el impensable top, las zapatillas reci√©n compradas. Acomod√≥ su pelo largo en una coleta. Us√≥ una capa precisa de maquillaje para disimular con maestr√≠a el √ļltimo golpe. Sabiendo que era exactamente eso: el √ļltimo. No se despidi√≥ del cuerpo inerte de la habitaci√≥n. Al salir de casa, el cielo de Salamanca le confirm√≥ que ese era el d√≠a. Ya pod√≠a correr su siguiente carrera.

# 124 Maria de la Luz Rodriguez Gonzalez

 

A UNOS METROS

Esa ma√Īana, c√≥mo tantas otras me prepar√© para la carrera. At√© mis zapatillas, empec√© a subir la cuesta.Sub√≠a, sub√≠a y volv√≠a a subir, antes de llegar a meta empez√≥ a faltarme el aire, a penas unos metros, ca√≠ desvanecido. Ma√Īana cambian la hora, seguro que es el d√≠a.

# 123 Iona Salvador

 

Los dos √ļltimos kil√≥metros

All√≠ estaba, un a√Īo m√°s participando en la carrera de San Silvestre Salmantina. Diez kil√≥metros que para Agust√≠n eran como una marat√≥n: sus cincuenta y dos a√Īos le pesaban pero se lo tomaba con filosof√≠a. Dejaba que los veintea√Īeros le adelantaran y √©l corr√≠a a su ritmo sin prisa. Eran ya quince a√Īos seguidos participando en la carrera y conoc√≠a a la perfecci√≥n qu√© kil√≥metros le hac√≠an sufrir m√°s pero tambi√©n cu√°les eran los m√°s m√°gicos: durante los √ļltimos dos kil√≥metros, su cuerpo se hab√≠a acostumbrado ya al cansancio y sent√≠a poco dolor. Cerraba los ojos. Pod√≠a hacer el recorrido de memoria. Le gustaba correr a ciegas y trasladarse a otro sitio: el desierto de Atacama , una jungla hawaiiana o un paisaje rocoso island√©s. Eran estos dos √ļltimos kil√≥metros que hac√≠an so√Īar a Agust√≠n. Era en este momento que se sent√≠a capaz de recorrer todo el mundo sin parar.

# 122 Rocío Martínez

 

Yo contra mí

Me persigue siempre. Hace exactamente lo mismo que yo aunque sé que desearía hacer justamente lo contrario. Por la noche no la veo pero sigue ahí, acechándome. Cuando se descuida, protegida por la oscuridad, la luz de una farola inesperada la descubre de nuevo. A veces se hace grande, parece tan poderosa que pienso que no me necesita, pero nunca se va. Entonces posa ante mí como un espejo juzgador replicando mis movimientos. Corro para escapar de ella, pero es imposible, es más rápida que yo. No sé cuánto más, porque no se despega de mí, pero sé que es capaz de ganarme a la carrera en cuanto le apetece. Pues a veces va detrás pero cuando va delante me esfuerzo para pasarla y no lo consigo, entonces acelero el paso, corro todo lo rápido que puedo, pero ella siempre es más rápida, justo un poco más rápida que yo.

# 121 Mar√≠a Jes√ļs Cuesta L√≥pez

 

La poción

Se acerca el d√≠a, y no me preocupa la ropa, ni el equipo t√©cnico. Habi√©ndolo usado bajo sol y luna, sobre c√©sped y asfalto, con calores sofocantes y fr√≠os g√©lidos, conf√≠o. Hoy me preocupa la poci√≥n. Porque a pesar de la belleza de las piedras que escoltar√°n el camino; del calor de las gentes que alentar√°n nuestro esfuerzo; del recuerdo de la triunfante sensaci√≥n al atravesar la l√≠nea de meta‚Ķ A pesar de todo, llegar√° ese momento, justo antes de una cuesta, en curva o recta, en el que necesitaremos la poci√≥n. Ese conjuro m√°gico que rellena el dep√≥sito cuando cuerpo y mente dicen ‚ÄúPara‚ÄĚ. La poci√≥n es un hijo o una madre; es un trabajo o una enfermedad; es un amigo o un recuerdo; es un sue√Īo o un reto. Pero sin poci√≥n, no hay carrera, por buenas que sean las zapatillas. Hoy me preocupa la poci√≥n. Ma√Īana corremos.

# 120 J.S.

 

Din√°micos

Los corredores nos apelotonamos en la l√≠nea de salida. Somos tan diferentes los unos de los otros que parecemos el p√ļblico de un programa de televisi√≥n casposo. Hay hombres y mujeres a partes iguales. Las edades, entre los veintipocos y los sesenta. Algunos vamos en ch√°ndal, y otros, en traje sastre. La tensi√≥n domina el ambiente. Nos miramos recelosos. Pero nadie opina ni pregunta. Qu√© querr√°n‚Ķ ¬ŅQue peleemos como energ√ļmenos por alcanzar uno de los primeros puestos? ¬ŅQue hagamos lo posible por llegar de los √ļltimos? ¬ŅO que seamos creativos y corramos a la pata coja o haciendo piruetas? Es que sin saber de qu√© va el puesto ofertado es imposible averiguarlo... Pero 1000 euros netos al mes y tickets restaurante es el mejor de los trofeos. Por fin suena el pistoletazo de salida. ‚Äú¬°Que comience la din√°mica de grupo!", grita una consultora de RR.HH. desatada.

# 119 Yolanda Nava

 

UN CORREDOR INESPERADO

Todo est√° preparado en el Paseo de San Antonio, s√≥lo falta la se√Īal. Ni√Īez gatea, gira y se distrae mientras espera, pero cuando dan la salida, se yergue y se pone en movimiento imitando a los dem√°s. Juventud avanza despreocupada, convencida de su capacidad para coronar cuantas metas le pongan por delante. Madurez recela de sus posibilidades y busca una estrategia, se decanta por mantener la regularidad. Vejez se conforma con participar, ah√≠ta ya de metas. Pero el triunfo es para un participante que nadie tuvo en cuenta: Tiempo, que a la altura del Paseo del Rollo pasa raudo, superando con notable ventaja a los dem√°s. Ni√Īez lo admira y le gustar√≠a haber volado subido a sus hombros. Juventud lo tilda de engre√≠do, Madurez calla y Vejez lo maldice por avaro.

# 118 Jack Babiloni

 

Olvidé comprar calabacines

Primera zancada. Pienso en la condena de recordar hasta lo √≠nfimo. Kil√≥metro uno. Olvid√© comprar calabacines. Kil√≥metro dos. Bob Dylan no contesta. Kil√≥metro tres. Medio coraz√≥n del pa√≠s anda encogido por que Chenoa y Bisbal canten juntos, quince a√Īos despu√©s. Kil√≥metro cuatro. Todos los humanos atacados por tiburones coinciden siempre en afirmar que el mordisco nunca es doloroso. Kil√≥metro cinco. Bebe, bebe; atento a los electrolitos. Kil√≥metro seis. El canto del pato no tiene eco. Kil√≥metro siete. ¬ŅCu√°nto me quedar√° de pensi√≥n? Kil√≥metro ocho. Me digo: Vigila la diaforesis. Kil√≥metro nueve. Messi se ti√Ī√≥ de rubio platino. Cruzo la meta. Recojo la presea. Sonr√≠o a los fot√≥grafos. Bajo del p√≥dium. Sigo corriendo hasta el geri√°trico. Mam√° me espera sentada bajo aquel precioso pl√°tano de sombra. ‚ÄúBonita medalla, joven. ¬ŅMe dejar√° desenvolverla? ¬ŅCompartimos a medias su chocolatina?‚ÄĚ Vuelvo al kil√≥metro cero. Pienso en la condena de no recordar.

# 117 yeniset vaz

 

Antologías Suicidas

Antolog√≠as Suicidas ¬Ņ Y qu√© hay de mi alma sangrienta? , ¬Ņ de mi viaje adelantado? , ¬Ņ ser√© castigado, entonces? Pues que as√≠ sea , no me arrepiento de mi desamor. El sol no siempre sale para todos, algunas veces nuestros ojos no lo perciben. Los m√≠os siempre estuvieron cegados. Pobres de esas almas que no buscan su verdad , pobres de ellas y de sus mentiras mundanas. Del mundo que no siente , que no abraza la libertad. Ahora ser√© libre , libre de mi soledad. Cada vez siento mayor oscuridad y fr√≠o en el umbral. Me desapego de mi cuerpo ya inerte y sin vida. Ahora tengo miedo , ahora todo lo veo y comienzo a so√Īar. ZV

# 116 David Martinez Nu√Īez

 

kilométrico pensar

Mi sudor pronto comenz√≥ a emerger junto con mi aliento, envuelto por la alegr√≠a de quienes me rodeaban. Paso tras paso, contemplaba la bella ruta de mi carrera por la San Silvestre, recordando aquellos lejanos a√Īos cuando el correr no supon√≠a esfuerzo. Motivado por mi promesa, segu√≠ un ritmo adecuado con la ilusi√≥n de llegar a meta sin pretender mayor trofeo que el de la amistad. Pens√© y volv√≠ a pensar, intentado no caer en los acechantes recuerdos siempre tan dif√≠ciles de superar. Mir√© hacia el frente, dispuesto a navegar con √≠mpetu por entre la marea de anhelos, flujo de voluntades. Aceler√© el ritmo, sintiendo una ligera rabia por el tiempo perdido frente a la entretenida y hechicera caja de insensible pasividad, que siempre acompa√Īaba a mi reloj. Estaba corriendo y me sent√≠a libre‚Ķ tan libre, que toda sombra quedo all√≠, bajo las plantas de mis pies.

# 115 Sergio Gaut vel Hartman

 

PERSISTENCIA

A sus setenta, Antonio Ramos Nieto corr√≠a por quincuag√©sima vez la San Silvestre Salmantina. Lo hac√≠a desde que se inaugurara la carrera, en 1984, y era el √ļnico que hab√≠a estado presente en todas las ediciones. No gan√≥ ninguna, por cierto, pero le apasionaba correr; todos los a√Īos se calzaba los cortos, se lanzaba a circular por las calles de la ciudad y siempre lograba mejorar su marca anterior en algunos segundos. ¬°Era incre√≠ble! El paso de los a√Īos, como a los buenos vinos y a las conservas de pescado, en lugar de perjudicarlo parec√≠a beneficiarlo. Lo √ļnico deplorable era que desde la llegada de los extraterrestres la cosa se hab√≠a desnaturalizado. Y para corroborarlo vio pasar como una exhalaci√≥n a un zoombiano de seis extremidades que recorr√≠a los diez mil metros en menos de ocho minutos. ¬°As√≠ no se puede!, exclam√≥ Antonio para s√≠ mismo, pero sigui√≥ corriendo.

# 114 Hugo Armando Lara Romero

 

campeón

‚ÄĒ¬ŅYa vas a salir? ‚ÄĒSi mam√°, estoy terminando. Vestirme la ropa de atletismo es casi un ritual para m√≠. Colocarme los calcetines y los zapatos para correr es importante, pero el punto √°lgido es cuando me pongo la sudadera y el dorsal de la Sansil. ‚ÄĒSe te hace tarde para la competencia, ser√° mejor que te apures ‚ÄĒdijo mi madre. Para m√≠ la carrera ya hab√≠a comenzado, sin haber pisado a√ļn el asfalto‚ÄĒ. Venga, date prisa, no debemos llegar tarde al marcaje. ‚ÄĒEstoy listo madre ‚ÄĒdije mir√°ndome al espejo, por √ļltima vez en esa ma√Īana‚ÄĒ. Ya podemos salir. ‚ÄĒPerfecto ‚ÄĒdijo mi madre con los ojos resplandecientes de orgullo‚ÄĒ. ¬ŅNo olvidas lo m√°s importante? ‚ÄĒ¬ŅA que te refieres? ‚ÄĒpregunt√©, aunque ya sab√≠a la respuesta‚ÄĒ. Creo que ya tengo todo. ‚ÄĒEl beso de la buena suerte hijo ‚ÄĒrespondi√≥ bes√°ndome en la frente‚ÄĒ ¬°A correr mi campe√≥n!

# 113 Joana Gomila

 

Corre

Percibir el bombeo de la sangre en mi pecho y en el cuello; percibirlo cada vez que alzas una de tus piernas, que la postras con energía contra el suelo. Correr y, cada vez que avanzas y avanzas, tomas aire. Los labios abiertos de par en par, el sudor resbalando por la barbilla, el sonido de la respiración clavándose en los oídos. Correr, sentir que tu cuerpo no tiene límites, sentir que, con cada metro que avanzas, estás convirtiéndote en un humano diferente. Más seguro de sí mismo. Más poderoso. Correr, correr... y correr.

# 112 Gabriel Camero Martín

 

El atleta y el historiador

Ambos esperan en el hall de aquel hotel de las afueras. El historiador presta atención a las venas atrapadas que el atleta esconde entre su escasa carne y a la evidente musculatura que deja entrever bajo su corto pantoloncito. Observa las pulcras zapatillas que calza y le asombra lo magro pero elegante de su rostro. El atleta, por su parte, está concentrado en intentar evadirse de presiones. Ya sabe que encontrará charcos y que la carrera será dura desde el comienzo. A pesar de su concentración no cesa en observar al tipo que tiene enfrente. Le resulta gracioso el panamá que lleva puesto y no recuerda haber visto tantos bolsillos en una cazadora. También le parecen raros los cinco o seis tomos sobre Renacimiento que lleva consigo así como la bolsa que reposa junto a él y desde donde asoman brochas y escoplos.

# 111 ROBERTO MARIN LUQUE

 

A MIS 38 INTENTOS

Aquel a√Īo hizo menos fr√≠o de lo normal. Iba estrenando unas zapas guapas de la marca Boomerang, naranjas y por menos de veinte euros. S√≠ ya s√© que no es gran cosa ni soy un campe√≥n de atletismo. Pero al menos lo intento. Lucho conmigo mismo cada ma√Īana por salir a correr, o como dice mi amigo Fran: salgo a hacer ejercicios de trote cochinero. Pero ah√≠ est√°n mis intentos por salir a hacer algo que me apasiona y me libera cada d√≠a. Como aquel a√Īo hizo menos fr√≠o de lo normal y yo rindo mejor con temperaturas suaves me sent√≠a mejor conforme pasa el tiempo, de repente, todo ocurri√≥ tan r√°pido que lo recuerdo confusamente, comenc√© a adelantar corredores, uno tras otro, fue como si una energ√≠a superior me hubiera insuflado una fuerza extraordinaria, hasta que lo consegu√≠, logr√© terminar mi primera San Silvestre Salmantina.

# 110 Juan Carlos Somoza García

 

MI ABUELO SILVESTRE

Mi abuelo me dijo que aquel domingo la ‚ÄúSansil‚ÄĚ y un chip solidario multiplicaban la refulgencia de los uniformes fosforitos. A√Īos atr√°s mi padre tambi√©n hab√≠a escuchado sus recomendaciones desde el punto de salida al correr la San Silvestre. Me indic√≥ que iniciara la carrera sin olvidar que el camino era tan importante como el llegar; que mantuviera el ritmo porque la vida no se sujetaba al cron√≥metro y hab√≠a que adaptarse a sus costumbres; que en el √ļltimo tramo imprimiera celeridad elev√°ndome sobre los pies para ocupar mi sitio en el mundo; y que no me preocupara por romper la cinta en el Paseo de San Antonio el primero, ya que hasta el tiempo necesitaba de s√≠ mismo para ir tejiendo el interior mientras transcurr√≠a‚Ķ ‚ÄĒSilvestre‚Ķ abuelo‚Ķ ¬ŅTriunfo de carrera y vida?... ‚ÄĒpregunt√© entusiasmado. ‚ÄĒ Querido nieto ‚ÄĒsusurr√≥‚ÄĒ, alg√ļn d√≠a en las dos estar√°s en el caj√≥n ‚Äú√©lite‚ÄĚ.

# 109 Ernesto Ortega Garrido

 

Matías Sánchez y sus dorsales

Poco despu√©s de la salida, Mat√≠as S√°nchez aceler√≥ el ritmo de su zancada, pero enseguida le adelant√≥ el adolescente que una vez fue. Llevaba el pelo largo y parec√≠a en forma. Le miraba con cierto desprecio y un aire rebelde. Sin duda, no estaba dispuesto a convertirse en uno m√°s, en otro de tantos que corr√≠an la carrera de la vida con un n√ļmero grapado al est√≥mago, una hipoteca y un trabajo de nueve a seis. Entonces empezaron a pasarle todos los Mat√≠as S√°nchez que hab√≠a dejado en el camino: el que estudi√≥ Periodismo en lugar de Empresariales, el que todav√≠a tocaba la guitarra, el que se cas√≥ con su primera novia o el que se march√≥ a trabajar a Londres. A todos los vio desaparecer entre el gent√≠o que corr√≠a por el hist√≥rico empedrado de Salamanca, mientras se preguntaba qu√© diablos habr√≠a sido de ellos y d√≥nde estar√≠an ahora.

# 108 EDUARDO MART√ćN ZURITA

 

SALAMACA, SU SAN SILVESTRE Y LA VIDA

La vida te da y te quita lo que m√°s quieres. Nunca fue conmigo lo del sill√≥n ball. El citius ol√≠mpico era otra cosa. Lo que natura no da, Salamanca s√≠ presta. Claro que encontr√© la rana. Un grado en Ciencias de la Actividad F√≠sica y del Deporte. Me ense√Īaron todo acerca del hombre en movimiento. Me plante√© participar en la San Silvestre, menudo lujo, y eleg√≠ la edici√≥n correspondiente a 2015. Ante lo fugaz de una vida, se impone correr para abrirle hueco. Sent√≠ el cuerpo volverse uno con el viento, los cu√°driceps como flechas con el impulso acompasado de los deltoides; ese pulm√≥n inmenso alrededor m√≠o. Un d√≠a, en otra calle, se cruz√≥ en mi vida el autom√≥vil que no vi. Esta vez quiz√° me dejen inscribirme en la categor√≠a de disfrazado de silla de ruedas. Si no me dejan, balconada con vistas a la Avenida de Villamayor.

# 107 Antonio Llorente Abell√°n

 

Monólogo interior

Quien no tiene claro el camino no tiene por qu√© quedarse quieto, le dec√≠a su madrina, que no era un hada, pero casi. No obstante Juli√°n no se decid√≠a, hac√≠a fr√≠o, pensaba, quiz√°s llueva, present√≠a. Y no me repitas eso de que se hace camino al andar, le replicaba Juli√°n a su hada madrina, sin dec√≠rselo, pero casi. No importa lo que hagas, pero s√≠ que importar√° si dejas de hacerlo, pensaba Juli√°n, o quiz√°s era su madrina la que reflexionaba ya dentro de √©l. T√≥picos, son s√≥lo t√≥picos, frases hechas, medicina vud√ļ para los necios, se contestaba √©l o le respond√≠a a ella. Bien, creo que me voy. Te veo al final del t√ļnel, dijo √©l. Querr√°s decir al final de la carrera. Es lo mismo, se dijeron a la vez.

# 106 Pedro Encinas Cerezo

 

Huellas

Al ni√Īo se le cae la baba con su madre. La mira y admira mientras ella anuda cuidadosamente sus viejas zapatillas para salir a correr. Hace un fr√≠o que pela, ventisca y cae aguanieve, pero no importa. Le da un besote y sale disparada a entrenar y repasar el recorrido, hasta San Antonio. Un a√Īo m√°s no faltar√° a la cita, no llegar√° la primera, ni la segunda‚Ķ pero un a√Īo m√°s, volver√° m√°s feliz de lo que sali√≥. El ni√Īo adivina en la sonrisa de mam√° que correr, avanzar contra viento y marea, y tener una meta, debe ser algo fant√°stico. Desea seguir sus pasos. Sue√Īa pisar sus huellas. √Čl a√ļn no lo sabe, pero Pap√° Noel, le traer√° en Nochebuena unas zapatillas nuevas para correr la primera Sansil Salmantina de su vida.

# 105 Aida Lobo Rodríguez

 

correré por ti, abuelo.

Recuerdo cuando nos √≠bamos a correr por los senderos en la monta√Īa para tener m√°s resistencia. Recuerdo cuando tach√°bamos los d√≠as en el calendario cuando solo quedaba un mes. Recuerdo ese momento cuando la carrera estaba a punto de comenzar y nos mir√°bamos nerviosos. Recuerdo las risas y bromas que dec√≠amos mientras corr√≠amos imaginando a los dem√°s esper√°ndonos en la meta. Recuerdo cuando al acabar la carrera √≠bamos todos a comer un helado para recuperar fuerzas despu√©s de tanta diversi√≥n. Pero, solo son recuerdos. Ahora recorro sola esos senderos caminando, no tacho los d√≠as, ya no siento esa felicidad al empezar la carrera.Entonces, recuerdo las risas y bromas y en mi cabeza, pienso en tu sonrisa y a ti dici√©ndome: aunque ya no podamos correr m√°s juntos corre, corre por m√≠. Y aqu√≠ sigo y seguir√©, corriendo por ti abuelo que me animas desde donde est√©s.

# 104 Aida Lobo Rodríguez

 

correré por ti, abuelo.

Trata sobre los sentimientos de una adolescente que, cuando era ni√Īa, corr√≠a siempre la carrera san silvestre con su abuelo pero, cuando este muri√≥, ella se deprimi√≥ mucho y cuando va a correr est√° as√≠, deprimida, pero durante la carrera se alegra al recordarlo.

# 103 ANA BEL√ČN CA√ĎETE JIM√ČNEZ

 

LA META ERA LLEGAR

Correr. Sentir que mis pies casi no tocan el suelo y que mis miedos han quedado atr√°s. Que, desde hace tiempo, no me siguen el ritmo. No necesito m√°s impulso que el m√≠o propio. He llegado hasta aqu√≠ sola. Era mi reto. Demostrarme que no tengo m√°s limitaciones que las que yo misma voy dibujando en mi propio camino. Hubo quien me pens√≥ d√©bil y quiso protegerme, pero no soy tan fr√°gil como pueda parecer. En este cuerpo flaco y herido, cabe mucha valent√≠a y arrojo. He entrenado con ilusi√≥n y constancia. Ahora estoy delante de la salida, dorsal en el pecho, pelo recogido en una coleta bien alta y zapatillas bien atadas para que no se me escapen ni las ganas. Va a comenzar, es mi momento, necesito disfrutarla. San Silvestre Salmantina, por fin nos encontramos. Encantada de conocerte. Tr√°tame bien, que necesito volver el a√Īo que viene

# 102 Carmen Prieto

 

La carrera

√Čl que nunca hab√≠a fumado. √Čl que corr√≠a a diario y participaba en carreras populares. El tumor se le hab√≠a extendido. Las probabilidades de sobrevivir eran m√≠nimas. En apenas unas semanas hab√≠a perdido el pelo y su cuerpo era ahora una endeble masa de huesos y piel. Cada d√≠a era un tormento. Interminables sesiones de quimioterapia. Decenas de pastillas. Mientras ve√≠a pasar a los corredores de la San Silvestre record√≥ a Emil Z√°topek. Aquel atleta checo que en una semana venci√≥ en los cinco mil, los diez mil metros y la marat√≥n en los Juegos Ol√≠mpicos de Helsinki. Dec√≠an que era imposible, que nadie podr√≠a hacer algo as√≠. Un paso detr√°s de otro. Siempre hacia delante. Sorteando toda clase de obst√°culos. Cuando vio al primer corredor alcanzar la meta, se march√≥ al hospital convencido. √Čl tambi√©n iba a ganar aquella carrera por la vida.

# 101 José Solana Dueso

 

La grieta

Hoy he cumplido cincuenta y siete a√Īos. Me ha parecido que en la b√≥veda celeste se abr√≠a una peque√Īa grieta. Finas l√°minas de pintura desconchada han ca√≠do sobre mi cabeza. Tras ellas, segu√≠a una tenue y ef√≠mera estela de leve polvo gris.

# 100 Luis San José López

 

Zapatillas viejas

A mi sombra le gustan mis zapatillas, lo s√©. La he sorprendido varias veces acarici√°ndolas en silencio, con una mezcla de nostalgia y envidia. Salvo los d√≠as nublos en que no hay forma de sacarla de casa, est√° como loca por salir a correr conmigo. Me las pongo y empieza a saltar de j√ļbilo como si fuera un perrito faldero. Poco despu√©s salta, regatea, evade, burla, respinga, quiebra, esquiva, se encoge y estira a capricho, con una elegancia y agilidad envidiables, dibujando formas grotescas que parecen re√≠rse de todo. No quiero pensar lo que har√≠a con unas zapatillas propias y un poco de libertad. Esta ma√Īana la he regalado un dorsal para la San Silvestre, pero me ha mirado de reojo cuando ha visto mis zapatillas nuevas y ha empezado a respirar con un ritmo desconocido. No s√©, me ha dado un mal presentimiento.

# 99 Eglee Soledad Meneses Parada

 

Seré tu Sol

Ese d√≠a ser√© tu sol para cubrirte de calor hasta la meta, y para que todo lo atletas sientan mi resplandeciente energ√≠a que toca las fibras m√°s sensibles y los hace transpirar. Ese sol capaz de convertir tus calles en un mar de sonrisas y tus avenidas en una alfombra de alegr√≠a llena de pasi√≥n. Ese d√≠a quiero ser el centro de todas las miradas y convertir tu festival en una fiesta bienaventurada, donde los retos son sue√Īos que se cumplen y se hacen realidad. Ese d√≠a quiero hacer de ti, mi San Silvestre Salmantina un grito de emoci√≥n. Ese sol que impulsa a todo un pueblo, a calzar de tenis el coraz√≥n, para que con orgullo luzcan vitalidad palpitante y que la brisa que respiran sea el ant√≠doto perfecto y penetrante para hacer de todos ellos la imagen de un gran campe√≥n.

# 98 √íscar Pareja Ba√Ī√≥n

 

Felicidad

El sonido de las bambas ocupan el aire, la carretera y el palpitar de los diferentes corazones que se han reunido este d√≠a para disfrutar de su afici√≥n favorita: Correr. Ellos se miran sin hablar. S√≥lo sonr√≠en y asienten. Su m√°xima ilusi√≥n, llegar juntos a meta. Igualar sus ritmos, sus fuerzas y su respiraci√≥n. Convertirse en uno. Para ella es su primera carrera (no ser√° la √ļltima desde hoy). Para √©l, ya no existe un n√ļmero concreto pero s√≠ que es la primera (y la pen√ļltima con ella). √Čl amolda su ritmo y esfuerzo al de ella, demostr√°ndole fuerza y acompa√Īamiento para el resto de la vida. Ella le sonr√≠e soportando el malestar que siente en sus piernas y en porqu√© ha aceptado el reto. La meta est√° cerca. Ve el final del sufrimiento recorrido. Ambos entran en meta cogidos de la mano y se besan felices pocos metros despu√©s.

# 97 Ana Hern√°ndez Iglesias

 

La frontera azul

No, no me asustaba, pero su presencia era inquietante. Era como si algo nos conectase m√°s all√° de las palabras, pero no fu√©ramos capaces de descifrar el mensaje del otro. Solo aparec√≠a, inm√≥vil. Nos mir√°bamos sin mirar y esper√°bamos sin saber a qu√©. Como si nuestra historia no pudiese contarse a√ļn.

# 96 Agustín Tomé Gangas

 

Un sue√Īo cumplido

Es mi tercera participaci√≥n en esta carrera, en las dos anteriores tuve que abandonar. Miro a mi alrededor y noto el ambiente festivo, algunos participantes van disfrazados, el p√ļblico se divierte‚Ķ . De pronto veo a mi mejor amigo, Jes√ļs. Hace d√≠as, entrenando, brome√°bamos con la posibilidad de ganar y entrar juntos en meta. La carrera comienza, voy abri√©ndome paso entre la marea multicolor. A mitad de recorrido cuento delante de m√≠ ocho corredores, ¬°entre ellos est√° Jes√ļs!. Pronto llego junto a √©l, me mira y sonr√≠e. Se acerca el final, nos hemos despegado del grupo, pero justo ahora noto un dolor intenso en los gemelos, ¬°no puede ser! Es entonces cuando percibo el calor del p√ļblico, ah√≠ est√° mi familia anim√°ndome, me olvido del dolor, Jes√ļs me est√° esperando, cruzamos la meta de la mano y yo caigo desplomado, nos abrazamos en el suelo, ¬°nuestro sue√Īo se ha cumplido!

# 95 Miguel García-Fernández

 

¬ŅVictoria?

√Ālex lleg√≥ a la ¬ęSansil¬Ľ para darlo todo. Era de los que consideraba una debilidad eso de ¬ęlo importante es participar¬Ľ. Por ello, se encerr√≥ en s√≠ mismo para acomodar su ser al ritmo acelerado de unas zancadas triunfadoras. Pero, si hubiese disfrutado de la carrera, de la gente que participaba en ella, tal vez se habr√≠a dado cuenta de la belleza que supon√≠a sentir el viento y las fragancias del invierno sobre el rostro, o escuchar los latidos de miles de corazones vibrando a un tiempo. Tal vez si hubiese mirado alrededor habr√≠a visto a Marcos. Habr√≠a visto su sonrisa. Habr√≠a decidido acompasar sus pasos a los de √©l. Tal vez entonces no habr√≠a vuelto a casa victorioso, pero habr√≠a vuelto acompa√Īado. Se sucedieron los ¬ęEnhorabuenas¬Ľ, por supuesto; pero, al final del d√≠a, all√≠ estaba √Ālex, en la m√°s absoluta soledad y deseando que llegase pronto la pr√≥xima ¬ęSansil¬Ľ.

# 94 Francisco Lorenzo Venancio

 

"GRANDES ASPIRACIONES "

Madrugada. Salgo al asfalto iluminado por las altas farolas en completa soledad. Los gatos a√ļn no han terminado su escapada nocturna, yo empiezo la m√≠a. Es una batalla personal, estar√© preparado, me digo, no me dar√© por vencido ahora, con todo lo que ya he hecho, y acelero el ritmo. Escucho mi respiraci√≥n y noto el fr√≠o mientras corro, estoy muy concentrado, nada ni nadie parece existir alrededor, solo el camino y mis zancadas. Sigo yo y mis piernas en la noche y me sorprendo dici√©ndome al rato: ¬°C√≥mo disfruto lo que hago!. S√© que puedo superar mi mejor marca en la Salmantina, s√© que los a√Īos que han pasado me lo pondr√°n m√°s dif√≠cil, pero sobre todo s√©, que estoy entrenando bien...

# 93 Manuel Cortés Blanco

 

La fiesta y el voluntario

Entre los presentes hay estudiantes vestidos como vaqueros, ese parado disfrazado de ciego sin su lazarillo, funcionarios de barbas postizas, j√≥venes luciendo gorros de Pap√° Noel, muchos chiquillos, una mam√° con carrito, mil atletas‚Ķ Alguien incluso divisa tres Reyes Magos, dos Supermanes y otro amor en los tiempos del c√≥lera... Pero en especial, hay gente de todas las edades, ilusionada por disfrutar de esta carrera convertida en fiesta, a la que acuden con tantos colores. Sobre la piel, un dorsal; bajo la piel, coraz√≥n. El recorrido cursa entre calles tan bellas que parecen de mentira, que estuvieran hechas a base de decorados. Es la Ciudad sabia, por su Universidad; la Ciudad dorada, por c√≥mo refleja el sol. Desde mi puesto de voluntario, a pie de una ambulancia cerca del r√≠o, velar√© para que cada sue√Īo corriendo en zapatillas alcance su meta. Por fin dan la salida. Nuestra fiesta ha comenzado.

# 92 Juan Francisco Pelayo Moles

 

Yo he vencido.

En la San Silvestre Salmantina, el √ļltimo corredor en cruzar la meta, levanta los brazos como un h√©roe, anunciando su victoria. Los periodistas lo rodean por ver que pantomima es aquella; los espectadores se r√≠en. Se quita sus zapatillas marca "t√≥rtola", que despu√©s de diez kil√≥metros presentan dos troneras en las suelas. Por all√≠ las plantas de sus pies lamen el suelo. ‚ÄĒMis zapatillas no fueron las adecuadas‚ÄĒ dice. Toma su pulso con dos dedos en la mu√Īeca. En estado de reposo sus pulsaciones son de ochenta por minuto, demasiado para un atleta. Despu√©s arroja sobre el pavimento dos hermosos pu√Īados de piedras que han corrido con √©l en los bolsillos del pantal√≥n corto. Finalmente dice: ‚ÄĒAlguien ha hecho mejor tiempo que el yo, pero yo he superado el mayor n√ļmero de obst√°culos. Yo he vencido.

# 91 Manuel Romero Higes

 

Antecessor

Correr. A eso se resume todo: correr para sentir c√≥mo se hunden nuestros pies en el barro. C√≥mo evoluciona nuestra sonrisa, c√≥mo vamos irguiendo la columna hasta palpar el cielo; correr, correr, correr‚Ķ Hemos tropezado demasiadas veces; otras, conseguimos retomar el sendero aun arribando tan maltrechos como nos permitieran nuestras pulsaciones. Hemos corrido juntos, nos hemos perseguido; hemos acelerado para huir, para cazar, para jugar, para sentir la libertad... Algunos dejaron de correr, fueron finalmente alcanzados, anclaron sus piernas en la arena o simplemente, dejaron de encontrar sentido a su galopada, pero tambi√©n nos ayudaron a progresar, otorg√°ndonos la oportunidad de llegar a la √ļltima espantada. En esta justa alcanzaremos la gloria, arrancaremos la cinta de meta con nuestras garras. Forjaremos nuestra superioridad sobre los que corrieron para desertar, para perseguirnos, incluso los que batieron sus piernas para detenerse. Hoy evolucionaremos hasta la victoria, √ļnicamente hemos necesitado novecientos mil a√Īos.

# 90 Jaime Fernández Bartolomé

 

MI PRIMERA CARRERA

EN mi cabeza se dan cita sensaciones muy especiales contagiadas por un ambiente espectacular. Mientras observo c√≥mo la gente se saluda, recojo mi dorsal - n√ļmero 104 ‚Äď y me sit√ļo al final del numeroso grupo de corredores. Siento nerviosismo, inquietud, ansiedad. Repaso mentalmente los consejos para poder acabar la prueba: una alimentaci√≥n equilibrada, ingesta de agua y bebidas isot√≥nicas, calzado y prendas c√≥modas. Todo correcto. Tengo confianza en m√≠ mismo pero sobre todo muchas ganas de pasarlo bien. Siento excitaci√≥n, felicidad y unas inexplicables ganas de llorar. Me imagino a Fil√≠pides recorriendo los 42 kil√≥metros que separan la ciudad de Marat√≥n de la de Atenas para dar la grata noticia de la victoria helena sobre los persas, evitando as√≠ que las mujeres griegas sacrificaran a sus hijos y despu√©s se suicidaran. Suena el disparo de salida y al grito de ‚Äúvictoria‚ÄĚ, empiezo a correr.

# 89 Julio C√©sar Ni√Īo Orozco

 

Quiero ganar tu abrazo

Tal vez alg√ļn d√≠a me convierta en un gran atleta para cruzar tus calles a tumba abierta y llegar primero a la meta. Alzar los brazos y mirar el cielo. Sentir la victoria y el murmullo del aplauso. Mirar a todos con una sonrisa en mis labios. Gritar con todas mis fuerzas ¬°gan√©! y ver mi foto del triunfo en los medios. Firmar aut√≥grafos y recibir trofeos. Pero‚Ķ ¬Ņsabes una cosa? Hoy prefiero recorrer tus calles y sentir tu aroma. Mirar tu belleza colonial y tu paisaje rom√°ntico de ciudad caritativa y hospitalaria. Ser otro m√°s del gran pelot√≥n que disfruta tu fiesta atl√©tica: La gran San Silvestre Salmatina que nos llena de orgullo y j√ļbilo. Ir lento, pero seguro. Sentir que tambi√©n he ganado. Sentir tu abrazo y ver con admiraci√≥n la sonrisa de todo un pueblo. Ser parte de ti y llevarte, por siempre, en mis recuerdos.

# 88 Nacho Bartomeus Roig

 

El dorsal 387

Ese d√≠a parec√≠a que todo el mundo ten√≠a m√°s prisa que yo. Me encontr√© con mi sobrino de siete a√Īos con el patinete que le hab√≠an regalado por Navidad y fui incapaz de mantener su ritmo. Luego me pas√≥ mi hermana con su marido, el carrito del beb√© y cinco bolsas. Supuse que iban r√°pido para que el reci√©n nacido no cogiera fr√≠o. Y para colmo, mi t√≠a Felisa me adelant√≥ rauda en su particular carrera hacia el mercado. Me consol√≥ pensar que, al menos, all√≠ comprar√≠a jam√≥n del bueno para A√Īo Nuevo. La verdad es que no me habr√≠a molestado tanto adelanto y tanta prisa en cualquier otro d√≠a del a√Īo, pero justo hoy me pareci√≥ un poco humillante, ya que, de todos ellos, yo era el √ļnico que corr√≠a con zapatillas de deporte y dorsal. En fin, sobra decir que esta San Silvestre tampoco la he ganado.

# 87 Agustín Rodríguez Escalona

 

Del farinato al electrolito

Iba con mi maleta preparada, camisa reci√©n planchada, me cost√≥ aparcar. Desde lo m√°s alto de la calle vi asomarse desde la esquina a una multitud, casi a ritmo militar. La helm√°ntica nube pisaba suelo, los sem√°foros abiertos, sonrisas ma√Īaneras...¬Ņ¬°ser√° esta mi ciudad!?. Primero, me d√≠ una respuesta faciolona busc√°ndole sentido,inmediatamente, vino la curiosidad, luego me sent√≠ torpe por ser tan despistado,y despu√©s de esperar a que volviera la calle, a su silencio,justo antes de cruzar, dos parejas se ayudaban generosamente los unos a los otros y uno de ellos dec√≠a:¬° farinato al acabar!para la siguiente carrera,me dije,pienso participar

# 86 Gloria Arcos Lado

 

Segunda oportunidad

Nunca hab√≠a corrido una marat√≥n, pero este a√Īo se lo hab√≠a prometido a s√≠ mismo. Sab√≠a que no ten√≠a nada que hacer y que estar√≠a entre los √ļltimos en la San Silvestre de Salamanca, pero no importaba. Se trataba de una carrera contra s√≠ mismo. Deb√≠a demostrarse que las cicatrices que le hab√≠an dejado las operaciones para extirpar su c√°ncer, no iban a limitar esa segunda oportunidad que le hab√≠a ofrecido la vida. Quer√≠a sentir el roce del viento y el v√©rtigo de la velocidad en su cara y observar como la adrenalina recorr√≠a su cuerpo. Lo de menos era quedar el √ļltimo. Lo importante era haber sido capaz de imponerse a las limitaciones surgidas en su cuerpo y en su alma tras su paso por el quir√≥fano. Y esa victoria nadie iba a poder arrebat√°rsela.

# 85 Rubén Gozalo Ledesma

 

¬°CORRE!

No volver√° a pasar, dice √©l. Pero esta vez ella se revuelve dolorida y emprende una carrera desesperada por las calles de Salamanca. Corre por todas aquellas mujeres que no podr√°n volver a ponerse en pie. Corre porque est√° harta de que revise su m√≥vil y le diga con qui√©n puede hablar y a qui√©n puede ver. Corre porque est√° cansada de que no razone y la emprenda a golpes cada dos por tres. Corre por los c√≥mplices que callan. Corre por los cobardes que agachan la cabeza, miran hacia otro lado y no hacen nada. Corre por los cientos de miles de mujeres que a diario en el mundo son maltratadas y no saben qu√© hacer. Corre porque a√ļn no es tarde para alejarse para siempre de √©l. Corre porque nunca nadie tendr√≠a que levantar la mano a una mujer.

# 84 Elena Avanzas √Ālvarez

 

364 días

Estaba fr√≠o y llov√≠a, pero aquella madrugada de A√Īo Nuevo corr√≠ como nunca lo hab√≠a hecho en mi vida. Al bajarme del tren y enfilar la calle donde vivo o√≠ por primera vez sus pasos tras de m√≠. No me preocup√© porque esas cosas les pasan a otras. Van demasiado borrachas o llevan la falda demasiado corta. Yo regresaba a casa despu√©s de mi turno de noche. Estaba cansada, no borracha. Llevaba mi uniforme sucio tras un mal turno en el hospital. No iba pidi√©ndolo. Hoy es 31 de diciembre. Tambi√©n est√° fr√≠o y llueve, pero esta vez no quiero escapar. No tengo miedo ni me siento d√©bil. Diez meses entrenando han hecho que recupere las fuerzas. Me muevo √°gilmente entre mujeres cuyas historias desconozco y entre hombres a los que ya no miro con temor. Corro entre mis compa√Īeros porque sobreviv√≠. Soy una m√°s.

# 83 Jos√© Ignacio HERN√ĀNDEZ JORGE

 

A sus puestos, listos: ¬°ya!

Silvestre, mira lo que est√° pasando ah√≠ abajo, le dijo. No puedo estar en todas, contest√≥. T√ļ, mira, y Silvestre mir√≥ abajo. Salamanca era un hervidero de luci√©rnagas pululando por todas partes, consultando sus cron√≥metros a la luz de la luna, buscando a alguien en alg√ļn sitio. Y fueron a encontrarlo a √©l entre las nubes. Cuando lo vieron, se arm√≥ un jaleo impresionante y una deportista flaca, agitando los brazos, grit√≥: ¬°Eh, San Silvestre, el de la pistola no ha venido! ¬ŅQu√©?, pregunt√≥ el santo sin creerse lo que estaba oyendo. ¬°El de la pistola, que no ha venido! San Silvestre hizo un gesto de calma urbi et orbi y asiendo una bandera les indic√≥ que a sus puestos. El gent√≠o aplaudi√≥ euf√≥rico y tom√≥ posici√≥n a la voz de listos. San Silvestre acab√≥ de levantar la bandera y la baj√≥ de golpe, gritando al tiempo: ¬°ya!

# 82 Francisco Lorenzo Venancio

 

VUELVO A VOLAR

So√Ī√© con esto. Fue hace justo tres meses: El vocer√≠o enfervorizado me hace casi volar; corro como nunca los √ļltimos cien metros, veo a mam√°, a mi mujer y a mi hija: Sara. Ellas son mi gasolina o mi motor, o ambas cosas. Cruzaba entonces la l√≠nea de meta de la San Silvestre Salmantina en el aquel sue√Īo como un logro personal impensable. Fue solo un sue√Īo, s√≠, pues perd√≠ las piernas en un accidente de tr√°fico. Pero hoy es una realidad. El deporte me ayuda a superarme. La silla de ruedas vuela ahora los √ļltimos cien metros mientras ELLAS observan mi gesta...

# 81 Alberto Palacios

 

La carrera infinita

Al pasar por la Plaza Mayor el flash de un fot√≥grafo me ha deslumbrado, he dado un tropez√≥n bajando por San Pablo, cruzando el Puente he pasado a una pareja disfrazada de romanos y, en la calle Compa√Ī√≠a, un ni√Īa rubita me ha dado √°nimos. Al principio del Paseo de la Estaci√≥n el dorsal 208 se me ha escapado. Una anciana me ha dado agua en el Alto del Rollo y, al final, cuando ya estaba en el Paseo de San Antonio todo se ha nublado. Y ah√≠ est√°n de nuevo, la Plaza y el fot√≥grafo, el traspi√© en San Pablo y los romanos, y la ni√Īa rubia, y el 208, el agua de la anciana y la niebla y el horizonte emborronado, el duro asfalto y el p√ļblico arremolinado. Mi carrera ya es infinita: fot√≥grafo, traspi√©, romanos, ni√Īa, 208, agua, niebla, asfalto... y el tiempo eterno, feliz, enredado.

# 80 Jes√ļs Abraham Guerrero Luna

 

CARRERA POPULAR

De atletismo mi madre mucho sabe‚Ķ ella dice que el a√Īo en que nac√≠, comenz√≥ en Salamanca tradici√≥n‚Ķ iniciada por club padre basabe, y que en todos los a√Īos con pasi√≥n contin√ļa su esfuerzo sin cesar‚Ķ Me refiero a carrera popular, que a finales del a√Īo es celebrada‚Ķ hablo‚Ķ de San Silvestre Salmantina‚Ķ En alguna ocasi√≥n es que la vi‚Ķ aunque por celular y en la cocina‚Ķ pues Espa√Īa‚Ķ se encuentra retirada‚Ķ

# 79 VICENTE RODR√ćGUEZ MANCHADO

 

TODOS LOS PASOS

TODOS LOS PASOS Con el paso del tiempo, todos los pasos fueron ocupando su lugar.

# 78 M Dolores Rodríguez Canillar

 

La se√Īora Luisa

Ya llegan. Esperamos con la ilusi√≥n a que se acerquen. Nos colocamos a un lado de la mesa repleta de botellas, tal como est√° organizado. Tantos d√≠as prepar√°ndolo y ahora, con mucho nerviosismo, llega la hora. La se√Īora Luisa me tranquiliza. Lo principal, no molestar, me dice, van cansados y cualquier obst√°culo puede hacerles caer. Y mientras tiende con sus arrugadas manos las botellas a los corredores, aprovecha para saludarles. Porque la se√Īora Luisa hace d√©cadas que est√° aqu√≠, de voluntaria en la San Silvestre. El paso del tiempo se refleja en los corredores y la se√Īora Luisa, que los conoce bien, me cuenta c√≥mo han ido cambiado sus vidas, c√≥mo se les va notando el paso del tiempo... Y sonr√≠e cuando ve que nuevas generaciones corren juntas. Pocos saben su nombre, pero todos se alegran de volver a verla.

# 77 Andrés Ezequieo Varela

 

EL √öLTIMO

Nada ten√≠a por perder y mucho por ganar, de modo que ya largaba ganador. Sin embargo en los primeros diez segundos lo pasaron la mitad de los competidores, en la primera hora, el noventa y cinco por ciento estaba por delante de √©l. No le import√≥ que al llegar a la meta ya fuera de noche. Salamanca lo premi√≥ con una ovaci√≥n de pie, el premio al √ļltimo. Con la respiraci√≥n entrecortada record√≥ que la par√°bola no cuenta con singular. Ac√° no hay √ļltimos que ser√°n primeros. Ac√° el √ļltimo es eso pero el orgullo de serlo tampoco se comparte.

# 76 Gabriel Pérez Martínez

 

El espectador

Entre el p√ļblico, hay un hombre que intenta desertar de su cuerpo. Mientras sus manos aplauden, su mente se transforma en agua que el corredor con el dorsal 5325 necesita. Se deja beber, fluye hecho sudor, se evapora, se convierte en ox√≠geno y penetra en los pulmones del joven con el n√ļmero 1823, que va sin aire. Tras unos minutos con √©l, lo recupera e incluso le hace tararear una canci√≥n. Con ella escapa y se adentra en el o√≠do izquierdo del corredor 3987 que no puede casi andar. Desde el t√≠mpano, se lanza hacia su pecho para marcar el ritmo de un descompasado coraz√≥n. Y, as√≠, transfigurado en latidos, cruza la meta‚Ķ. Fracasa el cardi√≥logo que le prohibi√≥ volver a participar en una marat√≥n.

# 75 María Zenaida Santana Medina

 

El espíritu de diciembre

Nunca cre√≠ en cuestiones esot√©ricas, ni en fantasmas, ni en casas encantadas. Pero aquella ma√Īana de diciembre fui pose√≠do por un esp√≠ritu. Me despert√© con √°nimo desmedido y ganas de correr. De sentirme libre. Y as√≠ lo hice. Sal√≠ a la calle, en√©rgico, para volar con mis √ļnicas alas que son mis pies. Mi esp√≠ritu lo necesitaba. Varios kil√≥metros m√°s tarde supe, cuando cruc√© la l√≠nea de meta, que el esp√≠ritu de San Silvestre o el Esp√≠ritu de la Superaci√≥n me hab√≠a impulsado a retarme a m√≠ mismo, a correr junto a cientos de manchas de colorines con dorsales a la espalda que revoloteaban a mi alrededor..., que, a su vez, corr√≠an para sentirse liberados, y que tambi√©n estaban pose√≠das por el ‚Äúsansilvestre‚ÄĚ o el esp√≠ritu del compa√Īerismo y la fraternidad; la uni√≥n espor√°dica entre seres de todas las edades, j√≥venes veteranos y veteranos j√≥venes, de miles de colores.

# 74 M. Belén Mateos Galán

 

CABOS DE VIDA

Me at√© las zapatillas como me hab√≠an ense√Īado mis padres, una doble lazada en los cabos y la saliva de ambos para que no se desunieran. Me puse el dorsal, el n√ļmero quince, como mis a√Īos, y anduve cabizbajo hasta la l√≠nea de salida. Tras veinte minutos de carrera, percib√≠ a los de treinta sin ilusiones, intu√≠ a los de cuarenta desenga√Īados y fui testigo de c√≥mo dos de cincuenta, hastiados, desist√≠an de volver a intentarlo. No escuch√© las razones por las que abandonaban, solo corr√≠ y al llegar a la meta no pude parar. Ahora no s√© d√≥nde estoy, me siento perdido. Quiz√° me quede un tiempo, hasta que los nudos de mi alma puedan entender que dos cabos no siempre pueden estar unidos, que pueden desear enlazarse en otras zapatillas que sean de su mismo n√ļmero, aunque ya nunca sujeten igual cada d√≠a de mi vida.

# 73 Miguel √Āngel Moreno Ca√Īizares

 

Justo a la mitad

Sucedi√≥ que tras el accidente, uno de esos que se dan a veces, mis capacidades se redujeron justo a la mitad. As√≠, tuve que acostumbrarme a razonar con la mitad del cerebro. Tambi√©n a trabajar a media jornada ‚Äďmi jefe lo entendi√≥ enseguida‚Äď, comer medio men√ļ en el restaurante de costumbre, asistir s√≥lo a los partidos de medio d√≠a del club o comprar en Media Markt. Por suerte, encontr√© mi media naranja, una chica preciosa de ojos claros, que me ense√Ī√≥ ‚Äėla mitad del cielo‚Äô. Juntos tiramos por la calle de enmedio y comenzamos a correr las media marat√≥n. En la de Salamanca, por cierto, estren√© unas medias llamativas. La verdad, me siento como en el centro del para√≠so y he reducido la medicaci√≥n a una media de dos pastillas diarias. Ahora nos hemos inscrito en la San Silvestre Salmantina, pero me da que mis opciones bajan del 50%.

# 72 JESUS PEREZ BENITEZ

 

RUMBO

Se anud√≥ las coloridas zapatillas. Estir√≥ las piernas. Ajust√≥ el reloj y comenz√≥ a correr. Cruz√≥ las calles de Salamanca con amplias zancadas, a su mejor ritmo, entre los rel√°mpagos de un cielo plomizo. Complet√≥ el recorrido y detuvo el cron√≥metro. Su mejor tiempo; hab√≠a batido la marca femenina de la San Silvestre. Salt√≥ emocionada mientras la lluvia comenzaba a caer. Pero all√≠ no hab√≠a m√°s corredores, ni una l√≠nea de meta, ni cinta que romper con su pecho, ni jueces para ratificar su victoria. Lo celebraba efusivamente sobre los charcos, con la coleta empapada bajo el tambor de la tormenta que ya descargaba con furia. Era 10 de noviembre. Los transe√ļntes la miraban, confusos, bajo el refugio de sus paraguas. Ellos no pod√≠an entender que dentro de una semana estar√≠a volando rumbo a Londres, para buscarse la vida como tantos otros, sin saber cu√°ndo regresar√≠a...

# 71 Aranzazu del Castillo Figueruelo

 

Escalando el abecedario de la San Silvestre

Frío, piedra y verde. Salamanca es eso, pero también es calor. Son los motores de seis mil y pico personas de todas las edades, sexos y colores ronroneando en el paseo de San Antonio a la espera del pistoletazo de salida. Es la marea de obcecados atletas atreviéndose a palpar los 10 km que conforman la tradicional carrera. Sufrimiento pero también éxtasis, durante el trayecto y, especialmente, al final del mismo. Los varones de una desgastada casa de la calle Meléndez llevan toda su vida corriendo la San Silvestre. Los Sánchez no faltan a su cita cada 27 de diciembre. Como mi padre y mi abuelo comencé desde lo sencillo y lentamente fui escalando el abecedario de los atletas: la A, la B, la C… y por fin la D. Ahora soy adulto, correré mano a mano con ellos. Vuelvo a casa, pero esta vez con más ilusión que nunca.

# 70 Roberto Crespo Ramos

 

El Código de circulación de la Sansil

Antes de culminar la ‚Äúcuestita‚ÄĚ del Parque San Francisco iba con una expresi√≥n de √©xtasis mistico‚Ķy encomend√°ndome al Santo, pidiendo un ‚Äúpiccolo miracolo di teletrasporto‚ÄĚ se lo dije en su idioma para que me hiciera mas caso! No funcion√≥ el milagro ‚ĶY ME PARE! Me superan ipso facto : Un grupo de mariachis con sus guitarrones cantando ,para m√°s inri,‚Ķno te rajes!‚Ä̂Ķ, un espect√°culo de monigotes de ladrones-pol√≠ticos. ‚ÄúLas Se√Īoritas de Avignon‚ÄĚ, toros que persiguen a unos pamplonicas que a su vez incordian a una chica disfrazada de ‚ÄúLos vigilantes de la playa‚ÄĚ , gritando √¨‚Äúnos ahogamos! √¨√¨no sabemos correr!!, un castellet de 8 pisos, un regimiento de la legi√≥n con cabra y uno sin, dos hermanos de 2 metros 15cm disfrazados de Gasoles‚ĶSon ellos!!, una barca vikinga, dos Tiranosaurios rex y un bot√≥n charro gigante!De acuerdo, ME PARE!‚Ķ pero es normal: voy disfrazado de categ√≥rico STOP!

# 69 Sol García de Herreros

 

Volver

Pues sepa Vuestra Merced que entrando en Salamanca, tras largos a√Īos lejos del r√≠o donde me vinieron a este mundo, fui a tropezar con una multitud que corr√≠a cual si alcanz√°rales una manada de lobos. Sus ropajes eran coloridos y escasos pese a los hielos, ni capas ni jubones portaban, y hasta mujeres vieron estos ojos que no vest√≠an faldas. Yo vi√©ndoles venir sumeme a ellos, pues es sabido que en la carrera del vivir no hay peor cosa que no escapar a tiempo. Corr√≠ y corr√≠, y tras varias leguas fui recibido por un gent√≠o con gran alborozo. ‚ÄúPrimer clasificado, L√°zaro de Tormes‚ÄĚ, atron√≥ entonces una voz del cielo.

# 68 DAVID MATEO CANO

 

A LA CARRERA

Llevaba meses tras √©l, desde que le√≠ su libro se hab√≠a convertido en un rayo de esperanza para m√≠, yo hab√≠a ca√≠do en una profunda depresi√≥n, Benjam√≠n Sandoval hab√≠a escrito un ensayo sobre como curarla, descubr√≠ que vendr√≠a a Salamanca a correr la San Silvestre, le segu√≠ hasta la salida, ten√≠a la intenci√≥n de marcarle durante todo el recorrido, y al final con la excusa de la carrera, confraternizar. Arrancamos con fuerza, yo iba detr√°s de Benjam√≠n, su ritmo era tremebundo, cada vez est√°bamos m√°s cerca de la cabeza, al entrar en el √ļltimo kil√≥metro la mente se me nubl√≥ y dej√© de pensar en Benjam√≠n, ten√≠a la posibilidad de luchar por la victoria, hice unos metros finales impresionantes, s√≥lo un corredor me aguant√≥, pero en el sprint le gan√©, acab√© desfallecido, cuando me recuper√© me acord√© de Benjam√≠n, pero ya no hab√≠a ni rastro de √©l.

# 67 Azucena Pacheco S√°nchez

 

" Vé despacio....vas lejos"

-No corras hija m√≠a, -le hab√≠a dicho su abuelo minutos antes con gesto sereno sentado frente al fuego. -¬°Pero abuelo!, ¬Ņqu√© hago sino correr? -pregunt√≥ Amanda impertinente. -Me refiero a que corras pero "sin correr". Miram√© a mi, ¬Ņtengo yo prisas por llegar alg√ļn lado?, y sin embargo, ¬Ņno es tambi√©n una "carrera de fondo" la que transito?...Vete despacio porque vas lejos. Con mirada reflexiva Amanda se despidi√≥. Recogi√≥ su dorsal con el n√ļmero once y sali√≥ de casa. Una nube difusa de alientos helados envolv√≠a la meta. El griter√≠o se fund√≠a con el sudor incandescente del esfuerzo continuado. -¬°Corre Amandaa!, ¬°vamoooss!, ¬°t√ļ puedeeesss!!! -gritaba el abuelo a escasos metros de la meta dej√°ndose llevar por la euforia multitudinaria. Sinti√≥ una leve caricia bajo el pecho mientras la cinta quedaba dividida y suspensa en el espacio aprobando la victoria... "Esta vez, hab√≠a llegado lejos".

# 66 V√≠ctor Manuel Cant√ļ Leija

 

Una pregunta que detiene carreras

Jos√© estaba ansioso por llegar al hotel, no tanto por pasar la noche antes de la carrera San Silvestre Salmantina, sino porque quer√≠a ver a Julio, √©ste √ļltimo le hizo una pregunta que le causo gran inquietud, son esas preguntas que parecen simples al principio, pero algunas no desean contestar con algo somero, esto √ļltimo es tan distintivo de gente que est√° perfectamente adiestrada, como el animal de circo que a cambio de un incentivo alimenticio, desarrolla cierta respuesta para el benepl√°cito de la sociedad. La pregunta fue: __ ¬ŅPor qu√© corres? Al ver el silencio como respuesta de su amigo Jos√©, Julio responde con comentarios tajantes: __ ¬ŅCorres por tu ego? Deseas salir en los peri√≥dicos. ¬ŅCorres por dinero? Todos tenemos necesidades econ√≥micas. ¬ŅCorres por escapar de tu mundo? Siempre hay cosas que no nos agradan, ¬Ņo realmente no lo sabes? Corres sin sentido alguno.

# 64 √ďnix Rodr√≠guez Roche

 

La voz de la abuela con el buchito de café lo devolvió a la realidad

‚ÄĒ¬°Abuelaaa‚Ķ! me despertaste en el mejor momento y hab√≠a ganado. ‚ÄĒdijo Dennys refunfu√Īando. ‚ÄĒY dale con lo mismo, ya te sorprender√©. ‚ÄĒcontest√≥ ella. La parte que m√°s disfrutaba era en la que se llevaba la cinta de la meta pegada a su abdomen. Viv√≠an en Salamanca y deseaba ser corredor. Lleg√≥ de la escuela y sobre su cama hab√≠a una caja con un sobre. La abuela estaba escondida. Era un par de tenis. Abri√≥ el sobre y para su sorpresa era la letra del abuelo: Muchach√≥n si est√°s leyendo esto ¬°Ya usas mi n√ļmero de calzado!. Espero que compitas este a√Īo. Dennys llor√≥ de felicidad. La abuela sali√≥ y se abrazaron. Ese a√Īo gan√≥ La San Silvestre Salmantina. A√Īos despu√©s siendo un gran atleta volvi√≥ a Cuba y visit√≥ la tumba del abuelo. Dej√≥ all√≠ sus medallas y la cinta ganada en su primera carrera: La San Silvestre y Salmantina.

# 63 Mª Esther Zárate Moya

 

Re-corriendo la historia en 10.000 metros

Ciego el amo,certero el golpe. Lazarillo de mis dedos atando las zapatillas, mi cabeza golpeada contra la piedra solo quiere escuchar lo que esta le susurra. Es el cincel del cantero grabando el n√ļmero del dorsal, marcando el ritmo al poso de la ciudad en el Tormes. Unamuno observa c√≥mo el r√≠o avanza para atravesar la meta del a√Īo que termina. San Silvestre santo, que no m√°rtir,corre a mi lado junto a gente moza, antojadiza y arrojada que otro Miguel, este de Cervantes, con su pluma alab√≥. En la R√ļa Antigua, Carmen baila entre visillos con la sonata de las jadeantes respiraciones y las pisadas desafinadas. Y como dec√≠amos ayer ‚ÄĒescucho corriendo junto a m√≠ al Fray maestro‚ÄĒ, aqu√≠ est√° la meta. ‚ÄĒ¬°Los sue√Īos est√°n para cumplirse! ‚ÄĒgrita Walt. ‚ÄĒSe ha equivocado de microrrelato ‚ÄĒpienso. Sonr√≠o al ver llegar a Mickey y Minnie, los de Disney.

# 62 Mª Esther Zárate Moya

 

Re-corriendo la historia en 10.000 metros

Ciego el amo,certero el amo.Lazarillo de mis dedos atando las zapatillas, mi cabeza golpeada contra la piedra solo quiere escuchar lo que esta le susurra. Es el cincel del cantero grabando el n√ļmero del dorsal, marcando el ritmo al poso de la ciudad en el Tormes. Unamuno observa c√≥mo el r√≠a avanza para atravesar la meta del a√Īo que termina. San Silvestre santo, que no m√°rtir,corre a mi lado junto a gente moza, antojadiza y arrojada que otro Miguel, este de Cervantes, con su pluma alab√≥. En la R√ļa Antigua, Carmen baila entre visillos con la sonata de las jadeantes respiraciones y las pisadas desafinadas. Y como dec√≠amos ayer ‚ÄĒescucho junto a m√≠a

# 61 Ra√ļl Clavero Bl√°zquez

 

El primero

Es el mejor cazador del clan, el √ļnico capaz de perseguir durante d√≠as a una presa, acech√°ndola hasta vencerla por puro agotamiento. Sus hermanos admiran la tenacidad implacable de su lanza de s√≠lex, pero desconocen el secreto que lo impulsa. No saben que a veces los animales caen demasiado pronto, y que en esas ocasiones el mejor cazador del clan prefiere ignorarlos. Les perdona la vida para seguir corriendo tras bisontes imaginarios o ciervos invisibles, s√≥lo por el placer de sentir el viento en la cara y el fango en los pies, admir√°ndose siempre del prodigioso mecanismo por el que a una zancada le sucede invariablemente otra zancada. El mejor cazador del clan corre hasta exprimir cada m√ļsculo de su cuerpo, entonces se detiene y suelta su lanza. Despu√©s aprieta los pu√Īos y, con el gesto orgulloso de los campeones, con la mirada ambiciosa de los pioneros, eleva los brazos.

# 60 Hugo Rodrigo Zapata

 

Toda una vida

Estaba listo para la salida. Con diecis√©is a√Īos corr√≠a su primera carrera, en su tierra natal, Salamanca. Al poco tiempo de empezar ya destacaban los profesionales, pero gracias a su experiencia pudo mantener el ritmo. Aguantaba as√≠ en la cabeza de la carrera, la edici√≥n anterior hab√≠a quedado cuarto a nivel nacional, y este pretend√≠a superarlo. Pero otro corredor le adelant√≥, se notaba el paso de los a√Īos, aunque no pensaba rendirse, a√ļn pod√≠a hacer una buena marca. Y por fin vislumbr√≥ el final de meta, ya no pod√≠a m√°s y estaba sin aliento, los a√Īos pesaban, pero llegar√≠a sin parar de correr. Cuando por fin lleg√≥ a la meta, la gente le aplaudi√≥ como si hubiera ganado, y eso que la cruz√≥ caminando. Era el m√°s viejo de los corredores, pero siempre hab√≠a corrido en la San Silvestre Salmantina, y nada le iba a impedir repetir.

# 59 Sergio de Dios Gonz√°lez

 

El momento en el que decidió disfrazarse de dinosauria

Cuando se despert√≥, el dinosaurio ya se hab√≠a marchado a correr. Entonces pens√≥ en que la diferencia entre los dioses ol√≠mpicos y los simples humanos era nuestra mortalidad. Se puso las zapatillas, estir√≥ los brazos y sinti√≥ unas ganas horribles de sumergirse de nuevo entre las s√°banas. Qui√©n le mandar√≠a levantarse tan temprano, tampoco podr√≠a volverse a dormir. Ech√≥ de menos al dinosaurio, como qui√©n echa de menos una excusa para remolonear. Mientras beb√≠a sorbitos el caf√©, aterriz√≥ en la pregunta clave: cu√°les eran las contingencias vitales que le hab√≠an ocurrido al dinosaurio para disfrutar con aquel sufrimiento. La respuesta estaba en la ausencia del caf√© en la taza, de la pereza en la tentaci√≥n y, en √ļltima instancia, del miedo a que esa diferencia entre los dioses ol√≠mpicos y el dinosaurio existiera m√°s all√° del presente. Fue en ese momento cuando decidi√≥ que ese a√Īo se disfrazar√≠a de dinosauria.

# 58 Santiago Eximeno Hernampérez

 

A destiempo

Justo antes de cruzar la meta a Javier le adelanta otro corredor. Pelo blanco, cuerpo enjuto, quiz√° veinte o treinta a√Īos mayor que √©l. Javier lo pierde de vista poco despu√©s, mientras bebe agua y habla con su madre. ‚ÄĒ¬ŅY pap√°? ‚ÄĒpregunta‚ÄĒ. ¬ŅEst√° con Ra√ļl? ‚ÄĒS√≠ ‚ÄĒresponde su madre‚ÄĒ. Ha entrado tercero. ‚ÄĒYo ni siquiera he mirado mi tiempo. Despu√©s, cuando se despide de su madre y se marcha sin ver a su padre y a su hermano, ve de nuevo al corredor que le adelant√≥. Se ha cambiado de ropa y se ha peinado el pelo blanco hacia atr√°s. Se le ve contento de s√≠ mismo. Javier quiere acercarse, hablar, intercambiar sensaciones sobre la carrera, pero no lo hace. Sabe que las cosas no hay que hacerlas a destiempo, que tienen su momento. Y por mucho que lo intenta, ese momento nunca llega.

# 57 Diego Gerardo S√°nchez

 

La anciana

Sent√≠ los pasos tras de mi‚Ķ -no podr√°n alcanzarme- me dije. Eran miles y sus rostros desencajados y su respiraci√≥n agitada me acechaban sin darme respiro. Mis pies sent√≠an el rigor del esfuerzo y en mi cabeza el retumbar de latidos me acompa√Īaba. No iba a detenerme, no pod√≠a parar‚Ķpero al girar en una esquina un grito me desconcert√≥‚Ķah√≠ estaba una anciana se√Īal√°ndome. Faltaban cien metros nada m√°s, esta vez ser√≠a el primero en llegar‚Ķnada podr√≠a detenerme. Ni la turba que me segu√≠a a muy corta distancia ni los insultos de la anciana‚Ķlas gotas de sudor en la frente y mis l√°grimas empezaron a brotar de los ojos‚Ķ treinta metros‚Ķo pasos me separaban de mi destino. Con la mirada perdida cruc√©, cort√© el list√≥n y segu√≠ corriendo unos metros m√°s‚Ķ Desde lo alto del podio, sonriendo, la volv√≠ a ver‚Ķ ya no me insultaba‚Ķ esa anciana‚Ķera mi madre.

# 53 Antonio Martín Morales

 

Correr sin motivo

Recuerdo cuando caminaba con los grilletes puestos. Eran grilletes invisibles, pero muy pesados. Recuerdo ir a un parque con mi hijo y sentarme en la hierba. √Čl sal√≠a a correr y yo lo esperaba leyendo prensa. Ve√≠a a los que corr√≠an y pensaba que no ten√≠a sentido hacerlo. Ahora no hay d√≠a que no salga con sus zapatillas puestas un rato al parque. No hay d√≠a que no piense en mi hijo, y que no intente atraparlo justo delante de m√≠ cada ma√Īana. Cuando me arden los pulmones, cuando quiero detenerme a llorar, √©l sigue ah√≠ delante, se gira y me pide que le siga, que no me pare. Ya no tengo grilletes, soy parte del viento, como √©l.

# 52 Arturo Agud Belles

 

¬°All√° que va!

Teniendo en cuenta la importancia de la carrera, m√°s val√≠a dar el cien por cien. No importaba cuanto costara el entrenamiento previo, la competencia que hubiera a lo largo del recorrido o el puesto con el que quiz√°s no quedara ni el primero. Lo importante era participar con ilusi√≥n, con gozo, sin pensar quien era m√°s r√°pido corriendo o no. En m√°s de una ocasi√≥n he podido ver a gente que se ca√≠a o se torcia alg√ļn tobillo, y parar los corredores cercanos para ayudarles en lo posible para terminar el recorrido con √©xito. Y eso es lo que m√°s me llena de orgullo, la solidaridad y el compa√Īerismo que aportamos cada uno de nosotros, sin importar c√≥mo seamos ni de d√≥nde procedamos.

# 51 JOS√Č CUENCA G√ďMEZ

 

MIRADA AZUL

MIRADA AZUL Los asistentes a la entrega de premios centran su mirada en el campe√≥n de la SanSil. El campe√≥n de la SanSil pasea su mirada por los asistentes a la entrega de premios. Su atenci√≥n la centra la cara redonda de una ni√Īa de unos ocho a√Īos que espera impaciente a que comience la ceremonia. Los vencedores, uno tras otro, obtienen su trofeo o su premio. Por fin llega el turno del campe√≥n y sin apenas reflexi√≥n, busca a la peque√Īa entre la multitud, la toma de la mano, y junto a ella sube al escenario para recoger el premio. El aplauso de la multitud llena el pabell√≥n del San Estanislao cuando le entrega el trofeo de campe√≥n. Ella le observa con su rasgada mirada azul, llena de bondad, y ternura. Llenando el escenario con su dulzura.

# 49 Pablo José Sánchez Fernández

 

Mi vida y mi pasión

Esfuerzo y superaci√≥n son las metas que persigo. En el camino est√°n horas de entrenamiento en las que la propia cabeza piensa en rendirse muchas veces. La soledad no es f√°cil y la dureza del terreno tampoco. Piensas en los motivos que te llevan a ello, en el sentido que tiene o en el fin √ļltimo del objetivo, pero la lucha sigue y el fin es la satisfacci√≥n al terminar una carrera. La posici√≥n es lo de menos, lo importante es el esfuerzo realizado y la motivaci√≥n por continuar. Mis piernas llevan muchos kil√≥metros de caminos, asfalto y campo. No se rinden, siguen a mi lado pese a que alguna vez hubo que abandonar porque mi cuerpo no era capaz de responder. Ahora eso representa experiencia frente a aquellos que no han hecho m√°s que comenzar. Todo ayuda, todo sirve para asegurar que correr es mi vida, mi pasi√≥n.

# 48 José Manuel Gómez Vega

 

Runners luminosos

Cada fin de a√Īo las luminarias bajan del cielo para correr de inc√≥gnito la San Silvestre de Salamanca. J√ļpiter celebra el ambiente festivo y una pizpireta Venus destaca el buen rollo que se respira. Es el running, tercia Mercurio. Yo, desde que salgo a correr por el zodiaco, me llevo mejor con las estrellas. Enrojecido por la contenci√≥n de la risa, Marte le dice a Saturno que tenga cuidado no vaya a reventar el cintur√≥n. El viejo se lo ajusta, resopla y reniega de los excesos navide√Īos. Todos se r√≠en, excepto la Luna. Hace poco, les confiesa, apareci√≥ un bello cometa en una curva de mi √≥rbita. Me pregunt√≥ si faltaba mucho para Capricornio y, sin m√°s, esprint√≥ hasta desvanecerse en la noche, llev√°ndose consigo mi coraz√≥n. Una carcajada caldea la fr√≠a ma√Īana salmantina. ¬°Lo espant√© yo, querida m√≠a!, exclama el Sol. ¬°Sali√≥ corriendo con la cola entre las piernas!

# 47 César Ndjocu Davies

 

Aquí estoy

‚ÄďMa√Īana voy a correr la Marat√≥n de Nueva York ‚Äďdijo Lucia, regal√°ndome la sonrisa m√°s honesta y c√≥moda que le pod√≠a ofrecer al despistado que le hab√≠a invitado a un caf√© despu√©s de tropezar con ella por ir mirando el m√≥vil. En su mirada hab√≠a determinaci√≥n, pasi√≥n, coraz√≥n y ambici√≥n que se pod√≠a confundir con amor. Y en la peque√Īa sonrisa que se le escap√≥, justo antes de abrazar el caf√© con sus labios, observ√© que en su alma, hab√≠a algo de historia‚Ķalgo que ten√≠a que ver con sus inicios. ‚Äď¬ŅDe d√≥nde te viene el amor por correr? ‚Äďinterrogu√© con la expectaci√≥n de un ni√Īo que pregunta por primera vez ‚Äúde d√≥nde vienen los ni√Īos‚ÄĚ. Y ella, recordando su primera vez, me contest√≥: ‚ÄďDe la San Silvestre Salmantina. Un a√Īo despu√©s, aqu√≠ estoy. Donde empez√≥ todo para ella. Preparado para correr mi primera carrera. Esperando a que ella‚Ķ tropiece conmigo.

# 46 Jes√ļs Garabato Rodr√≠guez

 

Anhelos

‚Äú¬ŅEsto ser√° un calambre? Que molestos esos pitidos. Y que olor tan raro. Estoy como flotando. ¬°Ah, s√≠! Pensaba en que ya debe faltar poco para Navidad. Por fin voy a correr la San Silvestre. El a√Īo pasado tuvo un recorrido muy chulo. Los participantes cruzaron el Tormes y el centro hist√≥rico. Alba, mam√° y yo nos quedamos por la zona de la Universidad para ver pasar a pap√°. Hab√≠a much√≠sima gente animando. Ayer, al volver de Candelario de visitar a los abuelos, pap√° me prometi√≥ que este a√Īo ir√≠a con √©l. Me encuentro tan d√©bil que tendr√© que entrenar mucho. Uf, me pica un ojo. ¬ŅPor qu√© no puedo mover la mano?‚ÄĚ. ‚ąíAlba, mira: Ra√ļl ha movido un ojo. R√°pido, avisa a la enfermera. ‚ąíMam√°, por favor, no empieces. Solo es un movimiento espont√°neo. Te lo hemos dicho mil veces.

# 45 CARMEN RUIZ RUIZ

 

ORDEN DE ALEJAMIENTO

Lo identifiqué entre la multitud antes de que comenzara la prueba. Cuando anunciaron el inicio de la carrera, y todos nos agolpamos en la salida, noté su aliento especialmente cerca, pero no me giré a comprobarlo. Mi cuerpo estaba concentrado y tenso. Salimos en tropel. Los participantes ya habían tomado su espacio, pero él me pisaba los talones; no era la primera vez. Por megafonía anunciaron que estábamos entrando en la meta. Varios policías, camuflados entre los corredores, lo rodearon y lo acercaron discretamente a un coche policial, mientras le leían sus derechos. Así fue como me enteré de que había sido la primera mujer “amateur “que entraba en meta en la San Silvestre Salmantina. El organizador del evento me preguntó qué fue lo que me motivo a correr tan rápido y, yo, sin pensármelo, le respondí: -El miedo-.

# 44 Gloria Torres S√°nchez

 

Ese monstruo doméstico llamado aburrimiento

Era una ma√Īana tremebunda, con cada rugir del techo la ciudad, asfixiada por el agua, parpadeaba fluorescente. La potencia del diluvio hac√≠a crepitar toda superficie met√°lica y yo corr√≠a; corr√≠a sin tregua huyendo de los soportales, de las paradas de bus, de todo tejadillo o paraguas. No recuerdo cuanto tiempo dur√≥ la carrera; lo que s√≠ conservo es la imagen del instante en que quieta, empapada y exhausta, ca√≠ en la cuenta de que hab√≠a olvidado la raz√≥n que me hizo salir de casa.

# 43 MAR√ćA DEL PINO P√ČREZ MORENO

 

AUNQUE LLUEVA

Aunque llueva -Aunque llueva, tengo que salir a correr. -Pero vas a pillar un resfriado.- dijo el chico. -Imposible. Correr s√≥lo me sienta bien. -S√≠, eso no hace falta que lo asegures: las pruebas son m√°s que evidentes- dijo √©l, recorriendo el cuerpo de la chica de arriba abajo. -Te equivocas: la parte de mi cuerpo que m√°s se beneficia por correr, es mi cabeza. Cuando corro, desconecto de todo y s√≥lo estoy centrada en los pr√≥ximos cien metros, en la m√ļsica que estoy escuchando, en el paisaje, en el aire que refresca mi cara, en el cambio en las gentes y en sus costumbres con las estaciones del a√Īo. La chica sigui√≥ explic√°ndose: -La segunda parte de mi cuerpo que mejora, son los pulmones: cada vez respiro mejor y me canso menos. Y, por √ļltimo, todo mi cuerpo, como muy bien has observado, sale beneficiado- ri√≥ divertida la chica.

# 42 Justo Escudero

 

Sin pulsómetro

No me dejaban inscribirme en la carrera, los muy‚Ķ Porque tengo ochenta a√Īos. ‚ÄúSi yo corro que me las pelo‚ÄĚ, les dije, ‚Äús√≥lo necesito un par de carajillos, que ya me he trincado en el bar, y nada‚Ķ Dadme pista‚ÄĚ, a√Īad√≠ mientras apuraba un cigarrillo. Al final, no hubo manera de convencerles y tuve que correr sin dorsal. Qued√© el cuarto por detr√°s de tres keniatas. C√≥mo corren los cabrones. El a√Īo que viene, empiezo a entrenarme quince d√≠as antes de la carrera y les crujo.

# 41 Lisandro José Reholón González

 

Te amo, vida.

Suena el pistoletazo y comienza la carrera. La nueva edici√≥n de la San Silvestre Salmantina promete y quise prepararme a consciencia poniendo √©nfasis en los detalles, aun en los m√°s peque√Īos, toda vez que los grandes atletas dicen que en los deportes como el atletismo cada segundo cuenta. Zapatillas, ropa deportiva, hidrataci√≥n, preparaci√≥n f√≠sica y disciplina, todos son importantes. Pero la carrera es m√°s que puro correr y saltar. M√°s all√° de la competencia hay fiesta y diversi√≥n. Esa juntura de gentes como en misa de domingo, conciertos, zarzuelas y Festivales de Rock, es la celebraci√≥n de la vida. Por ello debemos ser generosos en el triunfo y humildes en la derrota. La competencia es encuentro de multitudes, no batalla contra otros sino la lucha personal de cada quien contra el cansancio y nuestras propias limitaciones. La mente nos qu√≠a, pero la voluntad la construimos con el coraz√≥n. Celebremos.

# 40 Iv√°n Parro Fern√°ndez

 

El sue√Īo esperado

Tras pensarlo durante varios d√≠as por fin dio el paso. Se dirigi√≥ con presteza a la oficina y se inscribi√≥ con dudas pero consciente de lo que quer√≠a hacer. La cita era dentro de dos meses y a√ļn ten√≠a tiempo para prepararse. Era una de sus grandes metas despu√©s de la operaci√≥n. Antes s√≥lo pod√≠a participar en las carreras viendo la televisi√≥n pero esta vez era su momento, su oportunidad de demostrarse a s√≠ mismo que pod√≠a hacerlo. A veces miraba las fotos cuando no pod√≠a casi ni moverse, pero hoy se sent√≠a un triunfador y quer√≠a demostrarlo. Y adem√°s en su tierra, con su gente, en la imponente Salamanca a la que tanto adoraba. Por fin cumpl√≠a un sue√Īo del todo esperado y con el que seguro iba a disfrutar como nunca. Ya quedaba menos para la San Silvestre Salmantina y estaba nervioso pero muy feliz.

# 39 Fernando Gabriel Alvarez

 

Benja

Toda la vida me he preparado para este momento.Desde que vi a mi padre correr por primera vez, siendo yo un chaval, que espero este d√≠a. Cuando se acercaba el fin de a√Īo y todos los colegas esperaban las navidades para recibir sus presentes, yo esperaba con ansias el 26 para ver pasar los corredores desde la ventana de nuestro piso salmantino. Fueron a√Īos de preparaci√≥n, mientras ellos pasaban el rato a la salida del Insti, yo sal√≠a a recorrer las calles de Salamanca so√Īando con cruzar vencedor la meta. Por fin, ,este a√Īo podr√© participar, hace una semana cuando he cumplido mis 9 a√Īos he recibido de regalo los tenis que estrenar√© en la San Silvestre. ¬°No veo la hora de ir a buscar mi dorsal!

# 38 Anabel Gonz√°lez Gonz√°lez

 

Carrera

Era ella, lo supe en cuanto la vi. Corr√≠a junto a una multitud m√°s r√°pida que el viento. No lo pens√© y me lanc√© detr√°s, pero pronto la perd√≠ entre el gent√≠o. Desesperado, segu√≠ avanzando lo m√°s r√°pido que pude, pero fue in√ļtil. Parec√≠a haberse desvanecido en el aire, como un sue√Īo. Decid√≠ que no pod√≠a rendirme; la encontrar√≠a en la meta si me esforzaba lo suficiente. As√≠ que corr√≠, corr√≠ y corr√≠ entre aquella multitud de dorsales mientras mi mente se llenaba de recuerdos. Pero llegu√© a la meta y no estaba. Y record√© algo m√°s. Una cama de hospital, una despedida amarga. Fue como un pu√Īetazo. Entonces me dijeron que hab√≠a sido la primera persona mayor de noventa a√Īos en ganar la San Silvestre Salmantina. Que la vejez no me hab√≠a quitado nada. Respond√≠ que no era cierto. Porque se la llev√≥ a ella. A mi esposa.

# 37 María Luisa Albertos Medina

 

Debajo de otro sol

Los tacos de la calle 4 crujen ligeramente cuando Malika, tras la orden de ‚Äúa sus marcas‚ÄĚ, coloca los pies con decisi√≥n. ‚ÄúListos‚ÄĚ, resuena la voz del juez de partida. Peque√Īas gotas de sudor comienzan a asomarse con timidez en las frentes de las corredoras, pero no en la de Malika. Ella est√° acostumbrada a correr bajo un sol abrasador para huir de etnias enemigas, de mafias explotadoras, de alambradas asesinas; de muerte y dolor. Malika aprieta los labios. El mundo enmudece hasta que el pistoletazo la arranca del suelo. Vuela con la ligereza de una pluma. Avanza con la potencia de un acorazado. Ahora no huye. Ahora es ella la perseguidora. S√≠, persigue la nueva vida que la aguarda detr√°s de la l√≠nea de meta.

# 36 Maribel Romero Soler

 

LLEGA DICIEMBRE

S√°bado. Siete de la ma√Īana. Me calzo las zapatillas y las miro como si fueran de oro. Deslumbran. Forman parte de m√≠, de mis pesadillas y mis anhelos. Despu√©s de recorrer campos, carreteras comarcales y pistas deportivas, hoy voy a entrenar el circuito oficial. Bajo a la calle, llego a lo que ser√° la l√≠nea de salida y se me acelera el pulso. Hay turistas, como siempre en la ciudad, pero tambi√©n otros corredores que, como yo misma, quieren poner a prueba la adrenalina. Empiezo a buen ritmo. El cron√≥metro avanza. Corro, pero siento que vuelo. Soy un p√°jaro. No importa el fr√≠o de oto√Īo ni algunos charcos que dej√≥ la lluvia de la noche anterior. Sigo adelante. Un kil√≥metro, dos, tres... Observo los edificios como si estuvieran en otro mundo, esquivo alg√ļn coche, no me detengo. Es la m√°xima expresi√≥n de la libertad... Si no corres, no lo entiendes.

# 35 Eduardo Viladés Fernández de Cuevas

 

Churros en el camino

Me hab√≠a quedado sin trabajo, mi novia me hab√≠a abandonado y viv√≠a de nuevo en casa de mis padres. Me miraba en el espejo y no me reconoc√≠a. Mis amigos me animaron a que me apuntase a la San Silvestre Salmantina. El ejercicio y yo nunca nos hab√≠amos llevado muy bien, aunque acept√© a rega√Īadientes. Y ah√≠ estaba yo, el d√≠a de Nochevieja, con un ch√°ndal ro√≠do y viejo y unas zapatillas que me hac√≠an rozadura. A medida que avanzaba me invadi√≥ una inexplicable sensaci√≥n de alegr√≠a. La catedral, la Plaza Mayor, una se√Īora de edad indefinida corriendo m√°s deprisa que yo y comiendo churros a la vez. Llegu√© el pen√ļltimo, al borde del colapso, pero disfrut√© como nunca y me convenc√≠ de que la vida tambi√©n est√° hecha de buenos momentos como mi San Silvestre particular.

# 34 Ramon Obiol Reverté

 

Un reto superado

UN RETO SUPERADO El d√≠a esperado hab√≠a llegado. Un sue√Īo hecho realidad. Una sinfon√≠a de emociones le afloraron por todo el cuerpo en el mismo momento en que Javi cruz√≥ la l√≠nea de meta de la San Silvestre Salmantina. Hab√≠a estado entrenando mucho tiempo para conseguirlo. Sensaciones contradictorias se conjuraron en su interior: por un lado el sufrimiento personal durante la carrera, el sudor y las l√°grimas de los d√≠as de entrenamiento... por otro la satisfacci√≥n del reto superado, el sue√Īo materializado, los miedos vencidos... No obstante, Javi ten√≠a muy claro que con constancia y determinaci√≥n se pod√≠a alcanzar cualquier meta a pesar de tratarse, como era su caso, de un deportista parapl√©jico sin movilidad en las piernas y que realiz√≥ la carrera con silla de ruedas.

# 33 Mar√≠a Jes√ļs Juan

 

Destilando endorfinas.

No necesitaba mucho para que su mente se pusiera en modo ‚Äúzapatillas‚ÄĚ, solo ten√≠a que cerrar los ojos y activar los recuerdos de un a√Īo atr√°s cuando en la San Silvestre Salmantina quiso volar por encima del asfalto. Enfundarse las deportivas rojas con las puntas cuarteadas por el uso hac√≠a el resto. El rugido en el que se hab√≠a transformado la masa hab√≠a frenado su cansancio. Nunca se imagin√≥ que el calor de la respiraci√≥n de los dem√°s sobre su nuca le dar√≠a alas. Tampoco que le ayudar√≠a a olvidar las noches de hospital ni las l√°grimas. So√Īar con disfrutar as√≠ de ‚Äúsu ciudad bonita‚ÄĚ durante uno de los d√≠as de Navidad le animaba mucho. Para Daniel la esencia de aquella carrera consist√≠a en sentir que los corredores formaban un todo porque lo m√°s importante era pisar la meta, olvidando el puesto en el que hab√≠an alcanzado‚Ķ ¬°pero llegar!

# 32 FRANCISCO JAVIER NIETO CABEZAS

 

Silvestre, ¬ŅSan?

Noche cerrada en Salamanca, el frio cala en los huesos de los parroquianos que se concentran en los aleda√Īos del Parador calentando los m√ļsculos, nerviosos, tomando Red Bull. Padres e hijos se golpean en la espalda para animarse, hay corredores de fin de semana, atletas amateurs, nigerianos de paso, y los del Padre Basabe, que van a ganar no a participar, la Sansil es la Sansil. Una sombra totalmente vestida de negro se une a la ‚Äúcofrad√≠a de corredores‚ÄĚ, es un experto en persecuciones, a las que estuvo muy acostumbrado. PUMMM, salida, se coloca a la cabeza un corredor de Mali, seguido por Chano del Padre Basabe, y tras ellos Silvestre, el corredor que vest√≠a de negro. Una curva, una recta, una cuesta, y llegada a la meta, Silvestre llega primero, es su noche, la Noche m√°gica de la San Silvestre Salmantina‚Ķ

# 31 Ana Isabel Velasco Ortiz

 

PASION

La carrera ha comenzado y procuro seguir el ritmo que marcan los pies de mi padre. No perderle de vista. En un tramo del camino me ha buscado los ojos, ha dicho mi nombre y un ‚Äú√Ānimo que ya queda poco‚ÄĚ y a m√≠, me han entrado ganas de llorar. Codo con codo llegamos a la meta y una vez m√°s, √©l regresa a la nada. Un vac√≠o interior que cada a√Īo desaparece en esta cita y le devuelve al mundo real. Una lucidez que nos acompa√Īa todo el recorrido porque lo √ļnico que no se ha llevado la enfermedad del olvido, es su pasi√≥n por correr.

# 30 Lorenzo David Rubio Martínez

 

Atleta de futuro

Oy√≥ el pistoletazo de salida y comenz√≥ a correr con toda su alma. Era su primera participaci√≥n en una marat√≥n y no se le pod√≠a escapar la victoria, se dec√≠a, pero el esfuerzo empez√≥ a pagarlo pronto. Entonces cerr√≥ los ojos unos segundos y se concentr√≥ para seguir corriendo a velocidad temeraria. Al abrirlos, no hab√≠a se√Īales del kilometraje, ni p√ļblico, solo coches voladores y hologramas paseando por las calles. Al no ver ni rastro de la meta, decidi√≥ rendirse. Un avi√≥n ambulancia lo encontr√≥ desfallecido en medio de lo que, antiguamente, llamaban carretera.

# 29 ESPERANZA TIRADO JIM√ČNEZ

 

Dar el corazón

Siempre le gust√≥ correr. Empez√≥ en el colegio, y poco a poco fue subiendo categor√≠as y ganando premios. A veces, la falta de aliento por un catarro mal curado le hac√≠a detenerse en su carrera. No le daba importancia. Respiraba hondo y segu√≠a hasta la meta. Correr en la San Silvestre era su sue√Īo. Toda la ciudad arremolinada ante aquel espect√°culo de deporte y color. √Čl quer√≠a sentirse parte de ello. Con diecis√©is a√Īos se apunt√≥ con los mayores. Su ilusi√≥n m√°s grande. Y corri√≥ y corri√≥. Pero una tos de fr√≠o diciembre le detuvo. Estaba d√©bil por dentro. No lo sab√≠a. Nadie lo sospechaba. Y ya no pudo continuar. Hab√≠a llegado al l√≠mite. A la meta final. Y dio su coraz√≥n. Y dej√≥ su esfuerzo y su ilusi√≥n como regalo a todos los que, entre v√≠tores y aplausos, siempre est√°n ah√≠, anim√°ndote a seguir.

# 28 CRISTINA GALD√ďS MART√ćNEZ

 

OLEADA DE COLORES

√öltimo lunes del a√Īo. Me despierto con la excitaci√≥n de quien va a participar en un evento m√°gico para Salamanca. La San Silvestre, nuestra Sansil. Desayuno ligero, ducha fr√≠a y unos estiramientos. ¬°Me siento en forma! Camino a paso ligero hasta el punto de encuentro y, una vez all√≠, me coloco mi distintivo. Un disparo anuncia la salida de la carrera y la oleada de colores se pone en marcha. Giro la cabeza y observo que vienen hacia m√≠. R√°pido, muy r√°pido. Enseguida me dejar√°n atr√°s pero mi esfuerzo se ver√° recompensado:¬°los voluntarios nos colgaremos del cuello el reconocimiento de la ciudad!

# 27 Javier Lerín Albéniz

 

El √ļltimo minuto

Inhalo. Cojo todo el aire que puedo. Puedo ver la meta salmantina, pero mi cuerpo se est√° calentando demasiado tras cincuenta y siete minutos corriendo. En estos momentos me acuerdo de L√≥pez insistiendo en que jam√°s se me ocurriera alcanzar la hora. ‚ÄúPodr√≠a resultar mortal‚ÄĚ. Es lo que dijo el doctor L√≥pez. Mi puls√≥metro no deja de pitar y decido tirarlo al suelo. Su sonido es sustituido por el de mi coraz√≥n bombeando sangre y me felicito ir√≥nicamente por la decisi√≥n. No siento los dedos de mis pies; es lo que pasa cuando tienes esclerosis m√ļltiple y llevas sesenta minutos corriendo. Lo siguiente es el desmayo o, en el peor de los casos...bueno, ya sabes. Sesenta y uno. Mis piernas est√°n dormidas por completo, mi vista se nubla y mi padre recoge mi cuerpo en el aire mientras se lleva por delante la cinta de la meta al caer.

# 26 √Āngel Saiz Mora

 

SOMOS GRUPO

Buscamos el caj√≥n de salida. Suena un pistoletazo. Presiento que vamos a correr m√°s unidos que nunca. Todo son buenas sensaciones. El ritmo de mis amigos y el m√≠o se acompasa en una sola cadencia. Un pinchazo inoportuno en el muslo, al paso por la Avenida de Comuneros, perturba una carrera id√≠lica. No me detengo, el aliento de los dem√°s logra sobreponerme. Ya en el Paseo de San Antonio, bajo el cron√≥metro, los cinco chips en los cordones de mis zapatillas forman un coro de pitidos estridentes. Miro el asfalto que tantas veces compartimos, similar al de la curva traicionera de aquella ma√Īana en la que yo no pude acompa√Īarles, cuando los cuatro iban en el mismo coche, camino de una carrera popular. Sudor y l√°grimas se confunden mientras quito los imperdibles. Separo los dorsales de la camiseta, los elevo en direcci√≥n al cielo.

# 25 Héctor Bayón Campos

 

El Mensaje

A Miguel, un joven estudiante de Humanidades, eso del deporte no le convenc√≠a demasiado. Y es que su ideal de vida retirada no casaba muy bien con la idea de correr-o hacer running como lo llamaban ahora-. Pero su abuela, que no quer√≠a verlo enclaustrado en casa, le dijo: - ¬ŅPor qu√© no participas en la carrera de San Silvestre? Dicen que es muy divertida‚Ķadem√°s, si te apuntas te har√© un regalo con el nombre en lat√≠n. Y claro, el d√≠a lleg√≥‚Ķ y all√≠ estaba √©l, en primera l√≠nea de salida. La experiencia fue mejor de lo √©l que pensaba ¬°hasta hizo amistades en plena carrera! Y al arribar a meta vio una figura conocida. Era su abuela, con unas zapatillas deportivas bajo el brazo y una inscripci√≥n en lat√≠n que dec√≠a: ‚ÄúAnima Sana In Corpore Sano‚ÄĚ. Definitivamente, Miguel hab√≠a captado el mensaje‚Ķde ‚Äúla San Silvestre Salmantina‚ÄĚ.

# 24 Miguel Hernandez Garcia

 

Farolillo rojo

Ya no voy a mirar el reloj, ni quiero casi mover las pupilas a los lados. Prefiero fijar un punto, desenfocar y continuar de un modo inconsciente. A pesar de quedarme atr√°s en la salida, previendo lo que suceder√≠a, me ha ido adelantando todo el mundo, hasta los que van disfrazados de Pap√° Noel y de radar de tr√°fico. Otro habr√≠a parado, y no niego que me lo he planteado, pero no siempre gana quien llega el primero. Es precisamente el vencedor, un treinta√Īero espigado, el que espera en la meta contigo de la mano, algo que destacan desde la megafon√≠a en la l√≠nea de meta. Al cruzar s√© que he alcanzado mi objetivo: han hablado de tu problema y han mencionado la web donde la gente puede colaborar para conseguir que te cures. Tu sonrisa me ense√Īa que hay farolillos rojos m√°s brillantes que cualquier medalla de oro.

# 23 √Ālvaro Rodr√≠guez Bonilla

 

Batalla

No puedo dejar que me alcance, no solo por la promesa a mi familia si no por que solo quedan 2 kilómetros por recorrer. Llego a la meta sometido a una inmensa felicidad y por primera vez lo puedo decir, hoy gano yo y pierde el cancer.

# 22 Modes Lobato Marcos

 

TOY

Quiero ser libre. No quiero ser marioneta de nadie. Quiero escuchar el susurro del viento. No quiero grilletes mordiendo mi alma. Quiero correr por espacios abiertos. No quiero vestirme de claustrofobia. Quiero correr bajo la lluvia. Quiero sentir nieve en el pelo. No quiero ali√Īar con mazmorras mi tiempo. Quiero acariciar la barrera del sonido. No quiero entrar en v√≠a muerta, ni quiero frenos. Quiero ser una persona. No quiero ser un dibujo animado. Quiero salir de este Cinexin.

# 21 HUMBERTO BELENGUER AGUILAR

 

ZAPATILLAs NUEVAs

Si correr es de cobardes, aqu√≠ no quedan valientes, termina de sonar la se√Īal de salida y nadie quiere ser el √ļltimo, pero por m√°s que lo intento, no logro estar en primera l√≠nea, lo que me consuela, es el saber que he cambiado por el camino algo de colesterol, y alguna grasita despistada, y lo he reemplazado por salud, que no es poco, tambi√©n ha resultado gratificante, el haber ganado compa√Īeros de pantal√≥n corto, y mil sue√Īos, sue√Īos que posiblemente no se har√°n realidad, porque me da la sensaci√≥n que esto es como la pol√≠tica, siempre ganan los mismos. He estado pensando en intentar copiar los h√°bitos de los ganadores, por si da resultado, pero al final he optado por comprar unas zapatillas nuevas y darle los buenos d√≠as al sol todas las ma√Īanas, he obtenido el mejor premio, mi satisfacci√≥n personal.

# 20 Miguel√°ngel Flores

 

Correr por libre

Sabía de madres que amenazan con lanzarse al tren, con tomar pastillas o tirarse por el balcón. La mía siempre advertía que un día saldría corriendo. Y lo hizo. Primero dio una vuelta a la manzana, pero enseguida volvió a hacer la cena y echar las lentejas en remojo antes de acostarse. Otra vez, también harta, recorrió todo el barrio. Luego se apuntó a una carrera de madres. Después, de personas en general. Llegaron las populares. Y su vida se fue llenando ahora de maratones. Una tarde habló de correr el Camino de Santiago. Mi padre gritó que ya se estaba pasando. Ella no contestó, después de quitarse el chándal, se puso a limpiar la campana extractora. Un atardecer no volvió. Papá, que nunca entendía nada, se fue a Galicia a buscarla. Pero yo cada noche me tumbo mirando el firmamento, esperando verla pasar corriendo, feliz por la Vía Láctea.

# 19 Belén Sánchez Humanes

 

Una San Silvestre mítica

Cuando Mercurio decidi√≥ participar en la San Silvestre Salmantina, los dem√°s inscritos protestaron. Competir con alguien que lleva alas en los talones no es muy alentador, que digamos. Mercurio se entrenaba en la Aldehuela, m√°s por presunci√≥n que por necesidad de prepararse, dejando atr√°s a atletas y velocistas. Unos d√≠as m√°s tarde apareci√≥, en las listas de inscritos, Flash, el superh√©roe, que ni siquiera se tom√≥ la molestia de entrenarse. Y, a tan solo un d√≠a del cierre de inscripciones, el nombre del Correcaminos, seguido, c√≥mo no, del sempiterno Coyote, acab√≥ de intimidar al resto de participantes. El d√≠a de la carrera, reporteros de todo el mundo acudieron para retransmitir el espect√°culo. ¬ŅQui√©n se alzar√≠a con la victoria? El d√≠a amaneci√≥ fr√≠o. Muy fr√≠o. Una niebla helada invad√≠a las calles. Y por eso gan√≥ Manuel Gonz√°lez, frutero de la plaza de la Fuente: el √ļnico que llevaba gorro.

# 18 Yolanda Millas Alonso

 

Todos dejamos huella

Paseo de San Antonio. Empieza la carrera. Me encuentro bien. Muy bien. El color gris del d√≠a. El gent√≠o. Expectaci√≥n. Plaza Mayor. Me siento ligero. Veo las caras de los espectadores. Felices. Paseo del Congreso. Puedo notar el sudor en mi cuerpo. Se mezcla con el olor de mi camiseta. Con el olor del fr√≠o. Cansancio. Conversaciones, voces, sonrisas. Cuesta de Oviedo. Solo escucho mi coraz√≥n: bum, bum‚Ķ lo siento en la sien. Como un tambor de tama√Īo diminuto, tocado por unos palillos a√ļn m√°s diminutos. Sigue en la sien. Aplausos. Avenida de los Comuneros. Desfallezco. Me alientan. Me recupero torpemente. Continuo. Paseo de San Antonio. S√≠, lo puedo ver. Ah√≠ est√°. La meta. Muchedumbre que se agrupa alrededor. Bullicio. Risas. Abrazos‚Ķ. Todos hemos participado. Todos dejamos huella.

# 17 Ra√ļl Garc√©s Redondo

 

LA MIGRACI√ďN DEL √ĎU

La junta directiva se reuni√≥ con car√°cter de urgencia. Hab√≠an adquirido los derechos televisivos de la San Silvestre Salmantina pero en los √ļltimas ediciones los niveles de audiencia hab√≠an experimentado un descenso progresivo. Ten√≠an que hacer algo y r√°pido. Coincidieron todos en que deb√≠an darle m√°s emoci√≥n al evento. Y se les ocurri√≥ introducir una manada de leones que persiguieran a los participantes. Pero pese a lo novedoso de la idea, la respuesta de los televidentes no fue la esperada. Establecieron entonces que los corredores cruzaran un caudaloso r√≠o repleto de cocodrilos. Pero ni con esas. Y es que olvidaron que a pesar a lo que afirman las encuestas, nadie ve los documentales de animales de la 2.

# 16 Mar√≠a Jos√© Lombra√Īa de los R√≠os

 

Rutinas e ilusiones

Juliana se levanta al alba, se pone las zapatillas y corre durante una hora, siempre por la orilla del r√≠o Tormes. Despu√©s se ducha y va al trabajo. Ense√Īa espa√Īol para extranjeros en una de esas academias que se han puesto de moda en los √ļltimos a√Īos. Sigue esta rutina d√≠a tras d√≠as desde que le diagnosticaron un tumor en el pecho izquierdo. El onc√≥logo recomend√≥ hacer ejercicio diario y Juliana lo sigue al pie de la letra....kil√≥metro tras kil√≥metro...su m√°xima aspiraci√≥n es ir al marat√≥n de Nueva York pero mientras tanto se conforma con la San Silvestre Salmantina que, francamente, no est√° nada mal.

# 15 Miguel Bravo Vadillo

 

Correr para vivir.

Correr me ha hecho vivir experiencias inolvidables. He conocido distintos lugares y culturas, he hecho amigos de todas las razas y condiciones. Incluso conoc√≠ al que ha sido el hombre de mi vida en una marat√≥n, ese hombre que ahora recorre las silenciosas calles de la muerte. Dicen que quien corre huye de algo, yo corro para mantener viva la llama de su amor. No busco competir, como no sea contra el olvido. A mis setenta a√Īos me basta con llegar a la meta. Pero nunca lo importante es llegar el primero o la primera, sino llegar. Importa dejar tu huella sobre el asfalto como quien deja su huella en la vida. Esa es ya una gran victoria que muy pocos saben apreciar. √Čl sab√≠a hacerlo, por eso siempre corri√≥ a mi lado; y por eso ma√Īana lo llevar√© en el coraz√≥n. Su recuerdo marcar√° el ritmo de mis latidos.

# 14 Alba Moya √Ālvarez

 

Cuatro barrios con encanto

Era un d√≠a de 1984 y un joven murmuraba mientras se pon√≠a el dorsal n√ļmero 389. ¬ŅPor qu√© le habr√≠a tocado el √ļltimo? ¬ŅIndicaba esto que tendr√≠a Prosperidad en la carrera, que ganar√≠a? Una vez que dieron la salida, corri√≥ por las calles de su amada Salamanca, envuelto en las Delicias que presentaba la ciudad ‚Äďy que todos sus habitantes ya conocen. Despu√©s de dos barrios, pas√≥ por delante de una Iglesia, donde se colaba el sol enfocando a una mujer que rezaba a San Isidro. Fantase√≥ con que, si llegaba el primero, quiz√° lo esperaran con la alfombra hecha un Rollo color burdeos que se extender√≠a a su llegada. C√≥mo iba a imaginarse el ganador de ese a√Īo que hoy ser√≠amos m√°s de 6500 personas acompa√Īando a la querida Sansil.

# 13 Dulce María Ballester Alarcón

 

Cuando el príncipe no vino

PUM. Con el pistoletazo de salida la tiara cay√≥ al suelo. El sonido de los pliegues del real vestido despertaban expresiones de incredulidad a su paso, al tiempo que la velocidad sacud√≠a sus cabellos dorados cual rayos de sol, enmara√Ī√°ndolos sin piedad, casi con gracia. Sus labios rojos cual carm√≠n reflejaban el esfuerzo de estar viva, de huir de la sombra de aquel sue√Īo maldito que la amenazaba. El tiempo de algodones hab√≠a pasado. Sumaba los km por ella. <<¬°Los tiempos de princesas han acabado!>> La antigua princesa corr√≠a porque as√≠ deb√≠a ser, porque ella contaba en el mundo, y nada iba a detenerla. Nada. El reguero a sanguinolento de cristales rotos que sus pies, ahora descalzos, dejaba atr√°s, era la mayor prueba de ello.

# 12 Anna Oliveras Paré

 

La magia de la carrera

Nadie entendi√≥ por qu√© ese corredor se quedaba en la l√≠nea de salida, at√°ndose los cordones, como si no hubiese tenido tiempo antes de escuchar el pistoletazo de salida. Aun as√≠, durante el transcurso de la carrera, los dem√°s participantes fueron cayendo uno a uno en el suelo, abatidos por el humo misterioso que un espectador camuflado, con un vestido azul, larga barba blanca y un sombrero puntiagudo, echaba en el agua de los atletas justo antes de llegar a la meta. Al d√≠a siguiente, un ni√Īo se acerc√≥ al flamante ganador y le dijo: ‚ÄĒProfesor Gabriel, gracias a la cursa de ayer, entend√≠ mejor la f√°bula de la liebre y la tortuga que cada d√≠a nos cuentas en clase. Y entonces, Gabriel se pregunt√≥ qu√© habr√≠a hecho mal. √Čl solo quer√≠a demostrarles que el mago Merl√≠n exist√≠a de verdad.

# 11 Mª del Rosario Val Gracia

 

Una corredora, dos dorsales.

Era su mayor ilusi√≥n, pero se fue antes de que llegara el gran d√≠a. Comida por la tristeza, guard√≥ los dos dorsales‚Ķ que terminaban en 38 y 39, casualmente el mismo n√ļmero de a√Īos que estuvieron casados, en una cajita. Esta ser√≠a la primera convocatoria a la que no acudir√≠an. Incluso, dej√≥ de ir a su panader√≠a favorita porque en la puerta la anunciaban: ‚ÄúXXXIII San Silvestre Salmantina‚ÄĚ. No quer√≠a o√≠r hablar de carreras. Nos ten√≠a preocupados. Mam√° ya no sonre√≠a. Ni siquiera sal√≠a a pasear, dec√≠a que no ten√≠a cuerpo para nada. Como cada a√Īo nos situ√°bamos cerca de la meta y disfrut√°bamos del evento con nuestros peque√Īos. Mi marido fue el primero en verla. Llegaba exhausta. Me acerqu√© a abrazarla. El sudor pintaba su cuerpo. El coraz√≥n se le escapaba del pecho, pero sonre√≠a, plet√≥rica. En su espalda llevaba su dorsal, debajo‚Ķ el de pap√°.

# 10 Reme Gómez Llopis

 

Mitología

-No te he visto entre los inscritos de la San Silvestre y me ha extra√Īado, porque t√ļ corres, ¬Ņno? ‚Äď su coraz√≥n¬† no corr√≠a, galopaba. Pens√≥: voy a desmayarme. Record√≥ las veces que su mente le dec√≠a que no podr√≠a aguantar un kil√≥metro m√°s y su cuerpo la desminti√≥. Como ahora. -Es que me he lesionado el tend√≥n de Aquiles, y a√ļn no s√©‚Ķ ‚Äď dijo haciendo un esfuerzo f√≠sico sobrehumano. -As√≠ que es cierto que los h√©roes sois mitad humanos ‚Äď dijo sonriendo y achinando a√ļn m√°s sus demoledores ojos de miel. Record√≥ la leyenda de Aquiles; c√≥mo, buscando la inmortalidad, su tal√≥n se convirti√≥ en la √ļnica parte vulnerable de su cuerpo. Contempl√≥ con cara de alelado a Teresa alejarse en direcci√≥n a clase, sabi√©ndose observada, regal√°ndose a sus ojos. Y comprob√≥ maravillado c√≥mo su tal√≥n de Aquiles segu√≠a latiendo como un loco en la parte izquierda de su t√≥rax.

# 9 LUR TORRALBA

 

DOS CARRERAS

Con el pistoletazo del principio, mi coraz√≥n sali√≥ disparado dispuesto a no dejarse ganar. Not√© el vac√≠o, gran dolor por su ausencia y pens√© que nadie puede alcanzar ninguna meta descorazonado. En mi dorsal coloqu√© su nombre para gritarlo a cada zancada. Pasaron por mis retinas kil√≥metros de mi vida a c√°mara lenta. Me dio tiempo de arrepentirme de los errores, de sentir nostalgia por las oportunidades perdidas. A escasos metros del final lo vi esperarme rodeado de un grupo de sanitarios que lo vitoreaban para devolverlo a la vida. Se subi√≥ al podium de mi pecho en pleno infarto y juntos saboreamos los aplausos del p√ļblico que intentaban retenernos tras cortar la cinta. La sirena de la ambulancia atraves√≥ la ciudad a la carrera donde perdi√≥ la se√Īora de la guada√Īa. Gan√≥ la medalla el m√©dico m√°s r√°pido de urgencias pues gracias a √©l que vivo.

# 8 cristina sanfélix madrid

 

un nuevo a√Īo

Al ruido del disparo me lanzo al asfalto. En mi walkman marco el play y la casete comienza hacerse o√≠r por mis o√≠dos. El ruido del tumulto desaparece de mi mente. Empiezo pisando bien fuerte al comp√°s de Qween y mis zapatillas Jomas se adaptan perfectamente a mis piernas. Por megafon√≠a apenas escucho c√≥mo va transcurriendo la carrera. No me importa. En mi m√ļsica, Madonna me marca el ritmo. Y aunque haga fr√≠o s√© que mis piernas resistir√°n. La cinta de la casete se ha enganchado y Michael Jackson se repite una y otra vez en mi cabeza. Me quito los auriculares al llegar a la meta. Silencio. Nadie me espera. Pero acabar el √ļltimo me da igual. Me siento en el suelo y mientras me retiro las pr√≥tesis, las √ļltimas horas del 1984 se marcan en mi reloj. Y sonr√≠o. Un nuevo a√Īo empieza para m√≠.

# 7 Juan José García Izquierdo

 

"Podré llegar"

Con las gotas de sudor cayendo por la cara, y con los pies doloridos pisando las centenarias calles de la ciudad, llegaba a la meta de la carrera. Los m√ļsculos, agotados, se me agarrotaban impidi√©ndome avanzar, y el disfraz de vikingo hac√≠a que el calor fuera insoportable. Los √ļltimos metros se hac√≠an eternos. "Podr√© llegar" me dec√≠a a mi mismo mentalmente. Lo consegu√≠. Llegu√© a la meta. El √ļltimo de todos los corredores, pero consegu√≠ terminar.

# 6 HEVAOS

 

RENCO

Me lo encontr√© en la √ļltima San Sivestre y la cara de pillo no le hab√≠a cambiado. Corr√≠an los a√Īos sesenta cuando coincidimos en el Milagro. Su cojera no era impedimento para jugar ni para dar bromas y hacer perrer√≠as a sus compa√Īeros. A √©l no le importaba que le llamaran Renco ya que dec√≠a, que le gustaba m√°s que su horripilante nombre de pila. Yo pens√© ¬ŅD√≥nde ir√° este hombre a correr con esa cojera? Como siempre los primeros kil√≥metros los hice a tope, pero a mitad de carrera ya estaba reventado y en esos momentos alguien me adelant√≥ y me salud√≥ con un "Bye-Bye" y ¬°era el Renco! que con su baile de carrera tan especial me hab√≠a dado una buena pasada. Quise seguirle todo rabioso sacando fuerzas de flaqueza, pero me fue imposible. El termin√≥ m√°s fresco que una lechuga seg√ļn me dijo despu√©s en l√≠nea de meta.

# 5 Carlos Miguel Herrera Molpeceres

 

SUE√ĎO DE UNA NOCHE DE VERANO.

¬° Tras una carrera mete√≥rica, consigui√≥ la victoria !. ¬° Lo logr√≥ por fin !. Sus piernas, fuertes y robustas, hab√≠an devorado los kil√≥metros de prueba, los diez, pulverizando su registro personal. ¬° Como un b√≥lido de F√≥rmula 1, la hab√≠a disputado !. En meta, felicitaciones y parabienes. Era una persona laureada, victoriosa, Paco hab√≠a superado en l√≠nea de llegada a seis mil personas, sufridas y agotadas. De repente todo se desvaneci√≥, como un castillo de naip√©s, ¬° hab√≠a sido un sue√Īo ........!.

# 4 MAR√ćA JOS√Č VIZ BLANCO

 

EL CHINO

Una suave brisa acompa√Īa mis movimientos. Paladeo libertad y orgullo, a grandes zancadas. El gemelo izquierdo parece resentirse pero, a pesar de la molestia, estoy determinado a acabar la carrera. Recuerdo cuando llegu√©, hace seis a√Īos, desorientado y con temor, a esta ciudad. En los comienzos, recib√≠ alg√ļn rechazo y me sent√≠ arrinconado, como un trasto in√ļtil. Mis rasgos orientales y mi escaso conocimiento del espa√Īol, en aquellos tiempos, alimentaban dicho aislamiento. Hoy, en la San Silvestre, quisiera demostrar que soy un salmantino m√°s. Que ‚ÄúEl chino‚ÄĚ es un japon√©s de origen completamente enamorado de la arquitectura, la gastronom√≠a y hasta de la crudeza del invierno castellano. El dolor aumenta. Est√° claro que es una rotura fibrilar. A falta de dos kil√≥metros, me veo obligado a retirarme. Espont√°neamente, el p√ļblico me aplaude y vitorea. Yo, feliz, sonr√≠o y saludo. He ganado mi propia carrera.

# 2 Gonzalo Prieto Barrera

 

UN PECADOR MENOS

Soy reo de tu prisi√≥n se√Īor Director y admito que debo la vida a mis piernas... Ellas me apartaron de las balas cuando un mundo en caliente quiso hacer justicia. Tra√≠do,"AQUI ENTRA EL PECADOR Y SALE EL HOMBRE BUENO",las nutro y arrullo para el momento oportuno... ...S√≠, las piernas para un convicto son sagradas porque apetecen la libertad y m√°s si el encierro ha sido injusto... S√≠, es ah√≠ cuando el desgraciado pierde su fe en la justicia y a√Īora un descuido del penal para correr y salvar las alambradas que lo amansan... ...El correr lo invent√≥ Dios para ahuyentar al hombre de las amenazas, los atropellos, los terremotos, la muerte inminente... Es el cansancio noble que traspasa sin sangre lo dogm√°tico, las barricadas y con el cual me estoy liberando de esta pena sempiterna; cosa que cuando despiertes, sea un pecador menos para contar ma√Īana, se√Īor Director.

# 1 Belén Conde Durán

 

Una carrera imposible de ganar

Va siempre al galope, como si le faltase el tiempo, más que el aire. Corre hacia atrás como si temiese darse de bruces con el futuro, y solo hallase seguridad en los pasos ya recorridos. Durante su marcha no extiende mano alguna, porque no es partidaria de carreras de relevos, y mucho menos de deportividades sentimentaloides. Piensa que la juventud es un estertor que le será arrebatado cuando menos se lo espere, y por eso ha de seguir trotando, para que no la pillen desprevenida; para que no le roben los días consumidos. Espero que un día se dé cuenta de que no puede ganar la carrera.

 

Buscador de tiempos

 

Introduce el dorsal a buscar, visualiza tu resultado y ¡DESCARGA TU DIPLOMA!

Buscar

Patrocinadores

 

Ayuntamiento de Salamanca

Setel Grupo

Aljomar

La gaceta

Colegio San Estanislao de Kostka (Jesuitas)

Última noticia

 

X Concurso de Carteles "San Silvestre Salmantina"

X Concurso de Carteles

El jurado del X Concurso de Carteles "San Silvestre Salmantina 2017" ha decidido otorgar el premio a JOS√Č DAVID MORALES GARC√ćA (MURCIA), por el cartel titulado: ¬ďTodos a una¬Ē.Pueden consultar la i...

 

Inauguración de la Exposición: XXIII Concurso Fotográfico San Silvestre Salmantina

Inauguración de la Exposición: XXIII Concurso Fotográfico San Silvestre Salmantina

Estimados allegados de la San Silvestre: Os comunicamos que el jueves 6 de abril de 2017, a las 20.30 horas, en el C.M.I. JULI√ĀN S√ĀNCHEZ EL CHARRO (Plaza de la Concordia, s/n) inauguraremos ...