XIV - 2026

Edición - Año

XIII CONCURSO DE MICRORRELATOS "SAN SILVESTRE SALMANTINA"

El jurado del XIII concurso de microrrelatos San Silvestre Salmantina estuvo integrado por:

  • Daniel Escandell Montiel. Profesor de la Facultad de Filología de la Universidad de Salamanca. Presidente del Jurado.
  • Sigifredro Crego Martín, Profesor de Secundaria de Lengua y Literatura.
  • Alberto Marcos Guillén. Responsable de redes sociales institucionales de la Universidad de Salamanca.
  • Sofía Vicente Fiz. Bibliotecaria de la Universidad de Salamanca.
  • Jerónimo Hernández de Castro. Corredor veterano y funcionario de la Universidad de Salamanca, que actuó como secretario.

El jurado reconoció la excelente participación en esta XIII edición, en que no solo se mantiene la tendencia al alza de los relatos presentados cada año, sino que su número se ha incrementado de manera extraordinaria pasando de los 369 relatos de 2024, a los 611 de esta edición.
Otro aspecto significativo fue lo ajustado de las votaciones pues, en los puestos con derecho a premio en metálico, se produjo un triple empate entre los votos obtenidos y el número de jueces que los votaron, que tuvo que resolverse por el voto de calidad del profesor Escandell, presidente del jurado. Una muestra más de la igualdad en los relatos más valorados es el texto que merece la mención especial, que no consiguió entrar en el podio final por un solo voto de diferencia.
Se indican a continuación, los relatos destacados y la relación de otros que también obtuvieron votos del jurado. Su publicación en la revista, como se establece en las bases, queda condicionada al espacio disponible y que en esta edición se realizará exclusivamente en formato digital.

Primer premio

Segundo premio

Tercer premio

MENCIÓN ESPECIAL DEL JURADO

Relatos participantes

El podio

ARANTXA BILBAO Cano

**El podio**

Toda mi triste vida corriendo.

Primero corría para crecer. Después, por meterme en líos. Y, por último, de la policía.

Mi vida ha sido una carrera en la que el primer podio solo te daba la oportunidad de volver a correr mañana.

Pero entonces llegó ella.

Había tenido muchos educadores y todos me trataron bien. Pero ella miraba dentro de mí.

Un día, después de que me llevaran allí por uno de mis marrones, me dijo:

—Así que eres rápido, ¿no? Demuéstramelo.

Y aquí estoy, montado en un podio mientras ella me aplaude en primera fila.

Pero esta vez, de verdad.

Sostengo una copa en una mano y, en la otra, mi futuro.

Por primera vez, no quiero correr para huir.

Quiero correr a sus brazos.

ZANCASA LIBRE.

Francisca Pérez Ramírez

ZANCADA LIBRE.
El frío de diciembre muerde las calles de Salamanca, pero Ana, a sus sesenta y ocho años, pisa el asfalto con la firmeza de quien ha conquistado su propio destino. A su edad, la jubilación no es un punto final, sino el inicio de una libertad forjada a pulso. Mientras avanza hacia la salida de la San Silvestre, siente el peso invisible de los estereotipos de género y edad que la sociedad insiste en imponer. Sin embargo, cada zancada es un acto de rebeldía y empoderamiento.
—¡Vamos, abuela! —grita un joven desde la acera. Ana sonríe con complicidad, corrigiendo en silencio: —No soy abuela, soy corredora.
Cruzando la Plaza Mayor, bajo los aplausos atronadores, Ana demuestra que el envejecimiento activo rompe cualquier molde. No compite contra el crono, sino contra el olvido, reivindicando su espacio en el deporte y en la vida. Cruza la meta con gran orgullo.

PROYECTO

FRANCISCO JAVIER AGUIRRE GONZÁLEZ

Estoy frustrado porque llevo veinte años participando en la carrera San Silvestre Salmantina y no he conseguido ningún trofeo. Y mira que me entreno, pero será que tengo poco pulmón, o las piernas cortas, o el ritmo flojo… no sé. Así que he acordado con mi mujer tener un hijo cuanto antes. En cuanto cumpla cinco años, le animaré a participar en su categoría y así sucesivamente hasta que llegue a los dieciocho. Entonces será cosa suya, pero con el entrenamiento físico, mental y emocional que le vamos a proporcionar entre mi mujer y yo, el éxito lo tendrá asegurado. Y habrá conseguido lo que nunca logró su padre, al menos hasta hoy, porque ya hace días que he comenzado a entrenarme para la 51.

MÁS VALE TARDE QUER NUNCA

Gonzalo Prieto Barrera

Sin ruborizarme debo admitir que crecí en un ambiente hostil, degradante, sin valores y, si no hubiese sido por don Roberto, doña Carmen y doña Josefina a quienes de sus tiendas hurté helados y panes para mis hambres y quienes me perseguían armados sin éxito alguno, no hubiese sido el atleta de ahora.
Ciertamente me formé como atleta por necesidad y a medida en que crecía aparte de que de su práctica se derivó mi sustento diario al ganar muchas pruebas, lo importante fue que el atletismo en su rigurosidad me forró también de valores pues luego de ganar varias versiones de la San Silvestre que dignificaron mi vida, volví a las añosas tiendas de don Roberto, doña Carmen y doña Josefina y les pagué con intereses incluidos lo que les hurté pero solo a las dos primeras personas.

A doña Josefina otro día le colmé con flores su tumba.

A TIENTAS

Ana Isabel

—Uno… dos, uno… dos. Un paso más… otro, otro más… ¡No pares! Sigue, ya casi estamos.

Siento mi piel humeando en el frío de diciembre. Mis piernas palpitan por el esfuerzo y mis comisuras esbozan una sonrisa mientras las zapatillas marcan el ritmo contra la calzada del Paseo de San Antonio en un trote alegre compartido.

Las risas y vítores de la multitud avivan nuestros pasos. Mi mano sujeta con fuerza la cuerda al tensarse; mi marido acelera, lo alcanzo y mantengo el ritmo. Él guía; yo lo sigo. Por unos instantes, solo somos él y yo corriendo.

Una cinta acaricia mi piel antes de caer. Sin tiempo para reaccionar, sus brazos me levantan, girándome en el aire entre un estallido de felicitaciones. Tras posar mis pies en el suelo, aún aferrada a su mano, sonrío en la oscuridad. Salamanca nunca se había sentido tan viva.

Tercer Puesto

Francisco Javier Palacián Cuesta

Último esfuerzo. No pares. No queda nada. Venga, corre. Sigue. Así, con ritmo. Muéstrales que se equivocan. Reserva energía. Respira, respira. Vales mucho. Puedes con ello. Solo un poco más. Un poco más. Más rápido.

El 30 de diciembre de 1984, 348 personas participan en la inauguración de la San Silvestre Salmantina. De entre ellos, 15 mujeres que se atreven a competir contra una mayoría masculina y contra una nueva sociedad que renuncia a la represión y la desigualdad.

En el público, un hombre. En el asfalto, una mujer. Él la mira. Ella agacha la cabeza. Su voz profunda se eleva por encima de todos. Le escucha. Levanta la vista. Asiente. Él sigue gritando instrucciones. Ella corre más rápido.

En la multitud, un padre orgulloso grita. En el asfalto, una hija que llega tercera entre esas 15, pero que se siente victoriosa porque, en 1984, todas lo fueron.

EL CORREDOR EN LA CAVERNA

Alejandro Tejerina Gutiérrez

Hoy no salgo a correr con los demás bajo la lluvia. Prefieren que me quede custodiando el fuego. Mis lamentos podrían ahuyentar a los animales y esta semana los víveres están bajo mínimos. Hay quien sospecha que estoy fingiendo; sin embargo, el dolor de mi boca me provoca unas ganas incontenibles de clamar al hoyo de nuestros muertos. Anoche, mientras pulía el bifaz, Sarima se sentó a mi espalda tras muchas lunas y me preguntó: «Miguelón, ¿necesitas un abrazo?». El orgullo me impidió responder en un principio, pero cuando al fin sentí que mi pecho iba a estallar me giré y Sarima ya no estaba. Esta mañana he advertido gestos de burla entre mis antiguos compañeros de caza. Creen que voy a cumplir sumiso sus indicaciones. ¡Qué me importa a mí el dichoso fuego! Hoy más que nunca quiero salir a correr solo bajo la lluvia.

Win-win

Álex Holgado Fernández

Cirilo había tenido una inspiración para la San Silvestre. Sus amigos se entusiasmaron y la idea se fue haciendo consigna en los círculos atléticos. Al poco, era ya un clamor y la ciudad latía emocionada con la divisa: “Todos somos ganadores”. Con el bocinazo de salida, los participantes lo sostuvieron en volandas y un Cirilo arrebatado, megáfono en mano, les invitó a disfrutar del recorrido, cada cual a su ritmo, a esperarse al final para anudar uno con otro los dorsales y cruzar a la vez la línea de meta. “¡Habrá medallas de oro para todos!”, rugió. Siete mil gargantas lo vitorearon. Nunca se había visto tamaña fiesta atlética. Corredores y público reían y se abrazaban. Salamanca resplandecía. El mundo iba a ser por fin un lugar mejor. Y todo gracias a Cirilo, el cual, sin embargo, tropezó en el último paso y tuvo que conformarse con la plata.

HASTA MI ÚLTIMO ALIENTO

Miguel Salvador Muñoz

No corro por superación personal, ni por autoestima, ni siquiera para abrazar el ego del triunfo. En cierto modo, es un impulso evolutivo; pero, lejos de ser un legado ancestral del instinto de caza y supervivencia, es el amor y la pasión lo que alimenta mi fuerza motriz.
Me enfundo el maillot, como si fuera la coraza de un guerrero listo para la batalla, y salgo tras él. Solo por un fugaz espacio de tiempo puedo deleitarme con la visión de su cuerpo, pues pronto se aleja, dejando a mis ojos en soledad. Tal vez por mi sobrepeso, el agua de mi piel se precipita al vacío; mis piernas exigen quietud y mis pulmones suplican oxígeno al compás de mi corazón. Pronto me detengo, derrotado. Nada puedo hacer salvo graduar mis gafas de lejos.

Cada año entreno para poder seguirlo, aunque sea solo un metro más.

La zancada del origen

Gabriel Humberto Rehbani

A sus setenta años, Héctor llegó desde Argentina a Salamanca con la única promesa de pisar las calles que su padre tanto le evocaba en la infancia. Correr la San Silvestre Salmantina no era para él una competencia contra el reloj, sino el abrazo postergado a sus raíces.

A mitad del trayecto, bajo el aire helado de diciembre, vio a un muchacho detenerse a un lado de la calzada, vencido por el calambre y la frustración. Héctor redujo el paso, le ofreció el hombro y marcharon juntos a un ritmo sereno pero firme.

Al cruzar la meta entre los aplausos del público, el anciano comprendió que el verdadero viaje no concluía al llegar al lugar de los antepasados, sino al sembrar en un extraño la certeza de que nadie corre solo cuando la empatía marca el paso.

La huella dorada

JORGE ALONSO LUNA

Título: La huella dorada

La niebla bajaba del Tormes mordiendo los tobillos, pero en la salida nadie retrocedía. Bastó el disparo para que cinco mil pechos rompieran el vaho de golpe, convirtiendo la rúa en un combustible unánime. No corríamos contra el cronómetro; avanzábamos empujados por el rumor sordo de las suelas sobre los adoquines y el eco de los aplausos que rebotaban en las cornisas.

Al enfilar la Plaza Mayor, el frío dejó de existir. La piedra dorada de las arcadas devolvía el calor de los corredores como si la propia Salamanca respirase con nosotros. Un veterano a mi derecha me rozó el hombro sin mirarme, ajustando su zancada a la mía para abrirme paso entre el gentío. En ese instante comprendí que cruzar la meta no era llegar antes a ninguna parte, sino haber sostenido, durante unos kilómetros de invierno, el pulso entero de una ciudad.

Mis pies en tus huellas

Silvina Potenza

Corro, sudo, pienso. Bordeo la Catedral. Sigo… A ritmo, controlo mi respiración y mis pasos. Pero no puedo con mis emociones. Por primera vez piso tierras castellanas, hago lo que me gusta y mientras estoy sumergido en esta marea humana, su imagen viene una y otra vez a mi memoria. ¿Cómo lo logró? ¿Cómo pudo, apenas un jovenzuelo, ir a pie hasta Vigo para tomar un barco que lo llevaría al otro lado del océano? Hosco, poco comunicativo, trabajador incansable… Manifestaba un amor que no sabía de caricias ni de palabras dulces. Su vida de sacrificio y desarraigo marcó a toda la familia. Como sus pasos, de pies descalzos, que hoy marcan los míos. Sigo su huella, la que nació en esta tierra y se reprodujo en otra. Corro, sudo, veo la Plaza Mayor y recuerdo sus palabras “ve, muchacho, que el mundo es de quienes se atreven a desafiarlo”

Lucía y sus sueños

Rocío Hebe Carrillo

Lucía corregía sus sueños con desayunos formales, desechaba imágenes de féminas erizando sus pezones y olvidaba en el café orgasmos arrancados por cortesanas en celo. Defendía su cuerpo de deseos impuros y éste se defendía de ella azotando su inconsciente, acogiendo sus carnes en reposo, enardeciendo su cuerpo con lenguas de diosas que se ofrecían generosas a ella… Ella que sólo gustaba de hombres en el día y mujeres en la noche.

El sueño de una ciudad

Lucía Alcázar Lara

Todo comienza con un murmullo entre la multitud. La San Silvestre Salmantina reclama su lugar: las calles vibran, las plazas despiertan. Las zapatillas golpean el asfalto, los dorsales ondean como hojas al viento.
Sopla el frío de diciembre y la ciudad entera se pone en movimiento. Corro entre miles de pasos que laten al mismo ritmo. Las avenidas se llenan de energía; las fachadas históricas contemplan el río humano que avanza entre risas, disfraces y esfuerzo.
Me elevo en el entusiasmo colectivo, floto entre aplausos y ánimos que brotan de cada esquina. El aire huele a superación y a fiesta. Las voces resuenan entre las piedras centenarias, mientras el sol se despide sobre los tejados dorados. Cuando cruzo la meta, soy parte de este hechizo efímero y eterno. Ya no hay prisa. Ya no hay rutina. Sólo alegría. Sólo pasos que siguen latiendo en la memoria colectiva.

TERCER PUESTO

Francisco Javier Palacián Cuesta

Último esfuerzo. No pares. No queda nada. Venga, corre. Sigue. Así, con ritmo. Muéstrales que se equivocan. Reserva energía. Respira, respira. Vales mucho. Puedes con ello. Solo un poco más. Un poco más. Más rápido.

El 30 de diciembre de 1984, 348 personas participan en la inauguración de la San Silvestre Salmantina. De entre ellos, 15 mujeres que se atreven a competir contra una mayoría masculina y contra una nueva sociedad que renuncia a la represión y la desigualdad.

En el público, un hombre. En el asfalto, una mujer. Él la mira. Ella agacha la cabeza. Su voz profunda se eleva por encima de todos. Le escucha. Levanta la vista. Asiente. Él sigue gritando instrucciones. Ella corre más rápido.

En la multitud, un padre orgulloso grita. En el asfalto, una hija que llega tercera entre esas 15, pero que se siente victoriosa porque, en 1984, todas lo fueron.

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27 DE DICIEMBRE DE 2026